Wednesday, August 09, 2006

Insensatez - Eugenio Anguiano

Es claro que para muchos millones de mexicanos, Andrés Manuel López Obrador representó o sigue representando la esperanza de un cambio sustantivo en cuanto a la manera de dirigir al país. Este político de perfil más bien provinciano, pero con sensibilidad para captar las necesidades de cambio de una sociedad que lleva años polarizándose entre sectores minoritarios muy ricos y una mayoría empobrecida, sin la presencia de una robusta clase media que pudiera amortiguar los contrastes, logró atraer casi 14.8 millones de votos en las pasadas elecciones del 2 de julio, a pesar de la feroz campaña que se montó en su contra desde las altas esferas del gobierno federal -la fiscal para la Atención de Delitos Electorales informaba hace poco que la investigación realizada por diversos peritos determinó que los mensajes derogatorios de AMLO, enviados a unos 7 millones de usuarios de internet, habían salido desde oficinas como la Secretaría de la Función Pública y la Presidencia de la República (EL UNIVERSAL, 6 de agosto de 2006)-, con la participación de numerosos empresarios, algunas organizaciones empresariales y figuras relevantes de los medios de información.

Entre las cosas que se han dicho en contra de AMLO, tanto en los mensajes electrónicos como por otros medios muy diversos, quiero resaltar la de que al líder de la coalición Por el Bien de Todos se le atribuye un comportamiento mesiánico que lo hace incapaz de aceptar críticas o reveses. Tal caracterización me había parecido exagerada, incluso en el contexto de una campaña electoral en la que abundaron las descalificaciones de los aspirantes a la Presidencia y se cruzaron epítetos de todo tipo que hicieron del adjetivo mesiánico algo sumamente suave.

Pero a la luz del comportamiento de AMLO desde el momento que salieron los resultados del PREP, pasando por el cómputo de los votos sufragados, hasta la fecha, me parece cada vez menos exagerada esa descripción del hombre que ha convocado a sus seguidores a la resistencia civil contra, primero, "el fraude maquinado" supuestamente por varios cientos de miles de ciudadanos bajo los auspicios del IFE, y luego contra el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación por haber resuelto, en forma unánime, que ninguno de los argumentos presentados por la coalición mencionada era suficiente para ordenar el recuento voto por voto, como lo demandan AMLO y sus huestes.

No me cabe la menor duda de que hubo muchas irregularidades durante el periodo de las campañas electorales y de que la Presidencia de la República propició buena parte de ellas, respecto a las cuales el Tribunal no encontró elementos suficientes, "jurídicos y doctrinarios", como para satisfacer la exigencia del recuento total, ni tampoco que el IFE ha tenido, en conjunto, una conducta sesgada y acompañada de errores, pero no veo razones para aceptar que todas las instancias institucionales electorales están confabuladas o equivocadas en cuanto a resultados y a la revisión de los mismos. ¿Por qué habría de ser inapelable la creencia de López Obrador y del PRD y sus aliados de que ganaron la elección presidencial? Solamente por un acto de fe o de fanatismo político puede creerse que AMLO ganó las elecciones, cuando todos los elementos institucionales y de observación con que cuenta el sistema electoral mexicano no convalidan, hasta ahora, esa creencia.

Expresiones de AMLO como las de que "los observadores (extranjeros) observaron pero no vieron"; "no queremos diezmos (por aquello del recuento de casi 10% de las casillas) sino el ciento por ciento"; "hacemos resistencia civil porque defendemos la democracia"; "se fueron a la cargada (en referencia a intelectuales que apoyaron a López pero se deslindaron de los plantones), y la ominosa advertencia de que "vamos .. a purificar la vida pública", reflejan actitudes de iluminado o de apóstol poseedor de la verdad única e incontrovertible. Lo grave es que pudiera haber otra intención menos mística y más material del lenguaje y las acciones del grupo que se erige como exponente de la izquierda mexicana y de las causas populares del país; la de una premeditada acción para hacer abortar decisiones emanadas del electorado y revisadas por los mecanismos que, con tanto esfuerzo, se han construido en los últimos años. Ahora resulta que López Obrador y quienes por convicción u obligación siguen acompañándolo, actúan en defensa de la democracia y del voto de los mexicanos. Se le recrimina al Tribunal su extremo legalismo y el haber fallado en su función de tutelaje de los derechos electorales, cuando justamente el resolutivo del sábado tutela esos derechos: los de quienes interpusieron recursos de invalidez y también de quienes confían en que las instituciones convalidarán sus preferencias electorales. AMLO parece empeñado en deslegitimar las instituciones de una República laica a la que pretende gobernar por obra y gracia de su apostolado.

Profesor investigador de El Colegio de México

No comments: