Friday, March 31, 2006

La profecía autorrealizable - Raymundo Riva Palacio

La profecía autorrealizable es un término que se utiliza más bien en la economía, cuando todo lo malo que piensa uno que podría suceder se concreta por razones eminentemente subjetivas, arrollando cada uno de los factores objetivos. Un clásico ejemplo de profecía autorrealizable es el "error de diciembre", que sumió a México en una de sus crisis financieras más profundas y que obligó al rescate bancario que todavía sigue lastimando las heridas. El llamado "error de diciembre" fue una devaluación obligada al iniciar el gobierno de Ernesto Zedillo que calculaba que sería de 15%. Técnicamente estaba en lo correcto, pero soslayó que en México las devaluaciones son sicológicas. Así fue. La devaluación fue de 100%, cayó el secretario de Hacienda, la Casa Blanca tuvo que entrar a un rescate financiero por razones de seguridad nacional, y miles de mexicanos perdieron su patrimonio. Hoy vivimos otro tipo de profecía autorrealizable, pero en la política.

Se trata del caso del candidato presidencial puntero Andrés Manuel López Obrador, quien técnicamente sería imposible hoy en día que ganara la elección presidencial. Esto es si se ven fríamente los resultados electorales de la última elección presidencial y aún inclusive si se juega, comparando peras con manzanas, los resultados en otro tipo de elecciones en los tres últimos años. En la elección presidencial de 2000, el Partido de la Revolución Democrática tuvo con Cuauhtémoc Cárdenas poco más de seis millones de votos, que significó un techo histórico, pero que se quedó sumamente lejos de Vicente Fox, que alcanzó casi 16 millones de votos, y de Francisco Labastida, que tuvo 13 millones y medio. Ciertamente, Cárdenas no tiene ni el carisma de López Obrador ni es un producto tan mediáticamente atractivo, ni el contexto en el que compitió, como ahora, es de un desánimo sobre un candidato similar que era Fox que ofreció el cambio, ni hay un candidato con tan mala imagen en el Partido Revolucionario Institucional como Roberto Madrazo.

Jugando con otros resultados que metodológicamente no podrían ser comparados, para efectos de argumentación política, se puede analizar el bastión del PRD en el Distrito Federal y su zona conurbada, donde se concentra el voto duro de López Obrador, sus mejores redes clientelares y la mayor molestia, tanto contra Fox -no en términos de popularidad sino sobre su competencia como gobernante-, como contra el Partido Revolucionario Institucional y cualquier candidato que presente ese partido. Sumando el número de votos por partido y coaliciones que tuvieron en las elecciones federales intermedias de 2003 y en las reciente elecciones locales mexiquenses, se ve claramente el avance del PRD, que llegó en ambas casi dos millones y medio de votos, pero no muy lejos en términos reales del PRI y del PAN, que pese a sus retrocesos electorales tuvieron un millón 800 mil y un millón 760 mil votos respectivamente. Es decir, en las dos mejores plazas electorales del PRD y López Obrador, su diferencia frente al PAN de Felipe Calderón y al PRI de Madrazo, es menor a 700 mil votos. Si se toma como una referencia la elección federal intermedia de 2003, al PRI le bastaría sólo con Jalisco -donde el PRD prácticamente no tiene presencia-, para neutralizarlo, y el PAN tendría en Guanajuato su palanca compensatoria. Jugando aún más con los números, y asignando al PRD en el DF no 40% de la votación de 2003, sino 60%, que reflejan las preferencias de voto para su candidato al gobierno de la capital, el PRI necesitaría sólo de Veracruz y el PAN mantener su votación en Jalisco para neutralizarle el bastión.

Una vez más, si se analizaran fríamente los comportamientos del electorado, el PRD no tendría cómo entrar en competencia real con el PAN y el PRI el próximo 2 de julio. De hecho, la construcción de las redes ciudadanas de López Obrador es el reconocimiento explícito de que para que ganar la Presidencia necesiten mucho más que el voto del PRD. Pero un partido no se construye en meses, y el carisma, por más sugerente que pueda ser el de López Obrador, no basta. El fracaso de Yeidkol Polevnsky como candidata al gobierno del estado de México donde López Obrador le hizo su campaña invirtiendo su imagen y capital político, es una demostración de las limitaciones del fenómeno mediático. En las elecciones locales mexiquenses el PRD avanzó por el buen trabajo político que realizó, pero en otras zonas del país, tras los pasos de López Obrador no está quedando nada por la falta de ese mismo trabajo político.

Es decir, si los electorados se comportaran objetivamente, se podría anticipar que López Obrador no sólo perdería la elección, sino que se quedaría varios puntos abajo del ganador. Pero los votantes no se comportan de esa manera y se está viendo en las preferencias electorales y en las percepciones que se han extendido de la generalidad de la población abierta a sectores informados políticamente, particularmente en el PRI, donde la molestia contra Madrazo está haciendo que algunas de sus figuras, estén abandonando el barco priísta y buscando acomodo con el PRD. El propio comportamiento de algunos sectores conservadores, particularmente dentro del empresariado, hace pensar que empiezan a descontar sus pérdidas y asumir la probable victoria de López Obrador, sumándose a la idea extendida de que será el ganador el 2 de julio. Resumiendo se podría argumentar que el manejo de las percepciones sobre los candidatos está permitiendo que se desarrolle el fenómeno de la profecía autorrealizable, donde López Obrador, sin tener realmente la estructura que le permita ganar la Presidencia, está marchando hacia esa victoria por el simple pero contundente factor subjetivo que domina el actual proceso electoral.

Y todo en dos días - Pepe Grillo

Cronica Articulo Original

Y todo en dos días


El diputado local, Rafael Hernández Nava, construye una casa sin licencias, y mandó al calabozo a los diaristas que lo publicaron.

López Obrador dijo que “con todo respeto” seguirá llamando chachalaca mayor al presidente Vicente Fox.
Una turba atacó a Diego Fernández de Cevallos, a las puertas del Senado, le lanzaron agua, lo golpearon y le rompieron el saco.

La ALDF pasó sobre un amparo de la consejera María Elena Pérez Jaén, y nombró a los cinco miembros del organismo de información.
¿Qué tienen en común los autores? Que son perredistas.

No van con la transparencia

En Zacatecas empezó ayer hay una reunión nacional de organismos encargados de la transparencia.
Ayer se trató de entrevistar al representante del GDF.
Resultó que era del grupo del gobierno federal.
¿Y el del DF?, no asistió, su lugar estaba vacío.
Al preguntar nadie sabía, “parece que el tema no les interesa”, se dijo.

Thursday, March 30, 2006

La Chingada nos Acecha - Caton

Mi artículo de hoy se llama -con perdón sea dicho- "La chingada nos acecha". Ese voquible sonoroso viene del verbo "chingar", un vulgarismo mexicano que significa hacer daño, causar mal, inferir molestia o agravio. Incierto es el origen de esa palabrota. En la tertulia de la librería Andrade, institución decimonónica de la Ciudad de México, los parroquianos debatían una tarde acerca de su procedencia. Uno la hacía derivar del náhuatl; otro afirmaba que provenía del latín. En eso acertó a pasar por ahí don Andrés Quintana Roo, bien conocido por su erudición lexicológica. "Diga usted, señor don Andrés -le preguntó uno de los contertulios-. ¿De dónde proviene la palabra ‘chingar’?". "¡De la pulquería!" -respondió sin vacilar Quintana Roo. Sea cual sea el oscuro linaje de ese término, yo creo que la chingada -es decir la ruina- acecha en espera de que Andrés Manuel López Obrador gane la elección presidencial. Promesas desorbitadas, de imposible cumplimiento, ha hecho y sigue haciendo ese demagógico señor. Dará una pensión a todos los adultos mayores del país, por el solo hecho de serlo, y a todas las madres solteras que hay en la nación. Construirá dos trenes bala que partirán de la capital de la República y llegarán el uno a Nuevo Laredo y el otro a Mexicali. Fundará 30 universidades y dos centenares de preparatorias. Hará no sé cuántas refinerías de petróleo a lo largo y ancho del territorio nacional. Tenderá carreteras que irán de todas partes a todos lados. Destinará billones y billones de pesos a los pobres. Y más cosas ofrece cuyo pago requeriría el presupuesto de todos los países del planeta y de algunos que a él no pertenecen. (Ya tiene, claro, la forma de conseguir ese dinero: les quitará su pensión a los ex presidentes). En virtud de que AMLO no podrá cumplir esas promesas, que son a todas luces de imposible realización, tendrá que hacer algo para calmar a su clientela, y eso nos llevará a excesos como aquellos en que incurrió Echeverría en su sexenio para legitimarse como Presidente. Lo dicho: la chingada nos acecha. Tal es la mala noticia. La buena es que advierto en todas partes a donde voy una preocupación que hasta hace poco no observaba, especialmente entre los jóvenes y las mujeres, por el modo de ser de López Obrados y su evidente falta de preparación para ocupar el cargo que ambiciona. Si en los meses que faltan para la elección esa inquietud -vale decir esa conciencia- llega a sectores más vastos de la población podrá disiparse el riesgo que ciertamente representa López Obrador para la estabilidad de este país cuya economía, democracia, leyes e instituciones están prendidas con alfileres...

Wednesday, March 29, 2006

Lupa a ´Lupa ciudadana´ - Juan Molinar Horcasitas

LAS elecciones de 2006 presentan novedades. Una ha sido la manera en que diversos grupos de particulares se han involucrado, con el propósito de mejorar nuestra democracia. Hace pocos años, la observación electoral era la actividad cívica más relevante; poco después fue el monitoreo de medios; este año es el seguimiento y análisis de las propuestas de los candidatos. La evolución de los intereses muestra el avance de la democracia mexicana, conforme fue pasando de las preocupaciones de limpieza electoral, a las de competitividad, y a las de calidad. Varias organizaciones y medios de comunicación se han interesado en el tema. Hablaré hoy de una de ellas: la Lupa Ciudadana.

Lupa Ciudadana es una página de la web (www.lupaciudadana.com.mx) en la que se da cuenta de las propuestas y declaraciones que hacen los tres principales candidatos presidenciales. La cobertura es razonablemente buena, pero el plus que ofrece la página es el análisis de las propuestas, calificando su conveniencia y viabilidad. Esta tarea se ha encargado a una buena cantidad de especialistas y académicos, quienes revisan, analizan y califican las propuestas. Usted puede consultar todo esto en la página mencionada. Si lo hace se beneficiará de un trabajo importante.

Yo le presentaré una breve síntesis de los hallazgos de la Lupa Ciudadana. Primer dato: hasta ahora la Lupa ha revisado 13 propuestas de Madrazo y de Calderón y 10 de López Obrador. Los analistas de la Lupa Ciudadana suelen ser severos. Felipe Calderón destaca como el mejor evaluado, con 6.3de calificación promedio, mientras que Madrazo y López Obrador reciben apenas 4.5 en promedio.

Si asumimos como "reprobatoria" cualquier calificación inferior a seis, tenemos que Madrazo ha reprobado siete de sus 13 propuestas. López Obrador ha reprobado cinco de sus 10 propuestas evaluadas. Calderón sólo ha reprobado tres de sus 13 calificaciones.

