El futuro ya nos alcanzó. Toda la información disponible sugiere que la producción de Cantarell no sólo está declinando sino que lo está haciendo a un ritmo muy superior al que se esperaba. Las consecuencias para la economía nacional pueden ser enormes.
Desde hace años se sabía que Cantarell, el yacimiento petrolero en la sonda de Campeche descubierto en 1976, y el cual ha llegado a representar más del 60 por ciento de la producción nacional de crudo, estaba llegando a su pico por lo que era cuestión de tiempo para que empezara su declinación. Durante varios años, de hecho, sólo se había mantenido la producción gracias a la inyección de nitrógeno en los pozos de perforación.
Lo que ha sorprendido no es el hecho de que haya comenzado finalmente la caída de Cantarell. En esta misma columna señalé el 9 de enero del 2006 que “a fines de este año o principios del que viene su rendimiento empezará a declinar”. Lo que ha sorprendido es la velocidad de este proceso. Según una nota publicada ayer por Reforma, la producción de este yacimiento cayó de 2 a 1.5 millones de barriles diarios entre diciembre de 2005 y el mismo mes de 2006.
Si bien es verdad que distintas circunstancias, desde laborales hasta climáticas, pueden haber acelerado este proceso, la información disponible sugiere que se está registrando una declinación gradual la cual parece reflejar una caída natural en el rendimiento de este yacimiento. El mismo sigilo que los directivos de Pemex han mantenido acerca de la producción de Cantarell parece indicativo de que lo que estamos viendo es ya la caída inevitable de la producción de un yacimiento.
Es verdad que la producción en otros campos petrolíferos ha venido subiendo en los últimos tiempos. Pero debemos entender que es imposible que esta nueva producción reemplace el crudo de Cantarell, por lo menos en el corto plazo. La verdad es que con este yacimiento nos sacamos la lotería. Pero hoy, cuando ya casi se nos acaba ese premio mayor, es evidente que no hicimos casi nada para prepararnos para los tiempos en que se nos acabaría este regalo que nos ha dado ya unos 12 mil millones de barriles de petróleo crudo.
Cuando hagamos la lista de los grandes errores que ha cometido el Estado mexicano a lo largo de las décadas sin duda que colocaremos en un lugar especial la decisión de usar el dinero proveniente de la explotación de Cantarell para subsidiar el gasto corriente del Gobierno. Al contrario de lo que han hecho los noruegos, que han creado un fondo con recursos del petróleo del mar del Norte para preparar al país para los tiempos en que esta riqueza ya no fluirá como ahora, o los chilenos, que también han empleado el ingreso proveniente de los altos precios del cobre para establecer un fondo para los inevitables tiempos de vacas flacas, nosotros hemos utilizado el dinero del petróleo para compensar la ineficiencia de nuestro sistema fiscal. Estamos subsidiando la evasión fiscal y los privilegios de algunos.
Una de las razones por las que no se ha hecho una reforma fiscal a fondo en nuestro país ha sido precisamente por la abundancia de dinero del petróleo. ¿Para qué molestar a los ciudadanos, a los sindicatos o a las grandes empresas cobrándoles impuestos si Dios nos ha dotado generosamente de hidrocarburos?
Este razonamiento ha llevado a que un 40 por ciento del gasto del Estado mexicano sea subsidiado por los ingresos petroleros. Poco ha importado que con esta política se ha dejado a Pemex sin recursos suficientes para invertir en la exploración y desarrollo de nuevos yacimientos. Una de las razones de la poca reposición de las reservas con las que cuenta el país es precisamente esa falta de inversión. Por un lado prohibimos la inversión privada en esta actividad y por la otra saqueamos al monopolio estatal. Es la fórmula perfecta para la quiebra.
Es verdad que Pemex ha venido desarrollando algunos nuevos campos petroleros, pero ninguno se compara con Cantarell, el yacimiento marino más importante en el mundo. Por eso la producción petrolera en nuestro país ha caído de 3.4 millones de barriles diarios en 2004 a 2.9 millones en 2006. Si continúa la caída a ese ritmo, a fines de este sexenio nos habremos convertido en importadores netos de petróleo.
