1. Pregunta.- Señor Senador: la reforma fiscal aprobada no simplifica los trámites ni combate efectivamente la evasión. Le carga la mano a los de siempre y en el caso de la gasolina tendrá efectos inflacionarios. Pero además, es insuficiente. Los pocos más de 100 mil millones de pesos que recaudará no solucionarán el problema de fondo. Por otra parte, ustedes saben muy bien que el mecanismo más simple, efectivo y equitativo está en gravar el consumo. Todos pagan y pagan más los que más consumen. Habría que suprimir entonces las exenciones y las tasas cero en todos los productos –incluidos alimentos y medicinas-. ¿Qué va a hacer el Senado de la República?
Respuesta.- En el Senado de la República trabajamos por ti. Por eso hemos decidido remover a la mayoría de los consejeros del IFE. Debe salir en primer lugar el consejero presidente, Luis Carlos Ugalde. Las cosas ya no serán como antes. Tendremos un Consejo a la altura de todos los partidos. Por eso no modificamos la forma de selección. El PRI, el PAN y el PRD tendrán la voz cantante y definitiva en su designación. Es un cambio, sin duda, trascendente. En el Senado de la República trabajamos por ti.
2. Pregunta.- Señor Senador: Urge una reforma energética. Las reservas probadas alcanzan apenas para 9 años. Importamos el 30% de la gasolina que consumimos. Pemex está prácticamente quebrado: mientras sus flujos son del orden de los 30 mil millones de pesos, sus pasivos suman 1 billón 100 mil millones de pesos. Pero no sólo eso. El funcionamiento de la empresa registra fugas por corrupción y sus niveles de eficiencia y productividad andan por los suelos. Ustedes saben que bastaría aplicar el modelo brasileño o noruego para generar los recursos indispensables y mejorar la forma de gestión. No necesitan inventar el hilo negro. La inversión privada complementaria, sin que el Estado ceda la dirección de la empresa, es la solución. ¿Qué va a hacer el Senado de la República al respecto?
Respuesta.- En el Senado de la República trabajamos por ti. Por eso elevamos a rango constitucional la prohibición de las campañas negativas. Ningún partido o candidato podrá denigrar a las instituciones ni al resto de los partidos. Ahora tendremos campañas propositivas. Queda estrictamente prohibido denunciar la incompetencia o la corrupción del adversario. Nuestra democracia será mejor y más limpia que la de los Estados Unidos. Seremos un ejemplo para el mundo entero. El debate será, por fin, de ideas. Imperará la razón, no la emoción. En el Senado de la República trabajamos por ti.
3. Pregunta.- Señor Senador: los ataques del EPR y la violencia del crimen organizado confirma que los aparatos de seguridad del Estado, el CISEN en particular, son ineficientes. El secretario de Gobernación, Ramírez Acuña, responsabilizó al Gobierno de Vicente Fox por haber desmantelado los servicios de inteligencia. Su colega, el senador Creel, respondió que la responsabilidad recaía en el Congreso porque en su momento recortó las partidas correspondientes para el CISEN. Mientras tanto la violencia persiste. ¿Quién miente o quién tiene la razón? ¿Va a iniciar el Senado de la República una investigación al respecto?
Respuesta.- En el Senado de la República trabajamos por ti. Por eso hemos prohibido que los partidos contraten publicidad en los medios electrónicos. Ahora, esta será una prerrogativa exclusiva del IFE. No importa si se trata de campañas locales o federales. El candidato que compita, por ejemplo, en Macuspana, Tabasco, por la Presidencia Municipal deberá tramitar ante el IFE el número de spots, los horarios y las televisoras o radiodifusoras donde transmitirá sus mensajes. Pero además, la transmisión de estos spots no tendrá costo alguno. Serán tomados de los tiempos oficiales del Gobierno. No es verdad que estamos ante el fin de las campañas con spots; antes al contrario, los partidos y los candidatos podrán transmitirlos hasta en los horarios triple A… sin que les cueste un solo centavo. Sólo un ciego no vería los avances sustantivos que esto representa. En el Senado de la República trabajamos por ti.
4. Pregunta.- Señor Senador: México ocupó el penúltimo lugar en la evaluación internacional de la educación de la OCDE en el 2003. Sólo Turquía salió peor que nuestro País. Los niveles de comprensión y habilidades del 55% de los estudiantes mexicanos (de 15 años en ese momento) se situaron entre el 0 y el 1. Esto significa que son capaces de reconocer los caracteres y articular palabras, pero no tienen la más mínima comprensión del contenido de un texto. No pueden resumir la idea principal o detectar contradicciones en el mismo. En matemáticas, la situación es aún peor: el 65% se sitúa en esos mismos niveles (0-1). Ahora bien, ustedes saben perfectamente que el principal obstáculo para una reforma educativa se encuentra en el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE). Los incrementos salariales de los últimos años no se han traducido en una mejora de la calidad. El Sindicato no otorga las plazas por concurso ni establece, como ocurre en los países avanzados, una conexión entre el escalafón y la calidad de la enseñanza. Los profesores en México progresan en su carrera por antigüedad y por realizar labores… sindicales. ¿Qué piensa hacer el Senado de la República?
Respuesta.- En el Senado de la República trabajamos por ti. Por eso estamos impulsando una ley de medios. Nuestra intención es revisar los contenidos de la radio y la televisión. Estamos cansados de caricaturas (y otras series) que atentan contra la familia y los valores tradicionales. No podemos, tampoco, permitir que se transmitan programas que denigren a las instituciones o que cuestionen a personajes de la vida pública. El Comité de Salud Pública que estamos diseñando mejorará, sin duda, la calidad y el nivel moral de los contenidos. Los senadores de la República tenemos una alta responsabilidad y no nos vamos a quedar con los brazos cruzados. La prohibición de las campañas negativas fue el primer paso, pero pueden estar seguros que no será el último. El México de nuestros sueños no puede ni debe tolerar la violencia excesiva en los programas de televisión ni las escenas inmorales. No está en nuestra manera de ser. Somos gente de bien, no nacos. Es más, estamos considerando que el Comité también emita algunos criterios sobre el buen gusto… porque sobre la corrección y las buenas maneras ya lo hicimos con la prohibición de degradar al contrincante en las campañas electorales. En el Senado de la República trabajamos por ti. ¿Te queda claro?
Saturday, September 29, 2007
Tuesday, July 24, 2007
Lo deseable es posible - Luis de la Calle
¿Qué más? - El Universal - Columnas
La elección la decidió el creciente número de ciudadanos pertenecientes a la clase media y la perdió la visión de que todo está mal en el país. Los resultados de la ENIGH 2006 son contundentes al respecto
La semana pasada se publicó la encuesta definitiva sobre las elecciones de 2006. No es una sobre las razones detrás de cada uno de los votos ni el recuento de éstos, sino la Encuesta Nacional Ingreso-Gasto de los Hogares (ENIGH 2006) del INEGI.
La ENIGH cuantifica los ingresos y gastos totales, monetarios y no monetarios, de los hogares con base de una amplísima muestra a lo largo y ancho del país y para todas las clases sociales. Los resultados de la encuesta se presentan en deciles para capturar los patrones de ingresos y gasto para diez clases sociales simétricas en cuanto a su tamaño. La encuesta reúne las respuestas de decenas de miles de hogares a un detallado cuestionario que se levanta casa por casa. La especificidad de las preguntas permite la investigación sobre el comportamiento de diversas fuentes de ingreso, las alteraciones en los patrones de gasto, el impacto de programas sociales, la distribución del ingreso y en general sobre el bienestar material de las personas.
En particular, la ENIGH se utiliza como fuente para discernir el porcentaje de mexicanos de acuerdo a las distintas definiciones de pobreza. Además, la encuesta también se puede utilizar para evaluar el impacto en la población de diversas propuestas en materia fiscal, tanto de impuestos al ingreso como al consumo.
Los resultados recién anunciados por el INEGI están relacionados con la elección del año pasado ya que ahora se puede tener una idea más clara del bienestar que percibían los propios votantes entonces. A principios del 2006 Andrés Manuel López Obrador contaba con una importante ventaja en todas las encuestas de opinión, pero resultó derrotado al final del proceso. La ENIGH nos da una idea de por qué.
