Wednesday, February 22, 2006

Un gobierno que no informa - Jorge Fernandez Menendez

Un gobierno que no informa

La consejera María Elena Pérez Jaen divulgó un estudio sobre la información que proporciona el Gobierno del Distrito Federal en sus páginas de Internet y el estudio confirma que el gobierno capitalino prefiere transitar en la oscuridad y sigue sin divulgar los costos y los detalles de sus principales programas. La ley de transparencia en el DF establece 23 principios que se deben cumplir para facilitar la información a la ciudadanía vía las páginas de Internet de las distintas dependencias capitalinas.

El hecho es que ninguno de los 70 entes públicos del DF cumple con esos 23 requisitos. Al contrario, cuando mayor es el incremento presupuestal de una dependencia menor es la información que proporciona. La semana pasada, entrevistado por Leo Zuckerman, José Agustín Ortiz Pinchetti le aseguró a Zuckerman que, por ejemplo, todos los datos relacionados con las controvertidas obras viales y particularmente del segundo piso, estaban en internet. Luego, Ortiz Pinchetti escribió que si no es así, él mismo iniciaría una investigación sobre el caso. Pues mejor que la inicie porque el famoso Fideicomiso para el Mejoramiento a las Vías de Comunicación (FIMEVIC) que aumentó su presupuesto en este 2006 en un 92.19 por ciento respecto al 2005 (este fideicomiso, cuya información sustantiva está protegida por la ley, tuvo en 2004 un presupuesto de 469 millones de pesos, en 2005 aumentó a 554 millones y para este 2006 alcanzó casi los mil 100 millones de pesos), no informa sobre once aspectos claves de su operación, incluyendo la legalidad de las mismas, el ejercicio presupuestal y las actividades sustantivas de esa actividad, además de las remuneraciones, los programas y presupuestos, los bienes que lo componen, las relaciones laborales, los programas operativos y sus avances, las cuentas públicas y sus auditorias.

Lo mismo ocurre con el Fideicomiso del Centro Histórico cuyo presupuesto aumentó en este 2006 un 214 por ciento hasta llegar a los 92 millones de pesos y que no informa de 11 capítulos, incluyendo el ejercicio presupuestal y sus actividades sustantivas. Peor sucede con la controvertida Corporación Mexicana de Impresión, la que hace la publicidad impresa del Gobierno capitalino incluyendo aquellas historietas que trataban de pirruris a los participantes en la marcha contra la inseguridad o que defendían a AMLO del desafuero, que tiene un presupuesto de 144 millones de pesos (un incremento del 35 por ciento respecto al año pasado) pero, además, no informa de ninguno de los capítulos a los que lo obliga la ley. En otras palabras, nadie sabe en qué se utilizaronn los 500 millones de pesos que ha recibido en los tres últimos años ni los 144 que recibirá en éste. La oscuridad sigue siendo la norma en ciertos rubros del gasto público del DF.

¿Por qué le temen a López Obrador? - Jorge Fernandez Menendez

¿Por qué le temen a López Obrador?
http://www.am.com.mx/NotaOpinion.aspx?TIPO=NET&ID=1954&strPlaza=Leon

JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

El viernes pasado, en Coahuila, Andrés Manuel López Obrador (aunque sus documentos de identidad, según el registro que realizó ante el IFE, dicen que se llama Manuel Andrés López Obrador, lo que llevaría del acrónimo AMLO al de MALO y vaya si hay diferencia mediática entre uno y otro) dijo que no concurría a las reuniones empresariales porque están “empanizadas” y allí pretenden “trampearlo” diciendo que no tiene propuesta para el sector. Un día después, en un acto multitudinario y con acarreo intenso de distintos lugares de la república, dijo en Monterrey, que no tenía nada contra los “empresarios honestos”. Agregó en entrevista con Multimedios que los empresarios deben estar “tranquilos” y no hacer caso de los rumores que se han propagado en el sentido de que los afectaría con sus políticas de gobierno. En el mitin dijo que no estaba en contra de los empresarios sino en contra “de los traficantes de influencias, de los saqueadores, de los corruptos”.

Pues bien, siguiendo la lógica de López Obrador, todos los empresarios reunidos en la Concamin (la mayoría del país), los financieros y las empresas que son parte de la Bolsa Mexicana de Valores, los directivos de Bancomer y Banamex y los otros a los que López Obrador no ha querido acompañar, están “empanizados”, buscan “entramparlo”, o son “traficantes de influencias”, “saqueadores” y “corruptos”. Pero no deben preocuparse, él no está “en contra” de los empresarios.

Incluso en la única reunión que ha aceptado participar (fuera del encuentro con la cámara americana de comercio), la del consejo de administración de Televisa, fue bastante poco respetuoso de sus anfitriones. Para comenzar, casi sin avisar, llegó un día antes a Valle de Bravo, donde se realizaría el encuentro. Quienes allí estuvieron dicen que buscaba con ello no enfrentarse a los empresarios que forman ese consejo y que está constituido por varios de los que más y más injustamente, ha criticado López Obrador en sus intervenciones públicas. Resultó que varios de ellos ya habían llegado y se improvisó una reunión en la que no le fue nada bien a López Obrador y en la cual se suscitó un fuerte intercambio de palabras con Roberto Hernández. El candidato dijo, finalmente, que discutirían en otra oportunidad con el banquero, pero lo que hizo, dos días después, fue reiterar sus acusaciones contra éste en Mérida. La impresión que dejó entre los empresarios y directivos de Televisa, dicen participantes del encuentro, es que, efectivamente, no hay propuesta para el sector empresarial y que deben tomarse medidas precautorias porque lo percibieron, nuevamente, como un candidato autoritario.

En la reunión de Bancomer se hizo una votación entre todos los delegados que participaron en ella y que habían escuchado a los otros cuatro candidatos y López Obrador obtuvo menos del uno por ciento de los votos (si no me equivoco obtuvo cuatro votos de los casi 900 participantes). Recordaba Cuauhtémoc Cárdenas días atrás que en la reunión nacional de la banca, en la campaña de 2000, él se presentó, como lo hizo en todos los foros empresariales, fue tratado con respeto, presentó su propuesta y obtuvo, en una votación similar a la de los consejeros de Bancomer, pero realizada entre los representantes de todos los bancos del país, un 12 por ciento de los votos. El hecho es que en ninguna de sus tres campañas electorales, Cárdenas fue “el candidato” de los empresarios, pero nunca existió, ni cuando ganó el Distrito Federal en el 97, temor en la iniciativa privada por las acciones que pudiera adoptar el candidato perredista.

Ahora no es así: existe un justificado temor entre los empresarios sobre las políticas de López Obrador porque al igual que Hugo Chávez, un símil que no le gusta a López Obrador, ha optado por colocarlos en su lista de enemigos “personales”, en muchos casos con nombre y apellido y rechaza el sencillo hecho de sentarse y explicarles cuáles serían sus propuestas económicas. Dice López Obrador que no va a sus foros porque se trata de empresarios que simpatizan con el panismo y que luego criticarán sus propuestas. La pregunta es casi obvia: ¿si gana las elecciones piensa gobernar sólo con quiénes compartan sus ideas y propuestas?. Si no está dispuesto siquiera a presentar y discutir sus propuestas ahora que es candidato, ¿con quién discutirá y debatirá si algún día llega a Presidente?¿sólo con los suyos, con los incondicionales, con nadie?.