La verdad es que es un desperdicio –un verdadero crimen- lo que hemos hecho con el petróleo y los recursos surgidos de Cantarell. Pero quizá el agotamiento de este gran yacimiento resulte en una bendición para todos nosotros. No supimos ser ricos: no supimos aprovechar la lotería geológica que nos ganamos con Cantarell. Pero quizá en un futuro, cuando no tengamos ya el dinero fácil del petróleo, nuestros políticos estarán más dispuestos a tomar las medidas duras pero necesarias para racionalizar nuestra economía. Sólo si ya no hay dinero del petróleo aceptarán hacer una reforma fiscal y, por qué no, una reforma energética.
Boda de Ugalde
Leonel Cota, presidente nacional del PRD, acusó ayer al presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, de haber usado 250 mil pesos del erario para su boda. Si la información es correcta, Ugalde debe ser severamente sancionado. Pero si no lo es, Cota debe ofrecer una disculpa pública. El tema es demasiado importante para quedarse simplemente en una acusación sin seguimiento.
Wednesday, January 31, 2007
Políticos enanos - Ricardo Pascoe Pierce
La propuesta del PRI de destituir a los consejeros ciudadanos del IFE fue inmediatamente secundada por el PRD. Con singular alegría, los dirigentes de esos partidos celebraron la idea de destituirlos. Es, habrán pensado, una acción patriótica y que beneficiará a las futuras generaciones de mexicanos.
Hablan, hay que decirlo, los dos partidos que no solamente salieron derrotados de los comicios federales del pasado 2 de julio, sino que también son los más endeudados financieramente. Son los que más se han negado a evaluar autocríticamente los resultados electorales del año pasado.
El PRI, por su lado, es el partido que más elecciones intermedias ganó entre 2000 y 2006, y es el que más dinero gastó en 2006. Quedó en un humillante tercer lugar. El PRD estaba con una ventaja de 10 puntos porcentuales en marzo de 2006 y por su imprudencia y arrogancia infantil quedó en un aún más humillante segundo lugar, además de haber sido el que más gastó.
Para evitar tener que dar explicaciones embarazosas e "inexplicables", las direcciones de ambos partidos han buscado las razones de sus respectivas, y distintas, derrotas fuera de la institución partidista. Ante la imposibilidad de avanzar más en la adjudicación de responsabilidades externas, resulta que ahora cada partido siente haber encontrado la articulación de todos sus males en los consejeros ciudadanos del IFE. Recurriendo al socorrido expediente del desafecto cultural de los mexicanos con todas las instituciones con olor a Estado, PRI y PRD ahora echan la culpa de todos sus males al IFE.
Pretendiendo una discusión sobre una hipotética "reforma del Estado", el PRI amenaza: no habrá avances en esa materia si no se da, primero, la destrucción de las instituciones. Para crear instituciones hay que destruir otras, han de pensar. Al PRD no le llegan tantas ideas a la cabeza. Simplemente quiere venganza. Sin reconocer, por supuesto, que su irritación con la integración del IFE es su propia culpa: Pablo Gómez imitó la arrogancia ignorante del PRD y exigió todo, perdiéndolo todo. Jugó al tonto útil.
Una parte de la explicación de la conducta irresponsable de estos partidos tiene que ver, indudablemente, con el hecho de que las direcciones partidistas no quieren asumir la responsabilidad de sus respectivas derrotas. Pero la otra parte tiene que ver con el hecho de que, además de perder las elecciones, endeudaron extraordinariamente a sus partidos y ahora son parias en los mundos financiero y televisivo del país.
Ahora que ha terminado el proceso electoral, los partidos tienen que justificar sus gastos ante el IFE, so pena, en el caso de no hacerlo, de sufrir el castigo de multas severas. El PRD, por ejemplo, está inventando facturas y rogándole a sus fracciones parlamentarias que le entreguen comprobantes de gastos para salvar su situación ante el IFE, pues su desorden administrativo interno es, por decirlo gentilmente, proverbial. Si bien el desorden interno en el PRI no es tanto como en el PRD, lo cierto es que no logra explicar de dónde provinieron recursos económicos tan abundantes (ojo Enrique Jackson).