En la medida en que el candidato de la Alianza para el Bien de Todos se presentó como un rayo de esperanza y hablaba del futuro, encontró eco en la creciente clase media. No obstante, cuando decide radicalizar su discurso y sugerir que todo estaba mal y que por tanto se requería un cambio total de modelo, los votantes de clase media y los aspirantes a ella empezaron a temer las posibles consecuencias desastrosas de un giro de 180 grados y percibieron una incongruencia entre el discurso pesimista y la mejora material en su vida cotidiana. Más aún, el mayor error de López Obrador y sus asesores fue no darse cuenta que los indecisos y aquéllos dispuestos a cambiar su voto eran abrumadoramente de clase media, por lo que su discurso resultaba todavía menos atinado.
La elección la decidió el creciente número de ciudadanos pertenecientes a la clase media y la perdió la visión de que todo está mal en el país. Los resultados de la ENIGH 2006 son contundentes al respecto.
En primer lugar, reporta un incremento del ingreso real por hogar promedio entre 2004 y 2006 de 10.1%. En el espacio de dos años el hogar promedio mexicano contó con recursos superiores a diez por ciento una vez descontados los incrementos en precios. Más aún, si se mide en términos per cápita el aumento es todavía mayor al alcanzar 12.3%. Esto representa un incremento promedio en el bienestar y probablemente confirma la sospecha de que el crecimiento del producto interno bruto está subestimado ya que en el periodo éste creció sólo 7.8%.
El resultado es aún más impactante cuando se toma en cuenta el efecto sobre la distribución del ingreso. En la campaña de 2006 se insistió que no sólo el país iba mal, sino que los más desfavorecidos (todavía son muchos, aunque menos) estaban cada día peor como consecuencia de las políticas neoliberales. Sin embargo, los datos no concuerdan con esta visión de la realidad. Para los primeros cinco deciles (la mitad de la población donde se encuentran los pobres) el ingreso por hogar creció en promedio 18% y para los primeros dos (en que se encuentra la población en pobreza extrema) en 23.1% para el primero y 28.3% para el segundo.
En cambio, para los últimos cinco deciles (en que no hay pobres) el crecimiento del ingreso promedio por hogar fue de 9.58%.
De esta manera, los datos de la encuesta permiten predecir una caída en los porcentajes de pobreza cuando éstos se anuncien. De acuerdo a las últimas estimaciones de 2004, 47% de los mexicanos eran patrimonialmente pobres, es decir casi la totalidad de los ciudadanos en los primeros cinco deciles. Ahora bien, si se toma en cuenta que el incremento en el ingreso per cápita en el quinto decil entre 2004 y 2006 fue de 17.5%, es probable que un número no despreciable de ellos haya superado la barrera de la pobreza y que ahora el porcentaje nacional de pobres esté mucho más cerca de 40% que de 50%.
Amén de la importancia económica del progreso de las familias mexicanas, la mejoría tiene implicaciones políticas fundamentales:
1. Cuestiona a los profetas del desastre que han señalado repetidamente a la estabilidad macroeconómica y a la apertura comercial como nocivas para el bienestar. Justo cuando México llega al 2006 con la macroeconomía consolidada y la apertura del Tratado de Libre Comercio casi concluida (incluida para el maíz que ya se importaba libre de arancel con generosos cupos) las cifras muestran una mejoría notable en niveles y distribución del ingreso.
2. Recuerda la litis de la elección: modernización contra populismo.
3. Subraya la importancia de las reformas faltantes: una mejoría sustancial en el bienestar y la erradicación de la pobreza extrema están al alcance de la mano si se toman las decisiones correctas.
4. Señala que la expansión de la clase media es el principal motor de la economía.
5. Indica que el ciudadano promedio está dispuesto a apostar por la modernización del país si alguien se tomara la molestia de preguntarle.
Lo deseable, que México sea un país clasemediero, es posible si los ciudadanos exigen al gobierno y a los políticos a apostar a favor del desarrollo y no de sí mismos como hasta ahora.
La elección la decidió el creciente número de ciudadanos pertenecientes a la clase media y la perdió la visión de que todo está mal en el país. Los resultados de la ENIGH 2006 son contundentes al respecto
La semana pasada se publicó la encuesta definitiva sobre las elecciones de 2006. No es una sobre las razones detrás de cada uno de los votos ni el recuento de éstos, sino la Encuesta Nacional Ingreso-Gasto de los Hogares (ENIGH 2006) del INEGI.
La ENIGH cuantifica los ingresos y gastos totales, monetarios y no monetarios, de los hogares con base de una amplísima muestra a lo largo y ancho del país y para todas las clases sociales. Los resultados de la encuesta se presentan en deciles para capturar los patrones de ingresos y gasto para diez clases sociales simétricas en cuanto a su tamaño. La encuesta reúne las respuestas de decenas de miles de hogares a un detallado cuestionario que se levanta casa por casa. La especificidad de las preguntas permite la investigación sobre el comportamiento de diversas fuentes de ingreso, las alteraciones en los patrones de gasto, el impacto de programas sociales, la distribución del ingreso y en general sobre el bienestar material de las personas.
En particular, la ENIGH se utiliza como fuente para discernir el porcentaje de mexicanos de acuerdo a las distintas definiciones de pobreza. Además, la encuesta también se puede utilizar para evaluar el impacto en la población de diversas propuestas en materia fiscal, tanto de impuestos al ingreso como al consumo.
Los resultados recién anunciados por el INEGI están relacionados con la elección del año pasado ya que ahora se puede tener una idea más clara del bienestar que percibían los propios votantes entonces. A principios del 2006 Andrés Manuel López Obrador contaba con una importante ventaja en todas las encuestas de opinión, pero resultó derrotado al final del proceso. La ENIGH nos da una idea de por qué.
En la medida en que el candidato de la Alianza para el Bien de Todos se presentó como un rayo de esperanza y hablaba del futuro, encontró eco en la creciente clase media. No obstante, cuando decide radicalizar su discurso y sugerir que todo estaba mal y que por tanto se requería un cambio total de modelo, los votantes de clase media y los aspirantes a ella empezaron a temer las posibles consecuencias desastrosas de un giro de 180 grados y percibieron una incongruencia entre el discurso pesimista y la mejora material en su vida cotidiana. Más aún, el mayor error de López Obrador y sus asesores fue no darse cuenta que los indecisos y aquéllos dispuestos a cambiar su voto eran abrumadoramente de clase media, por lo que su discurso resultaba todavía menos atinado.
La elección la decidió el creciente número de ciudadanos pertenecientes a la clase media y la perdió la visión de que todo está mal en el país. Los resultados de la ENIGH 2006 son contundentes al respecto.
En primer lugar, reporta un incremento del ingreso real por hogar promedio entre 2004 y 2006 de 10.1%. En el espacio de dos años el hogar promedio mexicano contó con recursos superiores a diez por ciento una vez descontados los incrementos en precios. Más aún, si se mide en términos per cápita el aumento es todavía mayor al alcanzar 12.3%. Esto representa un incremento promedio en el bienestar y probablemente confirma la sospecha de que el crecimiento del producto interno bruto está subestimado ya que en el periodo éste creció sólo 7.8%.
El resultado es aún más impactante cuando se toma en cuenta el efecto sobre la distribución del ingreso. En la campaña de 2006 se insistió que no sólo el país iba mal, sino que los más desfavorecidos (todavía son muchos, aunque menos) estaban cada día peor como consecuencia de las políticas neoliberales. Sin embargo, los datos no concuerdan con esta visión de la realidad. Para los primeros cinco deciles (la mitad de la población donde se encuentran los pobres) el ingreso por hogar creció en promedio 18% y para los primeros dos (en que se encuentra la población en pobreza extrema) en 23.1% para el primero y 28.3% para el segundo.
En cambio, para los últimos cinco deciles (en que no hay pobres) el crecimiento del ingreso promedio por hogar fue de 9.58%.
De esta manera, los datos de la encuesta permiten predecir una caída en los porcentajes de pobreza cuando éstos se anuncien. De acuerdo a las últimas estimaciones de 2004, 47% de los mexicanos eran patrimonialmente pobres, es decir casi la totalidad de los ciudadanos en los primeros cinco deciles. Ahora bien, si se toma en cuenta que el incremento en el ingreso per cápita en el quinto decil entre 2004 y 2006 fue de 17.5%, es probable que un número no despreciable de ellos haya superado la barrera de la pobreza y que ahora el porcentaje nacional de pobres esté mucho más cerca de 40% que de 50%.
Amén de la importancia económica del progreso de las familias mexicanas, la mejoría tiene implicaciones políticas fundamentales:
1. Cuestiona a los profetas del desastre que han señalado repetidamente a la estabilidad macroeconómica y a la apertura comercial como nocivas para el bienestar. Justo cuando México llega al 2006 con la macroeconomía consolidada y la apertura del Tratado de Libre Comercio casi concluida (incluida para el maíz que ya se importaba libre de arancel con generosos cupos) las cifras muestran una mejoría notable en niveles y distribución del ingreso.
2. Recuerda la litis de la elección: modernización contra populismo.
3. Subraya la importancia de las reformas faltantes: una mejoría sustancial en el bienestar y la erradicación de la pobreza extrema están al alcance de la mano si se toman las decisiones correctas.
4. Señala que la expansión de la clase media es el principal motor de la economía.
5. Indica que el ciudadano promedio está dispuesto a apostar por la modernización del país si alguien se tomara la molestia de preguntarle.
Lo deseable, que México sea un país clasemediero, es posible si los ciudadanos exigen al gobierno y a los políticos a apostar a favor del desarrollo y no de sí mismos como hasta ahora.
Friday, July 06, 2007
José Ramón, el orgullo de su nepotismo - Jorge Fernandez Menendez
Partamos de un principio: el hijo de López Obrador, como cualquier persona, tiene todo el derecho a trabajar, de tener un ingreso decoroso y de avanzar en su carrera profesional. Nadie puede estar en desacuerdo con ello y sería profundamente injusto, como sí ha ocurrido en muchas otras ocasiones, que se cancelen esas oportunidades por un simple parentesco con un político en funciones.
Lo que no es justo y no es legítimo, es que se nos quiera engañar, que se pregone y exija a los demás una cosa y se haga exactamente lo contrario en el ámbito familiar: eso se llama doble moral. López Obrador durante años fustigó a quienes tenían familiares en el Gobierno pero resulta que su hijo trabajaba en el Gobierno del DF, según la propia declaración de José Ramón López Beltrán, desde antes de que asumiera su actual responsabilidad, en enero de este año, como subdirector de área en la Procuraduría del DF. Pero López Obrador y las autoridades del DF, jamás informaron al respecto. Resulta que el ex candidato presidencial que acusó a sus adversarios de enviar a sus hijos a universidades privadas, de no apoyar la educación pública, que creó un elefante blanco llamado Universidad del DF (hasta ahora inédita en el terreno académico), enviaba a su hijo a una de las cuatro universidades privadas más caras del País (y de muy bien nivel académico pero indiscutiblemente conservadora). Otra vez: no es ningún pecado que los hijos de un político vayan a una universidad privada, pero no se vale ocultarlo al tiempo que se critica a los demás por ello. Ahora nos enteramos que López Obrador, que dice vivir con 50 mil pesos mensuales, y que le alcanzan para mantenerse él y su familia (ahora de cuatro hijos) resulta que pagaba esa misma cantidad semestralmente de colegiatura para la universidad de su hijo mayor, fuera de los libros y toda la larga lista de costos que genera la educación superior en esos niveles.
El joven José Ramón dice que nadie lo conocía en el lugar donde trabajaba porque quiere mantener un bajo perfil. Y dos reporteros los buscaron de sábado a lunes en las mismas oficinas, donde apareció el martes, sin encontrarlo y sin que ni siquiera sus hipotéticos compañeros de trabajo supieran de su existencia. Pero la verdad es que José Ramón no ha tenido un perfil bajo: es uno de los principales operadores políticos de su padre y como tal debe ser considerado. Los ejemplos son públicos: el domingo José Ramón estaba en la primera fila del presidium, durante el acto organizado por su padre en el Zócalo. Pero más allá de eso: el dos de julio del año pasado, López Obrador no envió a la principal empresa de televisión del País a ninguno de los dirigentes perredistas o de la coalición, sino a su hijo José Ramón: de ese nivel es la confianza personal pero también política. José Ramón estuvo en Televisa para “supervisar” desde allí el manejo informativo y los números que llegaban a la empresa. No lo dicen los adversarios de López Obrador, lo sostiene él mismo en su libro.
Por eso mismo, no es siquiera creíble que Marcelo Ebrard o Rodolfo Félix Cárdenas, el procurador capitalino, no estuvieran informados de que el hijo mayor de su jefe político, trabajara para ellos. Incorporar o no a la nómina a un personaje político, hijo de un señor que se dice “presidente legítimo” del País, no es una decisión menor. Tampoco lo es que todos los registros sobre José Ramón estuvieran borrados: se supo de que cobraba en la PGJDF, porque apareció su ficha curricular, pero no aparecía en los listados de empleados, ni en las listas de nómina. Curioso error de sistema. Peor aún, quedó el desprestigiado (por su dependencia del Gobierno capitalino) Instituto de Transparencia del DF, cuyo presidente, Óscar Guerra Ford, argumentó que esos datos “quizás” se habían borrado para garantizar “la seguridad” de López Beltrán. ¿Desde cuándo los datos de un funcionario público pueden ser borrados para esa razón si sus responsabilidades no lo ameritan? El joven José Ramón, es un funcionario administrativo como cualquier otro y resultaría inadmisible que se “borraran” sus datos por su parentesco. Que no haya figurado en los registros de la dependencia debería ser un motivo de indagatoria del Instituto de Acceso a la Información del DF: las “explicaciones” de la omisión las deben dar otros, no el indulgente presidente del instituto.
Insistimos, el tema no es que López Beltrán trabaje en el DF o dónde haya estudiado, sino que el dirigente político que es su padre y las autoridades que de él dependen, tergiversaron u ocultaron información. Dijeron una cosa e hicieron otra.
La actitud se extiende a casi todo: López Obrador, que no detenta cargo alguno en el PRD o el Frente Amplio (incluso la llamada “presidencia legítima” es una autodesignación) ordenó el domingo a los legisladores de esas fuerzas políticas, que hubiera “cero negociación” respecto a la reforma fiscal. Desde entonces, los legisladores perredistas han estado haciendo acrobacias con el lenguaje para tratar de explicar su actitud de querer ser parte de la negociación y al mismo tiempo rechazarla. El hecho es que otra vez se quedaron, por decisión de su “líder”, afuera.
El PRD está estudiando la expulsión de Ricardo Monreal del partido por haber apoyado a candidatos de otras fuerzas en Zacatecas, pero lo cierto es que el senador jamás ha sido descalificado por ello por su jefe político. Y, al mismo tiempo, el supuestamente expulsado René Bejarano, preside públicamente las reuniones de la corriente Izquierda Democrática Nacional de cara al congreso del PRD, apoyando a López Obrador y a Alejandro Encinas, y nadie, salvo la corriente Nueva Izquierda, lo cuestiona. Luego se asombran de que en Yucatán, Zacatecas, Durango y Chihuahua, los resultados electorales del PRD hayan oscilado entre malos y catastróficos.
Lo que no es justo y no es legítimo, es que se nos quiera engañar, que se pregone y exija a los demás una cosa y se haga exactamente lo contrario en el ámbito familiar: eso se llama doble moral. López Obrador durante años fustigó a quienes tenían familiares en el Gobierno pero resulta que su hijo trabajaba en el Gobierno del DF, según la propia declaración de José Ramón López Beltrán, desde antes de que asumiera su actual responsabilidad, en enero de este año, como subdirector de área en la Procuraduría del DF. Pero López Obrador y las autoridades del DF, jamás informaron al respecto. Resulta que el ex candidato presidencial que acusó a sus adversarios de enviar a sus hijos a universidades privadas, de no apoyar la educación pública, que creó un elefante blanco llamado Universidad del DF (hasta ahora inédita en el terreno académico), enviaba a su hijo a una de las cuatro universidades privadas más caras del País (y de muy bien nivel académico pero indiscutiblemente conservadora). Otra vez: no es ningún pecado que los hijos de un político vayan a una universidad privada, pero no se vale ocultarlo al tiempo que se critica a los demás por ello. Ahora nos enteramos que López Obrador, que dice vivir con 50 mil pesos mensuales, y que le alcanzan para mantenerse él y su familia (ahora de cuatro hijos) resulta que pagaba esa misma cantidad semestralmente de colegiatura para la universidad de su hijo mayor, fuera de los libros y toda la larga lista de costos que genera la educación superior en esos niveles.