Esas son las señales de intolerancia que generan temor entre la iniciativa privada y en muchos otros sectores sociales respecto a López Obrador: no se trata de sus políticas, se compartan o no éstas, sino de su actitud intolerante: no habla con los empresarios porque no quiere que le critiquen sus propuestas; no quiere debatir con sus oponentes en la campaña electoral; antes no quiso debatir con su propio compañero de partido, Cuauhtémoc Cárdenas, sobre la propuesta electoral y mucho menos sobre la candidatura presidencial; durante sus cinco años al frente del Gobierno del Distrito Federal, jamás se reunió con los dirigentes de los partidos de la oposición en la capital ni siquiera con sus representantes en la Asamblea Legislativa; cuando se crearon instancias que pudieran tener algún viso de autonomía del Gobierno local, como el consejo de transparencia, impuso sus candidatos y cuando no pudo, como en el caso de la consejera María Elena Pérez Jaen, trató de impedirle su labor por todas las vías posibles. No ha aceptado, en los últimos años, una entrevista con un periodista o un medio que no sea de su confianza. Dice que respeta a los empresarios y les pide que inviertan pero en el Gobierno capitalino concentró las obras en unas pocas empresas y las entregó no por licitación sino por adjudicación directa. Dice que le interesa una política equilibrada en el ámbito diplomático pero el hecho es que se trata de un hombre de 50 años que no ha tenido el interés de alguna vez salir del país y conocer personalmente lo que está sucediendo en el mundo.

Ese es el problema con López Obrador y eso es lo que suscita un justificado temor. No su programa de gobierno: si se respetan las leyes y las instituciones, existen una serie de mecanismos de equilibrios que impiden que cualquier gobernante que respete unas y otras, pueda hacer lo que quiera con el país. El temor es que con un talante autoritario e intolerante, donde la diferencia entre amigos y enemigos no acepta grises, donde no existe diálogo porque no interesa compartir ideas y propuestas sino imponer las propias, es muy sencillo dar los pasos que se necesitan para vulnerar esos equilibrios institucionales y democráticos. Más aún cuando a la lista de “traficantes de influencias, saqueadores y corruptos” se suelen sumar las descalificaciones a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Banco de México, el Congreso y muchos otras instituciones que no están bajo el control directo del Ejecutivo federal.

Insistimos: López Obrador no genera temor por su política económica (que en última instancia no es diferente a la que ya vivimos con Echeverría y López Portillo) sino por la forma en que quiere imponer sus puntos de vista en la economía, la política, la justicia. Porque no acepta que existan puntos de vista diferentes a los suyos ni se digna siquiera debatir con quienes no piensan igual que él, mucho menos aceptar otras visiones de la realidad. En suma: porque se muestra como intolerante y autoritario. Ese es el problema. Ese es un temor que jamás se tuvo, por ejemplo, con Cuauhtémoc Cárdenas o con otros gobernantes de origen perredista, desde Amalia García hasta Lázaro Cárdenas. Ese es el temor que genera López Obrador.

Wednesday, February 15, 2006

El Abuso de la Ley - Leo Zuckerman

Leo Zuckermann
15 de febrero de 2006

El abuso de la ley

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/33373.html


LAS autoridades mexicanas, en ciertos casos, castigan de menos a presuntos criminales mediante investigaciones a modo, todo al supuesto amparo de la ley. En otras instancias, la situación es exactamente la contraria: las autoridades castigan de más por medio de leyes ridículas que sacan de un cajón. En la aplicación de la ley, la justicia pasa a un segundo plano: se protege o se hostiliza porque así conviene a los poderosos.

La verdad se tuerce; por un lado, se encubre una corrupción evidente y, por el otro, se manipulan peligrosos sentimientos nacionalistas. Los casos de Arturo Montiel y del hotel María Isabel Sheraton ilustran nítidamente cómo una de las prácticas del antiguo régimen autoritario perdura todavía entre nosotros: el nefasto abuso de la ley con fines políticos.

Es un hecho que Montiel y su familia se enriquecieron durante la gestión de aquél como gobernador del estado de México. La pregunta es si esta fortuna súbita es producto de negocios legítimos o de prácticas ilícitas. La mayoría de los mexicanos, con los pocos elementos que sabemos, tendemos a pensar más en lo segundo. La verdad es que no es común conocer a personas probas que, en un periodo de seis años, se enriquezcan como los Montiel. De ahí que se sospeche del origen de su fortuna.