En síntesis, según la Lupa Ciudadana, Calderón es un candidato claramente superior a los demás en las propuestas que presenta en su campaña. Este dato, por supuesto, puede y debe ser tamizado con un análisis de los análisis. Para ello, le aplicaré la lupa a la Lupa. Veamos: 52 especialistas han analizado las propuestas. Apenas nueve de ellos son mujeres. En ese sentido, yo le pondría tres a la propuesta de equidad de género de la Lupa Ciudadana. O simplemente le sugeriría que incorpore a más mujeres en su equipo de analistas.

Por lo que hace a la variedad de especialidades y adscripciones institucionales es justo decir que es grande, lo que le da fuerza a la página. En materia de pluralidad, le pondría nueve a la integración del equipo de la Lupa Ciudadana.

Un aspecto sin duda importante es el del rigor de los jueces. Como en todas las escuelas, hay "barcos" y "perros", es decir, benevolentes y severos. En los extremos, hubo dos analistas que otorgaron dieces. Los "barcos" fueron Juan Millán y Virgilio Bravo, quienes otorgaron esa nota en la única evaluación que cada uno de ellos ha entregado. En el otro polo hubo varios analistas que otorgaron ceros a sus evaluados. Los "perruchos" fueron Gabriel Zaid y Luis de la Calle (que ya aplicaron dos cerotes), Allyson Rowland, Aurora Zenzes y Gilberto Ortiz. Por supuesto, no se puede concluir que un cero sea producto de un profesor severo y un 10 de uno benevolente. La evaluación puede deberse a la actitud del "profe" o a la calidad intrínseca de las propuestas y no es fácil distinguir la causa.

Una de las maneras de entrarle a ese tema es comparar las evaluaciones que diversos analistas entregan a una misma propuesta. En el caso de que encontremos una gran diferencia de notas, podríamos presumir que algún factor ideológico o político está presente. Esto no debe sorprendernos: la objetividad en el análisis de las propuestas de política pública es casi inalcanzable. En el fondo de cada una de ellas yace un sustrato ideológico, puramente político. En los análisis de la Lupa Ciudadana encontramos algunos casos notorios de este tipo. Ejemplos extremos son dos propuestas de Madrazo y una de Calderón. Veamos.

La propuesta de Madrazo de construir un millón de viviendas al año para generar empleos recibió una nota de cero de Manuel Mendoza y un siete de Ramón Lecuona. El promedio final fue cinco. Su propuesta de generar empleos en el mercado de software recibió en promedio tres de calificación pero, en un extremo, José de la Cruz le otorgó un seis, mientras que Ramón Lecuona y Gabriel Zaid le pusieron cero.

Por su parte, Felipe Calderón Hinojosarecibió notas discordantes en su propuesta de fortalecer el estado de derecho para así hacer crecer más rápido a la economía. En promedio, obtuvo seis, pero en los extremos, Efraín Gala le puso cuatro, mientras que Isaac Katz y Rodolfo de la Torre le asignaron nueve. Aquí parece haber un contraste de perspectivas entre abogados y economistas.

Por lo que hace a Andrés Manuel López Obrador, los contrastes en sus evaluaciones no son tan fuertes. En su caso, la mayoría de las veces los analistas más o menos coinciden al evaluar cada propuesta. La varianza, en su caso, se da entre propuestas, no entre analistas: una de sus propuestas recibió un nueve, un par de ellas recibió sietes, y cinco quedaron entre uno y tres.

Creo que esta reseña breve de lo que es la Lupa Ciudadana debe atraer a cualquier ciudadano interesado en la las elecciones presidenciales, y especialmente a quienes quieren conocer lo que está proponiendo los candidatos. Para finalizar mi comentario, una sugerencia que me parece serviría para mejorar la Lupa Ciudadana y una sopa de su propio chocolate: mi evaluación.

Sugerencia: creo que la Lupa Ciudadana mejoraría mucho si no sólo presentara en su página inicial la última calificación que ha otorgado a cada uno de los candidatos, sino que también presentara el promedio de todas las calificaciones otorgadas.

Calificaciones: la ejecución de la página la evalúa mi lado "perrucho" y les pongo siete. ¿Por qué?: Por la baja participación de mujeres en el equipo de evaluadores, porque me parece que no se les dio a los evaluadores una capacitación previa que sirviera para homogeneizar los criterios de evaluación y calificación. El concepto merece un nueve o un 10, si de plano me domina el lado "barco" que siempre caracterizó mi ejercicio docente. ¿Por qué? La razón es clara: mientras que la mayoría de los analistas simplemente dicen que en esta campaña "no hay propuestas", y que "no hay diferencias entre candidatos", los creadores y los animadores de la Lupa Ciudadana demuestran, con datos y análisis, lo contrario.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com

Diputado federal (PAN)

Esto se pone bueno - Juan Molinar Horcasitas

CORRE un falso rumor que debe analizarse: que las elecciones de 2006 están decididas. Eso quiere creer Andrés Manuel López Obrador y sus simpatizantes quieren que todos lo crean. Por eso uno y otros lo repiten una y otra vez, como jaculatoria. Quizá realmente crean que invocando el triunfo lo producirán. No es así. Las elecciones de 2006 están muy lejos de haberse decidido.

Esta idea, sin embargo, puede permear en la opinión pública si no se analiza y discute con seriedad, pues varias de las encuestas publicadas durante la primera quincena de marzo coincidían en señalar una ventaja de 10 puntos en favor de López Obrador sobre Calderón. Al respecto valen dos cosas. La primera es que una ventaja así, faltando 100 días, no garantiza el resultado. La segunda es que hay evidencia sólida que señala que el panorama empieza a cambiar, y varios datos recientes nos indican que las preferencias electorales seguirán moviéndose, y rápido, en los próximos días.

Primer punto. La ventaja observada a principios de mes no es final. Como evidencia basta recordar lo ocurrido hace seis años. Precisamente en marzo de 2000, la mayoría de las encuestas preelectorales reportaban, en promedio, una ventaja de ocho puntos a favor de Francisco Labastida, del PRI, sobre el candidato del PAN, Vicente Fox. La mayoría de los analistas, tanto académicos como mediáticos, pronosticaban el seguro triunfo del PRI y Labastida. El propio candidato Labastida y su equipo se lo creyeron. Grave error.

Como todos sabemos, se equivocaron: el ganador fue Vicente Fox, quien no sólo cerró la brecha de ocho puntos, sino que incluso rebasó a Labastida y le sacó siete puntos. Es decir, en sólo 100 días modificó totalmente el panorama de marzo. La historia nos muestra, entonces, que quienes hoy dan por seguro el resultado de julio, a partir de lo observado en marzo, no han aprendido gran cosa de la historia.

Por otra parte, los mismos datos del presente nos indican que la elección se está cerrando. Efectivamente, en sentido contrario a los datos de principios de mes, las señales más recientes nos muestran que la campaña de Felipe Calderón está retomando la fuerza que perdió después de la tregua, y que la candidatura de López Obrador está empezando a pagar los costos de sus errores, incongruencias y ocurrencias. Revisemos esos datos.

Uno de los periódicos capitalinos, El Economista, ha publicado en los últimos 10 días dos encuestas muy relevantes. La más reciente se basó en datos de BIMSA, una conocida agencia de estudios de opinión privada. Esta agencia señala que la brecha que observaba a mediados de febrero se ha reducido a mediados de marzo casi a la mitad. Según sus observaciones, en ese mes Andrés Manuel López Obrador perdió 1.5 puntos, mientras que Felipe ganó casi dos puntos (1.9). Si la brecha en febrero era de 9.1 puntos, en marzo es de sólo 5.7 puntos (una reducción de 40%). La misma encuesta de BIMSA mostró otros aspectos muy relevantes que permiten prever que la caída de AMLO no cesará en breve. Se trata del balance de las opiniones positivas versus las negativas entre el electorado.

En febrero 50% del electorado tenía una opinión favorable de López Obrador. En marzo ese porcentaje bajó hasta los 43 puntos, es decir, un descenso muy fuerte de siete puntos. En contraste, las opiniones negativas sobre el candidato perredista subieron cinco puntos, pasando de 14% a 19%. El cambio en el balance (positivas menos negativas) es terrible: una pérdida de 12 puntos. Nótese que esa pérdida es mucho mayor que la baja en la preferencia electoral reportada. Como el balance positivas menos negativas puede considerarse como un indicador adelantado de preferencias electorales, es previsible una mayor caída de las preferencias electorales de AMLO para la encuesta de abril.

En este mismo indicador, es también notable un hecho: por primera vez, desde que BIMSA levanta esta encuesta (hace un par de años), López Obrador no ocupa el primer lugar en el balance opiniones favorables: en marzo, por vez primera, Felipe Calderón tiene un balance mejor (27 puntos) que López Obrador (24 puntos).

Otra encuesta publicada en el mismo diario la de la consultora Marketing Político, aporta datos aún más cerrados. Marketing Político es una empresa con buena reputación, usualmente contratada por candidatos priístas. Esto acredita que no se trata de una encuesta pagada por el PAN. Dicha encuesta reporta una brecha de sólo cuatro puntos entre López Obrador y Felipe Calderón (37 contra 33). Esta empresa no había levantado encuestas nacionales este año, de modo que no es posible comparar sus datos con otro previo, pero sí es posible subrayar que se trata de una observación más reciente que las de las encuestas que reportaban 10 puntos. Esto significa que ya pudieron observar los efectos de la segunda etapa de la campaña calderonista y los errores graves que ha cometido AMLO (efectos que las anteriores encuestas no pudieron medir).

Una ventaja de sólo cuatro puntos se revierte en unos cuantos días o en un debate perdido o fallado. Por eso López Obrador los rehúye. Ya cambiará de opinión.

La tercera encuesta que vale la pena comentar es la de Consulta-Mitofsky, difundida por Televisa. Esta es la encuesta reciente que muestra la mayor brecha (siete puntos). Sin embargo, no es excepción a la tendencia a la baja que muestran todas las demás, pues la brecha se redujo dos puntos respecto del último reporte. De hecho, el énfasis en la presentación de Roy Campos se puso, precisamente, en el hecho de que la elección está muy lejos de haberse ya definido. Con toda seguridad, Campos notó fenómenos similares a los que comenté sobre la encuesta de BIMSA, porque también adelantó que en el próximo mes se esperarían cambios importantes.

La última encuesta que mencionaré es de ARCOP. Esta es una casa encuestadora seria y de prestigio. Es también la que trabaja para Felipe Calderón. Lo digo para no esconder información al lector. ARCOP reporta una brecha de cuatro puntos (31 contra 27), coincidiendo con lo observado por Nodo unos días antes.

¿A qué se debe este cierre de brecha? Dos razones destacan: el lanzamiento de la segunda etapa de la campaña de Felipe Calderón Hinojosa y los errores de Andrés Manuel López Obrador.