Es evidente que ambos partidos tienen motivaciones propias y particulares para impulsar, en este momento, la destitución en pleno de los consejeros del IFE. Si logran pactar con nuevos consejeros la "flexible" revisión de sus finanzas, les estarán eternamente agradecidos.
Esos dos partidos están demostrando, con su postura ante este tema, su absoluta incapacidad de comprometerse con una verdadera reforma del Estado. Es que simplemente no les interesa. Su interés es mucho más mundano, a pesar de sus discursos estrepitosos y alucinantes. Las direcciones quieren evitar dar explicaciones y negociar sus deudas.
El deservicio que cometen es en contra de las futuras generaciones, pues, con su propuesta, buscan destruir instituciones, sin tener el menor interés en crear nuevas y más sólidas. Además, demuestran su pequeña estatura política. Prefieren destruir instituciones que asumir sus responsabilidades como lo que son: direcciones políticas fracasadas. La amenaza de que sólo habrá reforma política después de la destitución de los consejeros del IFE es una mentira. Con o sin destitución no habrá reforma política: están demostrando que no les interesa. Más bien, lo que hay en curso en un proceso consciente y deliberado de enanización de la clase política.
Con la propuesta de PRI y PRD, la democracia corre el riesgo de truncarse durante muchas generaciones.
Hablan, hay que decirlo, los dos partidos que no solamente salieron derrotados de los comicios federales del pasado 2 de julio, sino que también son los más endeudados financieramente. Son los que más se han negado a evaluar autocríticamente los resultados electorales del año pasado.
El PRI, por su lado, es el partido que más elecciones intermedias ganó entre 2000 y 2006, y es el que más dinero gastó en 2006. Quedó en un humillante tercer lugar. El PRD estaba con una ventaja de 10 puntos porcentuales en marzo de 2006 y por su imprudencia y arrogancia infantil quedó en un aún más humillante segundo lugar, además de haber sido el que más gastó.
Para evitar tener que dar explicaciones embarazosas e "inexplicables", las direcciones de ambos partidos han buscado las razones de sus respectivas, y distintas, derrotas fuera de la institución partidista. Ante la imposibilidad de avanzar más en la adjudicación de responsabilidades externas, resulta que ahora cada partido siente haber encontrado la articulación de todos sus males en los consejeros ciudadanos del IFE. Recurriendo al socorrido expediente del desafecto cultural de los mexicanos con todas las instituciones con olor a Estado, PRI y PRD ahora echan la culpa de todos sus males al IFE.
Pretendiendo una discusión sobre una hipotética "reforma del Estado", el PRI amenaza: no habrá avances en esa materia si no se da, primero, la destrucción de las instituciones. Para crear instituciones hay que destruir otras, han de pensar. Al PRD no le llegan tantas ideas a la cabeza. Simplemente quiere venganza. Sin reconocer, por supuesto, que su irritación con la integración del IFE es su propia culpa: Pablo Gómez imitó la arrogancia ignorante del PRD y exigió todo, perdiéndolo todo. Jugó al tonto útil.
Una parte de la explicación de la conducta irresponsable de estos partidos tiene que ver, indudablemente, con el hecho de que las direcciones partidistas no quieren asumir la responsabilidad de sus respectivas derrotas. Pero la otra parte tiene que ver con el hecho de que, además de perder las elecciones, endeudaron extraordinariamente a sus partidos y ahora son parias en los mundos financiero y televisivo del país.
Ahora que ha terminado el proceso electoral, los partidos tienen que justificar sus gastos ante el IFE, so pena, en el caso de no hacerlo, de sufrir el castigo de multas severas. El PRD, por ejemplo, está inventando facturas y rogándole a sus fracciones parlamentarias que le entreguen comprobantes de gastos para salvar su situación ante el IFE, pues su desorden administrativo interno es, por decirlo gentilmente, proverbial. Si bien el desorden interno en el PRI no es tanto como en el PRD, lo cierto es que no logra explicar de dónde provinieron recursos económicos tan abundantes (ojo Enrique Jackson).
Es evidente que ambos partidos tienen motivaciones propias y particulares para impulsar, en este momento, la destitución en pleno de los consejeros del IFE. Si logran pactar con nuevos consejeros la "flexible" revisión de sus finanzas, les estarán eternamente agradecidos.