Las dudas se han potenciado debido a la obsecuencia del gobierno mexiquense, encabezado por Enrique Peña Nieto, en la investigación correspondiente. Tanto la Contraloría como la Procuraduría del estado de México encontraron, con prontitud inusitada, que el ex gobernador no era culpable de nada: su riqueza obedecía a una ética de trabajo que el más virtuoso cuáquero envidiaría. El procurador estatal, Alfonso Navarrete Prida, nombrado en su puesto por el propio Montiel, defendió las conclusiones del no ejercicio penal con el discurso legalista de siempre: "La investigación judicial se hizo conforme a derecho".

La sumisión con que el Ministerio Público trató al ex gobernador deja la imagen de una mafia donde los iniciados (el contralor, el procurador y el mismísimo gobernador del estado de México) protegen a su padrino.

En el caso Montiel, la justicia está en falta, y seguirá estándolo mientras desconozcamos cómo un funcionario público acumula súbitamente tanta riqueza. Faltan explicaciones porque, de ser el dinero lícito, el ex gobernador, en lugar de esconderse, podría escribir un libro sobre cómo volverse rico, el cual podría convertirse en un best-seller. En suma, mientras la investigación siga siendo dudosa, este asunto tendrá el tufillo de una manera de abusar con la ley: la de proteger al camarada.

Mismo tufillo tiene, pero para castigar de más, el caso del hotel María Isabel Sheraton. No hay duda que la expulsión de los cubanos que allí se hospedaban merecía un castigo de la autoridad mexicana, sobre todo por la discriminación ejercida. Sin embargo, ni tardos ni perezosos, los perredistas encontraron la oportunidad de medrar electoralmente con el tema. Primero, Federico Arreola, uno de los operadores de la campaña de López Obrador, anunció en la radio que el establecimiento debería ser clausurado porque obedecía las órdenes de un gobierno extranjero.

Luego, la delegada en Cuauhtémoc, Virginia Jaramillo, informó que se clausuraría definitivamente al hotel por una serie de faltas que habían encontrado sus disciplinados inspectores. Se encontró, por ejemplo, que el establecimiento tenía menos cajones de estacionamiento, que algunos de sus bares operaban sin permiso y, en el colmo de la severidad, que no existían menús en Braille.

Los perredistas urdieron una estrategia concertada para la clausura definitiva del hotel Sheraton con fines electorales. Querían medrar despertando en la gente el típico revanchismo de un nacionalismo burdo.

¡Ahora resulta que los gobernantes de esta capital se acordaron de aplicar la ley, incluso desenterrando una nimiedad jurídica como los menús para invidentes, cuando no han hecho lo mismo con faltas más graves como las cometidas a diario por sus clientelas electorales de comerciantes ambulantes y taxis piratas!

¡Increíble que intenten este abuso tan sólo unos meses después de que sus adversarios pretendieron inhabilitar políticamente a López Obrador con otra nimiedad jurídica como fue el caso de El Encino!

Hay que reconocer, sin embargo, que los abusos de la ley en este país ya no tienen el mismo efecto que en el pasado autoritario. Hoy existen contrapesos sociales e institucionales que le impiden a los gobernantes salirse con la suya, sea para no castigar o para castigar de más. Los abusos, por fortuna, acarrean costos.

Tomemos de nuevo los casos de Montiel y el Sheraton. En el primero, la presunta corrupción del ex gobernador le costará electoralmente al PRI, tanto en las elecciones locales que se llevarán a cabo en el estado de México el 12 de marzo, como en las federales del 2 de julio. No por nada, cada vez más priístas exigen una investigación a fondo que efectivamente explique la súbita fortuna de Montiel y compañía. Además, este caso siempre ensombrecerá la carrera política a dos mexiquenses muy ambiciosos: Navarrete Prida y Peña Nieto. Para éstos, lo de Montiel será lo que sigue siendo la "caída del sistema" para Manuel Bartlett: una verdadera lápida.

