Monday, August 21, 2006

El mesías y el dictador, el abrazo videograbado - Jorge Fernandez Menendez

Imaginemos por un momento que un hombre de negocios mexicanos, que acusa a fuerzas gubernamentales de estar chantajeándolo, fuera a Medio Oriente, a Iraq por ejemplo, para escapar de esas persecusiones. Al llegar, pese a que tiene todos sus papeles en regla, es ilegalmente detenido por las fuerzas de seguridad y recluido en una mazmorra tipo Abu Ghraib. Allí está incomunicado durante semanas, despojado de todas sus pertenencias, no se le permiten contactos con el exterior y menos aún un abogado defensor; allí es sometido a torturas físicas y sicológicas. Los carceleros en medio de todo eso le ofrecen un trato: para quedar bien con un amigo, adversario del detenido, quieren filmar su “declaración” donde repite, textual, la versión que su enemigo. La filmación se hace, incluso se graban hasta los ensayos del “interrogatorio” y queda finalmente, un paquete de más de 40 horas ilegales de “confesiones” arrancadas bajo presión. Pero los carceleros no cumplen su palabra e ilegalmente, una vez más, lo envían a su país de origen, donde es encarcelado por sus propios enemigos, y una vez más incomunicado, se le prohíbe cualquier contacto con los medios para hacer llegar su versión de los hechos y la justicia se ensaña con él aunque no tiene elementos para culparlo. De todas maneras, logra explicar públicamente cómo se obtuvieron esas grabaciones, qué le habían pedido que dijera y cuál fue el objetivo de sus captores al realizarlas.

Pasan más de dos años, sigue encarcelado y sin contactos con los medios, su familia, incluso, es objeto de un atentado que las propias autoridades encargadas de investigarlo tratan de desvirtuar cuando anuncia que podría dar a conocer más información sobre las corruptelas de las mismas. Y repentinamente, cuando sus enemigos políticos están a punto de entrar en una debacle total, resucitan el viejo video, pero lo presentan tan mal que es evidente la edición, la manipulación, los recortes de distintos momentos del larguísimo interrogatorio, de forma tal que de las 40 horas quedan sólo 10 minutos mal editados. Y eso es presentado como prueba irrefutable para demostrar que hubo un complot contra los sufridos enemigos del empresario detenido.

Si eso ocurriera, los defensores permanentes de las buenas causas se alzarían; reclamarían por la violación de los derechos humanos del perseguido; rechazarían cualquier evidencia obtenida ilegalmente, bajo prisión, coacción y tortura de un detenido político, acción ejercida, además, por un gobierno dictatorial y reclamarían con enjundia la libertad del detenido. Pero como ese detenido se llama Carlos Ahumada, como sus perseguidores están encabezados por López Obrador, como los corruptos de la historia son sus principales operadores; como la dictadura que detuvo y torturó a Ahumada es la de Fidel Castro y no el Gobierno estadounidense, y como López Obrador está desesperado no sólo porque perdió las elecciones sino porque todo su tinglado se está hundiendo, surge, llegada de La Habana vía Caracas, la cinta para tratar de salvar algo. Y algunos medios, que también están tratando de salvar sus pertenencias del naufragio, se prestan a divulgarla en forma acrítica.

Si se tuviera que presentar una sola prueba de que López Obrador es cualquier cosa menos un político progresista y tolerante, allí estaría su actitud ante las denuncias de Ahumada: a todos sus colaboradores corruptos, desde Gustavo Ponce Meléndez hasta René Bejarano y Carlos Imaz, los apoyó, a uno lo ayudó a escapar, a los otros no los persiguió y le dio la libertad, a sus esposas les dio cargos privilegiados en el Gobierno, a sus seguidores los colocó entre los más fieles. Jamás le ha reclamado, siquiera, que digan qué hicieron con el dinero que recibieron. Ahumada, puede ser culpable o inocente, pero se lo ha perseguido como sólo pueden hacerlo los inquisidores, los que persiguen consideran que se ha violado la fe. López Obrador, que se compara modestamente con Jesús, Gandhi y Luther King, se parece más a Torquemada: ha permitido que ilegalmente entren al reclusorio los medios “amigos” para fotografiar en paños menores a Ahumada, pero nos ha prohibido a los periodistas que hemos solicitado una entrevista con él (o él con nosotros, en forma destacada a Ciro Gómez Leyva y a quien esto escribe) realizarla. Es un prisionero que a dos años y medio de su detención sigue incomunicado y que no ha podido dar su versión de los hechos, mientras que López Obrador y sus incondicionales siguen utilizando material ilegal, producto de una detención también ilegal (incluso para los niveles de la dictadura cubana), que sólo puede provenir de la isla como una forma de intervenir en los asuntos internos de México.

Es vergonzoso que las autoridades del DF sigan siendo parte de esta maquinación digna de un gobierno totalitario; que mantengan incomunicado de esta manera a un preso obviamente político; que López Obrador quiera utilizar este tipo de cintas, con ese origen, para tratar de levantar su deteriorada imagen, aunque después de dos años y medio ni siquiera nos ha dicho en qué utilizaron él y los suyos ese dinero y si estaban extorsionando a Ahumada, como él dice, y si éste “sólo” los estaba corrompiendo; que el Gobierno cubano siga interviniendo de una forma tan obvia en nuestra vida política y que alguno de los seguidores de Fidel todavía se quejen de que la administración Fox no envió “una nota diplomática preguntando por la evolución de la salud de Fidel” (sic); que algunos medios utilicen en forma acrítica, fuera de contexto, sin cuestionamiento alguno, una información que manipulada y obtenida bajo coerción. Es la mejor muestra del deterioro ético de una corriente política que alguna vez se dijo progresista y de izquierda. ¿Qué esperan para regresar a los cauces que le dieron prestigio y legitimidad moral en el pasado?

La hora cero - Raymundo Riva Palacio

Si uno se atiene a lo que ve y escucha, todos se están pintando la cara para ir a la guerra en las barricadas del megaplantón

A ún no se vislumbraba el fin del proceso de validez de la elección presidencial y declaración del presidente electo cuando Andrés Manuel López Obrador modificó la estrategia. En una semana en que plantearon sus voceros que transitarían de la resistencia civil a la desobediencia civil -o sea, de la ilegalidad a la ilegalidad-, implementaron un laboratorio de pruebas en el Congreso al intentar su toma para una protesta con el aparente propósito de medir hasta dónde estaba dispuesta la policía federal, que ya ocupaba el recinto legislativo, a responder a la provocación. Cuando vieron que los toletazos estaban listos para ellos, inició lo que parece ser una nueva estrategia de lucha.

Necesitaban tiempo, por supuesto. Y éste les llegó con la operación de propaganda a través del vehículo más leal que han tenido en los últimos meses, para diseminar extractos del relato que hizo el empresario Carlos Ahumada a la seguridad cubana sobre los pormenores de la conspiración en contra del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal y renovar su alegato de que el 2 de julio se consumó una elección de Estado. El video, que no aporta nada nuevo ni revela detalles significativos a la vieja historia del complot, luce como una iniciativa para bloquear lo que el equipo de López Obrador pensaba que se daría este fin de semana: la declaración de presidente electo de Felipe Calderón.

Si el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación iba o no a hacerlo -en efecto, se esperaba una sesión para este domingo-, no se sabe hasta este momento. Si el reciclado de Ahumada alteró los tiempos del Tribunal y aplazó el fallo de la validez de la elección y la declaratoria de presidente electo, tampoco se sabe.

Lo que sí es verificable es que fue un distractor para reforzar a los grupos de choque en el megaplantón de la ciudad de México, donde ya se pueden observar los campamentos del movimiento Francisco Villa y de la Asamblea de Barrios en los puntos neurálgicos de la espina dorsal de la protesta, así como pequeños grupos de Panchos colocados a cada 200 y 300 metros entre sí.

Estos grupos, particularmente los Panchos, son los más experimentados en enfrentamientos con la policía, y responden a los intereses de quienes los crearon: Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, manejados a través de René Bejarano y Dolores Padierna. De hecho, los contingentes que intentaron la toma del Congreso la semana pasada reciben órdenes de ellos. Tras los toletazos en el Congreso, nuevos grupos se integraron al plantón. Por un lado los ambulantes, a cuyos líderes solicitaron golpeadores a cambio de que las autoridades del Distrito Federal regularizaran sus casos pendientes.

Otros grupos ilegales creados durante el gobierno de López Obrador, los taxis panteras, también aportaron contingentes además de las importantes cuotas -100 pesos diarios por cada uno de los más de 50 mil panteras- para financiar la protesta. A ellos se les suman aliados inopinados, como miembros del EPR que, de acuerdo con dirigentes perredistas, se encuentran en algunos campamentos sobre Paseo de la Reforma.

Dentro del campo lopezobradorista no sólo están buscando la provocación al gobierno federal, sino están convencidos de que habrá un intento de desalojo. Aunque la Presidencia ha dicho que no puede actuar sin una petición del GDF, en el caso del Distrito Federal el artículo 122 constitucional le otorga al Presidente la atribución sobre el mando de la fuerza pública. Altos funcionarios federales descartan una acción de fuerza del gobierno, pero no se descarta que una vez que el Tribunal falle en definitiva sobre la elección, si como se espera sea negativo a López Obrador, se modifique el criterio.