Esos dos partidos están demostrando, con su postura ante este tema, su absoluta incapacidad de comprometerse con una verdadera reforma del Estado. Es que simplemente no les interesa. Su interés es mucho más mundano, a pesar de sus discursos estrepitosos y alucinantes. Las direcciones quieren evitar dar explicaciones y negociar sus deudas.
El deservicio que cometen es en contra de las futuras generaciones, pues, con su propuesta, buscan destruir instituciones, sin tener el menor interés en crear nuevas y más sólidas. Además, demuestran su pequeña estatura política. Prefieren destruir instituciones que asumir sus responsabilidades como lo que son: direcciones políticas fracasadas. La amenaza de que sólo habrá reforma política después de la destitución de los consejeros del IFE es una mentira. Con o sin destitución no habrá reforma política: están demostrando que no les interesa. Más bien, lo que hay en curso en un proceso consciente y deliberado de enanización de la clase política.
Con la propuesta de PRI y PRD, la democracia corre el riesgo de truncarse durante muchas generaciones.
Tuesday, January 30, 2007
Problemas antiguos - Macario Schettino
El Universal
La semana pasada, el PRI anunció que propondrá una reforma legal que le permita a Pemex sobrevivir. Es bueno que así sea, sin duda. Se estarán corrigiendo errores muy antiguos, de los que nadie puede considerarse ajeno.
El país que hoy tenemos es resultado de decisiones que vienen de los tiempos en que el PRI gobernaba. Para los que lo hayan olvidado, gobernaba de manera absoluta y autoritaria. No está de más recordar que fue sólo a fines de los años 80 cuando llegaron los primeros senadores de oposición, recién salidos del PRI, por cierto. Y el primer gobernador de otro partido.
Desde 1938, cuando se construyó el verdadero Partido de la Revolución, se tomaron decisiones orientadas a mantener el poder. Esas decisiones, como todas, tenían costos, la mayoría a pagar en el largo plazo. Ese largo plazo ya pasó, y ha llegado la hora del pago.
Para obtener y mantener el apoyo de los sindicatos, se llegó al absurdo de las pensiones dinámicas, de la jubilación con menos de 30 años de trabajo, del mantenimiento de la planta laboral a cualquier costo. A partir de 1970, el gobierno además decidió convertirse en el empleador más importante del país. Ahora nos toca pagar esas pensiones, para esa inmensa cantidad de servidores públicos, para las que nunca se hizo una reserva financiera. El costo, este año, es de 2.3% del PIB. Crecerá en 10% cada año.
Para obtener y mantener el apoyo de la población en general, se decidió dar a todos educación y salud, mantener bajos los precios de algunos alimentos, subsidiar la producción de otros, o el consumo de electricidad, o lo que se les fuera ocurriendo. Así, el gasto público que entre 1945 y 1955 era de 10% del PIB fue creciendo, hasta llegar en los 70 a más de 30%. Después de varias crisis, hoy lo tenemos en 25% del PIB. Pero como esa cantidad no alcanza para tener educación, salud y seguridad de calidad, pues tenemos lo que se pueda. Dos terceras partes de los jóvenes que salen de secundaria sólo pueden "seguir instrucciones simples". Jamás tendrán un ingreso digno. Nadie paga por simples instrucciones.
Para obtener y mantener el apoyo de los empresarios se decidió no tener una estructura fiscal moderna. Así, en los años de 1960, 1971, 1980 y 1992, el gobierno prefirió no cobrar bien impuestos. El resultado es que México es el país que menos recauda. En los últimos 30 años, hemos pagado con nuestros impuestos sólo 40% del gasto público. Lo demás lo pagó el petróleo o lo mandamos a deuda. En cualquier caso, se envió al futuro para que lo pagaran otros. El futuro ya llegó, nosotros somos los otros.
Frente a estos problemas, que no son normales, que son producto de décadas de abuso, veo propuestas de cambios paulatinos, de ajustes moderados. Ignoro si es simple ignorancia o mala fe. Ya no podemos posponer ni el fin de Cantarell, ni las pensiones que tenemos que pagar, ni podemos pedirle a millones de jóvenes que dejen de crecer, en lo que estamos en capacidad de darles educación de calidad.