El joven José Ramón dice que nadie lo conocía en el lugar donde trabajaba porque quiere mantener un bajo perfil. Y dos reporteros los buscaron de sábado a lunes en las mismas oficinas, donde apareció el martes, sin encontrarlo y sin que ni siquiera sus hipotéticos compañeros de trabajo supieran de su existencia. Pero la verdad es que José Ramón no ha tenido un perfil bajo: es uno de los principales operadores políticos de su padre y como tal debe ser considerado. Los ejemplos son públicos: el domingo José Ramón estaba en la primera fila del presidium, durante el acto organizado por su padre en el Zócalo. Pero más allá de eso: el dos de julio del año pasado, López Obrador no envió a la principal empresa de televisión del País a ninguno de los dirigentes perredistas o de la coalición, sino a su hijo José Ramón: de ese nivel es la confianza personal pero también política. José Ramón estuvo en Televisa para “supervisar” desde allí el manejo informativo y los números que llegaban a la empresa. No lo dicen los adversarios de López Obrador, lo sostiene él mismo en su libro.
Por eso mismo, no es siquiera creíble que Marcelo Ebrard o Rodolfo Félix Cárdenas, el procurador capitalino, no estuvieran informados de que el hijo mayor de su jefe político, trabajara para ellos. Incorporar o no a la nómina a un personaje político, hijo de un señor que se dice “presidente legítimo” del País, no es una decisión menor. Tampoco lo es que todos los registros sobre José Ramón estuvieran borrados: se supo de que cobraba en la PGJDF, porque apareció su ficha curricular, pero no aparecía en los listados de empleados, ni en las listas de nómina. Curioso error de sistema. Peor aún, quedó el desprestigiado (por su dependencia del Gobierno capitalino) Instituto de Transparencia del DF, cuyo presidente, Óscar Guerra Ford, argumentó que esos datos “quizás” se habían borrado para garantizar “la seguridad” de López Beltrán. ¿Desde cuándo los datos de un funcionario público pueden ser borrados para esa razón si sus responsabilidades no lo ameritan? El joven José Ramón, es un funcionario administrativo como cualquier otro y resultaría inadmisible que se “borraran” sus datos por su parentesco. Que no haya figurado en los registros de la dependencia debería ser un motivo de indagatoria del Instituto de Acceso a la Información del DF: las “explicaciones” de la omisión las deben dar otros, no el indulgente presidente del instituto.
Insistimos, el tema no es que López Beltrán trabaje en el DF o dónde haya estudiado, sino que el dirigente político que es su padre y las autoridades que de él dependen, tergiversaron u ocultaron información. Dijeron una cosa e hicieron otra.
La actitud se extiende a casi todo: López Obrador, que no detenta cargo alguno en el PRD o el Frente Amplio (incluso la llamada “presidencia legítima” es una autodesignación) ordenó el domingo a los legisladores de esas fuerzas políticas, que hubiera “cero negociación” respecto a la reforma fiscal. Desde entonces, los legisladores perredistas han estado haciendo acrobacias con el lenguaje para tratar de explicar su actitud de querer ser parte de la negociación y al mismo tiempo rechazarla. El hecho es que otra vez se quedaron, por decisión de su “líder”, afuera.
El PRD está estudiando la expulsión de Ricardo Monreal del partido por haber apoyado a candidatos de otras fuerzas en Zacatecas, pero lo cierto es que el senador jamás ha sido descalificado por ello por su jefe político. Y, al mismo tiempo, el supuestamente expulsado René Bejarano, preside públicamente las reuniones de la corriente Izquierda Democrática Nacional de cara al congreso del PRD, apoyando a López Obrador y a Alejandro Encinas, y nadie, salvo la corriente Nueva Izquierda, lo cuestiona. Luego se asombran de que en Yucatán, Zacatecas, Durango y Chihuahua, los resultados electorales del PRD hayan oscilado entre malos y catastróficos.
Thursday, June 28, 2007
El mito del fraude - Sergio Sarmiento
Una verdadera avalancha de libros nos lleva a revisar la jornada electoral del 2 de julio de 2006. Muchos han sido elaborados por famosos políticos o intelectuales de izquierda que reiteran la idea de que hubo un gran fraude en la elección presidencial. Ahí están Reporte 2006: El desquite de Socorro Díaz, Los medios y los jueces: la guerra sucia de 2006 de Julio Scherer y Jenaro Villamil, y La mafia nos robó la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, que se lanzará este próximo domingo.
Pero en medio de estos libros de autores de altos vuelos, hay uno mucho más modesto, escrito por el doctor Fernando Pliego Carrasco, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, cuya única virtud es el rigor académico. Se trata de El mito del fraude electoral en México (Editorial Pax México).
El doctor Pliego desmenuza varios de los mitos del fraude electoral del 2006 con un análisis sistemático y contundente de la información estadística. El primero de los mitos es el que sostiene que el comportamiento del PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, “no tiene una explicación lógica”, como dijo en su momento López Obrador. Pliego muestra, por el contrario, que todo el desarrollo del PREP respondió exactamente a lo que podría esperarse si se consideran los grados de marginación de las comunidades y la distancia a los centros distritales desde donde se transmitieron los datos. “No encontramos entonces un ‘fraude cibernético’ -escribe- sino una explicación social y geográfica para entender el comportamiento del PREP.”
Algo que nunca entendió López Obrador mientras sostuvo la tesis del fraude cibernético -que después rechazó por la del fraude “a la antigüita”- es que el PREP es un simple ejercicio de comunicación cuyas cifras no tienen validez legal. El recuento oficial de los votos se realiza en los centros distritales sobre la base de las actas preparadas en las secciones (actas que, a propósito, fueron objeto de muy pocos cuestionamientos por los representantes de casilla de la Coalición por el Bien de Todos, lo que llevó a López Obrador a acusar a sus propios representantes de casilla de deshonestidad).
Pliego reconoce que “los ciudadanos participantes en las mesas directivas de las casillas… cometieron una gran cantidad de errores aritméticos cuando realizaron su trabajo de cómputo y escrutinio de votos”. Pero rechaza el mito de un intento sistemático para favorecer al candidato Felipe Calderón. “Dichos errores se distribuyeron de manera semejante en el caso de las casillas ganadas por Calderón (en 58.2% de 59,042 casillas) o donde López Obrador triunfó (en 61.2% de 54,020)… Tal correspondencia… sólo es explicable por la índole aleatoria o involuntaria de los errores”.
El investigador de la UNAM rechaza también el mito de que el recuento “voto por voto y casilla por casilla” haya podido descubrir un supuesto fraude electoral. “El recuento de 11,718 casillas y la anulación de 748 casillas ordenados por el Tribunal Electoral” resultaron en modificaciones “insignificantes” a pesar de que se trataba en su mayoría de casillas protestadas por la Coalición por el Bien de Todos. La muestra de casillas objeto de recuento era suficientemente grande como para mostrar un cambio de tendencia en caso de que realmente hubiera existido alguna discrepancia sistemática entre las boletas y las actas.
Pliego considera también el mito de que el gasto gubernamental en programas como Oportunidades o Microrregiones compró votos para Calderón. Encuentra por el contrario que en las comunidades beneficiadas el voto favoreció a López Obrador y al priísta Roberto Madrazo, dejando a Calderón en tercer lugar. En comparación con elecciones anteriores, los partidos de izquierda registraron su mayor crecimiento en estas zonas favorecidas por los programas sociales del Gobierno federal.
El autor estudia también el mito de que la intervención del presidente Vicente Fox en la elección a través de anuncios y declaraciones en contra del populismo, pero que no mencionaban a López Obrador, inclinó la elección a favor de Calderón. Las encuestas disponibles, sin embargo, muestran que mientras esta campaña estuvo al aire Calderón perdió terreno. Sólo después empezó a caer López Obrador, pero esto como consecuencia de sus propios errores.
Entiendo que el doctor Pliego no es una de esas grandes vacas sagradas que están publicando libros para defender la tesis del fraude. Sus conclusiones, además, no son “políticamente correctas”. Por otra parte, es claro que los mitos del fraude parten de un dogma de fe que ninguna argumentación racional puede debilitar. Pero si alguien quiere leer en esta temporada de reflexión sobre las elecciones del 2006 un trabajo realmente serio y sistemático, le recomiendo El mito del fraude electoral en México.
LA CUENTA DE HSBC
Me dicen en Hacienda que ellos no le pidieron al HSBC que cancelara la cuenta bancaria de López Obrador. También en Gobernación se lavan las manos. Si la decisión fue de los directivos del HSBC, claramente han cometido el peor error político posible. Si quisieron quedar bien con el Gobierno, lo que hicieron fue golpearlo. Le dieron nuevamente sustento a la tesis del complot que tan buen kilometraje le ha dado a Andrés Manuel durante años. ¿Y todo para qué? Para que simplemente Andrés Manuel abriera una nueva cuenta en Banorte.
Pero en medio de estos libros de autores de altos vuelos, hay uno mucho más modesto, escrito por el doctor Fernando Pliego Carrasco, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, cuya única virtud es el rigor académico. Se trata de El mito del fraude electoral en México (Editorial Pax México).
El doctor Pliego desmenuza varios de los mitos del fraude electoral del 2006 con un análisis sistemático y contundente de la información estadística. El primero de los mitos es el que sostiene que el comportamiento del PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, “no tiene una explicación lógica”, como dijo en su momento López Obrador. Pliego muestra, por el contrario, que todo el desarrollo del PREP respondió exactamente a lo que podría esperarse si se consideran los grados de marginación de las comunidades y la distancia a los centros distritales desde donde se transmitieron los datos. “No encontramos entonces un ‘fraude cibernético’ -escribe- sino una explicación social y geográfica para entender el comportamiento del PREP.”
Algo que nunca entendió López Obrador mientras sostuvo la tesis del fraude cibernético -que después rechazó por la del fraude “a la antigüita”- es que el PREP es un simple ejercicio de comunicación cuyas cifras no tienen validez legal. El recuento oficial de los votos se realiza en los centros distritales sobre la base de las actas preparadas en las secciones (actas que, a propósito, fueron objeto de muy pocos cuestionamientos por los representantes de casilla de la Coalición por el Bien de Todos, lo que llevó a López Obrador a acusar a sus propios representantes de casilla de deshonestidad).
Pliego reconoce que “los ciudadanos participantes en las mesas directivas de las casillas… cometieron una gran cantidad de errores aritméticos cuando realizaron su trabajo de cómputo y escrutinio de votos”. Pero rechaza el mito de un intento sistemático para favorecer al candidato Felipe Calderón. “Dichos errores se distribuyeron de manera semejante en el caso de las casillas ganadas por Calderón (en 58.2% de 59,042 casillas) o donde López Obrador triunfó (en 61.2% de 54,020)… Tal correspondencia… sólo es explicable por la índole aleatoria o involuntaria de los errores”.
El investigador de la UNAM rechaza también el mito de que el recuento “voto por voto y casilla por casilla” haya podido descubrir un supuesto fraude electoral. “El recuento de 11,718 casillas y la anulación de 748 casillas ordenados por el Tribunal Electoral” resultaron en modificaciones “insignificantes” a pesar de que se trataba en su mayoría de casillas protestadas por la Coalición por el Bien de Todos. La muestra de casillas objeto de recuento era suficientemente grande como para mostrar un cambio de tendencia en caso de que realmente hubiera existido alguna discrepancia sistemática entre las boletas y las actas.
Pliego considera también el mito de que el gasto gubernamental en programas como Oportunidades o Microrregiones compró votos para Calderón. Encuentra por el contrario que en las comunidades beneficiadas el voto favoreció a López Obrador y al priísta Roberto Madrazo, dejando a Calderón en tercer lugar. En comparación con elecciones anteriores, los partidos de izquierda registraron su mayor crecimiento en estas zonas favorecidas por los programas sociales del Gobierno federal.
El autor estudia también el mito de que la intervención del presidente Vicente Fox en la elección a través de anuncios y declaraciones en contra del populismo, pero que no mencionaban a López Obrador, inclinó la elección a favor de Calderón. Las encuestas disponibles, sin embargo, muestran que mientras esta campaña estuvo al aire Calderón perdió terreno. Sólo después empezó a caer López Obrador, pero esto como consecuencia de sus propios errores.
Entiendo que el doctor Pliego no es una de esas grandes vacas sagradas que están publicando libros para defender la tesis del fraude. Sus conclusiones, además, no son “políticamente correctas”. Por otra parte, es claro que los mitos del fraude parten de un dogma de fe que ninguna argumentación racional puede debilitar. Pero si alguien quiere leer en esta temporada de reflexión sobre las elecciones del 2006 un trabajo realmente serio y sistemático, le recomiendo El mito del fraude electoral en México.
LA CUENTA DE HSBC
Me dicen en Hacienda que ellos no le pidieron al HSBC que cancelara la cuenta bancaria de López Obrador. También en Gobernación se lavan las manos. Si la decisión fue de los directivos del HSBC, claramente han cometido el peor error político posible. Si quisieron quedar bien con el Gobierno, lo que hicieron fue golpearlo. Le dieron nuevamente sustento a la tesis del complot que tan buen kilometraje le ha dado a Andrés Manuel durante años. ¿Y todo para qué? Para que simplemente Andrés Manuel abriera una nueva cuenta en Banorte.
Monday, April 02, 2007
Contrahecuras republicanas - Federico Reyes Heroles
¿Cuál es el estado de salud de la República? ¿Cuál es la dimensión del daño, si lo hubo, provocado por el larguísimo proceso electoral y la tormenta posterior? ¿Cómo está la estructura institucional sobre la que navegamos? Comencemos por el puesto de mando, por el capitán. A cuatro meses de haber tomado el timón el 73% de los mexicanos (datos: Reforma, Excelsior, El Universal) aprueba el trabajo de Calderón, frente a un 20% de desaprobación. Sus signos vitales, en lo general, son correctos: se le considera honesto, 60%; con liderazgo, 57%; capaz 53%. Su palabra todavía no logra acreditarse del todo puesto que 50% cree en ella frente al 43% que no le tiene confianza. Se le ve en control del timón, 64%, y dos de sus acciones han tenido un profundo impacto favorable: seguridad con 93% de aprobación y el programa de atención a niños recién nacidos.
El reclamo mayor que enfrenta es el económico y 23% considera como su principal error el permitir el alza de precios. Pero hay un 34% que no identifica ningún error. A pesar de los terribles barruntos que amenazaban, la travesía ha iniciado con rumbo claro. Con rapidez su estilo personal desplaza al de Fox, hoy la gente lo prefiere en una proporción de casi dos a uno. Quizá el único dato preocupante en relación al Presidente de la República, es la fuerte imagen (69%) proempresarial que le ronda. Algo tendrá que hacer la Presidencia. Pero ¿y el resto del navío estatal, cuál es su condición?
El daño de la movilización postelectoral sigue allí y no tiende ha disminuir. Alrededor de un 30% de los electores quedaron convencidos de que la elección fue fraudulenta. Los motivos son varios: la intervención de Fox, las campañas sucias, la actuación del IFE. Sólo el 10% de quienes consideran la elección limpia evalúa mal al Presidente, mientras que casi uno de cada dos de aquellos que piensan que hubo fraude, critica a Calderón. La insatisfacción de algunos remite entonces a la elección y no necesariamente a los actos de Calderón. ¿Podrá el Presidente remontar esa situación, es ello posible? Depende en parte del peso de la contraofensiva permanente de AMLO y de su partido. Pero si el daño por la estrategia seguida por el PRD se mira grave para el país, se ve mucho peor, terrible, para el propio PRD. Se ahogan en su propia tormenta. Primero acabarían consigo mismos que con la República.
Uno de cada dos mexicanos (48%) tiene una mala o muy mala imagen del PRD contra un 47% que tienen una buena o muy buena imagen del PAN. El PRI sale también mal evaluado: mala y muy mala 36%. El ganador es claramente el PAN. Hoy 36% de los mexicanos se considera panista contra un 15% de priístas y un 14% de perredistas. El PRD ha perdido 21 puntos porcentuales. La estrategia es suicida. En los atributos partidarios el PAN también arrasa: cumple lo que promete, cumple con la ley, buen Gobierno, etc. En contraste 52% de los mexicanos vinculan al PRD con conflictos y 38% con un peligro para el país. Quizá uno de los datos más reveladores se expresa en que 75% de los votantes de Calderón hoy votaría por el PAN para diputados federales. Exactamente lo mismo ocurre con el PRI, a pesar de la brutal derrota de Madrazo. Pero uno de cada tres votantes de AMLO ya lo abandonó, no votaría por los diputados del PRD. Un consultor político no tendría muchas dificultades para diagnosticar el caso: si siguen por donde, regresarán a su nivel histórico, menos del 20%.
Pero quizá uno de los cambios más importantes se dio en la consideración que los ciudadanos tienen hacia las instituciones. Reforma le sigue ese pulso a México desde hace años, en su más reciente entrega vienen algunas sorpresas. En los últimos dos años el Ejército mexicano ha escalado en la confianza ciudadana siete puntos porcentuales. Hoy 70% de los mexicanos confían en esa institución que se encuentra en el mismo nivel que las escuelas que tradicionalmente reportan una muy buena calificación. El Ejército ocupa el tercer lugar en la confianza de los mexicanos habiendo desplazado a las iglesias que retroceden nueve puntos. En esta escala los medios de comunicación ocupan ahora un quinto lugar y se sitúan en niveles similares a los de las iglesias. La pluralidad política y la modernidad se imponen. Ese es el lado positivo. El negativo es que los medios tienen hoy una mejor calificación que el IFE, la Presidencia, la CNDH, la Suprema Corte. En donde no hay sorpresas es en los últimos peldaños en que permanentemente aparecen los partidos, los diputados y los senadores, incluso por debajo de la PGR.
Nada hay de malo en que los medios asciendan, por el contrario, ellos representan las distintas voces de la sociedad. Lo que parece preocupante es que los anclajes políticos centrales de cualquier República, como lo son su legislativo, el poder judicial, la instancia investigadora o los propios partidos políticos se encuentren hundidos frente a la sociedad a la que se deben. Que las iglesias pierdan credibilidad no es un asunto nuevo, sobre todo porque la gente busca satisfacer necesidades espirituales sin necesariamente pasar por la aduana burocrática de las iglesias. Pero que un 70% no confíe en los partidos –la gran vergüenza nacional- que están allí para articular la vida política o que el 60% de los mexicanos no confíe en los diputados y los senadores, esa si es una condición de debilidad institucional que a todos nos atañe. Sólo en una República fuerte, que dé garantías, podrán generarse los empleos que necesitamos, sólo en una República fuerte podrá propiciarse mayor justicia. Una República sana, sólo llegará cuando todos asumamos que somos responsables de ella.
El reclamo mayor que enfrenta es el económico y 23% considera como su principal error el permitir el alza de precios. Pero hay un 34% que no identifica ningún error. A pesar de los terribles barruntos que amenazaban, la travesía ha iniciado con rumbo claro. Con rapidez su estilo personal desplaza al de Fox, hoy la gente lo prefiere en una proporción de casi dos a uno. Quizá el único dato preocupante en relación al Presidente de la República, es la fuerte imagen (69%) proempresarial que le ronda. Algo tendrá que hacer la Presidencia. Pero ¿y el resto del navío estatal, cuál es su condición?
El daño de la movilización postelectoral sigue allí y no tiende ha disminuir. Alrededor de un 30% de los electores quedaron convencidos de que la elección fue fraudulenta. Los motivos son varios: la intervención de Fox, las campañas sucias, la actuación del IFE. Sólo el 10% de quienes consideran la elección limpia evalúa mal al Presidente, mientras que casi uno de cada dos de aquellos que piensan que hubo fraude, critica a Calderón. La insatisfacción de algunos remite entonces a la elección y no necesariamente a los actos de Calderón. ¿Podrá el Presidente remontar esa situación, es ello posible? Depende en parte del peso de la contraofensiva permanente de AMLO y de su partido. Pero si el daño por la estrategia seguida por el PRD se mira grave para el país, se ve mucho peor, terrible, para el propio PRD. Se ahogan en su propia tormenta. Primero acabarían consigo mismos que con la República.
Uno de cada dos mexicanos (48%) tiene una mala o muy mala imagen del PRD contra un 47% que tienen una buena o muy buena imagen del PAN. El PRI sale también mal evaluado: mala y muy mala 36%. El ganador es claramente el PAN. Hoy 36% de los mexicanos se considera panista contra un 15% de priístas y un 14% de perredistas. El PRD ha perdido 21 puntos porcentuales. La estrategia es suicida. En los atributos partidarios el PAN también arrasa: cumple lo que promete, cumple con la ley, buen Gobierno, etc. En contraste 52% de los mexicanos vinculan al PRD con conflictos y 38% con un peligro para el país. Quizá uno de los datos más reveladores se expresa en que 75% de los votantes de Calderón hoy votaría por el PAN para diputados federales. Exactamente lo mismo ocurre con el PRI, a pesar de la brutal derrota de Madrazo. Pero uno de cada tres votantes de AMLO ya lo abandonó, no votaría por los diputados del PRD. Un consultor político no tendría muchas dificultades para diagnosticar el caso: si siguen por donde, regresarán a su nivel histórico, menos del 20%.
Pero quizá uno de los cambios más importantes se dio en la consideración que los ciudadanos tienen hacia las instituciones. Reforma le sigue ese pulso a México desde hace años, en su más reciente entrega vienen algunas sorpresas. En los últimos dos años el Ejército mexicano ha escalado en la confianza ciudadana siete puntos porcentuales. Hoy 70% de los mexicanos confían en esa institución que se encuentra en el mismo nivel que las escuelas que tradicionalmente reportan una muy buena calificación. El Ejército ocupa el tercer lugar en la confianza de los mexicanos habiendo desplazado a las iglesias que retroceden nueve puntos. En esta escala los medios de comunicación ocupan ahora un quinto lugar y se sitúan en niveles similares a los de las iglesias. La pluralidad política y la modernidad se imponen. Ese es el lado positivo. El negativo es que los medios tienen hoy una mejor calificación que el IFE, la Presidencia, la CNDH, la Suprema Corte. En donde no hay sorpresas es en los últimos peldaños en que permanentemente aparecen los partidos, los diputados y los senadores, incluso por debajo de la PGR.
Nada hay de malo en que los medios asciendan, por el contrario, ellos representan las distintas voces de la sociedad. Lo que parece preocupante es que los anclajes políticos centrales de cualquier República, como lo son su legislativo, el poder judicial, la instancia investigadora o los propios partidos políticos se encuentren hundidos frente a la sociedad a la que se deben. Que las iglesias pierdan credibilidad no es un asunto nuevo, sobre todo porque la gente busca satisfacer necesidades espirituales sin necesariamente pasar por la aduana burocrática de las iglesias. Pero que un 70% no confíe en los partidos –la gran vergüenza nacional- que están allí para articular la vida política o que el 60% de los mexicanos no confíe en los diputados y los senadores, esa si es una condición de debilidad institucional que a todos nos atañe. Sólo en una República fuerte, que dé garantías, podrán generarse los empleos que necesitamos, sólo en una República fuerte podrá propiciarse mayor justicia. Una República sana, sólo llegará cuando todos asumamos que somos responsables de ella.
Tuesday, February 13, 2007
Hacia adelante - Macario Schettino
Con el tiempo, va quedando más claro qué fue lo que ocurrió en la elección del año pasado. Es un tema que fue más allá de la polémica y que no era fácil discutir hace unos meses, pero que tenemos que procesar adecuadamente, para no guiarnos por creencias y por emociones.
Pocas semanas después de la elección hubo trabajos serios como los de Fernando Pliego, del IIS de la UNAM, y de Javier Aparicio, del CIDE, que desmontaban los argumentos del fraude cibernético, el algoritmo mágico y demás inventos. Pero eran textos más bien técnicos.
Hace algunos meses, los periodistas Óscar Camacho y Alejandro Almazán publicaron el libro La victoria que no fue (Grijalbo, 2006), el primer libro que evaluaba la derrota de López Obrador en la elección presidencial. Como ellos mismos reconocieron en entrevistas radiofónicas, se aproximaron al tema buscando documentar el fraude que habría impedido a López Obrador la victoria. Pero no lo encontraron. Lo que vieron fue un caudal de errores en la campaña, entre los cuales sobresalía la soberbia del candidato y la mala organización el día de la votación.
En el ámbito más académico, Andreas Schedler, investigador del CIDE, acaba de publicar en el Journal of Democracy (18-1, enero 2007) una revisión de la elección desde la perspectiva de las instituciones, concluyendo que "ninguna ingeniería institucional es suficiente para sustituir el requisito de ´espíritu público´ y ´sentimiento colectivo de responsabilidad´ de los involucrados. Al final son los actores, no las instituciones, los que producen y conservan el bien público de las elecciones institucionalizadas".