De hecho, nos estamos acercando a la hora cero. Dentro del gobierno federal existe desde hace un par de semanas un plan de desalojo de Paseo de la Reforma que deberá ser muy complejo y vasto si se toma en cuenta que, para que una operación de esa naturaleza pueda tener éxito, se requiere que su fuerza triplique cuando menos a quienes enfrentan; es decir, el desalojo del megaplantón podría significar una fuerza de choque federal de cuando menos 12 mil elementos que, sin contar al Ejército -que no está dispuesto hoy en día a resolver problemas emanados de los civiles-, no se sabe de dónde pueda salir.

Pero si para el gobierno federal es un dilema cómo encontrar la mejor salida a la crisis política que se vive, no menos complicado es para los partidos de la coalición Por el Bien de Todos. Al reencauzarse el movimiento de López Obrador por la ruta de la desobediencia civil, los partidos coligados, PRD, PT y Convergencia, tienen que romper con él formalmente, pues si incurrieran en los delitos que Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, anticipó sin detallar, podrían perder su registro como partidos. Es probable que el movimiento de López Obrador cambie de nombre por uno independiente de los partidos, para evitar que incurran en nuevos delitos electorales. Esto es lo más sencillo.

Lo más entrampado en estos momentos a nivel interno es qué sucederá después del 1 de septiembre, cuando se empiecen a dividir de forma creciente las fuerzas dentro del PRD, al asumir sus cargos de elección popular, al no poder avalar actos fuera de la ley pues pueden ser sujetos a juicios políticos, desafuero y responsabilidades del fuero común. Más grave aún es para el jefe de Gobierno entrante, Marcelo Ebrard, quien tomará posesión el 5 de septiembre, pues además de ese mismo escenario, debe presentar por ley una terna al presidente Vicente Fox sobre sus candidatos a procurador y jefe de policía, que lo encajona aún más.

La institucionalidad que los llevó al poder también les impone la frontera de la legalidad. López Obrador los presionó en julio y agosto para que se fueran a navegar con él por el mar de la ilegalidad. Varias figuras del PRD próximas a ocupar cargos de elección popular saben que septiembre es su parteaguas. López Obrador se ha convertido en un lastre para ellos pero se les abre una oportunidad en esta hora cero. Desde la frialdad política, el enfrentamiento que se viene cocinando en las barricadas del megaplantón les conviene enormemente. Si se da, por un lado será López Obrador quien pague las facturas, y por el otro, la acción de fuerza gubernamental les dará un inagotable discurso contra la represión, ayudándoles en la legitimidad frente a sectores fuera del PRD, sin dejar de darle aspirinas solidarias a su ex caudillo que, en realidad, se encontraría en fase política terminal.

Esta opción no es nada agradable, pero hace buen tiempo se desvanecieron aquellas salidas donde todos cedían para ganar. La hora cero es al revés de lo que podría ser la lógica política: todos pierden. El punto fino para cada uno es saber en dónde minimiza su daño y recorta sus pérdidas.

Sunday, August 20, 2006

Interrogatorio en Cuba, para reforzar protesta de AMLO - Interrogatorio en Cuba, para reforzar protesta de AMLO

Usa declaraciones de Ahumada, pero le impide entrevistas

De entre las leyes de la física, la tercera de Newton se ha convertido en una verdadera "ley de la política". Dice Newton: "A toda acción corresponde una reacción igual pero en sentido contrario". Es decir, que a toda presión o acontecimiento político corresponderá siempre una respuesta de la misma magnitud que la primera, pero en sentido contrario, a manera de respuesta.

Lo que presenciamos con la difusión de nuevos videos, editados del extenso interrogatorio que el gobierno cubano le hizo a Carlos Ahumada -que confirman no sólo la corrupción del primer círculo del gobierno de AMLO, sino que esas evidencias fueron utilizadas en su momento por círculos del gobierno de Vicente Fox para debilitar la imagen del entonces jefe de Gobierno-, no es más que eso, una respuesta desesperada del equipo de AMLO, a quien si bien no pudieron eliminar de la carrera presidencial con los videoescándalos y menos con el "desafuero", sí derrotaron los electores en las urnas.

La difusión tardía de esos nuevos videos son la respuesta del equipo de López Obrador a una realidad que se abre paso, a pesar de la confusión deliberada sembrada por el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, y que en los hechos no ha sido más que un verdadero complot contra las instituciones electorales mexicanas. Incluso hay quienes ya señalan esa maniobra de AMLO como "golpe de Estado" contra esas instituciones.

En efecto, los videos muestran a un Carlos Ahumada revelando el entramado perverso de un puñado de funcionarios públicos de primer nivel del gobierno "del cambio", los que junto con la poderosa televisión privada hicieron estallar el escándalo de la corrupción del gobierno de AMLO con fines político-electorales. En realidad nada nuevo respecto a lo que ya se sabía del escándalo.

Pero esos nuevos videos podrían resultar contrarios a la causa que se busca, ya que dejan más preguntas sin responder y hasta pueden llevar a la confirmación de otras variables hasta el momento no exploradas. Nos referimos a la corrupción del gobierno del DF, también con fines político-electorales y, sobre todo, a la intromisión del gobierno cubano, en el más reñido de los procesos electorales mexicanos.

¿De parte de quién?

Pero vamos por partes. Todos saben que en los primeros meses de 2004 el empresario Carlos Ahumada se refugió en Cuba, presuntamente a recomendación de Carlos Salinas, en donde el otrora amigo del ex presidente mexicano, Fidel Castro, le daría protección. En efecto, Carlos Ahumada entró a Cuba sin ningún problema y durante semanas dirigió desde la isla su defensa por los videoescándalos, al grado de que era visitado por abogados, familiares y personas cercanas. Eso lo sabía el gobierno cubano, en cuyo territorio nadie se mueve sin su aval y el ojo experto de sus espías. Todo indica que en efecto, el régimen de Castro había aceptado asilar a Ahumada.

Sin embargo algo pasó, algunos hilos se movieron y, repentinamente, Ahumada pasó de asilado político a petición de un influyente amigo del presidente Castro, a perseguido. Fue detenido y sometido a un extenso interrogatorio, al estilo del gobierno cubano. De ese interrogatorio forman parte los cuatro minutos de revelaciones que el pasado viernes fueron difundidos. La crisis que provocó la detención de Ahumada y su prolongado interrogatorio se convirtieron en un conflicto diplomático que tensó al máximo las relaciones diplomáticas entre México y Cuba. Para nadie es un secreto que la diplomacia entre los dos países sigue en un momento de máxima tensión, cercano a la ruptura.

Desde entonces era claro que el gobierno de Castro brindaba todo su respaldo al entonces precandidato presidencial y jefe de Gobierno del DF, Andrés Manuel López Obrador -apoyo que también ofreció el presidente de Venezuela, Hugo Chávez-, y que algo se había fracturado entre la relación del ex presidente Salinas y Fidel Castro. Se sabía de la existencia del interrogatorio de Carlos Ahumada en Cuba, y el propio gobierno de la isla había usado fragmentos de ese interrogatorio para cobrar facturas al gobierno de México. Incluso el propio gobierno mexicano solicitó, sin éxito, una copia de las grabaciones del citado interrogatorio.

El asunto pasó a segundo plano cuando López Obrador superó no sólo los videoescándalos, sino el desafuero, y se convirtió, finalmente, en el candidato presidencial de la mal llamada izquierda mexicana. Había ganado su grito de campaña: "¡Que le ganen en las urnas!". Y en efecto, el 2 de julio le ganaron en las urnas, a pesar de la engañosa y hasta tramposa campaña de que se cometió un supuesto fraude electoral; fraude que por cierto nadie ha podido comprobar.

Preguntas sin respuesta

Pero repentinamente, cuando una buena parte de la opinión pública nacional y la mayoría de la prensa internacional han llegado a la conclusión de que el supuesto fraude no existe más que en el imaginario de AMLO y de sus generales -y de un sector duro de sus fieles-, reaparecen nuevos videos de la corrupción y López Obrador se monta de nuevo en la estrategia del complot. Pero al mismo tiempo aparecieron muchas preguntas también sin respuesta.

¿Quién puso en manos de AMLO y del PRD parte del interrogatorio que le hizo la policía cubana a Carlos Ahumada? ¿Cuál es la intención política de esa filtración? ¿Por qué ahora, y no antes, en los previos al 2 de julio? ¿Quién, del gobierno cubano, está interesado en la defensa política de AMLO? ¿Cuál es el papel, en esa estrategia, que juega el presidente venezolano, Hugo Chávez?

Resultaría ingenuo suponer, por decir lo menos, que el PRD y AMLO son ajenos a esas filtraciones, sobre todo porque se trata de un video editado en el que sólo se exhibe lo que beneficia a la causa de López Obrador. Está claro que el gobierno de Cuba sigue ofreciendo todo su respaldo a López Obrador y que ese gobierno le apuesta no sólo a la crisis política que ha generado la postura de AMLO, sino que está dispuesto a ofrecer todo lo que sabe y todos sus oficios para empujar la insurrección de AMLO y de llegar al golpe de Estado que en la práctica el candidato de la coalición Por el Bien de Todos le ha asestado ya a las instituciones democráticas.

Es reveladora la declaración de AMLO, horas después de que se conocieron las nuevas filtraciones. Dijo López Obrador: "Si así es como se procede, nos tienen que entregar la Presidencia de la República". ¿Qué quiere decir esa declaración? Es bastante clara; es la confirmación de que López Obrador no iba por la Presidencia por los cauces de la democracia, en donde gana el que obtiene más votos, sino que su estrategia era la de arrebatar el poder por los métodos que fueran, incluso por encima de la destrucción del entrañado legal que soporta la democracia electoral mexicana.