La notoria intolerancia de López Obrador sin duda preocupó a muchos de los apoyos débiles, inseguros, que se le fueron sumando desde la época del desafuero. Conforme AMLO vaya dándose a conocer, más deserciones seguirán. La segunda causa es la superioridad de las propuestas de Felipe Calderón. Más propuestas seguirán. Esto se pone bueno.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com

Diputado federal

El costo de la intolerancia - Jorge Fernandez Menendez

Aquella explosión de López Obrador, aquel “cállese presidente, cállese chachalaca” le costó al candidato presidencial por lo menos dos puntos en las encuestas según el último estudio de Mitofsky. La diferencia entre los aspirantes se mantiene entre los cinco y siete puntos. Reflejado ello en votos, siguen siendo entre un millón y medio y dos millones de electores: cuando faltan cien días para las elecciones es muy poco.

Las elecciones cerradas y sin demasiadas propuestas como las que estamos viviendo, se deciden, sobre todo, por los errores. Los pleitos entre Madrazo y Elba Esther, los casos Montiel y Marín, los conflictos con las listas, le han costado al PRI; las indefiniciones y el protagonismo de ciertos dirigentes panistas le cuestan a Calderón. López Obrador parecía gozar del efecto teflón: nada se le pegaba. Hasta que cometió su propio error: exhibió el peor rasgo de su carácter, la intolerancia y, además, lo que él siempre negó, la relación con Hugo Chávez, la mostró el propio Presidente de Venezuela, involucrándose torpemente en el proceso electoral mexicano, apoyando a López Obrador. El hecho es que, hasta ahora, esa combinación de intolerancia sumada a la relación con Chávez, han constituido un freno, aunque sea momentáneo (todos sabemos que a un escándalo lo mata el siguiente) a la carrera en solitario que llevaba López Obrador.

Se podrá argumentar que ello es consecuencia de la publicidad negativa. En parte es verdad, pero también lo es que no existe peor rasgo político en AMLO que la intolerancia: el candidato no acepta críticas o, como ha dicho Jesús Silva Herzog Márquez, se limita a decir que respeta a sus críticos y ello, traducido a su lenguaje, implica algo más que una virtual ruptura. Así ha ocurrido con sus compañeros de partido, como Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Robles, ambos recibieron su respeto y al mismo tiempo su desplazamiento y persecución; así sucede con las instituciones, desde la Suprema Corte hasta el Congreso, pasando por laPresidencia y el Banco de México. Así sucede con las leyes: el respeto concluye cuando considera que éstas no le convienen o no son justas y entonces ya no deben ser respetadas. Ocurre con la obra pública: se deben denunciar los presuntos malos manejos de sus adversarios pero en su caso se puede otorgar ésta por adjudicación directa, sin licitaciones públicas, porque “es más práctico”. Y que nadie pida cuentas porque no se entregan.

El más reciente caso de respeto y persecución se da con el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF, Emilio Alvarez Icaza. El pecado de Emilio, uno de los hombres con una de las trayectorias política más límpida del país, comprometido personal y familiarmente con las causas progresistas desde siempre, desde aquellos tiempos en que la mayoría de los miembros del equipo de AMLO y éste mismo eran fervientes priístas, fue haber emitido una recomendación contra el Gobierno del DF por la persecución de la empresa EUMEX, queja que fue rechazada por el GDF en los peores términos y desde entonces, desde los distintos ámbitos del Gobierno y de los medios afines a éste, los ataques contra Emilio (considerado ya parte del complot) han sido constante. La pregunta es porqué, y la respuesta es sencilla: López Obrador siendo Jefe de Gobierno, no sólo persiguió sin razón alguna a EUMEX, sino que además terminó firmando de su puño y letra un decreto que establece su compromiso para que esa empresa española, “no siguiera creciendo”, como si eso pudiera ser atribución de gobierno alguno. Lo notable es cómo, al igual que Chávez, muchos que fueron sus aliados iniciales, como Teodoro Petkoff, líder de la izquierda venezolana, terminan siendo perseguidos simplemente porque no aceptan sumisión total a las órdenes o caprichos del caudillo. Ayer le tocó a Cárdenas, hoy a Alvarez Icaza. Chávez recurre a ex militares golpistas, AMLO a ex priístas: son más disciplinados.

Tuesday, March 28, 2006

Hijos del Absurdo - Federico Reyes Heroles

Como en el mejor de los dramas clásicos nos encaminamos a lo no debería ocurrir. Intuimos la última escena y nos dan ganas de que el héroe a punto de condenarse -en este caso el pueblo- despierte ante el engaño de una trama tejida como con perversión celestial. Shakespeare estaría encantado; los enredos de Hamlet con su padre y su madre resultan de párvulos frente a los laberintos mexicanos. El asunto va más allá de filias y fobias radicales que la persona de AMLO provoca. Eso es ya lo de menos, el hecho es que su potencial triunfo sigue siendo un poco absurdo. El absurdo se mofa de la racionalidad, el absurdo alimenta la desesperanza, el absurdo nos orilla al cinismo. Recordemos la historia reciente.

Después de un periodo de innegable auge económico de varias décadas que, con todos sus defectos propició prosperidad para decenas de millones de mexicanos, bastaron dos gestiones irresponsables, las de Echeverría y López Portillo, para dar al traste con todo. Absurdo pero echaron por la borda la mejor herencia del “desarrollo estabilizador”: el orden financiero. En la llamada “docena trágica” los mexicanos vivimos los horrores de la inestabilidad. Déficits incontrolados, inflación desbocada, devaluaciones, populismo galopante, un infierno. Como siempre los que más sufrieron fueron los más pobres que vieron cómo sus salarios se deterioraban casi día a día. La posibilidad de ahorrar desapareció, la prosperidad como anhelo se alejó, muchos patrimonios se desvanecieron. De allí que uno supondría a México vacunado contra el populismo. Absurdo, pero no es así.

Al país le tomó tres gestiones, -De la Madrid, Salinas y Zedillo- para retomar el camino del crecimiento. Ordenar las finanzas, construir un nuevo esquema de desarrollo más allá del omnipresente estatismo, abrir la economía con todos los traumas que eso implica, se llevó 18 años. Recordemos que buena parte de las reformas que hoy permiten cosecha las impulsaron los que -absurdo- hoy se consideran enemigos irreconciliables: el PRI y el PAN. Por supuesto que en el camino hubo muchas desviaciones y vergüenzas, pero al final del día la ruta era la correcta. La cosecha se empezó a anunciar al final de la gestión de Zedillo: los salarios reales volvieron a crecer; los reclamos laborales cayeron en picada; las tasas de interés se estabilizaron, los créditos aparecieron en el horizonte; los beneficios de las exportaciones producto del TLC por fin llegaron a millones de hogares; el consumo creció; el enlace de Solidaridad y Progresa mostró que una disminución de la miseria extrema era posible. Pero absurdo de nuevo, este grupo que consiguió parte de lo que se propuso, terminó dividido, peleado y en el peor de los desprestigios.

Fox llegó a la Presidencia con la propuesta de un cambio democrático que era necesario. Sin embargo su triunfo lo obtuvo, absurdo de nuevo, masacrando al único aliado de con el cuál podía continuar las reformas: el PRI. Con un discurso agresivo Fox agravó una auténtica persecución de los llamados “tecnócratas” que casualmente fueron los que recuperaron la estabilidad de la que él gozaría. Así de absurda puede ser la política. La derrota de 2000 hizo que también el PRI se volviera contra algunos de sus mejores hombres –“tecnócratas”- y los marginara groseramente. Los constructores de lo que hoy gozamos fueron y son todavía parias. Sin embargo Fox, en los hechos, tuvo un acierto, darle continuidad a esas políticas implementadas por los “tecnócratas” que tan útil le fue criticar. Absurdo pero muchos de los logros de este sexenio se dan por una continuidad vergonzante en quienes debían reivindicar sus triunfos. Muy absurdo.

Llegamos al sexto año de Fox con un crecimiento magro resultado de la ausencia de reformas que debieron haber impulsado el PAN con el PRI. A pesar de ello la cosecha de las anteriores reformas y políticas que el PRI y el PAN impulsaron es patente y cotidiana. ¡Pero ellos no la saben vender! Los salarios reales crecen desde hace ocho años; el consumo se ha incrementado de manera significativa; más allá de la cantidad, hoy los mexicanos tenemos -como resultado de la apertura- muchas más opciones. Gracias a que las tan despreciadas variables macro económicas están encauzadas, los créditos se reactivan; las acciones en vivienda llegan a 15 millones de mexicanos; cientos de miles de coches nuevos circulan por las calles y, quizá lo más importante, cinco millones de familias de pobreza extrema han mejorado su situación. Por supuesto que el camino es largo pero hoy como nunca los riesgos del populismo deberían ser evidentes para los mexicanos. Se trata de un trauma propio que sangró al país. Absurdo pero pareciera que no es así.

Lentamente los impulsos reformadores de la apertura, del TLC y del tratado con la Unión Europea etc. se acaban. ¿Quién impulsará el nuevo capítulo modernizador? El PRI que hoy podría engallarse con las medidas que impulsó, se desgarra y pierde rumbo. El PAN que debería ser capaz de cosechar se obsesiona con temas que a muy pocos llegan y sigue el pleito con su aliado natural. Fox que tanto criticó al populismo, desbroza el camino para su regreso. Porque en la confusión de esta compleja trama -absurdo de absurdos- el beneficiado es un discurso populista que nadie detiene. Pareciera que un cuarto de siglo ha sido suficiente para borrar la conciencia histórica.

Cegados por el enredo muchos electores ya no saben quién es quién y qué defienden. Los parlamentos ocultan en lugar de aclarar. El PAN contra el PRI y viceversa y todos contra los modernizadores. ¡Genial! Resultado, de seguir así de nuevo seremos hijos del absurdo.

Friday, March 24, 2006

Que Chávez diga lo que quiera - Jorge Fernandez Menendez

RAZONES
Que Chávez diga lo que quiera

JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

Lo que servía para José María Aznar me imagino que debería ser útil en el caso del presidente venezolano Hugo Chávez: pensar que en un mundo globalizado, donde podemos conocer las noticias de cualquier parte del mundo prácticamente en tiempo real, ningún extranjero se va a entrometer, opinar, sobre la política mexicana, es una tontería. Opinan sobre México en el extranjero los políticos, los medios, los empresarios, los religiosos, y nosotros opinamos sobre lo que sucede en cualquier parte del mundo, y así debe ser. ¿Por qué entonces rasgarse las vestiduras y envolverse en la bandera si Aznar dice que espera que Calderón gane las elecciones o si Chávez asegura, en un capítulo más de su paranoia intervencionista, que el incluirlo en un spot electoral es parte de la campaña de “la derecha mexicana” para evitar el triunfo electoral de López Obrador?.