En el segundo caso, el hotel Sheraton consiguió una suspensión de amparo de la justicia federal, lo que le permitirá evitar su clausura. Es positivo que los mexicanos contemos con una institución como el amparo para protegernos frente a posibles atropellos del poder. Pero, al mismo tiempo, la actuación de las autoridades del Distrito Federal volvió a colocar en la agenda la duda que se tiene acerca de la posible conducta de los perredistas en caso de ganar el 2 de julio. ¿Abusarán de la ley con fines políticos, pero ahora con el aparato del gobierno federal? ¿Clausurarán negocios porque esto es popular? La duda ha regresado.

Profesor investigador del CIDE

leo.zuckermann@cide.edu

Wednesday, February 01, 2006

Jesus y sus Discipulos - Juan Molinar Horcasitas

El Universal
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/33204.html

Juan Molinar Horcasitas
01 de febrero de 2006

Jesús y sus discípulos


A HORA comprendo. Debo confesar (y la palabra confesar viene a cuento) que la entrevista que le hizo Joaquín López-Dóriga al señor Andrés Manuel López Obrador me sirvió para ratificar algunas percepciones que tengo sobre la personalidad del candidato presidencial del PRD-PT-Convergencia. También me sirvió para confirmar mi opinión sobre el equipo que lo rodea. Y me sirvió, finalmente, para documentar una preocupación que tengo respecto de lo que López Obrador tiene en mente para el futuro de México. Compartiré con usted estos tres puntos. Usted dirá si los comparte o no.

El primer punto tiene que ver con la percepción que López Obrador tiene de sí mismo. Ya me había causado resquemor el gusto reiterado en compararse con Benito Juárez. Subrayo el verbo: compararse. Porque al principio me pareció que simplemente profesaba admiración por el personaje, pero conforme reiteraba sus referencias, parecía cada vez más claro que su mensaje es que él cree ser Benito Juárez.

En este aspecto, no olvido el despropósito de anunciarnos a todos los mexicanos la noticia de que si fuese elegido presidente de la República se mudaría a vivir a Palacio Nacional. Ya nada más falta que nos diga que le cambiará el colchón a la cama de Juárez y que ahí dormirá. Por supuesto, su encarnación de Juárez la complementó con la vulgaridad que le caracteriza, al llamar "Maximilianos" a sus adversarios. Ya nada más nos falta que nos diga que si llega a la Presidencia llevará a sus adversarios a Querétaro, para mostrarles el cerro de las Campanas. No es guasa. Cuando un personaje se cree esos rollos en serio, y parece que López Obrador lo hace, más vale guarecerse.

Pero si su encarnación de Juárez es escandalosa, y la referencia a sus adversarios como "Maximilianos" suena ominosa, la última comparación es preocupante. Esta vez, Andrés Manuel volvió a compararse con Jesús. Sí, con Jesucristo. Y no es la primera vez.

Cuando Joaquín López-Dóriga le preguntó cuál era su religión, López Obrador contestó "soy católico, fundamentalmente cristiano porque me apasiona, me gusta la vida y la obra de Jesús, que fue perseguido en su tiempo, espiado por los poderosos de su época, lo crucificaron". La respuesta es sintomática. Tiene al menos dos vertientes que reflejan su personalidad.

La primera es que su respuesta fue una evasiva, a mi juicio innecesaria, pues decir que es "católico, fundamentalmente cristiano", es su manera de decir que es cristiano, no católico. Me parece que decir con claridad que no se es católico no debe ser motivo de preocupación en un candidato, aunque quizá piense que manifestar con claridad su creencia religiosa puede acarrearle pérdidas electorales de la mayoría católica. Si así fuese, sería un tema de preocupación nacional. Como sea, López Obrador prefirió disimular su fe con una evasiva. Es su derecho.

Otro ángulo de esta respuesta, mucho más preocupante, es el aspecto que AMLO rescata de la vida de Jesús: enfatiza el hecho de que fue perseguido por los poderosos, que lo crucificaron. De haber sido un poco mayor el lapsus, hubiera dicho que lo desaforaron. Para allá iba, no lo dudo. Sólo la cortesía de su entrevistador lo salvó de un descalabro mayor, pues Joaquín López Dóriga de inmediato lo acotó diciendo: "Sin ningún paralelismo, ¿no?". López Obrador reaccionó con un "no, no, para nada", pero la verdad es que si se le hubiera insistido, hubiera vuelto a compararse con Jesucristo. Subrayo: vuelto a compararse, porque aunque a veces somos de flaca memoria, quien quiera hacer una investigación al respecto encontrará que ya antes lo ha hecho. Con motivo del desafuero, en más de una ocasión, alentó que seguidores suyos lo compararan con Jesús, y él mismo lo hizo en varias ocasiones.

Este mesianismo, que lo llevó, por ejemplo, a denominar "éxodo" a la marcha política, no debe ser tomado a la ligera. López Obrador se dice tolerante pero disimula sus creencias; se dice partidario de Juárez pero utiliza motivos religiosos para movilizar a sus bases; se dice demócrata pero descalifica a cualquier autoridad que, a su leal saber y entender, "se equivoca", es decir, opina diferente a él. Mala cosa en una sociedad que consolida su carácter secular, tolerante y democrático.

Por otra parte, este político mesiánico ha logrado evadir sus propias responsabilidades históricas con el expediente de transferir sus propios atributos negativos a los demás. Ejemplo: el caso Salinas. Una y otra vez inventa que todo lo malo lo produce Carlos Salinas de Gortari, quien según él es "Malo de Malolandia". Pero se rodea de salinistas, como se lo recordó López-Dóriga, enumerando a Manuel Camacho, Socorro Díaz, Ricardo Monreal, Raúl Ojeda, Marcelo Ebrard y Leonel Cota Montaño. ¿Qué contestó el tabasqueño? Versión light del compló:

López-Dóriga: "Pero en este grupo, en estas cabezas que le mencionaba, no sólo fueron todos priístas sino salinistas".

Andrés Manuel López Obrador: "Mira, eso es lo que se plantea mucho Joaquín".

JLD: "Pero es cierto".

AMLO: "Sí, (pero) en el caso de Camacho se deslindó..."..

JLD: "Cuando (Salinas de Gortari) ya era ex presidente".

AMLO: "Sí, se deslindó y además él está colaborando como lo están haciendo otras gentes (sic) que me están ayudando".

Vámonos entendiendo. Según el candidato perredista, todo lo que se relacione con Salinas es malo, menos lo que trabaja para él. Todos los salinistas son condenables, excepto los "que se deslindan". ¿Qué es deslindarse? ¿Ante quién se deslindan? Deslindarse es abjurar del "Malo de Malolandia" y adorarlo a él, al nuevo mesías. No luce bien aspectado el futuro para quienes tengan la desgracia de no adorarlo, si es que llegase ganar.

Y este desparpajo moral, en que todo lo que se le opone es malo, porque viene del Partido Revolucionario Institucional y viene de Salinas, sin haber sido absuelto por el mesías tropical, se vuelve cinismo cuando dice los nombres de quienes se integrarían a su gobierno en posiciones de gabinete: ¡personajes allegados a gobiernos del PRI y al mismísimo Salinas! Así como lo lee usted: los tres nombres que mencionó fueron personajes relevantes del priísmo, ya sea en puestos de gabinete (un secretario de Salud en el último gobierno priísta), como funcionarios culturales (un director de Canal 22 en el gobierno priísta de Salinas, sí, de Carlos Salinas), o como consultores cercanos al gobierno.

Este mesías político puede haber compuesto las odas del Revolucionario Institucional, puede juntar a sus apóstoles priístas y purificarlos con el manto de su perdón, pero no puede borrar la historia, no puede negar lo que es cierto, como bien le dijo Joaquín López-Dóriga.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com