La filtración de los nuevos videos confirma que la mano del gobierno cubano está presente en el proceso electoral mexicano, y que ahora se intenta presionar al Tribunal Electoral para que declare la anulación de todo el proceso. El argumento es precisamente ese, que sin importar la elección, el resultado, sin importar las instituciones electorales y el propio Tribunal, AMLO debe ser presidente, por razones morales, porque su causa es la causa justa. En pocas palabras, se intenta un golpe de Estado a las instituciones y la imposición de un gobierno "popular", con el apoyo de gobiernos extranjeros, como el de Cuba y acaso el de Venezuela.

Existen versiones de que el PRD tenía en sus manos una parte del interrogatorio de Ahumada en Cuba -un interrogatorio nada confiable por el descrédito no sólo del interrogado, sino de los interrogadores- que no había sido utilizado porque AMLO y sus leales ya daban por descontado que ganarían el 2 de julio. Esa versión parece poco creíble, porque de haber existido antes se habría hecho pública inmediatamente después del 2 de julio e incluso habría sido parte del expediente para reclamar la nulidad abstracta de la elección. No, por la forma y por el fondo, se puede aventurar que se trató de un hallazgo de reciente manufactura. Y para guardar toda posible pista, se recurrió a mensajeros afines.

Preso político

Pero además resulta ridículo, de risa, y hasta un insulto al sentido común y a la inteligencia de los ciudadanos y los electores, que López Obrador y el PRD pretendan convertir a Carlos Ahumada en escudo para justificar el presunto complot en su contra -mediante una declaración arrancada por la policía cubana en donde los derechos humanos son letra muerta y el Estado violenta todas las garantías individuales-, cuando en México, en el arbitrario Gobierno del Distrito Federal, el jefe de Gobierno López Obrador ordenó que el propio Carlos Ahumada fuera mantenido en calidad de preso político, sin derecho a presentarse a los medios para ser entrevistado y para ofrecer su verdad. En las cárceles del Distrito Federal, por instrucciones de AMLO, primero, y de Alejandro Encinas, después, al señor Ahumada se le ha impedido que diga lo que sabe sobre los videoescándalos, sobre la corrupción en el gobierno de AMLO, sobre su huida y posterior detención en Cuba, sobre la forma en que fue tratado en la isla y cómo se obtuvo la declaración que hoy utiliza AMLO para su causa. ¿Por qué no le permiten hablar? ¿A qué le temen AMLO y el PRD si Ahumada ofrece una entrevista?

Está claro que el señor Carlos Ahumada no es una hermana de la caridad, que es un empresario que se enriqueció a partir de todas las malas artes de la política, del contubernio entre empresarios y servidores públicos. Pero también es cierto que el señor Ahumada fue uno de los mecenas de una buena cantidad de políticos del PRD, probablemente del propio AMLO, en su campaña como candidato a jefe de Gobierno del Distrito Federal. Existen evidencias y declaraciones del propio Ahumada de que reaccionó con los videos de la corrupción porque un grupo de perredistas vinculados al grupo de AMLO pretendió extorsionarlo.

Pero lo peor es que AMLO y sus leales, con la ayuda de aliados mediáticos, pretendieron desviar la atención sobre el corazón de los escándalos de la corrupción; que no es otra cosa que esa, el dinero que de manera ilegal e inmoral se manejó desde la administración de AMLO a través de sus escuderos, como René Bejarano, Carlos Ímaz y Gustavo Ponce. ¿Qué se sabe del origen y el destino del dinero que a puños se llevaron Bejarano, Ímaz y Ponce? Nada. El GDF simuló una investigación que terminó con unos meses de prisión para Bejarano -encarcelamiento en el que gozó de todos los beneficios, mientras que Ahumada era tratado como preso político-, en tanto que Ímaz sigue tan campante, como si nada. ¿Qué hay de Ponce, el hombre que derrochaba millones de pesos en Las Vegas? Resulta otro insulto a todos, sean o no simpatizantes de AMLO, que en su momento el ex jefe de Gobierno haya dicho que no estaba enterado que su secretario de finanzas era un pillo, que haya facilitado su huida, y que ahora salga con el cuento de que se trata de un complot.

Y lo más simpático, que sería de risa si no es por el agravio a la sociedad entera, es que hoy la esposa de René Bejarano, la diputada Dolores Padierna, y el señor Carlos Ímaz, que es el esposo de Claudia Sheinbaum -quien a su vez es la más cercana colaboradora de AMLO-, sean los puntales de la resistencia civil, de los plantones, y que sean responsables de la movilización contra el supuesto fraude. Parece que son muchos los mexicanos, los simpatizantes de AMLO que no quieren ver que sin corrupción, como la comprobada en turno a López Obrador, no habrían existido los videoescándalos y no habría elementos para tal persecución.

Por eso no es descabellado señalar que el otro complot, el verdadero complot es el que mediante un monstruoso engaño colectivo pretende imponer el señor López Obrador. Y en efecto, son muchos los mexicanos que se han tragado el cuento del fraude, de la persecución perversa, pero el tiempo pondrá a cada quién en su lugar. Al tiempo. 

Saturday, August 19, 2006

En el límite - Jaime Sanchez Susarrey

El tiempo pasa inexorablemente. El conteo de las 11 mil casillas ha quedado atrás. No existe ya la posibilidad de que el resultado de la elección se revierta ni de que el Tribunal Electoral ordene la apertura de todos los paquetes y se cuente voto por voto. Las quejas de un gran fraude electoral no han sido documentadas y no lo serán en lo que resta del proceso. Tampoco hay margen para que se anule la elección. Además, la resolución del Trife será inapelable. Así que no hay vuelta de hoja: antes del primero de septiembre, Felipe Calderón será declarado oficialmente Presidente electo de la República.

Eso explica la radicalización del discurso de López Obrador. Esta semana escaló un peldaño más. El martes invocó al espíritu de Emiliano Zapata y llamó a sus colaboradores a firmar la Convocatoria a la Convención Nacional Democrática que habrá de celebrarse en el Zócalo de la ciudad de México el 15 y 16 de septiembre. No sobra recordar que el primero en utilizar esta figura fue el subcomandante Marcos en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona.

Para justificar su decisión, AMLO citó el artículo 39 de la Constitución que establece: “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instruye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

No hay, pues, que quebrarse la cabeza. Más claro ni el agua. El candidato de la Alianza por el Bien de Todos se apresta a desconocer no sólo al nuevo Presidente de la República, sino al conjunto de las instituciones del Estado mexicano. En ese paquete van el Instituto Federal Electoral, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Tribunal Federal Electoral y, por supuesto, el nuevo Congreso de la Unión.

Frente a esos poderes espurios, que se habrían robado la elección, la Convención Nacional Democrática tendrá las facultades de una Asamblea Constituyente que podría incluso reconocer a AMLO como el único Presidente legítimo. La resistencia y la lucha no serán de unas semanas o de unos meses. AMLO se apresta, como Juárez, a recorrer la República en un carruaje defendiendo las “instituciones” que él mismo fundará en un acto solemne en el Zócalo de la Ciudad de México.

Todo esto puede parecer, y en parte es, una pacotilla. López Obrador podría convertirse a la larga en un presidente de opereta. Un presidente que, a su paso, suscite carcajadas y groserías. Pero en lo inmediato existen riesgos que es necesario advertir. Hay un sector de la población que tiene fe ciega en su candidato y que está convencido de que hubo fraude. Y no sólo eso. Las corrientes más radicales y siniestras del PRD, encabezadas por Dolores Padierna y René Bejarano, le son incondicionales y tienen la fuerza y la capacidad de realizar movilizaciones y plantones a lo largo y ancho de la ciudad de México.

El futuro de esta estrategia depende de una serie de factores adicionales. Tres son particularmente importantes: el primero se relaciona con la instalación de la LX Legislatura los días 27 y 28 de agosto. En esa fecha, los diputados y senadores del PRD tomarán posesión y protestarán cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen. Será la fracción más importante en toda la historia del Partido de la Revolución Democrática. Sus integrantes enfrentarán inmediatamente el dilema de ajustarse a una práctica institucional o sumarse al proyecto insurreccional de López Obrador.

En el PRD han coexistido dos almas: una revolucionaria y otra pragmática y negociadora. La primera ha estado siempre ahí. Está en los genes de la izquierda socialista y en la memoria de los expriístas. Todos ellos creen en el mito del pueblo en armas haciéndose justicia y fundando un nuevo orden. México en 1910, la URSS en 1917 o Cuba en 1959. La segunda es la que convirtió al PRD en un partido con vocación de gobierno, que apostó al voto y a la moderación.

Por paradojas de la historia, el mayor salto electoral que ha dado el PRD se debe al mismo personaje que ahora se propone desconocer las instituciones y con ellas la victoria y los avances de su propio partido. Porque para ningún perredista es un misterio que la aventura insurreccional del mesías de Macuspana puede terminar hundiéndolos definitivamente. Los costos de las movilizaciones, los plantones y las acciones de desobediencia civil, que ya han sido anunciadas, se pagarán irremediablemente en la elección intermedia de 2009.