Los problemas con Chávez son otros. Puede declarar lo que sea sobre México y sus elecciones (aunque en su caso se trata de un Mandatario y no de un ciudadano cualquiera y, por ello, sus declaraciones pueden tener una repercusión oficial que, por ejemplo, las de Aznar no tendrían), pero lo que no puede hacer es intervenir. Y allí el tema no son los círculos bolivarianos, conformados por agrupaciones que en el mejor de los casos operan en el límite de la legalidad y que aparentemente son financiados por el Gobierno venezolano. No se trata de meras suposiciones: apoyado por los recursos petroleros, el gobierno de Chávez ha intervenido abierta o solapadamente, en las elecciones argentinas, en las brasileñas, en las uruguayas, en forma notable en el apoyo a Evo Morales en Bolivia (tanto que la gira que realizó Morales como presidente electo la hizo en el avión presidencial del venezolano) y lo está haciendo en la campaña de Ollanta Humala en Perú. Mantiene una fuerte disputa con Colombia porque funcionarios venezolanos han apoyado y permitido la presencia de campamentos de las FARC en la zona fronteriza entre los dos países y, en relación con ello, éstos están utilizando la costa de Venezuela para enviar drogas a México y Europa. Incluso dirigentes de los FARC han utilizado documentación venezolana para moverse por el mundo. Al mismo tiempo, Chávez invitó al nuevo Mandatario iraní, Mahmud Ahmadineyad a su país y es uno de los pocos gobernantes del mundo que le ha brindado su apoyo al programa nuclear iraní, condenado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

En su escalada con el Gobierno estadounidense, Chávez ha suspendido la colaboración antidrogas con Washington, después expulsó a todos los representantes de la DEA, más tarde al agregado naval de la Embajada estadounidense y finalmente anunció que prohibiría los vuelos de las aerolíneas de ese país. Todo ello en un contexto en el cual Chávez asegura, un día sí y el otro también, que existen complots de la Casa Blanca en su contra, que van desde intentos de asesinato hasta golpes de E stado. En este sentido, que califique a “la derecha mexicana” como parte de ese complot internacional sí constituye un acto intervencionista y resulta alarmante.

La información existente sobre los círculos bolivarianos o acciones como el “convenio” que firmó el edil de Carrillo Puerto en Quintana Roo, para atender pacientes con problemas oftalmológicos en Caracas (una vez al mes se llevarán en avión a los pacientes que requieran alguna operación en los ojos a Caracas para que allí sean intervenidos y regresados semanas después a México: un absurdo, un despilfarro, cuando sin duda los servicios de salud en nuestro país tienen muchas deficiencias pero son mucho mejores, o por lo menos tan buenos, como los venezolanos) son los temas que deberían estar en el centro de atención de autoridades y legisladores, no el que Chávez declare a favor o en contra de un candidato. Lo preocupante es que, una vez más, no pase nada: que la Cancillería no intervenga ante la firma de “convenios internacionales” de un municipio con un gobierno extranjero; que la PGR no investigue las denuncias presentadas sobre el financiamiento del Gobierno venezolano a los círculos bolivarianos; que sólo haya un acta circunstanciada y no una indagatoria de la denuncia sobre la venta de armas venezolanas a grupos guerrilleros en México. Hugo Chávez es un factor de desestabilización en la región y lo seguirá siendo mientras cuente con recursos para ellos gracias a los altos precios del petróleo: lo será además porque el suyo es un gobierno militar y autoritario, arropado en una escenografía civil y democrática. Lo que opine de las elecciones mexicanas es lo de menos.

Vinculos Peligrosos - Raymundo Riva Palacio

Vínculos peligrosos

Por supuesto, no ha sido en balde que el candidato presidencial puntero Andrés Manuel López Obrador sea quisquilloso cuando le preguntan sobre el apoyo del presidente venezolano Hugo Chávez, quien se ha vuelto un elemento incómodo para el perredista y le empieza a causar problemas. El respaldo de Chávez al defender a López Obrador y atacar al PAN por un spot de televisión donde los compara, no va solo, lamentablemente para el tabasqueño, que con sus silencios empieza a avalar lo que los amigos del venezolano hacen en México, en terrenos tan escabrosos que van desde ataques a la libertad de expresión e injerencia en procesos electorales, hasta problemas de otra índole como vinculaciones con la narcoguerrilla.

Los venezolanos en México están desatados. Su capítulo local de la Coordinadora Continental Bolivariana quiere intimidar a medios y periodistas, como recientemente lo intentaron con el diario Crónica, a cuyos trabajadores filmaron como lo suelen hacer los aparatos de seguridad de los estados. La CCB es un paraguas de 20 organizaciones en el mundo que huelen a rancio, como las corrientes trotskistas españolas y las comunistas turcas, o de alto riesgo, como las Fuerzas Armadas Revolucionarias Comunistas de Colombia, conocidas por su acrónimo FARC. En el mitin en Crónica, donde se distribuyó propaganda de las FARC, la logística la arregló el Frente Francisco Villa, uno de los grupos clientelares más violentos del PRD en el Distrito Federal, y que siempre aparecen en los linderos de la ilegalidad.

Las FARC mantuvieron durante largo tiempo una representación oficial en México, hasta que fueron expulsados por el gobierno de Ernesto Zedillo. Mucho tiempo ha pasado desde entonces, pues esa vieja guerrilla que luchó contra la oligarquía de su país, se comenzó a vincular cada vez más con el narcotráfico, terminando por hacer de éste una forma de vida y transitando hacia el concepto nada romántico de la narcoguerrilla. Las FARC controlan plantíos de coca y tienen laboratorios de producción de droga en parte del 40% de superficie territorial que controlan en su país, y de ahí, como delincuencia organizada, establecieron relaciones de negocios con algunos cárteles de la droga, como en su momento el de Tijuana, y hoy en día, se sospecha, con el de Joaquín El Chapo Guzmán. Esta vinculación, por supuesto, no tiene que ver con López Obrador.

Sin embargo, hay cosas que tendría que aclarar y explicar públicamente, o cuando menos deslindarse, cómo por ejemplo que el único punto en el territorio mexicano donde llega cocaína colombiana por aire se encuentra en Tabasco, en la zona de Macuspana, de donde es él y gobierna su hermano. De acuerdo con un documento secreto de la DEA fechado en septiembre de 2005 y que revisa los cargamentos por aire de cocaína colombiana, sólo hay tres puntos en el norte del hemisferio a donde aterrizan los aviones narcos: Haití y República Dominicana, de donde se va a los mercados europeos, y Tabasco, de donde se transporta a Estados Unidos. La cocaína colombiana, según el mismo reporte, también llega por mar, a Quintana Roo, y a Chiapas y Guerrero, donde ha venido aumentando su control el cártel de Sinaloa.

Las FARC no sólo forman parte de la CCB, sino que como ésta, reciben apoyo del gobierno de Chávez. Varios de los diferendos que ha tenido con el presidente colombiano Álvaro Uribe, y que en algunos momentos han estado a punto de desembocar en una guerra, se debe al apoyo de armas, dinero y refugio en tierras venezolanas que le ha dado a las FARC. Coincidente con este reforzamiento de su relación con la narcoguerrilla colombiana, Venezuela se ha convertido en otro punto de embarque de cocaína para Estados Unidos, teniendo a México como un trampolín, con algunos generales en la administración chavista involucrados en el tráfico de las drogas. Desde el año pasado los aparatos de seguridad mexicano tienen identificados a algunos de esos generales, pero han preferido todavía no revelar sus nombres. En cambio, desde que la retórica de Chávez se elevó este año en contra de Fox, comenzaron a informar sobre decomisos de droga procedente de Venezuela.

A López Obrador le va a calentar esta relación si no hace algo pronto al respecto. Aunque sistemáticamente lo niegan sus cercanos, personal adscrito a él cuando gobernaba el Distrito Federal arregló la compra de un lote de armas en Venezuela para entregárselo al EPR, entrando el cargamento por Chiapas. El EPR, a diferencia de las FARC, no está financiando su lucha armada con ingresos provenientes del narcotráfico, aunque se han detectado algunas células en Oaxaca realizándolo. López Obrador no tuvo un mayor problema en ese momento con el gobierno, primero porque el contexto del desafuero lo hacía políticamente inconveniente, pero sobre todo porque el lote era muy pequeño y la información que tenían los servicios de inteligencia militares era que el perredista no estaba involucrado en esa operación. Esto, sin embargo, no lo vacuna.

La cercanía de Chávez se calienta. Los servicios de seguridad mexicanos saben de operaciones de inteligencia que están haciendo los chavistas en México y empiezan a identificar las organizaciones por donde está entrando el dinero de Caracas. ¿Cuánto más tardará en estallar un conflicto con Venezuela por su injerencia en asuntos internos mexicanos? Imposible saberlo. Ya ha habido forcejeos en el gabinete foxista por el tema, pero no se decide nada porque no quieren salir con información donde no puedan dar a conocer de dónde viene, como sucedió hace no mucho con Cuba. Lo que sí se puede ver es que esa vinculación lopezobradorista con Chávez está teniendo un costo político, cada vez más alto, aunque para fortuna del candidato, aún no se traslada al electorado.

Monday, March 20, 2006

En el Camino - Ricardo Aleman

En el camino

Quién lo diría. El Gobierno del Distrito Federal, el mismo que se dice de izquierda, es el impulsor de uno de los más groseros programas oficiales de promoción del voto a favor de Andrés Manuel López Obrador, con dinero público. El pasado fin de semana, con un despliegue propagandístico digno de los más rancios tiempos del PRI, se llevaron a cabo miles de “asambleas ciudadanas” en las que se asignaron viviendas, apoyos a adultos mayores, desempleados, personas con discapacidad y en condiciones de pobreza y vulnerabilidad. Todo con el lema de campaña de López Obrador, y a un costo de miles de millones de pesos.

No se cuestiona la política social del gobierno de Alejandro Encinas, lo cual, por cierto, es una responsabilidad fundamental de todo gobierno, sino el grosero uso electorero de esa política social. Pudimos ver que en una asamblea, la realizada el pasado 18 de marzo en San Pedro Mártir —que es la unidad territorial 12-030-1—, más que una asamblea ciudadana lo que se llevó a cabo fue un mitin proselitista a favor de López Obrador. Y claro, la “zanahoria” era el dinero público destinado a la compra de votos.

Quién lo diría. ¿Qué no era eso lo que por décadas cuestionó el hasta hace poco congruente militante de la vieja izquierda mexicana, desde el PCM hasta el PRD, Alejandro Encinas? El poder los hace iguales. ¿O no?

Respeto - Jesus Silva Herzog

Respeto


JESÚS SILVA HERZOG MÁRQUEZ

Cállese, señor presidente. Con todo respeto. La frase contiene el presente y el futuro. La personalidad entera en una frase. Contiene este instante y lo que viene. López Obrador en una nez. El gruñido revela el olfato del candidato puntero: su pleito ya no es con sus adversarios formales sino con su antecesor. Al elegir al presidente Fox como el blanco de sus invectivas, desaira a los candidatos de Acción Nacional y del PRI. A ellos no les dirige ni la mirada. No pierde el tiempo comentando sus propuestas o respondiendo a sus críticas. La combustión polémica no puede producirse en su enfrentamiento con los adversarios; se produce sólo al hacer fricción contra el Presidente. Tal parece que la contienda electoral se ha quedado sin la emoción de la incertidumbre. Andrés Manuel López Obrador pasea anticipando su triunfo. Con la soberbia del iluminado escoge su pleito hacia el pasado, para seguir despreciando a quienes tiene a un lado o, más bien, debajo.