En estos días circulan dos libros más que arrojan luz sobre el asunto, ambos publicados por Planeta. Por un lado, 2 de julio, de Carlos Tello Díaz, recrea el día de la elección con idas y venidas por la campaña y la postelección, fundamentalmente desde el punto de vista de la coalición que impulsó a López Obrador. Por el otro, de Salvador Camarena y Jorge Zepeda Patterson, El presidente electo, que tiene dos partes. La primera, escrita por Camarena, es una estampa de Felipe Calderón que se concentra en las campañas de éste, desde la interna del PAN hasta la decisión del TEPJF. Es interesante que ambos dedican un espacio importante a narrar y analizar lo ocurrido con los encuestadores, sobre todo el mismo 2 de julio. No hay diferencia significativa en sus interpretaciones, por cierto.
Hoy es perfectamente claro que López Obrador sabía que había perdido la elección desde el mismo domingo 2 de julio por la noche. Esto significa que todo lo ocurrido después fue un montaje que buscaba descarrilar a las instituciones. Desde la popular consigna del voto por voto hasta la intentona del presidente interino. Desde el fraude cibernético hasta el plantón de Reforma.
Sin embargo, las cosas no tenían que ir por ese camino. La pequeña diferencia en la votación, sumada al delito del Consejo Coordinador Empresarial (el único delito reconocido por el Tribunal, puesto que la imprudencia de Fox, grande como fue, no era ilegal), si bien no permitían anular la elección, sí podían convertirse en un inmenso capital político para López Obrador. Capital destrozado con el alud de mentiras que documentan los trabajos antes referidos.
Es importante que este tema se resuelva porque no debe servir de excusa para poner en riesgo la siguiente elección, torpedeando el IFE, ni para posponer decisiones que el país requiere con urgencia como lo es la reforma fiscal. Ya no se vale argumentar agravios.
El proceso que sigue el PRD para recuperarse del ascenso y la caída es especialmente complejo y, como lo habíamos comentado hace un par de meses, se cruza con el que el PRI sufre, en su búsqueda de nueva dirección (en todo sentido). El espacio político de estos partidos tiene una intersección demasiado grande como para ignorarla. El partido más lento se verá en serias dificultades en 2009, y desaparecerá, porque el costo financiero de las derrotas no es despreciable. A pesar de las carretadas de dinero que reciben los partidos de nuestros impuestos, estos dos partidos cargan con deudas que, con menos de 20% de la votación en las próximas elecciones, serán impagables.
Hay que moverse hacia adelante, hay que construir el país, tomando decisiones, no lamentando errores.
Pocas semanas después de la elección hubo trabajos serios como los de Fernando Pliego, del IIS de la UNAM, y de Javier Aparicio, del CIDE, que desmontaban los argumentos del fraude cibernético, el algoritmo mágico y demás inventos. Pero eran textos más bien técnicos.
Hace algunos meses, los periodistas Óscar Camacho y Alejandro Almazán publicaron el libro La victoria que no fue (Grijalbo, 2006), el primer libro que evaluaba la derrota de López Obrador en la elección presidencial. Como ellos mismos reconocieron en entrevistas radiofónicas, se aproximaron al tema buscando documentar el fraude que habría impedido a López Obrador la victoria. Pero no lo encontraron. Lo que vieron fue un caudal de errores en la campaña, entre los cuales sobresalía la soberbia del candidato y la mala organización el día de la votación.
En el ámbito más académico, Andreas Schedler, investigador del CIDE, acaba de publicar en el Journal of Democracy (18-1, enero 2007) una revisión de la elección desde la perspectiva de las instituciones, concluyendo que "ninguna ingeniería institucional es suficiente para sustituir el requisito de ´espíritu público´ y ´sentimiento colectivo de responsabilidad´ de los involucrados. Al final son los actores, no las instituciones, los que producen y conservan el bien público de las elecciones institucionalizadas".
En estos días circulan dos libros más que arrojan luz sobre el asunto, ambos publicados por Planeta. Por un lado, 2 de julio, de Carlos Tello Díaz, recrea el día de la elección con idas y venidas por la campaña y la postelección, fundamentalmente desde el punto de vista de la coalición que impulsó a López Obrador. Por el otro, de Salvador Camarena y Jorge Zepeda Patterson, El presidente electo, que tiene dos partes. La primera, escrita por Camarena, es una estampa de Felipe Calderón que se concentra en las campañas de éste, desde la interna del PAN hasta la decisión del TEPJF. Es interesante que ambos dedican un espacio importante a narrar y analizar lo ocurrido con los encuestadores, sobre todo el mismo 2 de julio. No hay diferencia significativa en sus interpretaciones, por cierto.
Hoy es perfectamente claro que López Obrador sabía que había perdido la elección desde el mismo domingo 2 de julio por la noche. Esto significa que todo lo ocurrido después fue un montaje que buscaba descarrilar a las instituciones. Desde la popular consigna del voto por voto hasta la intentona del presidente interino. Desde el fraude cibernético hasta el plantón de Reforma.
Sin embargo, las cosas no tenían que ir por ese camino. La pequeña diferencia en la votación, sumada al delito del Consejo Coordinador Empresarial (el único delito reconocido por el Tribunal, puesto que la imprudencia de Fox, grande como fue, no era ilegal), si bien no permitían anular la elección, sí podían convertirse en un inmenso capital político para López Obrador. Capital destrozado con el alud de mentiras que documentan los trabajos antes referidos.
Es importante que este tema se resuelva porque no debe servir de excusa para poner en riesgo la siguiente elección, torpedeando el IFE, ni para posponer decisiones que el país requiere con urgencia como lo es la reforma fiscal. Ya no se vale argumentar agravios.
El proceso que sigue el PRD para recuperarse del ascenso y la caída es especialmente complejo y, como lo habíamos comentado hace un par de meses, se cruza con el que el PRI sufre, en su búsqueda de nueva dirección (en todo sentido). El espacio político de estos partidos tiene una intersección demasiado grande como para ignorarla. El partido más lento se verá en serias dificultades en 2009, y desaparecerá, porque el costo financiero de las derrotas no es despreciable. A pesar de las carretadas de dinero que reciben los partidos de nuestros impuestos, estos dos partidos cargan con deudas que, con menos de 20% de la votación en las próximas elecciones, serán impagables.
Hay que moverse hacia adelante, hay que construir el país, tomando decisiones, no lamentando errores.
Monday, February 12, 2007
Pequeños dictadores - Federico Reyes Heroles
¿Drama o comedia? Farsa quizá, pero qué cara farsa. A los demócratas se les conoce en la derrota lanzó Rodríguez Zapatero condenando la insurrección postelectoral en México. Las derrotas provocan a esos pequeños dictadores que -por lo visto- muchos llevan dentro. La derrota desnuda a aquellos que en su fuero interno se niegan a asumir uno de los principios centrales de la democracia: la convivencia civilizada con el triunfador. No hablaré del pequeño gran dictador que en el 2006 desde la derrota mandó al diablo a las instituciones. Allí nada es sorpresa. Lo que sí asombra es el desfile posterior. ¿Será que su ejemplo provocó el descaro en serie? Primer caso.
Una militante de toda la vida del PAN, de convicciones particularmente afines con las posturas conservadoras, pierde la elección interna para la Gubernatura en Yucatán. Historias hay muchas, que si el Gobernador impuso a su candidato, que si manipularon el proceso, etc. Las mismas del priísmo y del perredismo pero ahora en azul. Las lecciones de democracia no salen de la vida interna de los partidos. Furiosa la panista de hueso sale a la búsqueda de otras alternativas. La derrota la sacude hasta en sus amarres más profundos. Despotrica contra el PAN. Sin embargo dice, moriré siendo panista. El PRD, en el mejor de los arribismos, finge demencia. Los votos y las prerrogativas van primero. La convierte en su candidata. Se olvidan las infinitas críticas de la neocandidata a las posturas del perredismo y a su líder de facto. Nada importa. Cuando se es un derrotado -para la Presidencia o una candidatura- se comparte un código de cinismo: todo se vale. ¿Dónde quedaron las convicciones democráticas, las profundas diferencias ideológicas?