El segundo factor es el Gobierno de la Ciudad de México. Alejandro Encinas se encuentra en una situación extremadamente difícil. Su sometimiento incondicional a López Obrador ha afectado ya su imagen y su popularidad. Pero además, desde un punto de vista institucional está llegando al límite. Su prueba de fuego será no el primero, pero sí el 15 y 16 de septiembre. En esas fechas deberá optar entre las responsabilidades de su cargo y la lealtad incondicional a López Obrador. En el Zócalo no cabe una Convención Nacional por la tarde y una parada militar por la mañana. Es una o la otra. No hay más.

Tercer factor: La respuesta del Gobierno federal. Hasta ahora la tolerancia ha rendido muy buenos frutos. Los excesos verbales y las acciones ilegales le han quitado la máscara a López Obrador. Muchos de los ciudadanos que votaron por él están decepcionados y aterrados con el personaje. Los costos económicos, sin embargo, han sido muy altos. Pero esa estrategia tiene un límite. Las provocaciones van a subir de tono y el uso de la fuerza pública, como ocurrió a las afueras de San Lázaro, se va a tornar indispensable.

Los días y semanas que vienen serán cruciales. López Obrador apostará a que sus provocaciones desemboquen en enfrentamientos para denunciar al Gobierno de la República como represor y autoritario. Él sabe que ese es su mejor seguro para mantener a los perredistas moderados bajo control so pena de denunciarlos como traidores. No hay, en consecuencia, por qué esperar que abra la más mínima rendija de negociación en las fechas claves que se avecinan: 1º y 15-16 de septiembre. Antes al contrario, va a echar toda la carne al asador.

El Gobierno de la República y el Presidente electo, por su parte, deberán ponderar si pueden dejar el mando de la policía y la procuraduría del Distrito Federal en manos de dos incondicionales de López Obrador.

Se avecinan tiempos difíciles en los que nada está decidido de antemano. Exigen prudencia, pero también mucha firmeza. Esperemos que Fox y Calderón estén a la altura de sus responsabilidades.
 

Tuesday, August 15, 2006

Ni informe, ni Grito ni desfile: Sólo provocación - Jorge Fernandez Menendez

Dirían los muy jóvenes que a López Obrador “ya lo perdimos”. Con un discurso cada día más alejado de la realidad, convencido de que está destinado a encabezar la “purificación” nacional, Andrés Manuel (¿alguien todavía duda de que el señor es un místico tropical, como diría Krauze?) sigue con un sermón donde lo único comprensible es que cada día su posición se endurece más, al tiempo que se queda cada día, también, más solo.

En estos momentos, la intención de López Obrador no parece pasar, siquiera, por la anulación de las elecciones: sabe que eso es imposible, que el nuevo conteo, el tercero, confirmó los datos que teníamos desde horas después del 2 de julio; que es mentira que hubo fraude y que no tiene una sola prueba que demuestre que existieron irregularidades. Que lo que llaman el plantón, sale cada día más caro porque son cada vez menos quienes permanecen en él (incluyendo el propio López Obrador que se va rigurosamente a dormir bajo techo) y sus “asambleas informativas” son raquíticas. En los próximos días, el Tribunal Electoral calificará las elecciones de legisladores y la de Presidente de la República y declarará a Felipe Calderón Presidente electo. El primero de mes se instalará el Congreso.

De la misma manera que muchos pensaban que las locuras programáticas y políticas de Andrés Manuel se circunscribían a la campaña electoral y que incluso, en ésta se atemperaría (lo que se demostró falso), algunos hoy piensan que terminado el proceso electoral en sí, con la constancia para Calderón, López Obrador dejará paulatinamente las protestas para permitir que su partido y sus aliados se dediquen a hacer política y a aprovechar el capital acumulado. No lo conocen: no es ni será así. López Obrador ya ha anunciado que pide, en el momento en que se entregue la constancia de Presidente electo a Calderón, que su gente se manifieste “donde sea y como sea” (¿puede haber una irresponsabilidad mayor de un dirigente que dejar en ese libre albedrío de presunta violencia a sus seguidores?); anunció que se quedará en el plantón “varios meses”; que “contestará” desde el Zócalo el informe presidencial, donde ordena a sus seguidores a “estar presentes”; que el 15 en la noche él dará el Grito; que el 16, el día de la parada militar, convocará en el mismo lugar y a la misma hora que el desfile, a una “asamblea extraordinaria”. Son todas provocaciones, medidas sin sentido que sólo buscan generar violencia e inestabilidad, pero que están alejando cada día más a López Obrador no sólo del resto del sistema político, con el que ya no tiene relación, sino también de sus propios seguidores.

El ex candidato ya no le aporta nada su partido. Pero le resta más cotidianamente. Este fin de semana en Chiapas, salvo el acto de Tapachula, pasó sin pena ni gloria, pero, además, enarbolando un discurso sobre el fraude y la elección de estado que en Chiapas es el que utiliza la coalición opositora PRI-PAN-Verde-Nueva Alianza en contra del Gobierno y el candidato perredista local. Juan Sabines le debe pedir a López Obrador que ya no lo ayude, mientras que a Pablo Salazar la visita del ex candidato le complicó las cosas aún más, porque fortaleció la idea de que se quiere establecer una suerte de cerco en el sur controlando Chiapas, Oaxaca y Tabasco. Por lo pronto, el proselitismo de López Obrador ha logrado ya, una alianza de facto PRI-PAN en Chiapas; en Tabasco, donde habrá elecciones en octubre, César Ojeda ha visto desaparecer su ventaja ante el priísta Andrés Granier y se puede repetir el fenómeno chiapaneco. En Oaxaca, hasta el pintor Francisco Toledo ha tenido que tomar distancia respecto a una asamblea popular, que cada vez más dirige el EPR y que aleja la posibilidad de encontrar una salida política al conflicto. Paradójicamente, el endurecimiento de López Obrador y de la APPO lo único que hace es debilitar al PRD y a Convergencia y consolidar a Ulises Ruiz.

Pero López Obrador no sólo está dañando a sus compañeros de ruta en el sur, también a nivel nacional y, sobre todo, en el DF. El perredismo ganó con amplitud las elecciones en el DF pero su respaldo cae en forma vertical. La administración del GDF está paralizada y a las órdenes del ex candidato. Alejandro Encinas prometió el viernes que no habría problemas en septiembre con el plantón y las fiestas nacionales porque para esos días, dijo el jefe de Gobierno, la elección ya estaría calificada, el congreso instalado y desaparecerían las causas del conflicto. Aseguró, incluso, que el desfile militar se haría por su recorrido habitual que es precisamente donde está colocado el plantón, desde el Zócalo hasta el Auditorio. Para fortalecer la idea, el propio presidente nacional del PRD, Leonel Cota Montaño, dijo al llegar el sábado a Chiapas que se estaba analizando levantar el plantón y continuar “la resistencia civil” por otras vías. Pero el mismo sábado, López Obrador desmintió al presidente de su partido y al jefe de Gobierno capitalino: dijo que el plantón continuaría durante “varios meses más” y enumeró, el domingo, todas las actividades que tiene programas para las siguientes semanas, desde impedir el informe y el grito hasta obstaculizar el desfile militar. Ayer, Encinas, no sabía qué decir.

Son las de López Obrador provocaciones graves que desprestigian y comprometen a las autoridades locales (que AMLO ve como patrimonio suyo) y al perredismo (al que simplemente ignora). No consulta sus decisiones con nadie. No le importa si el gobierno de Encinas se derrumba, si su partido se está desangrando, si los futuros legisladores están hablando de acuerdos, mientras él apuesta por la vía insurreccional y la provocación. El problema es que se está quedando cada vez más solo y eso le permite, a una imaginación muy fértil y sin ataduras con la realidad, alejarse cada vez más de ella.

Friday, August 11, 2006

El plantón de los sueños rotos - Jorge Fernández Menéndez

En su “boulevar de los sueños rotos” (un tema dedicado a Chavela Vargas), Joaquín Sabina dice que por allí “pasan de largo los terremotos y hay un tequila por cada duda”. Pero en “el plantón de los sueños rotos”, ese que paraliza el Centro Histórico de la Ciudad de México y el Paseo de la Reforma, nada (ni el tequila) parece consolar a los dirigentes del lopezobradorismo y al propio candidato. En la locura maximalista en la que se han encerrado no hay salida posible: el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación concedió, en una decisión insólita, porque se realiza como una acción judicial, la apertura de casi doce mil casillas, que son casi dos tercios de las impugnadas por la Coalición Por el Bien de Todos. Para cualquiera sería un enorme triunfo, pero no para López Obrador que se lanzó contra el Tribunal y las instituciones a las que ahora “de la manera que sea” piensa nada más y nada menos que “purgar” y “refundar”.

Peor aún: llevamos ya dos días de conteos y no pasó nada, los números apenas sí se movieron, lo que se descubrió fueron errores matemáticos o de procedimiento menores, que no han alterado en nada el resultado electoral. En el distrito 15 del DF donde se había centrado el llamado “recurso madre” que demostraría, según López Obrador y acólitos que lo acompañan, el “fraude electoral” no sólo no se demostró éste en absoluto, sino que terminó aumentando la cuenta de Felipe Calderón en un par de votos. Y lo mismo está sucediendo en todas y cada una de las casillas revisadas.