Igualmente revelador son la simulada cortesía del apelativo y la farsa del respeto. Es la intolerancia de quien pretende imponer silencio disfrazándola de buenas maneras. Púdrase, su excelencia, con todo respeto. Ilustrísimos, váyanse amablemente al infierno. El candidato perredista grita para callar a quien está en desacuerdo con él. Esa es su idea del debate público. Si no me aplaudes, cállate la boca. Revelación clara de sus impulsos, fotografía de su talante, adelanto de sus reflejos más elementales. A obedecer o a callar. Esa es la divisa de Andrés Manuel López Obrador. No se trata de un arrebato. Quien se ve a sí mismo como un indestructible, el iluminado farol de nuestra esperanza ha reaccionado siempre de la misma manera cuando ha confrontado la crítica: con el desdén de su silencio o con la intimidación de la mordaza.

Nada me parecería más intimidante que recibir de López Obrador las consideraciones de su “respeto.” Curiosa manera de emplear la palabra. ¿A quién ha entregado ese regalo del respeto? A todos quienes han osado cuestionarlo. No han sido únicamente los emisarios del innombrable o los enviados de la ultraderecha. El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, por ejemplo. Cuando se atrevió a mostrar los vacíos de su “proyecto alternativo de nación” recibió de parte del inspirado ese mensaje: “respeto al ingeniero.” Acto seguido ignoró todas las críticas. En lugar de atender los cuestionamientos para reconsiderar su proyecto o para justificar sus ideas, simplemente dijo: yo lo respeto. Y con ello envolvió a Cárdenas en el desprecio más absoluto. Idéntica reacción con el subcomandante Marcos. Frente a las denuncias del guerrillero, López Obrador respondió con la acostumbrada fórmula de su desdén: respeto al movimiento zapatista—es decir, me importa un bledo lo que digan. En el lenguaje lopezobradorista la palabra respeto significa desprecio de los amigos o insulto a los adversarios. Cuidémonos de su respeto.

López Obrador respeta la libertad de expresión. Pero en su cerebro existe una prensa digna—es decir la que es servil a su causa—y prensa vendida—la que tiene la indecencia antipatriótica de cuestionarlo. ¿Qué sucedió cuando un periódico mostró una encuesta incómoda? El muy respetuoso se lanzó contra el diario de la ultraderecha que había “truqueado” los resultados para golpearlo. En su horizonte no hay hombre honesto que pueda dudar de él. Quienes desconfían del profeta son agentes del diablo. También conocemos que López Obrador respeta la independencia de los poderes. Pero ¿qué pasa si una mayoría parlamentaria decide contradecir la iniciativa del político?, ¿Cómo reacciona este hombre si un juez se atreve a dictar una resolución “injusta”, según este devoto de su propia causa? Atropella al congreso y desatiende la decisión de los jueces. Eso sí, muy respetuosamente. No se puede aceptar la división de poderes, dijo alguna vez si eso va en contra de las propias convicciones. López Obrador respeta las organizaciones de la sociedad civil. Pero, ¿cómo actúa frentre a un grupo de ciudadanos que se organiza con independencia de sus clientelas? ¿Qué pasa si esa organización no llega a ser cooptada por sus tentáculos neopriístas? Con todo respeto, se lanza a denunciar el movimiento como una conspiración de los vampiros de la burguesía y los verdaderos delincuentes. Sólo las multitudes que lo vitorean merecen su saludo. El candidato perredista asegura respetar la autonomía del Banco de México. Respeto al Banco Central, le dice a sus auditorios, si es que conviene. Pero el gobernador de esa institución recibe a cada oportunidad una andanada de agresiones que no tienen más propósito que debilitar la autonomía del Banco o de precipitar la dimisión de su titular. Respeto al Banco, pero me empeño en decapitarlo. Con idéntico respeto ha tratado don Andrés al resto de las instituciones autónomas. Intimidándolas, agrediéndolas sistemáticamente, acorralándolas. Situándolas siempre en el lado contrario de la justicia y la verdad que él, sólo él, encarna.

El obsesivo uso de la palabra respeto pretende tapar la intolerancia vertebral de este hombre. Lejos de ocultar su fanatismo, la palabra subraya aquello de que carece López Obrador: consideración por quien piensa distinto a él. Si hoy calla al Presidente, ¿a quién silenciará cuando ejerza el poder? Si hoy desprecia a quienes lo critican dentro de su partido, ¿a quién humillará cuando disponga de los instrumentos de la Presidencia? Un mafioso se justifica ante su blanco antes de descargar su pistola: “no es nada personal.” López Obrador, el antiliberal más poderoso de las últimas décadas hace lo mismo frente a las núcleos de autonomía: los hostiga respetuosamente.

La Soberbia de AMLO - Caton

Rosibel, la secretaria, se iba a casar. Le dice a su jefe, don Algón: “Me dio usted vacaciones a partir del miércoles para mi viaje de luna de miel, pero voy a coger desde el lunes”. Responde don Algón: “Hágalo, si está muy urgida, pero no deje de venir a trabajar”...

“¡Cállese!”. Si eso le dice López Obrador al Presidente ahora que es simple candidato, habrá que pensar qué nos dirá a nosotros, simples ciudadanos, si llega a Presidente. Con prepotencia actúa el perredista fiado en la ventaja que las encuestas le conceden. Si, en efecto, llega a la Presidencia, esa soberbia se multiplicará y no reconocerá freno ni límite. Ya actúa AMLO como un Júpiter Tonante: decreta ucases a la manera de los zares; imparte órdenes; fulmina amenazas, regaña a diestra y a siniestra. Su traza y su talante son los de un reyezuelo que siente ya en sus manos el poder y comienza a ejercitarlo aun antes de tenerlo. El poco saber de su clientela electoral le permite eso: cuando sus partidarios oyen decir que López Obrador es populista, piensan que ser tal cosa es gran virtud, y que la palabra es un elogio, como aquel que se oyó llamar “hipopótamo” y no reclamó sino hasta el día que vio un hipopótamo en el zoo. Hemos tildado a Fox de débil. Si López Obrador llega al poder -lo hará si los electores no analizan bien su personalidad antes de votar por él- estaremos en trance de extrañar las limitaciones y contención del Presidente actual, pues las compararemos con la tendencia a abusar del poder que ya mostró AMLO como gobernante del DF y que muy posiblemente multiplicaría como Presidente de México...

En la antesala del pediatra un niño lloraba desconsoladamente. Pepito le pregunta: “¿Por qué lloras?”. Dice el niñito entre sus lágrimas: “Vine a que me hicieran una prueba de sangre, y el doctor me cortó el dedo”. Al oír aquello Pepito rompe en desesperado llanto. “¿Por qué lloras ahora tú?” -le pregunta el otro niño. Responde Pepito con angustia: “¡Es que yo vengo a una prueba de orina!”..

Tuesday, March 14, 2006

Merecimientos - Guillermo Ortega

Merecimientos
( Guillermo Ortega )
( 2006-03-14 )

http://www.cronica.com.mx/nota.php?idc=231034

Piel sensible
El contenido del mensaje pronunciado por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari en el Massachusetts Institute of Technology, ha sido un tema muy comentado en los últimos días. Sobre todo llamó la atención la alta sensibilidad de piel con que han sido equipados algunos políticos mexicanos, concretamente militantes del Partido de la Revolución Democrática, constituido hoy, según ellos, en el último baluarte de la heroica izquierda mexicana. Aunque Salinas de Gortari no mencionó en su discurso a personas ni a países, y aunque tampoco es México el único país en el que habrá elecciones este año, en las que participan o lo harán organizaciones que se autodenominan de izquierda, la furibunda reacción no tardó nada en producirse. Casi tan rápido como el imprudente e impaciente conductor del automóvil de atrás, que más tarda en distinguir el amarillo del semáforo de la transversal que vamos a cruzar, que su claxon en comenzar a sonar exigiéndonos que avancemos, así surgió la respuesta a una supuesta referencia directa que aparentemente ofendió al candidato presidencial perredista. Salinas advirtió, como lo han hecho muchos otros politólogos, economistas y analistas internacionales, acerca del riesgo de que las fracciones radicales de las corrientes izquierdistas de América Latina utilicen las herramientas de la democracia que los coloca en el poder, para acabar con esa misma democracia. El ex presidente se refería seguramente a las fracciones de lo que podría llamarse la izquierda vociferante, aquella que no escucha más razones que las propias, la que no entiende —o se niega a entender— más argumentos que los que ella esgrime, la que no respeta a las instituciones, ni tampoco a la ley y desprecia a los responsables de aplicarla, especialmente cuando no permite sus caprichos y deseos ¿Le suena conocido el asunto al lector este panorama? Pues si, no se equivoca, quienes vivimos en la ciudad de México ya padecimos una buena dosis de todo esto a lo largo de los últimos ocho años, y muy especialmente, durante los últimos cinco, bajo la administración de Andrés López y el encargado de continuarla Alejandro Encinas. Dice el dicho popular que la verdad es como el excremento de perico: no huele, nada más ofende, y es cierto: López y su camarilla de incondicionales no necesitaron escuchar sus nombres mencionados por “el innombrable”, la sola mención de cuestiones tan identificadas con sus hechos fue suficiente para provocar su vociferante reacción. Ahora Salinas además de “innombrable” se hizo acreedor al nombramiento de “chachalaca”. Andrés López, además, debería reconocerlo como experto sastre: sin tomarle siquiera medidas le hizo un saco que le quedó exacto.

Populismo hablado
Es importante resaltar el bajísimo nivel al que ha caído la política nacional. Ya en las campañas de la pasada elección presidencial del 2000, hubo una sensible baja, no en las propuestas-promesas, que continúan siendo las mismas, sino en el nivel de preparación de los suspirantes que llevó no sólo al incremento de las descalificaciones entre ellos, sino también al uso del lenguaje que cayó hace seis años, más allá de lo coloquial, en lo popular, y podríamos decir que hasta en lo campirano. Sin embargo, ahora ha ido todavía más al fondo, pasando aparentemente de lo popular a lo populista, de manera que de las víboras prietas y las tepocatas, se ha caído en llamar “chachalacas” a todos aquellos cuyas voces se pretende descalificar. Y no es que se trate de una mala palabra, sino más bien del efecto que se pretende conseguir con su uso, que es entretener y distraer a una audiencia que se supone que está ahí para escuchar propuestas, para conocer qué hará quien le está pidiendo su voto para solucionar los problemas que la aquejan, pero aparentemente la cultura del acarreo fue bien aprendida y la gente que va lo hace precisamente para recibir lo que le prometieron por asistir: pan y circo.

¿Sabiduría popular?
Circula por internet una reflexión interesante bajo el título: “2006, 1ª parte”. Se basa en una premisa: aunque se habla mucho de “la sabiduría de los pueblos”, en el caso del nuestro eso no existe, nuestro pueblo, dice, es más bien ignorante, y partiendo de ahí se lanza a hacer un recordatorio de todo aquello por lo que han pasado los mexicanos a lo largo algunos de los sexenios recientes. Sin que estemos de acuerdo con todas las particularidades de lo que ahí se plantea, si creemos que en lo general vale la pena recordar los dolorosos episodios de nuestra historia que se narran en ese documento. No creemos sin embargo, que vaya a servir de mucho. Casi al tiempo de recibir la reflexión, comentábamos también con algunos amigos acerca de los peligros que conlleva la posibilidad de que gane la elección un gobernante populista, y en algo coincidimos: quienes están dispuestos a votar por un candidato de esas características no entienden razones, de nada sirve buscar mecanismos para convencerlos de que el agua que muestran los espejismos no quita la sed, simplemente porque no existe, es pura ilusión. Hay algo, sin embargo, que la sabiduría popular si señala con verdad: los pueblos tienen los gobiernos que merecen.