Veo también cómo los políticos buscan culpar a sus adversarios por estos problemas. Pero nadie está limpio de culpa. Fue el PRI de los años 70 el que no sólo no quiso resolver los problemas sino que los agravó, y fue el PRI de los 80 y 90 el que evitó tomar decisiones de fondo y pospuso las soluciones. Y quienes estuvieron en ese partido están hoy en dos: el PRD y el PRI. Y si al PAN no puede culpársele por lo ocurrido en esos tiempos, resulta ser el principal responsable de lo que ha pasado, al menos, en la última década. Como principal oposición y como gobierno.
Ni es posible posponer más las decisiones, ni tiene ninguna utilidad averiguar quién fue el culpable. Todas las energías posibles, todos los espacios de acuerdo tienen que dirigirse a impulsar las decisiones que nos permitan corregir la inmensa cantidad de errores cometidos en 50 años de farsa. Hacerlo nos permitirá ser uno de los países más importantes del mundo. Por fin un país del que se pueda uno sentir orgulloso. No hacerlo nos conducirá a una espiral de deterioro. Ahora sí, al basurero de la historia.
La semana pasada, el PRI anunció que propondrá una reforma legal que le permita a Pemex sobrevivir. Es bueno que así sea, sin duda. Se estarán corrigiendo errores muy antiguos, de los que nadie puede considerarse ajeno.
El país que hoy tenemos es resultado de decisiones que vienen de los tiempos en que el PRI gobernaba. Para los que lo hayan olvidado, gobernaba de manera absoluta y autoritaria. No está de más recordar que fue sólo a fines de los años 80 cuando llegaron los primeros senadores de oposición, recién salidos del PRI, por cierto. Y el primer gobernador de otro partido.
Desde 1938, cuando se construyó el verdadero Partido de la Revolución, se tomaron decisiones orientadas a mantener el poder. Esas decisiones, como todas, tenían costos, la mayoría a pagar en el largo plazo. Ese largo plazo ya pasó, y ha llegado la hora del pago.
Para obtener y mantener el apoyo de los sindicatos, se llegó al absurdo de las pensiones dinámicas, de la jubilación con menos de 30 años de trabajo, del mantenimiento de la planta laboral a cualquier costo. A partir de 1970, el gobierno además decidió convertirse en el empleador más importante del país. Ahora nos toca pagar esas pensiones, para esa inmensa cantidad de servidores públicos, para las que nunca se hizo una reserva financiera. El costo, este año, es de 2.3% del PIB. Crecerá en 10% cada año.
Para obtener y mantener el apoyo de la población en general, se decidió dar a todos educación y salud, mantener bajos los precios de algunos alimentos, subsidiar la producción de otros, o el consumo de electricidad, o lo que se les fuera ocurriendo. Así, el gasto público que entre 1945 y 1955 era de 10% del PIB fue creciendo, hasta llegar en los 70 a más de 30%. Después de varias crisis, hoy lo tenemos en 25% del PIB. Pero como esa cantidad no alcanza para tener educación, salud y seguridad de calidad, pues tenemos lo que se pueda. Dos terceras partes de los jóvenes que salen de secundaria sólo pueden "seguir instrucciones simples". Jamás tendrán un ingreso digno. Nadie paga por simples instrucciones.
Para obtener y mantener el apoyo de los empresarios se decidió no tener una estructura fiscal moderna. Así, en los años de 1960, 1971, 1980 y 1992, el gobierno prefirió no cobrar bien impuestos. El resultado es que México es el país que menos recauda. En los últimos 30 años, hemos pagado con nuestros impuestos sólo 40% del gasto público. Lo demás lo pagó el petróleo o lo mandamos a deuda. En cualquier caso, se envió al futuro para que lo pagaran otros. El futuro ya llegó, nosotros somos los otros.
Frente a estos problemas, que no son normales, que son producto de décadas de abuso, veo propuestas de cambios paulatinos, de ajustes moderados. Ignoro si es simple ignorancia o mala fe. Ya no podemos posponer ni el fin de Cantarell, ni las pensiones que tenemos que pagar, ni podemos pedirle a millones de jóvenes que dejen de crecer, en lo que estamos en capacidad de darles educación de calidad.
Veo también cómo los políticos buscan culpar a sus adversarios por estos problemas. Pero nadie está limpio de culpa. Fue el PRI de los años 70 el que no sólo no quiso resolver los problemas sino que los agravó, y fue el PRI de los 80 y 90 el que evitó tomar decisiones de fondo y pospuso las soluciones. Y quienes estuvieron en ese partido están hoy en dos: el PRD y el PRI. Y si al PAN no puede culpársele por lo ocurrido en esos tiempos, resulta ser el principal responsable de lo que ha pasado, al menos, en la última década. Como principal oposición y como gobierno.
Ni es posible posponer más las decisiones, ni tiene ninguna utilidad averiguar quién fue el culpable. Todas las energías posibles, todos los espacios de acuerdo tienen que dirigirse a impulsar las decisiones que nos permitan corregir la inmensa cantidad de errores cometidos en 50 años de farsa. Hacerlo nos permitirá ser uno de los países más importantes del mundo. Por fin un país del que se pueda uno sentir orgulloso. No hacerlo nos conducirá a una espiral de deterioro. Ahora sí, al basurero de la historia.
Wednesday, January 17, 2007
La mentira como ideologia - Jorge Fernandez Menendez
El célebre asesor político, Dick Morris, escribió en su libro Juegos de Poder que “utilizar un periodo fuera del poder –tras una derrota- para recuperar la propia esencia y modelar su mensaje, es una experiencia clave en la carrera de muchos que se han mantenido firmes en su principios y han triunfado”. Eso es lo que se esperaba de Andrés Manuel López Obrador: nadie le pedía que renegara de sus principios, sino que la derrota le permitiera redescubrir su esencia política y modelar su lenguaje aprendiendo de la derrota.
Lamentablemente ha ocurrido todo lo contrario. López Obrador no ha aprendido nada del proceso pasado o, quizás su esencia siempre fue la que estamos viendo ahora. El ex candidato ha demostrado ser un mentiroso: durante meses dijo que tenía una encuesta que lo tenía diez puntos arriba y ahora sabemos, por quien fue su propia encuestadora oficial, Ana Cristina Covarrubias, que esa encuesta nunca existió y que ella misma decidió no seguir divulgando los estudios de opinión que cotidianamente realizaba, porque los resultados de éstos demostraban que López Obrador iba cayendo en las preferencias electorales y ya estaba empatado con Felipe Calderón. Poco después, el mismo día de la elección, el tabasqueño aseguró que había ganado, según sus datos, por 500 mil votos. Pero ahora también sabemos que esa misma noche, sus propios conteos rápidos le decían que había perdido por un uno por ciento de los votos, lo que más adelante se confirmó. Después habló, primero, de un fraude cibernético; cuando se demostró era mentia, dijo que había sufrido un fraude “a la antigüita”; cuando se volvió a comprobar que también era falso, se escapó por la tangente y lisa y llanamente reemplazó cualquier intento de explicación por los insultos para sus adversarios y su decisión de autoproclamarse presidente legítimo. Hoy, sus actividades, con mucha mayor transparencia que ayer, lindan con el golpismo, con la única diferencia respecto a un Chávez o un Humala, que no hay fuerza armada que lo avale o respalde. Sus apoyos sociales, por otra parte, son cada vez menores, aunque haya redoblado su apuesta por la polarización del país.
Ahora, con el informe final de las elecciones 2006 del IFE, comprobamos que nos dijo otra gran mentira. No sólo el PAN y su candidato Felipe Calderón no fueron los que más gastaron y más acceso tuvieron en medios, sino que quien más gastó en medios fue quien terminó en tercer lugar, la alianza PRI-PVEM, con poco más de 444 millones de pesos. En segundo lugar estuvo López Obrador y la alianza PRD-Convergencia- PT que se gastó 384 millones de pesos, nada mal para un candidato, López Obrador, que había prometido que no haría publicidad en los medios electrónicos y que hablaba de un cerco informativo y de falta de acceso a la radio y la televisión. Si quitamos distintos gastos de publicidad y nos concentramos exclusivamente en prensa escrita y medios electrónicos, Madrazo y López Obrador gastaron casi lo mismo: 367 millones el primero y 359 el segundo. La diferencia de ambos con Felipe Calderón y el PAN es notable: el ahora Presidente gastó en esos aspectos 221 millones de pesos, casi la mitad que sus competidores. Mientras sólo en televisión López Obrador gastó 295 millones de pesos, Calderón pagó en la pantalla chica 127 millones. Mientras López Obrador invirtió en prensa escrita más de 20 millones de pesos, Calderón gastó dos millones y medio. Sí hubo diferencia en radio: mientras que Calderón invirtió en ese ámbito 91 millones, López Obrador compró espacios por 52 millones. Entonces, al revés de lo que ha dicho, el candidato de la coalición gastó cifras altísimas en televisión y prensa escrita y las canalizó hacia pocos espacios, mientras que Calderón gastó mucho menos pero con un equilibrio mucho mayor entre los distintos medios de comunicación, lo que hizo mucho más efectivo su mensaje.
Pero lo importante en esto es que, una vez más, resultó una falacia que hubiera un cerco informativo en torno a López Obrador: fue el que mayor cobertura, mayor tiempo y espacio en radio, televisión y prensa tuvo de los tres principales candidatos; gastó mucho más que Calderón en los espacios que compró en televisión, radio y prensa escrita. En todos esos ámbitos, en la cobertura independiente de los medios y en los espacios comprados, Calderón estuvo muy abajo de López Obrador. Nadie le cerró puertas, él escogió con quién ir, qué espacios ocupar y dónde invertir sus millonarios recursos. Sus acusaciones posteriores, por ende, no tienen fundamento. Se trata de una mentira más de un candidato que no ha sabido perder y que ahora está provocando una serie de derrotas en cadena de su propio partido, el cual no parece ser ya, tampoco, su prioridad.
La especialidad de López Obrador es y ha sido la provocación. Llega a acuerdos, pero no los respeta, busca ser víctima y no duda en mentir descaradamente. En el futuro inmediato habrá nuevos intentos de victimización: son necesarios porque el movimiento se ha desinflado, su discurso no genera atención pública ni de los medios, mientras los sectores más lúcidos de su partido han comenzado a tratar de apostar en un juego diferente que no sea el de perder-perder. Por eso, más temprano que tarde tratará de explotar un nuevo escándalo, de descubrir un nuevo enemigo común. Esa es su verdadera esencia.
El triunfo de Babel
La cinta de Alejandro González Iñárritu, Babel, logró el muy prestigiado Globo de Oro como mejor película dramática. Lo merece y debe alegrarnos que un creador mexicano haya alcanzado ese logro. Pero que nadie se cuelgue medallas que nos son suyas: nadie, desde ningún ámbito oficial, local o federal, se apoyó a González Iñárritu más que su gente, su equipo, su ahora rota colaboración con el guionista Guillermo Arriaga, para esa realización profesional. Y es que González Iñárritu se dedicó a trabajar, no a hacer de publicista político en turno.
Lamentablemente ha ocurrido todo lo contrario. López Obrador no ha aprendido nada del proceso pasado o, quizás su esencia siempre fue la que estamos viendo ahora. El ex candidato ha demostrado ser un mentiroso: durante meses dijo que tenía una encuesta que lo tenía diez puntos arriba y ahora sabemos, por quien fue su propia encuestadora oficial, Ana Cristina Covarrubias, que esa encuesta nunca existió y que ella misma decidió no seguir divulgando los estudios de opinión que cotidianamente realizaba, porque los resultados de éstos demostraban que López Obrador iba cayendo en las preferencias electorales y ya estaba empatado con Felipe Calderón. Poco después, el mismo día de la elección, el tabasqueño aseguró que había ganado, según sus datos, por 500 mil votos. Pero ahora también sabemos que esa misma noche, sus propios conteos rápidos le decían que había perdido por un uno por ciento de los votos, lo que más adelante se confirmó. Después habló, primero, de un fraude cibernético; cuando se demostró era mentia, dijo que había sufrido un fraude “a la antigüita”; cuando se volvió a comprobar que también era falso, se escapó por la tangente y lisa y llanamente reemplazó cualquier intento de explicación por los insultos para sus adversarios y su decisión de autoproclamarse presidente legítimo. Hoy, sus actividades, con mucha mayor transparencia que ayer, lindan con el golpismo, con la única diferencia respecto a un Chávez o un Humala, que no hay fuerza armada que lo avale o respalde. Sus apoyos sociales, por otra parte, son cada vez menores, aunque haya redoblado su apuesta por la polarización del país.