Como el argumento del “fraude cibernético” y el “fraude a la antigüita” ya no sirve, ahora los lopezobradoristas han vuelto ha mostrar sus cartas. Durante el conteo distrital pidieron que se abrieran distintos paquetes electorales, a lo que accedieron las autoridades del IFE. Cuando comenzaron a pedir que se abrieran prácticamente todos los paquetes, las autoridades electorales no accedieron a ello porque en la solicitud estaba la trampa: en 2000, en la elección estatal en Tabasco, pidieron que se abrieran casi el 60 por ciento de los paquetes electorales y luego, con el argumento de que esos paquetes estaban abiertos, pidieron la anulación de la elección, lo que el Tribunal Electoral aceptó invocando la famosa “nulidad abstracta”, una decisión que el propio Trife tuvo que revisar y reglamentar después, porque había sido, muy probablemente, un exceso jurídico. Ahora se intentó hacer lo mismo y se argumenta que, para justificar la nulidad del proceso, hay paquetes electorales abiertos. Y sí, hay paquetes electorales abiertos en las casillas que los propios perredistas solicitaron que se abrieran en el conteo distrital del miércoles 5 de julio. En todo caso, lo importante no es eso sino que los datos del acta firmada por los representantes de casillas y de los partidos en la noche del 2 de julio, de la cual tienen copias las autoridades electorales y partidarias, coincida con la de la casilla y con los votos allí localizados. Y esa coincidencia es la que está confirmando este nuevo recuento. Lo otro es un intento más de confusión deliberado, un argumento insostenible.

El hecho es que en la medida en que concluye este conteo en las casillas impugnadas por la Alianza Por el Bien de Todos y las cifras no se modifican, López Obrador se ha quedado sin argumentos. Su popularidad cae día con día, el apoyo escasea, el plantón en la ciudad de México es un gran campamento donde hay muchas carpas y más policías que manifestantes y su equipo ya no sabe qué hacer para no caer en contradicciones y mantener viva una causa que ya murió.

Así, además de quejarse por los paquetes abiertos que ellos mismos solicitaron abrir en su momento, Jesús Ortega, por ejemplo, asegura que ni Dolores Padierna ni Carlos Ímaz son representantes del lopezobradorismo en el recuento ordenado por el Trife, pero resulta que ahí están las fotos de ambos, la primera en la Delegación Cuauhtémoc y el segundo en Monterrey, representando a la coalición. Así, Alejandro Encinas (posiblemente el que, junto con López Obrador, mayor capital político ha perdido con todo esto) dice que está “en contra” del plantón porque sería “esquizofrénico” si estuviera a favor del mismo. Pues que Encinas se busque rápido un siquiatra, porque su diagnóstico es acertado: si no está a favor del plantón, lo disimula perfectamente bien, porque todas y cada una de las medidas adoptadas por el Gobierno capitalino, han tenido como objeto beneficiar a los manifestantes. Incluso, en los primeros días del mismo, Encinas, dijo públicamente, no sólo que lo apoyaba, sino también que si tenía que pagar un costo político por ello estaba dispuesto a asumirlo. El problema es que ahora, como ha comenzando a pagarlo y a un precio altísimo, ya quiere bajar los costos. Pero ha quedado atrapado entre su responsabilidad y el chantaje de los duros que sólo están esperando a ver quién es el primero que se deslinda del ex candidato para denunciar al “traidor”...y luego seguir el mismo camino sin cargo de conciencia.

Lo que está en el fondo del tema y que ha sido un tema recurrente en la práctica política de López Obrador es que existe entre un desconocimiento y un desprecio por la legalidad básica del Estado, que permea todas sus acciones. Ello viene desde aquellas tomas y marchas de López Obrador en Tabasco, hasta su designación como candidato al GDF cuando no cumplía con los requisitos legales para ello, hasta sus controversias y rechazos a cumplir con la ley durante su gestión en el DF y ahora su negativa a aceptar que perdió la elección y no puede hacer nada para evitarlo. Claro, ante ello sólo queda el argumento de “purgar” y “refundar” las instituciones. O “sorprenderse”, porque la Suprema Corte amparó a Oscar Espinosa después de años de procesos inútiles, porque el Gobierno capitalino, simplemente ignoró la ley al procesarlo, ya que no tenía atribuciones para ello.

Wednesday, August 09, 2006

Delito y mentira - Juan Molinar Horcasitas

Andrés Manuel López Obrador cometió un acto deleznable que me afecta directamente: ante una audiencia masiva, agitada por él y por sus seguidores, me acusó de haber influido sobre las decisiones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Pretendió fundar sus argumentos en el texto de un correo electrónico que envié a una persona. El razonamiento que utilizó fue absurdo, pero eso no fue lo peor. Lo más grave fue que Andrés Manuel López Obrador disponía de ese correo gracias a una acción delictiva de sus colaboradores. Tan sólo por esa razón, sería comprensible que yo comentara el asunto. Pero hay razones más fuertes para hacerlo: me parece injustificable que una persona que alguna vez pretendió ser Presidente de la República recurra a la mentira y el delito para promover sus intereses.

Para ilustrar adecuadamente el asunto al lector, explicaré primero el contenido del mensaje ilegalmente interceptado y divulgado, para comentar después los aspectos legales y morales de la acción de López Obrador.

El texto de marras le solicita a uno de mis colaboradores que analice los datos de las actas de votación de los paquetes electorales que según el PRD deberían ser abiertos y recontados. El análisis consistía en dos cosas: primero verificar las cifras del PRD y compararlas con las actas oficiales; segundo, revisar en cuántos casos se cumplían los requisitos que el Cofipe señala para proceder al recuento. Comprobamos que los datos de las actas publicadas por el PRD no eran falsos, es decir, que correspondían con los de las actas oficiales. Con base en ese simple hecho, López Obrador pretendió afirmar que hasta yo aceptaba veracidad de sus argumentos sobre el fraude. Esa afirmación es simplemente absurda. De hecho, López Obrador omitió decir que en ese mismo correo criminalmente obtenido, se dice que con base en esos datos, y usando los criterios legales, no había fundamento para cuestionar la limpieza de la elección y que, en el peor de los casos, podría justificarse la apertura de 6 mil 700 casillas. Esta parte del argumento de López Obrador es, en suma, una falacia absurda. Pero no fue todo. López Obrador argumentó que el hecho de que el Tribunal hubiese abierto sólo algunas casillas, y no todas, como él pretendía, probaba que los magistrados habían seguido los lineamientos que le marcamos los autores de ese correo. Esta afirmación sería simplemente ridícula, pero también es injuriosa, especialmente para los magistrados del Tribunal.

Me extendí en el comentario del contenido de esos correos porque los perredistas, especialmente el diputado Horacio Duarte, han tratado de explotarlos como presuntas pruebas a su favor. Con ello, Duarte muestra limitaciones intelectuales severas, pues todos sus esfuerzos por demostrar alguna conexión entre esos textos y un posible fraude electoral han terminado en el ridículo, producido por el balbuceo repetido de incoherencias.

Pero el tema de fondo no es ése. Lo que importa es entender que el señor López Obrador ha utilizado recientemente en dos ocasiones información proveniente de actos criminales. Ya antes utilizó la misma plaza mayor de la ciudad de México para divulgar conversaciones telefónicas, ilegalmente interceptadas y grabadas, que presuntamente probaban alguno de sus argumentos. Tal como en el caso de mi correspondencia, el contenido de esas comunicaciones no probaba nada, pero igualmente las usó ante una audiencia agitada por él, señalando con ello a los que considera sus enemigos. La señora Gordillo, involucrada en ese episodio, denunció penalmente el hecho.

Ante esto, me pregunto quién espió a los adversarios de López Obrador. Si fue un aparato privado contratado por ellos, mal, pues estaríamos ante crímenes inducidos desde la política. Si fue un órgano del partido, peor, pues sería la comisión sistemática de un delito realizado por una institución de interés público, que debería ser bastión de los valores de la legalidad y la democracia. Si fue el gobierno capitalino, mucho peor, pues entonces estaríamos ante evidencia de elementos totalitarios en órganos del Estado mexicano, inducidos por los intereses de un sector del PRD. En todo caso, los líderes que cometieron estas infamias han pasado de la falta de respeto a la ley, a su violación sistemática. Ese es el tema.

Diputado Federal (PAN)

Insensatez - Eugenio Anguiano

Es claro que para muchos millones de mexicanos, Andrés Manuel López Obrador representó o sigue representando la esperanza de un cambio sustantivo en cuanto a la manera de dirigir al país. Este político de perfil más bien provinciano, pero con sensibilidad para captar las necesidades de cambio de una sociedad que lleva años polarizándose entre sectores minoritarios muy ricos y una mayoría empobrecida, sin la presencia de una robusta clase media que pudiera amortiguar los contrastes, logró atraer casi 14.8 millones de votos en las pasadas elecciones del 2 de julio, a pesar de la feroz campaña que se montó en su contra desde las altas esferas del gobierno federal -la fiscal para la Atención de Delitos Electorales informaba hace poco que la investigación realizada por diversos peritos determinó que los mensajes derogatorios de AMLO, enviados a unos 7 millones de usuarios de internet, habían salido desde oficinas como la Secretaría de la Función Pública y la Presidencia de la República (EL UNIVERSAL, 6 de agosto de 2006)-, con la participación de numerosos empresarios, algunas organizaciones empresariales y figuras relevantes de los medios de información.

Entre las cosas que se han dicho en contra de AMLO, tanto en los mensajes electrónicos como por otros medios muy diversos, quiero resaltar la de que al líder de la coalición Por el Bien de Todos se le atribuye un comportamiento mesiánico que lo hace incapaz de aceptar críticas o reveses. Tal caracterización me había parecido exagerada, incluso en el contexto de una campaña electoral en la que abundaron las descalificaciones de los aspirantes a la Presidencia y se cruzaron epítetos de todo tipo que hicieron del adjetivo mesiánico algo sumamente suave.