El espantachambas en el Distrito Federal - Jorge Lara

El espantachambas en el Distrito Federal
( Jorge Lara Rivera )
( 2006-03-14 )


Como jefe de Gobierno en el DF, López Obrador rompió récords como espantachambas.
De acuerdo a los datos del INEGI, el DF es la entidad con el mayor número de jóvenes desempleados en el país.
De hecho, las cifras de 2004 en relación con los años 2001, 2002 y 2003 acusan un aumento paulatino del desempleo de los jóvenes de 14 a 34 años.
Pongamos algunos ejemplos. Mientras que en 2001 los jóvenes ubicados entre los 20 y 24 años en desempleo abierto en la capital representaban al 5.5 por ciento, para el 2004 ese porcentaje se elevó hasta el 9.8. La cifra nacional de 2004 fue de 6.2.
Para los ubicados en el rango de los 25 a 34 años, edades críticas si se consideran las responsabilidades familiares que se adquieren en esa época de la vida, la tasa de desempleo abierto en el 2001 fue de 3.1 por ciento, mientras que para el 2004 esa cifra subió a niveles de 4.7 por ciento. Para el país el porcentaje en 2004 fue 3.1.
Desde luego que para el grupo de edad que se reporta no hay estado que tenga mayores niveles de desempleo. Lo anterior es una aberración económica que respalda lo aseverado por Felipe Calderón en el sentido de que López Obrador ahuyenta inversiones, desperdicia ventajas comparativas y genera desempleo y pobreza. La ecuación es simple, a mayor pobreza generada desde el gobierno, mayor es el índice de control y dependencia política a los que son tan afectos López Obrador y su equipo de visionarios.
En el dato que refiere desempleo en 2004 del grupo de edad que va de los 25 a los 34 años y que ubica a la capital de la República en el 4.7 por ciento le siguen Coahuila con 4.5 por ciento, y Tlaxcala y Veracruz con 4.3 puntos cada uno de ellos.
Los estados con menor índice de desempleados en este rubro son Baja California con 1.1 por ciento, Guerrero con 1.3, Quintana Roo y San Luis Potosí con 2.1 puntos respectivamente.
Todo lo anterior habla de lo que pasaría si López se hace de la Presidencia. Los jóvenes se verían condenados al desempleo y al ambulantaje. Según cifras de la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño, durante estos cinco años de gobierno amlista en la ciudad el ambulantaje ha crecido de cien mil a quinientos mil. ¡Vaya progreso al que nos quieren llevar los apologistas del tabasqueño!

Monday, March 13, 2006

Tacticas de Guerra - Pablo Hiriart

Tácticas de Guerra
( Pablo Hiriart )
( 2006-03-13 )

Madrazo y Calderón, al parecer, comienzan a despertar.

Después de tanto tiempo desperdiciado en conflictos internos y en propaganda insulsa, hay señales de que ya se dieron cuenta de cómo vienen las cosas.

Las elecciones son el 2 de julio, pero esto se acaba casi un mes antes, con el inicio del mundial de futbol.

Enfrente tienen a un candidato, López Obrador, y a un partido, el PRD, que no están en una elección, sino en una guerra.

Hay que reconocerlo, porque así lo han manifestado sus más conspicuos aliados: ellos están en guerra.
Para el PRD y sobre todo para su candidato a la Presidencia, es ahora o nunca para lanzarse sobre Palacio Nacional. De preferencia con base en votos, pero si no, igual van a ir adelante.

Las señales son abundantes de que se preparan en dos frentes: en el legal de los comicios, y en el de la calle y las movilizaciones desestabilizadoras.

Para el PRI y para el PAN tampoco hay mañana, porque así se lo han planteado el PRD y su candidato.

Les han declarado la guerra. Y en las guerras hay triunfadores y perdedores.

Un triunfo de López Obrador es el fin de la alternancia. La instauración del “referéndum revocatorio” del mandato también sirve para ratificarlo y prolongarlo, como Chávez en Venezuela.

El PRI no aguanta una persecución en forma como es la que se viene con López Obrador, acompañada de coptación de cuadros que se quieran purificar pasándose a las filas del lopezobradorismo.

Madrazo tiene razón, un triunfo de López Obrador es el fin del PRI. No debió decirlo el candidato, pero eso es otra cosa.

Y el PAN tampoco resiste una embestida desde el poder a la manera en que lo insinúa López Obrador contra los banqueros y “los de arriba”.

Para los panistas un triunfo de López es volver a vivir arrinconado, con votaciones marginales como las que tenían hasta el gobierno de Miguel de la Madrid.

Un triunfo de López Obrador es el fin de la división de poderes como la que de manera incipiente e imperfecta tenemos.

¿Cómo trató López Obrador al Poder Legislativo durante su gobierno en el DF?

A la Asamblea capitalina la sometió con su partido. Ahí los “representantes populares” hacían la voluntad de López Obrador y ninguna otra.

A su partido, el PRD, le hizo pasar la vergüenza de echar para atrás leyes que sus asambleístas habían promovido y aprobado.

Al Congreso federal lo trajo a patadas.

Cada vez que la Comisión Permanente aprobó por mayoría un punto de acuerdo que lo exhortaba a apegarse a las leyes, contestó desafiante: “A mí esos puntos de acuerdo me hacen lo que el viento a Juárez”.

Y cuando la Cámara de Diputados discutía una reforma en materia educativa que no le gustó nada a López Obrador, su subsecretario de Gobierno, Martí Batres, organizó con la diputada Dolores Padierna la toma violenta de San Lázaro.

Al Poder Judicial lo insultó hasta cansarse.

Al Presidente de la Suprema Corte lo hostigó, lo calumnió y acusó de todo lo que le quiso. A los jueces y magistrados no los bajó de corruptos que actuaban con línea en contra suya.

A los medios de comunicación no les fue mejor cuando se publicaron cosas que no eran de su agrado.

Llamó a boicotear la línea editorial de Crónica.

Usó la publicidad como elemento de cooptación y de chantaje.

Insultó a otros medios de comunicación que publicaron encuestas que no eran de su agrado.

Así trató López Obrador a los poderes.

¿Cómo los va a tratar cuando tenga todo el poder?

¿Qué va a pasar con el país si gana López Obrador?

Pues eso va a pasar: será el fin de las instituciones y el resurgimiento del régimen de caudillos.
Con la economía, igual.

¿De dónde va a sacar López Obrador los 352 mil millones de pesos adicionales al presupuesto, que necesita para cumplir sus cinco ofertas básicas?

Va a optar por el gasto deficitario, porque no tiene de otra si no quiere hacer reformas.

Así lo hizo en el DF.

Para quienes han advertido del riesgo que implica la opción demagógica de López Obrador, va a ser muy triste escribir dentro de unos años que “teníamos razón”, o apuntar que “se los dije”.

Para el PRI y el PAN es ahora o nunca.

Tiene toda la razón Josefina Vázquez Mota cuando afirma que lo que está en juego no es un cambio de gobierno en Los Pinos, sino que está de por medio el destino del país por los próximos 40 años.

Por eso resulta alentador el cambio en la propaganda de Madrazo y en la de Calderón.

Directo a desenmascarar a López Obrador, que no quiere debatir.

Vamos a ver si al fin se percatan de que es absurdo que PRI y PAN se entrelacen en un pleito, pues sólo favorece a López Obrador.

Que no tiene caso pelearse por el segundo lugar.

Que si gana el PRI no desaparecen las instituciones.

Y si gana el PAN no desaparece el PRI ni se abolla la democracia.

Les guste o no, ha sido la confluencia de PRI y PAN la que ha logrado las reformas modernizadoras del país, y sólo entre esas dos fuerzas se van a poder dar las que faltan.

A ningún lado van a llegar Calderón con spots que hablan de sus manos limpias, de su familia y de su pasión por México.

Madrazo está en el limbo si cree que gana algo con gastarse su dinero en anuncios de que él sí puede hacer las cosas y que es buen corredor de fondo.

Es posible, y deseable, que ya se hayan dado cuenta que les declararon la guerra.

Y que López Obrador y su equipo actúan en consecuencia: en la guerra, para ellos, todo se vale.

Especialmente, en este caso, mentir.

Por eso dicen un día que Vázquez Mota es hipócrita y cínica al pasar de la Secretaría de Desarrollo Social a la coordinación de la campaña de Calderón. Y dos semanas después incorporan a la secretaria de Desarrollo Social del GDF a la campaña de López Obrador.

Por eso atacan al PRI y al PAN por corruptos, cuando el funcionario mejor pagado de la empresa constructora Quart era el secretario de Finanzas de López Obrador.

Por eso quieren que Fox no hable ni en discursos, pero Encinas invita a la gente a participar en los programas sociales, a través de volantes que llevan impreso el lema de la candidatura de López Obrador.

Por eso dicen que no tienen dinero, pero llevan cinco años en campaña financiándose con recursos públicos.

Por eso chantajean al IFE, y éste se dobla.

Por eso mantienen relación con el gobierno de Chávez, que alienta las células bolivarianas en México, que les van a servir si el resultado electoral no les es favorable.

Por eso promueven movilizaciones sindicales al punto de amenazar con un paro nacional.

¿O cuál es el motivo de la agitación de sindicatos, entonces?

¿La defensa de un dirigente minero con cuentas bancarias en tres continentes?

Claro que no. Napoleón Gómez Urrutia es sólo un pretexto. Un pretexto para mantener viva la llama de las movilizaciones y tensar el ambiente. “Calentar el brazo” para lo que viene, diría un beisbolista.

Tácticas de guerra, todas.

Van hacia Palacio Nacional por las buenas o por las malas.

Y a ver quién lo saca de ahí después de seis años.

Salvo que Madrazo y Calderón acaben de despertar. Parece que sí.

Wednesday, March 08, 2006

De Gallo a Gallina - Caton

http://www.am.com.mx/NotaOpinion.aspx?TIPO=NET&ID=2192&strPlaza=Leon

Sutil y galano arte es el de cabecear. Se debe decir mucho en pocas palabras; en un renglón o dos hay que sintetizar un texto largo. Aquel ciclón perdió su fuerza al chocar contra la Sierra Madre Oriental. Y un ingenioso redactor cabeceó la noticia: “El ciclón cedió en la Madre”. Pues bien: el otro día, en la Ciudad de México, vi un magnífico titular de periódico. Decía: “De gallo a gallina”. Aludía a López Obrador y a su negativa a participar en más de un debate con los demás candidatos a la Presidencia. Precisaba el texto: “De la arrogancia pasa AMLO a la cobardía”. En esas cortas frases hay sobra de verdad. El lema de López Obrador ha sido: “Honestidad valiente”. Pero cabe dudar de los dos términos. ¿Honestidad, y López Obrador fue candidato a jefe de Gobierno del DF sin llenar los requisitos de la ley? ¿Honestidad, y atribuyó ilegalmente, según su libre arbitrio, las obras de los segundos pisos sin licitarlas conforme a lo establecido por la normativa? ¿Honestidad, cuando ha sido el mayor enemigo de la transparencia en el uso de los dineros del erario, y ha maniobrado en cuantas formas ha podido para que no se puedan conocer sus manejos financieros en la administración del Distrito Federal? Y en cuanto a ser valiente ¿cómo rehuye ahora cuatro debates, si él mismo propuso que fueran 10 los que se realizaran? La verdad monda y lironda es que AMLO, impreparado como es, carece de conceptos. Su campaña se finca en frases huecas y en promesas que él mismo sabe de difícil o imposible cumplimiento. En esos debates quedaría en cueros, igual que el rey del cuento. No conoce la realidad de México, ni tiene idea de cómo afrontar su problemática. Las acciones que propone no resisten un análisis; sus programas son catálogo de lugares comunes y principios falsos. Capaz de seducir, AMLO no puede convencer. No tiene elementos de argumentación; en un diálogo con sus adversarios sus propuestas serían hechas polvo, por demagógicas e inviables. Por eso evade López Obrador los debates. Lo suyo no es la honestidad valiente, sino la deshonestidad medrosa...