Ahora, con el informe final de las elecciones 2006 del IFE, comprobamos que nos dijo otra gran mentira. No sólo el PAN y su candidato Felipe Calderón no fueron los que más gastaron y más acceso tuvieron en medios, sino que quien más gastó en medios fue quien terminó en tercer lugar, la alianza PRI-PVEM, con poco más de 444 millones de pesos. En segundo lugar estuvo López Obrador y la alianza PRD-Convergencia- PT que se gastó 384 millones de pesos, nada mal para un candidato, López Obrador, que había prometido que no haría publicidad en los medios electrónicos y que hablaba de un cerco informativo y de falta de acceso a la radio y la televisión. Si quitamos distintos gastos de publicidad y nos concentramos exclusivamente en prensa escrita y medios electrónicos, Madrazo y López Obrador gastaron casi lo mismo: 367 millones el primero y 359 el segundo. La diferencia de ambos con Felipe Calderón y el PAN es notable: el ahora Presidente gastó en esos aspectos 221 millones de pesos, casi la mitad que sus competidores. Mientras sólo en televisión López Obrador gastó 295 millones de pesos, Calderón pagó en la pantalla chica 127 millones. Mientras López Obrador invirtió en prensa escrita más de 20 millones de pesos, Calderón gastó dos millones y medio. Sí hubo diferencia en radio: mientras que Calderón invirtió en ese ámbito 91 millones, López Obrador compró espacios por 52 millones. Entonces, al revés de lo que ha dicho, el candidato de la coalición gastó cifras altísimas en televisión y prensa escrita y las canalizó hacia pocos espacios, mientras que Calderón gastó mucho menos pero con un equilibrio mucho mayor entre los distintos medios de comunicación, lo que hizo mucho más efectivo su mensaje.
Pero lo importante en esto es que, una vez más, resultó una falacia que hubiera un cerco informativo en torno a López Obrador: fue el que mayor cobertura, mayor tiempo y espacio en radio, televisión y prensa tuvo de los tres principales candidatos; gastó mucho más que Calderón en los espacios que compró en televisión, radio y prensa escrita. En todos esos ámbitos, en la cobertura independiente de los medios y en los espacios comprados, Calderón estuvo muy abajo de López Obrador. Nadie le cerró puertas, él escogió con quién ir, qué espacios ocupar y dónde invertir sus millonarios recursos. Sus acusaciones posteriores, por ende, no tienen fundamento. Se trata de una mentira más de un candidato que no ha sabido perder y que ahora está provocando una serie de derrotas en cadena de su propio partido, el cual no parece ser ya, tampoco, su prioridad.
La especialidad de López Obrador es y ha sido la provocación. Llega a acuerdos, pero no los respeta, busca ser víctima y no duda en mentir descaradamente. En el futuro inmediato habrá nuevos intentos de victimización: son necesarios porque el movimiento se ha desinflado, su discurso no genera atención pública ni de los medios, mientras los sectores más lúcidos de su partido han comenzado a tratar de apostar en un juego diferente que no sea el de perder-perder. Por eso, más temprano que tarde tratará de explotar un nuevo escándalo, de descubrir un nuevo enemigo común. Esa es su verdadera esencia.
El triunfo de Babel
La cinta de Alejandro González Iñárritu, Babel, logró el muy prestigiado Globo de Oro como mejor película dramática. Lo merece y debe alegrarnos que un creador mexicano haya alcanzado ese logro. Pero que nadie se cuelgue medallas que nos son suyas: nadie, desde ningún ámbito oficial, local o federal, se apoyó a González Iñárritu más que su gente, su equipo, su ahora rota colaboración con el guionista Guillermo Arriaga, para esa realización profesional. Y es que González Iñárritu se dedicó a trabajar, no a hacer de publicista político en turno.
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