Pero a la luz del comportamiento de AMLO desde el momento que salieron los resultados del PREP, pasando por el cómputo de los votos sufragados, hasta la fecha, me parece cada vez menos exagerada esa descripción del hombre que ha convocado a sus seguidores a la resistencia civil contra, primero, "el fraude maquinado" supuestamente por varios cientos de miles de ciudadanos bajo los auspicios del IFE, y luego contra el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación por haber resuelto, en forma unánime, que ninguno de los argumentos presentados por la coalición mencionada era suficiente para ordenar el recuento voto por voto, como lo demandan AMLO y sus huestes.

No me cabe la menor duda de que hubo muchas irregularidades durante el periodo de las campañas electorales y de que la Presidencia de la República propició buena parte de ellas, respecto a las cuales el Tribunal no encontró elementos suficientes, "jurídicos y doctrinarios", como para satisfacer la exigencia del recuento total, ni tampoco que el IFE ha tenido, en conjunto, una conducta sesgada y acompañada de errores, pero no veo razones para aceptar que todas las instancias institucionales electorales están confabuladas o equivocadas en cuanto a resultados y a la revisión de los mismos. ¿Por qué habría de ser inapelable la creencia de López Obrador y del PRD y sus aliados de que ganaron la elección presidencial? Solamente por un acto de fe o de fanatismo político puede creerse que AMLO ganó las elecciones, cuando todos los elementos institucionales y de observación con que cuenta el sistema electoral mexicano no convalidan, hasta ahora, esa creencia.

Expresiones de AMLO como las de que "los observadores (extranjeros) observaron pero no vieron"; "no queremos diezmos (por aquello del recuento de casi 10% de las casillas) sino el ciento por ciento"; "hacemos resistencia civil porque defendemos la democracia"; "se fueron a la cargada (en referencia a intelectuales que apoyaron a López pero se deslindaron de los plantones), y la ominosa advertencia de que "vamos .. a purificar la vida pública", reflejan actitudes de iluminado o de apóstol poseedor de la verdad única e incontrovertible. Lo grave es que pudiera haber otra intención menos mística y más material del lenguaje y las acciones del grupo que se erige como exponente de la izquierda mexicana y de las causas populares del país; la de una premeditada acción para hacer abortar decisiones emanadas del electorado y revisadas por los mecanismos que, con tanto esfuerzo, se han construido en los últimos años. Ahora resulta que López Obrador y quienes por convicción u obligación siguen acompañándolo, actúan en defensa de la democracia y del voto de los mexicanos. Se le recrimina al Tribunal su extremo legalismo y el haber fallado en su función de tutelaje de los derechos electorales, cuando justamente el resolutivo del sábado tutela esos derechos: los de quienes interpusieron recursos de invalidez y también de quienes confían en que las instituciones convalidarán sus preferencias electorales. AMLO parece empeñado en deslegitimar las instituciones de una República laica a la que pretende gobernar por obra y gracia de su apostolado.

Profesor investigador de El Colegio de México

López Obrador y la lógica golpista - Jorge Fernández Menéndez

Hoy comenzará el recuento de unas once mil casillas, ordenado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, casillas en las cuales el propio Tribunal estimó que pudiera existir alguna irregularidad o error en el cómputo. Se ha dicho que el IFE podría haber ordenado, en el conteo distrital del miércoles 5 de julio, abrir esas casillas: podría ser, pero también podría haber ocurrido, que si se accedía al argumento de abrir todas las casillas, o un número muy considerable de éstas, la llamada alianza Por el Bien de Todos, obtuviera con ello su principal objetivo: anular las elecciones. No era algo nuevo, ya lo habían puesto en práctica, con éxito, en Tabasco en 2000. Por eso era importante que el Tribunal fuera el que decidiera para no volver a caer en la misma trampa de entonces.

El Trife ya decidió y todos los sectores políticos han aceptado la resolución, menos, obviamente, López Obrador. El ex candidato cada día oculta menos sus verdaderas intenciones y ahora anunció que el famoso “voto por voto” ya no es suficiente. Lo que quiere, dijo en el mitin realizado en las puertas del propio Trife, es “cambiar inmediatamente todas las instituciones”, de “cualquier forma”. Si alguien tenía dudas de que López Obrador, en realidad lo que quiere es el poder, a como dé lugar, para instalar un sistema político creado a su imagen y semejanza, podría despejarla con estas declaraciones. ¿Qué instituciones quiere López Obrador? Después de veinte años de trabajo, con costos muy altos, sociales y económicos, los mexicanos hemos construido un sistema político y por ende también electoral, que podrá tener muchas fallas pero que indudablemente está basado en instituciones democráticas sólidas: el IFE, el Trife, los distintos poderes de la Unión autónomos, el respeto a la autonomía municipal y estatales respecto a la federal, la limitación del poder presidencial a sus atribuciones constitucionales, el control de la fuerza pública a los poderes civiles, las elecciones, donde los votos son los que determinan los gobernantes, un Congreso plural donde desde hace nueve años el partido del Presidente no tiene mayoría propia, un sistema donde existe plena libertad de prensa, de asociación, de reunión, son todos elementos que se han convertido en parte de la cotidianidad democrática de nuestro país. Así lo entienden la sociedad, los partidos, los sindicatos, los medios. Entonces ¿qué instituciones quiere cambiar “inmediatamente” y “como sea” López Obrador y hacia dónde quiere orientar esas “nuevas instituciones”?

El ejemplo del tabasqueño es claro: allí está Hugo Chávez y su “revolución bolivariana” con sus “nuevas instituciones”. Por eso los videos con los discursos del Mandatario venezolano son los más vistos en los desangelados plantones del perredismo capitalino. Se podrá o no estar de acuerdo con Chávez, pero que en esta ocasión, tampoco nadie se llame a engaño: las instituciones “bolivarianas” del chavismo no tienen nada que ver con un sistema democrático, con la división de poderes, con la pluralidad, con la libertad de prensa, de asociación y de reunión. Y es un sistema que políticamente los mexicanos hemos rechazado una y otra vez: los esfuerzos políticos y sociales de dos décadas se han concentrado en crear un sistema democrático relativamente eficiente. Falta, sin duda, mucho por hacer, pero sería trágico que ahora, simplemente por un capricho totalitario, se intentara cambiar ese rumbo.

Pero, para ser como Chávez,a López Obrador le falta sólo una cosa: militares golpistas. Debe estar muy satisfecho su asesor jurídico Javier Quijano, con el curso de los acontecimientos: Quijano fue el que inventó aquello, de que si procedía el desafuero, se estaría realizando una suerte de “golpe de Estado” en contra de López Obrador. Ahora, paradójicamente, el que intenta el “golpe de Estado” es el propio ex candidato. Alguien dirá que es una afirmación exagerada, pero ¿qué se pretende cuando se desconocen las reglas del juego democrático, cuando se apuesta a la desestabilización y se amenaza con la violencia, cuando las autoridades capitalinas, controladas por López Obrador ponen los recursos públicos y las fuerzas de seguridad locales no al servicio de la ciudadanía sino de una causa partidaria, cuando se dice que se deben cambiar las instituciones inmediatamente y de “cualquier forma”? En los hechos, lo que se pretende, como dijimos en su momento, es reconstruir el sistema de partido “prácticamente único”, sólo que entronizado ahora en torno al nuevo caudillo. Es, como hemos dicho muchas veces, una visión conservadora, restauradora del viejo sistema, que nada tiene que ver con la izquierda moderna y la construcción de un sistema más democrático y tolerante.

Pero las Fuerzas Armadas mexicanas no son las venezolanas y en nuestro Ejército no hay golpistas. Y cuando la causa que se impulsa no tiene respaldo social masivo y representa a una minoría aunque sea numerosa, como ocurre con López Obrador, la única forma de imponer ese “cambio de sistema” es mediante la fuerza. Sin ésta, los intentos autoritarios no tienen futuro. Por eso, López Obrador se está quedando cada día más solo y, al tiempo que ello ocurre, se está radicalizando cada vez más.

Pero no deja de ser positivo que el verdadero rostro de Andrés Manuel se muestre sin máscaras. En realidad ya lo había mostrado antes: dijo en San Lázaro que no respetaba al Poder Ejecutivo, ni al Legislativo ni al Judicial, que no aceptaba las leyes vigentes, porque en su concepto eran injustas, ni las reglas del juego democrático, porque eran parte del “complot” urdido en su contra. Nadie tendría que asombrarse ahora, salvo aquellos de sus aliados y adversarios que pensaron que todo era una puesta en escena y que se atemperaría con el paso del tiempo. No es así, López Obrador siempre fue un restaurador autoritario, sólo que ahora lo muestra sin tapujos.