Friday, March 03, 2006

Razones - Jorge Fernandez Menendez

3/MARZO/2006
RAZONES - JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ

En agosto del año pasado, el candidato presidencial de la alianza por el bien de todos, Andrés Manuel López Obrador, exigía públicamente “tres, cuatro, diez debates” organizados por el IFE para que todos los candidatos pudieran exponer sus posiciones y ello redujera el costo de las campañas electorales. Menos de un año después, no acepta participar en los cuatro debates que propone el IFE, dice que, quizás, participará en uno de ellos y que lo hará sólo si se aceptan sus condiciones y temario para el mismo. Antes proponía diez debates para hacer una campaña austera, ahora dice que sus adversarios quieren organizar cuatro debates para “romperle su ritmo de campaña” y que él debate con la gente en sus mítines (sic).

Hay algo más grave que ello: el propio López Obrador y sus colaboradores, se la han pasado insultando a sus adversarios porque cometieron el grave delito de exigir esos debates. Para López Obrador, que se demande un debate (como él lo hizo en agosto pasado) convierte a sus adversarios en “chachalacas” y les advierte que sí “les va a dar su debate”, pero sólo cuando “hagan campaña, porque hasta ahora no se han ni despeinado”. Su responsable de recaudación financiera, Federico Arreola escribió que no tiene sentido hacer debates presidenciales porque las encuestas demuestran que hay un candidato puntero, “de primera” (que es casualmente el suyo), otro “de segunda” y otro de “tercera”. En esta lógica, según Arreola, coincidiendo con López Obrador y su equipo, no tiene sentido realizar un debate, pero tampoco hubiera tenido sentido realizar reforma democrática alguna en nuestro país: hace veinte años la distancia entre el PRI y las incipientes oposiciones era tanta que no hubiera tenido sentido alguno abrir el sistema político. La lógica que está detrás de estos razonamientos es de un autoritarismo feroz: si creo que tengo mayoría, no tengo porqué debatir con mis adversarios u opositores. Y en esa misma lógica habría que pensar que el que gana el poder considera que se queda con todo. Nada más lejos de aquella vieja acepción de la democracia como el sistema donde el que gana no gana todo y el que pierde no pierde todo.

Es grave porque es allí donde se sustenta cualquier sistema democrático: pluralidad, equilibrios institucionales y la convicción de que, en última instancia nadie tiene la suma del poder público, independientemente de su popularidad transitoria o de los números electorales con los que haya llegado al poder.

La pregunta es obvia: si Andrés Manuel considera que no tiene que debatir con sus adversarios porque son “chachalacas”, porque no le gusta las campañas de esos adversarios o simplemente porque considera que tiene ventaja en las encuestas y no la quiere arriesgar, está en su derecho, pero ¿así gobernará?. Porque la actitud de no debatir no es nueva ni circunstancial: no quiso debatir en la elección de 2000 para el DF, hubo un solo y soso debate en aquella oportunidad. Tampoco quiso debatir con Cuauhtémoc Cárdenas ni sobre la candidatura perredista ni sobre el proyecto político del partido. Durante su gobierno en el DF nunca se reunió con los asambleístas de la oposición ni mucho menos debatió con ellos. En sus conferencias de prensa no acepta preguntas que lo incomoden y no ofrece entrevistas en donde pueda salir cuestionado. Quienes participan en sus equipos dicen que no acepta que se lo contradiga y que se le ofrezcan propuestas diferentes a las suyas. No acepta ir a reuniones con los empresarios porque los considera “empanizados” y dice que lo van a contradecir. Ahora tampoco acepta participar en debates con los otros candidatos. Olvida que la sociedad, por lo menos, quiere saber cómo realizará sus propuestas de gobierno. Que los empresarios quieren saber cuál es su programa económico para saber a qué atenerse en términos de planificación e inversión. Que los medios no están para complacerlo sino para informarle a la gente. Que el gobierno vertical puede ser eficiente en algunos casos pero irremediablemente termina convirtiéndose en autoritario. Y que esa concepción de verticalidad proviene del convencimiento de ser un “elegido”, alguien con capacidades morales superiores a las de los demás. ¿Para qué confrontarse con ellos entonces si el camino, inexorable, es el que el líder ya nos ha trazado?.

Lo preocupante es el estilo, la concepción de que para llegar y ejercer el poder no se debe atender el pensamiento, las ideas, las críticas, las opiniones de los otros. Ese es el verdadero sentido místico de la candidatura de López Obrador. Se apoya en esa lógica de que el poder no se comparte pero tampoco se acepta debatir sobre y con él.

Ello lleva a otras consideraciones. Por ejemplo, la no aceptación de la posibilidad de una auténtica diferencia con el líder. Las consecuencias de oponerse a su discurso o no compartir su política no puede provenir de causas legítimas, debe haber algo turbio detrás que impide que no se acepte la verdad universal o el pensamiento único que el líder impone. Normalmente, se trata de despreciar a los adversarios y a quienes opinan diferente. Pero, en ocasiones, ello no alcanza, entonces tiene que haber otras razones: la más socorrida es el dinero que “no quiere” al líder. Se inventan relaciones, patrocinios, intereses que nada tienen siquiera de verosímiles pero no importa, sirven para deslegitimar a los críticos.

El propio Federico Arreola en su reciente libro “La lucha de la gente contra el poder del dinero”, cumple con el papel de hacer una apología de su líder y de descalificar a sus adversarios porque están comprados por el “poder del dinero”. En mi caso, sostiene que comencé a criticar a López Obrador un par de años después de iniciado su gobierno en el DF, como consecuencias de “viejos agravios personales”. Alguna le vez le pregunté a Arreola cuáles eran esos agravios que un servidor tenía con López Obrador y no supo qué contestarme. En realidad, López Obrador nunca me ha agraviado: tuvimos durante varios años, sobre todo cuando fue presidente del PRD, una relación profesional fluida, jalonada con numerosas entrevistas para prensa, radio y televisión. Es más, cuando ganó la jefatura de gobierno del DF creo que la única entrevista que dio esa noche en su oficina de campaña fue con un servidor para un programa que teníamos entonces en MVS, llamado Punto de Partida. Cuando comenzó a gobernar iniciaron también las críticas a su gestión, simplemente porque no estaba, y no estoy, de acuerdo con su visión de las cosas, algo legítimo desde cualquier punto de vista en un país que presume de democrático. Y desde entonces se rompió cualquier comunicación con López Obrador, a pesar de que hicimos numerosos intentos por mantenerla en forma tan constante como respetuosa. No fue así, y López Obrador está en su derecho de plantearlo de esa manera. Pero yo no tengo agravios añejos ni nuevos con López Obrador ni creo que él tenga razón alguna para tenerlos conmigo. Lo que hay son diferencias de opinión entre un periodista y un político, como ocurre en miles de casos. Pero este político en particular considera que cualquiera que tenga diferencias con él no merece ser escuchado ni él perderá el tiempo en exponerle sus posiciones a ese o cualquier otro periodista que lo haya criticado. Y lo mismo se repite con los empresarios, con sus opositores políticos, con la sociedad en general.

En última instancia lo que exige López Obrador es fe en él y que sus fieles lo sigan aunque las claves de sus secretos jamás revele a los mismos. Es una concepción religiosa (y de una forma muy retrógrada de entender la religión) de la política y el poder, que se teñirá, inevitablemente, de un fuerte autoritarismo.

Wednesday, March 01, 2006

¿Dónde está AMLO? - Juan Molinar Horcasitas

Juan Molinar Horcasitas
01 de marzo de 2006

¿Dónde está AMLO?


A estas alturas de la campaña, ya no sabe uno cuál es el Andrés Manuel López Obrador verdadero y cuál es el fantoche. Sus constantes contradicciones me recuerdan un libro infantil que se llamaba ¿Dónde está Wally? En cada una de las páginas de ese extraño y abigarrado libro, de gran formato y mucho colorido, aparecían escenas muy divertidas formadas por decenas, quizá centenas de pequeñas figuras de un muñequito llamado Wally. Las escenas variaban, ilustrando muchos temas y el muñequito usaba variadísimos disfraces y asumía muchas posiciones, todas ellas más o menos relacionadas con el tema principal de la página. Pero en todas ellas, en algún lugar de la escena, estaba siempre el verdadero Wally, el original, vistiendo un trajecito de marinero, con camiseta a rayas y gorrita. El objetivo del libro-juego era que quien lo leía descubriera al verdadero Wally, sin dejarse engañar por todos los disfraces que usaba. Voy a ilustrar el cuento.

Desde hace años, López Obrador ha venido señalando al PRI como uno de los principales causantes de los problemas actuales. La mitad de las cosas que no funcionan en este país, según él, son culpa del PRI. De la otra mitad, luego hablamos. ¿Ese es el verdadero Wally? No, no se engañe. No podemos olvidar que él también es un ex priísta. Líder del partido en su estado. Feroz, que no fiel militante de ese partido que hoy denuesta tiro por viaje. ¿Cómo le hace López Obrador para conciliar esta evidente contradicción? De varias maneras, pero con la táctica Wally. Le explico.

Lo primero que hace López Obrador es rodearse de priístas para mimetizarse. Como hacen las cebras, como hace Wally. En el mismo equipo de Andrés Manuel López Obrador aparecen muchos priístas, como él mismo, por supuesto. La lista se la dejo a usted. Usted conoce a muchos de ellos. Esos priístas de ayer y de siempre, medio lo ocultan, como los muñequitos disfrazados de la página de Wally ocultan al verdadero Wally. Pero a fin de cuentas, el lector descubre al verdadero Wally, como el ciudadano termina descubriendo al priísta López Obrador. Por eso hay que usar otro truco. ¿Cuál es ese truco? El perdón mesiánico. ¿Qué es eso?

Quizá usted omitió una declaración chistosona de López Obrador, pero yo la recuerdo porque dice mucho de su carácter. En algún mitin en el que le metieron el punto de su priísmo, y de sus compañías, se escapó con una guasa: dijo que el "priísmo es un mal que se cura". ¿Y quién lo cura? Pues él, evidentemente. ¿Quién más? Así, pasa del mimetismo y del disfraz al mesianismo.