Convertido en juez de jueces un senador perredista exige que les corten la cabeza a los consejeros del IFE. Desde la derrota blande sus lanzas en pos de venganza. Ya no son de confiar, hay que ir a la purga. Que las normas se vayan a la basura. Primero va el derecho de venganza de los derrotados. El PRI se suma.
Pero hagamos memoria. La ley electoral que hoy nos rige pasó por las manos del PRD. De hecho durante casi una década ese partido ha acudido a las elecciones aceptando de facto los principios que imperan en el código. Esa ley es la que les permitió obtener en sucesivas legislaturas decenas de diputados y senadores. Esa fórmula es la que les acredita los 14’683,927 de votos; por esa normatividad estuvieron a un tris de obtener la Presidencia. Pero claro, desde la derrota surgen los ánimos dictatoriales: a cortar cabezas. El PRD decidió no participar en la designación de los actuales consejeros. Fue una opción política que les abría la puerta para las impugnaciones posteriores. Nosotros no participamos en el padrón, tampoco en la nueva distritación, etc., vamos a la elección bajo protesta: si ganamos, la elección es buena, si perdemos, todo se vale.
Los pequeños dictadores asoman por todas partes. La ley que los llevó a sus actuales curules es buena para que cobren sus dietas pero no para garantizar elecciones limpias. Luego sus propias elecciones están bajo sospecha ¿o cómo debemos interpretar la desconfianza generalizada? Las deformaciones no podrían ser mayores: la ley se debe adaptar a los caprichos ¡Que corra sangre! Me ganaron, no puedo convivir sin venganza, necesito una reivindicación simbólica. A cortar cabezas. La fórmula de designación de los consejeros del IFE debe cambiar, es cierto. Los motivos son varios. Las cuotas partidarias siempre han terminado por imperar. Además se somete los deseosos a un proceso de lobbing frente a quienes serán sus futuros vigilados. Yo te escojo para que tú supervises mi actuación, es absurdo.
El actual Consejo cometió errores, sobre todo en la forma de comunicación de los resultados. Errores que provinieron de carácter inédito del proceso, de lo cerrado y de la inexperiencia inevitable cuando se es primerizo. Por eso es tan importante instaurar el relevo escalonado de los consejeros y de los miembros del Tribunal. Con todo y errores, de los cuales son parcialmente responsables los partidos al aprobar esa ley que desecha la experiencia, también es cierto que las cifras publicadas por el IFE sobre encuestas, PREP y resultados finales no dejan duda de la congruencia numérica del proceso que vivimos. Pero ese no es el punto de la discusión.
Toda institución y todo cuerpo colegiado pueden y debe ser perfeccionado. Pero en lo que no debe abrirse ningún margen de maniobra es en el fácil expediente de los pequeños dictadores de todos los frentes que son incapaces de aceptar que la dignidad democrática comienza por no cuestionar las normas pactadas para una contienda. Menos aún en buscar victorias simbólicas que intentan sembrar la duda sobre las personas y las instituciones para evadir la responsabilidad propia en la derrota. Lo deseable sería que en el proceso electoral del 2009 estén allí los mismos consejeros con la experiencia acumulada. Lo deseable sería que terminaran su encargo para no incurrir en el triste expediente de -por caprichos personales y contraviniendo el principio de permanencia de ese tipo de funciones- despedir funcionarios para dormir con un ego más inflado.
Ya ocurrió en la CNDH con la doctora Rocatti y su respectivo reflejo en las comisiones locales. Ya ha ocurrido en varios institutos electorales locales. Por ese camino, como hizo Chávez, vamos a terminar cortándole la cabeza a los ministros de la Corte cuando no nos gusten sus resoluciones. Que el mundo se adapte a mí, es el rezo nocturno del pequeño dictador.
Una militante de toda la vida del PAN, de convicciones particularmente afines con las posturas conservadoras, pierde la elección interna para la Gubernatura en Yucatán. Historias hay muchas, que si el Gobernador impuso a su candidato, que si manipularon el proceso, etc. Las mismas del priísmo y del perredismo pero ahora en azul. Las lecciones de democracia no salen de la vida interna de los partidos. Furiosa la panista de hueso sale a la búsqueda de otras alternativas. La derrota la sacude hasta en sus amarres más profundos. Despotrica contra el PAN. Sin embargo dice, moriré siendo panista. El PRD, en el mejor de los arribismos, finge demencia. Los votos y las prerrogativas van primero. La convierte en su candidata. Se olvidan las infinitas críticas de la neocandidata a las posturas del perredismo y a su líder de facto. Nada importa. Cuando se es un derrotado -para la Presidencia o una candidatura- se comparte un código de cinismo: todo se vale. ¿Dónde quedaron las convicciones democráticas, las profundas diferencias ideológicas?
Convertido en juez de jueces un senador perredista exige que les corten la cabeza a los consejeros del IFE. Desde la derrota blande sus lanzas en pos de venganza. Ya no son de confiar, hay que ir a la purga. Que las normas se vayan a la basura. Primero va el derecho de venganza de los derrotados. El PRI se suma.
Pero hagamos memoria. La ley electoral que hoy nos rige pasó por las manos del PRD. De hecho durante casi una década ese partido ha acudido a las elecciones aceptando de facto los principios que imperan en el código. Esa ley es la que les permitió obtener en sucesivas legislaturas decenas de diputados y senadores. Esa fórmula es la que les acredita los 14’683,927 de votos; por esa normatividad estuvieron a un tris de obtener la Presidencia. Pero claro, desde la derrota surgen los ánimos dictatoriales: a cortar cabezas. El PRD decidió no participar en la designación de los actuales consejeros. Fue una opción política que les abría la puerta para las impugnaciones posteriores. Nosotros no participamos en el padrón, tampoco en la nueva distritación, etc., vamos a la elección bajo protesta: si ganamos, la elección es buena, si perdemos, todo se vale.
Los pequeños dictadores asoman por todas partes. La ley que los llevó a sus actuales curules es buena para que cobren sus dietas pero no para garantizar elecciones limpias. Luego sus propias elecciones están bajo sospecha ¿o cómo debemos interpretar la desconfianza generalizada? Las deformaciones no podrían ser mayores: la ley se debe adaptar a los caprichos ¡Que corra sangre! Me ganaron, no puedo convivir sin venganza, necesito una reivindicación simbólica. A cortar cabezas. La fórmula de designación de los consejeros del IFE debe cambiar, es cierto. Los motivos son varios. Las cuotas partidarias siempre han terminado por imperar. Además se somete los deseosos a un proceso de lobbing frente a quienes serán sus futuros vigilados. Yo te escojo para que tú supervises mi actuación, es absurdo.
El actual Consejo cometió errores, sobre todo en la forma de comunicación de los resultados. Errores que provinieron de carácter inédito del proceso, de lo cerrado y de la inexperiencia inevitable cuando se es primerizo. Por eso es tan importante instaurar el relevo escalonado de los consejeros y de los miembros del Tribunal. Con todo y errores, de los cuales son parcialmente responsables los partidos al aprobar esa ley que desecha la experiencia, también es cierto que las cifras publicadas por el IFE sobre encuestas, PREP y resultados finales no dejan duda de la congruencia numérica del proceso que vivimos. Pero ese no es el punto de la discusión.
Toda institución y todo cuerpo colegiado pueden y debe ser perfeccionado. Pero en lo que no debe abrirse ningún margen de maniobra es en el fácil expediente de los pequeños dictadores de todos los frentes que son incapaces de aceptar que la dignidad democrática comienza por no cuestionar las normas pactadas para una contienda. Menos aún en buscar victorias simbólicas que intentan sembrar la duda sobre las personas y las instituciones para evadir la responsabilidad propia en la derrota. Lo deseable sería que en el proceso electoral del 2009 estén allí los mismos consejeros con la experiencia acumulada. Lo deseable sería que terminaran su encargo para no incurrir en el triste expediente de -por caprichos personales y contraviniendo el principio de permanencia de ese tipo de funciones- despedir funcionarios para dormir con un ego más inflado.
Ya ocurrió en la CNDH con la doctora Rocatti y su respectivo reflejo en las comisiones locales. Ya ha ocurrido en varios institutos electorales locales. Por ese camino, como hizo Chávez, vamos a terminar cortándole la cabeza a los ministros de la Corte cuando no nos gusten sus resoluciones. Que el mundo se adapte a mí, es el rezo nocturno del pequeño dictador.
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