Friday, August 04, 2006

Voto por voto - Luis de la Barreda Solórzano

Que se vuelva a contar voto por voto, casilla por casilla. Si del recuento resulta presidente electo Andrés Manuel López Obrador, el conflicto habrá terminado y el país quedará en paz. Si, en cambio, el nuevo conteo insiste en que el triunfador fue Felipe Calderón, eso significará que quienes lo tuvieron a cargo (el nuevo conteo) se sumaron al megafraude electoral, que se vendieron o, si les concedemos el beneficio de la duda, que no saben contar bien.
Entonces sería necesario un tercer conteo. Si en éste Andrés Manuel López Obrador es el vencedor, la crisis estará concluida y tendremos presidente electo. Pero, por supuesto, si de la tercera suma de sufragios otra vez resultare —¡vade retro, Satanás!— que se otorgara la victoria a Felipe Calderón, eso querrá decir que por tercera vez se habrá cometido un descomunal fraude que ameritaría un cuarto recuento... y así sucesivamente hasta que se reconociera al auténtico, al verdadero, al legítimo presidente de los mexicanos.
Que no se diga, pues, que no tiene arreglo el delicado problema político por el que atravesamos. Todo es cuestión de voluntad política. Que se reconozca al próximo presidente indiscutible de México. Que se reconozca que los únicos votos no contaminados por el fraude perpetrado antes, durante y después del día de la elección son los votos emitidos a favor del candidato cuya derrota —que lo entiendan los enemigos del pueblo— es moral, histórica y políticamente imposible.
Y que se reconozca, de una vez y para siempre, que en las sucesivas elecciones que se efectúen en México ese candidato no podrá perder sencillamente porque es indestructible, porque el pueblo no se equivoca y porque la historia tiene sus designios de los que sólo los traidores quieren desviar a la patria, a nuestra querida patria.
Un solo inconveniente podría tener la propuesta: que de los sucesivos recuentos saliera siempre —no dos ni tres veces tan sólo, sino siempre— triunfante el candidato panista, lo que ocasionaría que el perredista reclamara un fraude reiterado, contumaz, continuo.
El país no puede permanecer de aquí a la eternidad esperando la proclamación de presidente. Todo tiene un límite. ¿Cuántos conteos podría aguantar la República? ¿Siete? ¿Siete veces siete?
Hay que tener en cuenta que, después de cada recuento que no los dejara satisfechos, los seguidores del candidato impugnante seguramente endurecerían sus medidas de protesta como ya lo advirtió el vocero del PRD.
Si eso —es decir, que tras uno y otro y otros recuentos, saliera Calderón con más votos que López Obrador— es posible que ocurra, desde luego hay que pensar en soluciones alternativas.
Una de ellas consistiría en darle la victoria al candidato que más veces logre llenar el Zócalo con sus convocatorias. Trescientas mil personas —con las que se llena la plancha de cemento de la Plaza de la Constitución y las calles aledañas— provenientes de todo el país se pueden traer cuantas veces se requiera, y se sabe que los partidarios de López Obrador son más proclives a asistir a concentraciones que los de Calderón, además de que aquél lleva ya dos de ventaja.
Por otra parte, no perdamos de vista que los adeptos al tabasqueño tienen bloqueadas las vías de acceso al Zócalo, por lo que sus adversarios literalmente no pasarán al mitológico corazón geográfico e histórico del país, de modo que no podrán remontar su desventaja, y, por tanto, tampoco pasará su candidato a Palacio Nacional. Ésta parece, por ende, una espléndida alternativa de solución a la crisis.
Aunque... ¿qué tal si el dinero de la derecha comprara también —como ya lo hizo con los representantes de la alianza Por el bien de todos que estuvieron en las casillas— a todos los asistentes a las asambleas que se celebraran en la principal plaza pública del país y los mítines se convirtieran en reuniones de apoyo al abanderado panista cuya victoria es moral, política e históricamente imposible?
Entonces parece que el recuento voto por voto, casilla por casilla, es ineludible, pero hay que evitar las ya previstas posibilidades de que se vendan quienes realicen los nuevos conteos o que de éstos (los conteos) de manera inexplicable vuelva a surgir como ganador Felipe Calderón.
Sólo hay una manera de que no ocurra ninguna de las dos cosas: que la suma de la totalidad de los votos de la totalidad de las casillas sea efectuada por el candidato Andrés Manuel López Obrador, pues ya se sabe que él no miente, no engaña, no traiciona y seguramente no se equivocará al sumar sufragio por sufragio.
Habrá que poner a su disposición todos los paquetes electorales y darle el tiempo suficiente para que, sin presiones, proceda a contar voto por voto. Esa es la única forma en que el rayito de esperanza y sus miles y miles de seguidores aceptarán el resultado de la elección, el país recobrará la paz y la muy noble y leal Ciudad de México dejará de estar estrangulada por los campamentos de la resistencia civil.
Si esta fórmula para salir del embrollo se acepta, podremos desde ahora prescindir del IFE y del tribunal electoral, con lo que ahorraríamos muchos millones de pesos.
En las sucesivas elecciones los votos podrían emitirse, como en las consultas ciudadanas que se realizaron durante el anterior gobierno del Distrito Federal, por vía telefónica. Todo lo organizaría un equipo de colaboradores, seguramente gente finísima, del presidente que no mentirá, no robará, no engañará y no traicionará, por lo que sin duda él personalmente debe recibir los telefonemas y hacer la suma correspondiente.
Tendríamos un sistema electoral único en el mundo, sumamente práctico y económico. Y libraríamos a los ciudadanos de la molestia que con el sistema actual se les infiere, si les toca en el sorteo, de acudir a supervisar votaciones cada tres años. Los libraríamos asimismo —esto sería lo más importante— de estar expuestos a ser corrompidos por el sucio dinero de la derecha y pasar a ser unos traidores.
¿Alguien se opone a la propuesta? Que levante la mano quien no esté de acuerdo.

Wednesday, August 02, 2006

Error estratégico - Ricardo Pascoe Pierce

E l candidato de la coalición Por el Bien de Todos ha cometido un gravísimo error estratégico al convocar al plantón "hasta que el Tribunal Electoral resuelva", suponiendo que su interés era el de consolidar la posición del PRD ante la sociedad y en la antesala de la resolución legal en torno a su reclamación comicial. El hecho de estrangular el centro económico, político y turístico de la ciudad de México llama la atención, aunque, al mismo tiempo, pierde adeptos a su causa.

Tengo la impresión de que una extraña ceguera se ha apoderado del candidato y de sus cercanos colaboradores. Han creado una muy particular visión del mundo y se acomodan a él. Hay, de entre ellos, éxtasis y confianza de que el Tribunal se doblegará a sus deseos y que "la sociedad" los acompaña en sus aspiraciones.

El plantón establecido por perredistas en el zócalo capitalino, avenida Madero, Reforma hasta la Fuente de Petróleos es, en realidad, y sin que AMLO lo reconozca como tal, una provocación a la ciudadanía. Pero peor que eso es el hecho de ser una agresión artera a las instituciones electorales y democráticas de México. Esas mismas a las que apelan para dirimir la controversia.

Presionar así, para negociar, es el viejo método del PRI para lograr sus propósitos. Lo que AMLO quiere, junto con los dirigentes priístas del PRD, es negociar las elecciones. Estoy seguro que ya no hay lugar para una negociación al viejo estilo de la ´concertacesión´.

En esto resulta pertinente comparar las elecciones de 1988 con las actuales. En 1988 el recuento de los votos se hizo en los sótanos de Gobernación, bajo el ojo vigilante de Manuel Bartlett, Manuel Camacho y Arturo Nuñez, entre otros. La sociedad estaba ausente. Este es, desde mi punto de vista, la gran diferencia entre 1988 y 2006. En la presente elección, el recuento se hizo ante el ojo expectante de los ciudadanos en las casillas y delante de los representantes de cada partido. Es una diferencia de siglos, misma que ahora el PRD presenta como insignificante, como algo irrelevante.

Ante el fraude de 1988, Cuauhtémoc Cárdenas enfrentó, ahí sí, todo el peso de la represión del Estado. La respuesta posible, en esa coyuntura, fue la formación/creación del PRD. Fueron años de esfuerzo y de lucha. Y tuvieron su resultado positivo. El PRD ganó la ciudad de México en 1997 y hoy ha logrado un número importante de legisladores. Fue la tenacidad y prudencia de Cárdenas en esos años oscuros lo que le condujo al PRD a ser lo que es hoy, en términos electorales.

He escuchado a dirigentes del PRD, incluyendo a AMLO, denostar a Cárdenas y tratarlo como un vendido (¿?) al "sistema". Muñoz Ledo ha hecho carrera inventando cuentos de hadas sobre su participación en el ´88, supuestamente contrario a Cárdenas. Si bien la imaginación no tiene límites, la ética y la honestidad sí se agotan.

Este proceso de impugnación electoral no es más que el esfuerzo de AMLO por no asumir la responsabilidad que tiene por haber gozado de la delantera en la campaña electoral y el haberla perdido. No quiere dar las explicaciones pertinentes de sus responsabilidades, como tampoco asumió su responsabilidad en la muerte de su hermano. Su vida es una permanente fuga hacia adelante, esperando y deseando dejar atrás el pasado. Es por ello que emplea el método de elevar la apuesta ante todo conflicto. Con AMLO todo conflicto hoy será peor mañana.

Todos somos responsables de nuestras acciones y decisiones. Y tienen consecuencias. Lo difícil es asumir esa parte de nuestra vida: la parte de las responsabilidades por nuestras decisiones.

La ceguera de este momento de los perredistas los hacen incapaces de entender lo que están haciendo, ni de las consecuencias de sus acciones. Su euforia es ceguera, como lo es su convicción del "fraude" inexistente.

La responsabilidad de los dirigentes es la de dar salidas políticas a su gente. Es lo que hizo Cárdenas en el ´88: propuso crear el PRD. A pesar de que AMLO está arrinconando al movimiento a un callejón sin salida, su obligación es dar una salida política (entiéndase positiva y constructiva) al movimiento, especialmente cuando el Tribunal Electoral declare a Felipe Calderón como Presidente electo de México. Después de ese acontecimiento, provocar a su movimiento a la violencia será muy fácil, tomando en cuenta que tienen secuestrada la voluntad de los capitalinos.

Tuesday, August 01, 2006

Guerra al D.F. - Sergio Sarmiento

Andrés Manuel López Obrador le ha declarado la guerra a la ciudad de México, esa misma que ha sido su mayor apoyo político hasta ahora. Y lo más irritante es que lo ha hecho con la colaboración del propio Gobierno del Distrito Federal cuya función debería ser la defensa de los intereses de los capitalinos. Tanto el uno como el otro deberían meditar los riesgos de su actitud.

Las medidas que López Obrador dio a conocer este domingo para presionar a los magistrados del Tribunal Electoral no dejan lugar a dudas. El candidato de la alianza Por el Bien de Todos ha decidido recurrir a la misma estrategia de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en Oaxaca. El objetivo es asfixiar económicamente a la ciudad. Ante esta decisión, pedir disculpas por las molestias ocasionadas es una burla que se añade a la agresión.

Me pregunto, empero, si López Obrador se da cuenta que está atacando a la misma ciudad que ha sido su trampolín político en los últimos seis años. Sin el dinero de los impuestos de los capitalinos, el tabasqueño no habría podido montar su campaña a la Presidencia de la República. Sin el voto de los habitantes del Distrito Federal, no estaría hoy peleando el recuento que él piensa lo podría convertir en Presidente.

Alejandro Encinas ha demostrado una vez más que su función como jefe de Gobierno de la Ciudad de México es simplemente la de obedecer las órdenes de López Obrador. Hay informes de prensa de que miembros individuales de la Policía capitalina hicieron un esfuerzo el domingo por la noche para evitar que se instalaran los campamentos con los que se bloqueaba el Paseo de la Reforma, una vía primaria que según el propio bando 13 firmado por López Obrador cuando era jefe de Gobierno no puede ser bloqueada. Pero de inmediato llegaron las instrucciones de la jefatura de Gobierno para que no sólo se permitiera el bloqueo sino se facilitara.

El bloqueo del Paseo de la Reforma busca presionar a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para que acepten la posición de López Obrador de que debe hacerse un recuento de los votos de la elección del 2 de julio. Pero al igual que en el caso de Oaxaca, se está atacando a quien no tiene nada que ver con el asunto. Los capitalinos no pueden ordenar a los magistrados que acepten el chantaje de los perredistas. Simplemente han sido tomados como rehenes por los perredistas y sus aliados.

Y lo peor de todo es que este secuestro se realiza con sus propios recursos. No hay que meditar mucho para saber quién financia a los participantes en un plantón indefinido sobre el Paseo de la Reforma. La gente que realmente trabaja no puede darse el lujo de quedarse una semana, un mes o un sexenio acampando en la vía pública. Quienes se encuentran en los plantones están recibiendo sus ingresos de manera directa o indirecta de los contribuyentes. López Obrador está usando así el dinero de los ciudadanos para atacar a los propios ciudadanos.

López Obrador puede mantener su guerra contra la ciudad de México de manera indefinida debido a que cuenta con el apoyo irrestricto del Gobierno capitalino. Ni el Gobierno federal ni ninguna otra autoridad pueden hacer nada al respecto. La Policía de la ciudad de México es la única que tiene la facultad legal de liberar las vías de comunicación de la capital en caso de un bloqueo. Si esta Policía recibe instrucciones de sus jefes de abstenerse de aplicar la ley, no hay nada que ninguna otra autoridad pueda hacer.

Por lo pronto, hay razones para pensar que el bloqueo sobre el Paseo de la Reforma puede mantenerse un poco más de un mes. Ése es el tiempo que les tomará a los magistrados del Tribunal Electoral considerar las impugnaciones que la alianza Por el Bien de Todos ha hecho a la elección presidencial. Pero hay que preguntarse qué ocurrirá si los magistrados no le dan la razón a López Obrador. ¿Se mantendrá el plantón durante todo el próximo sexenio?

Es poco probable, de hecho, que los magistrados del Tribunal Electoral acepten una presión tan abierta como la que está realizando López Obrador. La reacción puede ser incluso negativa. También los jueces son seres humanos. Su reacción a un chantaje puede ser la de redoblar su decisión de actuar de conformidad con la ley.

Por eso las cosas se vuelven cada vez más peligrosas. Gerardo Fernández Noroña, vocero del PRD, ha señalado que en los próximos días se endurecerán todavía más las acciones de la “resistencia civil”. Si ya los perredistas han bloqueado de manera indefinida el Paseo de la Reforma, hay que preguntarnos hasta dónde pueden llegar en su endurecimiento. ¿Recurrirán a la violencia abierta en busca de un mártir?

La verdad es que los peores temores acerca de López Obrador se están haciendo realidad.

MASACRE

El Gobierno israelí afirma que Hezbolá está ocultando proyectiles en poblaciones civiles. Yo no sé si esto sea cierto. Pero no creo que nadie pueda ver las imágenes de la masacre de Qana y permanecer impávido. Israel está perdiendo con rapidez cualquier respeto que pudiera tener en el mundo. Si la conciencia de los israelíes no los lleva a parar sus ataques unilateralmente, el consejo de seguridad de las Naciones Unidas debe intervenir para evitar que continúe la matanza.

Termina la comedia - Macario Schettino

Quisiera hablar con usted de otra cosa. Quisiera dedicar este espacio a compartir con usted información acerca de los retos que enfrentará México en los próximos años. Platicar, por ejemplo, de la caída en exportación de petróleo que ya inició y que será cada vez mayor. De cómo estos menores ingresos para el gobierno, sumados a los mayores gastos para pagar pensiones, harán imposible cerrar las cuentas públicas en un par de años. Valdría la pena hablar de esto, porque sólo una buena reforma fiscal nos puede ayudar, y hay urgencia de hacerla.

O podríamos hablar de la recomposición que está ocurriendo en el mundo, que amenaza con dejar fuera a América Latina. De cómo China y la India se han convertido en el eje del crecimiento económico, y cómo cambian sus patrones de consumo, abriendo grandes oportunidades para que México compita, pero que no estarán ahí esperando.

Tal vez también podríamos tratar de entender, usted y yo, lo que ocurre en Medio Oriente. Salirnos un poco de la manida simplificación de árabes e israelíes y recuperar un siglo y medio de historia, para discutir la posición estratégica de la región, o movernos hacia el Este, siguiendo la ruta de la seda, para llegar al terreno del "gran juego", que hoy mismo alcanza todavía mayor importancia geopolítica. Porque conforme avanza la ruta, saliendo de Bagdad, el terreno es chiíta, como lo es Hezbolá, ese grupo terrorista que con el apoyo de Siria y la complicidad de Líbano ha logrado acumular un poder militar superior al de la mayoría de los países latinoamericanos, al menos en pertrechos.

Quisiera compartir con usted el análisis de estos fenómenos que están ocurriendo en el mundo, y que nos afectan de manera muy significativa. Quisiera hablar de cómo seguimos sin prepararnos, y de cuánto nos puede costar esta tardanza.

Pero no puedo, porque el candidato que tuvo mayor presencia en medios electrónicos, que tuvo mayor apoyo de la opinión publicada, que construyó su candidatura haciendo uso de recursos públicos, ese candidato perdió y no es capaz de reconocerlo. Ese candidato dice que la elección no fue equitativa, pero no es capaz de darse cuenta que fue a su favor. Ese candidato dice que hubo fraude, pero a un mes de la elección no ha podido mostrar una sola prueba, una, de su dicho.

No puedo hablar con usted del futuro porque el candidato del pasado no quiere. Y no puedo ignorarlo, porque cada vez que se ha menospreciado a un demagogo, la sociedad se ha hundido. Lo dije la semana pasada, y hoy no puedo más que reiterarlo: el señor no es un demócrata, es un fascista. Esta palabra se acostumbra usar como superlativo de derecha, pero es un significado incorrecto. El fascismo es la combinación de un centro único de poder, una ideología que todo lo permea y una movilización permanente, como lo describió Juan Linz. Pues eso es el candidato perdedor, ni más ni menos.

Durante la campaña, se quejó de que lo calificaran de ser "un peligro para México". Ahora queda claro que no tenía motivo de queja. Eso es. Sin tener una sola prueba de fraude, no sólo ha insultado a todos, desde la autoridad electoral hasta sus mismos seguidores, sino que ahora moviliza a sus huestes, a la turba, como la califiqué la semana pasada, para que acaben con la vida normal de la ciudad de México.

¿Siguen pensando que este personaje quiere lo mejor para México? ¿Siguen creyendo que este demagogo ofrece una vida mejor? Lo puedo creer de la turba, pero no de personas pensantes. Porque no hace falta pensar mucho para darse cuenta de lo que pasa. Sólo la fe puede darles una excusa. Y guiarse por la fe es absurdo, a menos que esté dirigida a algo superior. ¿El mesías del trópico?

No puedo hablar con usted de otra cosa porque es de la mayor importancia que dejemos atrás esta comedia antes de que se convierta en tragedia. Aunque Goethe haya dicho que "contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano", creo que hablando podemos derrotarla.

Debemos derrotar a este último intento del pasado por arrastrarnos. Que hable el tribunal, pronto, y que todos cumplamos su palabra.

macario@macarios.com.mx