Su mesianismo, que ha aflorado muchas veces antes, como en la marcha que llamó "Éxodo", resurgió en la famosa entrevista que le hizo López-Dóriga. Y ahora ya sabemos que se la cree. Lo digo así porque la "cura del priísmo" es el perdón que sólo él otorga. Y no sólo cura el priísmo, sino que incluso perdona los más graves pecados. Y el más grave, según él, es el salinismo. Camacho, Ebrard, Monreal y muchos otros menos famosos lo rodean y lo ocultan. Como a Wally. ¿Cuál fue el método de cura? El deslinde. "Ya se deslindó", dice, para explicar por qué alguien que fue malo, malísimo, ahora es bueno. El deslinde, la confesión, la absolución, el perdón mesiánico, el mimetismo de Wally.

De hecho, la capacidad de cura mesiánica de López Obrador alcanza hasta para aquellos a quienes antes maldijo: este es el caso, por ejemplo, del actual rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, a quien mencionó como un posible miembro de su gabinete cuando años atrás le dijo lacayo de Zedillo.

El radical enemigo de la iniciativa privada, quien se niega a presentar sus ideas ante ellos porque son parte de un "complot", porque le "ponen emboscadas", también brinda el perdón si además de "deslindarse" le dan dinero. Entonces, dejan de ser traficantes de influencias, como los demás, según él, entonces pasan a ser empresarios honestos y democráticos. Los otros, los que no le rinden pleitesía, son "empresarios emPANizados y tramposos que defienden al PAN igual que antes defendieron al PRI"; y después (en Monterrey) hizo un llamado para que se unieran a su proyecto, manifestando que él no estaba contra los empresarios como los "adversarios" argumentaban.

Su magnanimidad no sólo alcanza, por cierto, para perdonar. También da para repartir, pero en secreto. Ejemplo: criticó a los empresarios "favorecidos" durante la gestión de Fox, cuando, durante su administración, los grandes beneficiados de los segundos pisos y demás obras fueron los propios constructores.

En otro caso de este constante mutar de posición, siempre disfrazado, llegó a decir que él no iba a recibir recursos del sector empresarial para no quedar "atado de manos" como le sucedió a Vicente Fox, y después "aclarar". Y después envió a su recaudador principal, Federico Arreola, a conversar en un par de ocasiones con el infame empresario poblano Kamel Nacif. Cuando surge el escándalo, ¿qué dijo? Absolvió, una vez más, con el manto de su generosidad. "Arreola es bueno", dice López Obrador. Tantán, ¿otra pregunta?

Otra reciente contradicción es el ataque que lanzó contra Josefina Vázquez Mota, presuntamente por utilizar la información de Sedesol para beneficio de la campaña de Felipe Calderón Hinojosa (cuando esa información es pública). Él, en cambio, no sólo utilizó su cargo como jefe de Gobierno para favorecer a ciertos grupos de interés, sino que también nombró a Martha Pérez Bejarano, secretaria de Desarrollo Social del GDF, como coordinadora de enlace con la sociedad civil, sin haber renunciado a su cargo. Luego lo niegan y de nuevo tantán.

En una dimensión particularmente grave, dice ser muy respetuoso de la libertad de expresión, al no ser "partidario del pensamiento único"; sin embargo, hemos advertido su autoritarismo, su soberbia (comparación con Jesucristo) y su escasa tolerancia a la confrontación de ideas. No ha habido un solo lugar en el que se le haya convocado al debate que no haya rehuido. Lo peor de todo es que sus seguidores justifican su autoritarismo y su negativa a participar en los debates que se requieren, es decir, que las "entrevistas mañaneras" son debates, que los mítines son debates. Para ocultar al verdadero Wally, se necesitan muchos Wallies. Aunque hayan sido enfermos curados (ex priístas, según él), lacayos, socios del mal (ex salinistas), etcétera.

Su mimetismo preocupa. Su mesianismo preocupa más. ¿Dónde está López Obrador? ¿Disfrazado entre sus muchos Wallies o elevado en su propio mesianismo? Averígüelo Pérez.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com

Diputado federal (PAN)

AMLO: Nuevo y viejo PRI - Ricardo Aleman

AMLO: nuevo y viejo PRI

NO es ninguna novedad argumentar que un eventual gobierno federal presidido por Andrés Manuel López Obrador significaría el regreso al viejo sistema político, pero con riesgo mayor, el de la inexistencia de los controles y contrapesos que mantenía el PRI. Tampoco es nuevo decir que son claras las tendencias autoritarias y mesiánicas del "caudillo". En todo caso, lo novedoso es que un intelectual como Enrique Krauze se atreva, de manera pública, al anterior diagnóstico.

¿Por qué novedoso? La pregunta viene a cuento porque, en efecto, en tertulias privadas y encuentros de sobremesa, no son pocos los intelectuales y periodistas mexicanos que desde hace mucho comparten el aserto, que un gobierno de López Obrador sería el regreso al viejo sistema político, y que debido al carácter autoritario y mesiánico del candidato presidencial, desaparecerían -como ya desaparecieron en el PRD- los contrapesos que existieron en el viejo PRI y que, a querer o no, se convirtieron en el factor clave para la sobrevivencia septuagenaria de ese partido y los gobiernos emanados de sus filas.

Lo curioso del asunto es que esas convicciones se expresan sólo en tertulias privadas y en encuentros cerrados, porque cuando se trata de expresarlas de manera pública son muy pocos, como el caso de Krauze, quienes se atreven a decirle pan, al pan, y vino, al vino. Más aún, cuando alguno de los reputados intelectuales mexicanos es llamado por el "caudillo", sea para colaborar en tal o cual grupo de diagnóstico, o en uno de los groseros acarreos proselitistas, son muy pocos los que se atreven a decirle "no". Presurosos acuden, se placean con López Obrador y se guardan, como momias, sus opiniones.

¿Por qué? Por una razón que parece elemental, aunque resulte repugnante. Porque la mayoría de los llamados intelectuales, mexicanos o de cualquier parte del mundo -sean escritores, filósofos, historiadores, pintores, escultores, catedráticos o simples opinadores-, desde siempre han sido parte de la "corte" del poder. Por eso, enemistarse con el "caudillo" y con el que pudiera ser el futuro presidente, criticarlo y hasta hacerlo responsable del mayor retroceso potencial para la democracia mexicana, sería para los intelectuales mexicanos lo más cercano al suicidio político, a la pérdida de brillo, prebendas y reconocimientos, por decir lo menos.

Salvo honrosas excepciones, cuántos de los intelectuales mexicanos han cuestionado el grosero acarreo al que ha recurrido el "caudillo" López Obrador en todas sus concentraciones masivas, por lo largo y lo ancho del país. Ese acarreo ha provocado ya varios accidentes y por lo menos la muerte de una persona. Ayer mismo, en la concentración multitudinaria en el zócalo capitalino, fue evidente el acarreo, por líderes de las tribus partidistas, a diputados y jefes delegacionales. Y por supuesto que muchos de los manifestantes acudieron por voluntad propia, porque creen en López Obrador, pero otros muchos fueron llevados al más puro estilo del viejo PRI.

Lo interesante del fenómeno es que muchos de los políticos, intelectuales y periodistas que ayer cuestionaban las prácticas corporativas del viejo PRI, por su fuerte contenido de antidemocracia y ofensa social, hoy prefieren cerrar la boca, llegan al extremo de negar lo evidente, y hasta lo justifican. Se niegan a reconocer que en torno a López Obrador, y a su candidatura presidencial, germina el regreso al viejo sistema político, el regreso a las groseras prácticas del PRI. La movilización de ayer domingo fue la mejor demostración. ¿Y qué dirán de ello muchos de los intelectuales que en corto advierten de ese riesgo, pero que en público callan o lo justifican? No dirán nada, porque prefieren el favor del poder, porque viven del poder, sea del color que sea.

El problema es mayor cuando se descubre que en efecto, como lo señaló Enrique Krauze, un eventual gobierno de López Obrador carecerá de los contrapesos internos que impidan el poder absoluto. ¿Por qué? Porque aún en la etapa de candidato presidencial, López Obrador ya pasó de ser un líder y candidato de partido, para convertirse en el "caudillo" de un movimiento político sin contrapesos. López Obrador ya sometió al PRD, a sus tribus y corrientes, ya impuso al presidente del partido, impuso su candidatura presidencial, impuso su programa, su proyecto, a sus colaboradores y operadores políticos. Y todo ello no tiene otro olor y otros colores que los del PRI. El dirigente del PRD, la estrategia y la táctica de campaña, el discurso, y los métodos para hacerla son los mismos que por décadas aplicó el PRI.

Una muestra formidable y aterradora de que el PRD y la izquierda institucional fueron "tragados" por el "caudillo", es la desesperada reacción de un sector del PRD que trata de reagruparse, sin romper con el "caudillo", para oponer un tenue contrapeso. El pasado viernes se anunció la creación de una nueva corriente interna del PRD. Se trata de un esfuerzo desesperado por impedir que el "caudillo" arrastre a lo que queda del partido al regreso al viejo sistema. Y es que en un eventual gobierno de López Obrador, el PRD no sería más que la moderna versión del PRI. Los diputados federales Pablo Gómez e Inti Muñoz, además del ex guerrillero Juan Guerra, encabezan una nueva corriente que se llama Movimiento por la Democracia. Se intenta, según se dijo, rescatar los valores y principios éticos de la política de izquierda -lo que supone que esos valores se han perdido-, y rechazar el clientelismo -como el que groseramente se expresó ayer domingo en el zócalo capitalino-, que según reconoció Pablo Gómez, "por desgracia caracteriza a muchas de las corrientes internas del PRD".

Está claro que la nueva tribu intenta recuperar espacios de poder, sobre todo puestos de elección popular, pero también es verdad que existe una clara preocupación por la cancelación de los contrapesos en torno al "caudillo" del PRD.

Y es que de la misma manera que el poder de López Obrador ha anulado la capacidad crítica de una buena parte de los intelectuales y los periodistas mexicanos -quienes por temor y conveniencia a perder privilegios prefieren ver pasar frente a sus ojos, sin chistar siquiera, el regreso al viejo sistema político-, entre los líderes, los políticos y los intelectuales del PRD también se ha producido una colonización por parte del probable poder futuro.

Ay de aquella tribu, de aquel político, de aquel gobernante o militante que se atreva a cuestionar al "caudillo", a oponerse a sus ocurrencias mesiánicas, porque estará frente a la muerte política. Si eso ocurre cuando López Obrador es el candidato, en efecto más aventajado en las encuestas, ¿qué se puede esperar si gana? No habrá contrapesos, el suyo será un poder absoluto, al estilo de los presidentes surgidos del PRI. Al tiempo.

En el camino

En Puebla, mientras tanto, organizaciones sociales y ciudadanos en general marcharon en protesta por el autoritarismo y el sometimiento del poder público a los intereses empresariales. En la llamada "marcha por la dignidad" exigieron la renuncia del góber precioso, Mario Marín. Se trató de una saludable demostración social, luego de que el gobernador recurrió al acarreo ofensivo de servidores públicos para demostrar que tiene el poder. El acarreo, otra vez.

aleman2@prodigy.net.mx