1. Pregunta.- Señor Senador: la reforma fiscal aprobada no simplifica los trámites ni combate efectivamente la evasión. Le carga la mano a los de siempre y en el caso de la gasolina tendrá efectos inflacionarios. Pero además, es insuficiente. Los pocos más de 100 mil millones de pesos que recaudará no solucionarán el problema de fondo. Por otra parte, ustedes saben muy bien que el mecanismo más simple, efectivo y equitativo está en gravar el consumo. Todos pagan y pagan más los que más consumen. Habría que suprimir entonces las exenciones y las tasas cero en todos los productos –incluidos alimentos y medicinas-. ¿Qué va a hacer el Senado de la República?
Respuesta.- En el Senado de la República trabajamos por ti. Por eso hemos decidido remover a la mayoría de los consejeros del IFE. Debe salir en primer lugar el consejero presidente, Luis Carlos Ugalde. Las cosas ya no serán como antes. Tendremos un Consejo a la altura de todos los partidos. Por eso no modificamos la forma de selección. El PRI, el PAN y el PRD tendrán la voz cantante y definitiva en su designación. Es un cambio, sin duda, trascendente. En el Senado de la República trabajamos por ti.
2. Pregunta.- Señor Senador: Urge una reforma energética. Las reservas probadas alcanzan apenas para 9 años. Importamos el 30% de la gasolina que consumimos. Pemex está prácticamente quebrado: mientras sus flujos son del orden de los 30 mil millones de pesos, sus pasivos suman 1 billón 100 mil millones de pesos. Pero no sólo eso. El funcionamiento de la empresa registra fugas por corrupción y sus niveles de eficiencia y productividad andan por los suelos. Ustedes saben que bastaría aplicar el modelo brasileño o noruego para generar los recursos indispensables y mejorar la forma de gestión. No necesitan inventar el hilo negro. La inversión privada complementaria, sin que el Estado ceda la dirección de la empresa, es la solución. ¿Qué va a hacer el Senado de la República al respecto?
Respuesta.- En el Senado de la República trabajamos por ti. Por eso elevamos a rango constitucional la prohibición de las campañas negativas. Ningún partido o candidato podrá denigrar a las instituciones ni al resto de los partidos. Ahora tendremos campañas propositivas. Queda estrictamente prohibido denunciar la incompetencia o la corrupción del adversario. Nuestra democracia será mejor y más limpia que la de los Estados Unidos. Seremos un ejemplo para el mundo entero. El debate será, por fin, de ideas. Imperará la razón, no la emoción. En el Senado de la República trabajamos por ti.
3. Pregunta.- Señor Senador: los ataques del EPR y la violencia del crimen organizado confirma que los aparatos de seguridad del Estado, el CISEN en particular, son ineficientes. El secretario de Gobernación, Ramírez Acuña, responsabilizó al Gobierno de Vicente Fox por haber desmantelado los servicios de inteligencia. Su colega, el senador Creel, respondió que la responsabilidad recaía en el Congreso porque en su momento recortó las partidas correspondientes para el CISEN. Mientras tanto la violencia persiste. ¿Quién miente o quién tiene la razón? ¿Va a iniciar el Senado de la República una investigación al respecto?
Respuesta.- En el Senado de la República trabajamos por ti. Por eso hemos prohibido que los partidos contraten publicidad en los medios electrónicos. Ahora, esta será una prerrogativa exclusiva del IFE. No importa si se trata de campañas locales o federales. El candidato que compita, por ejemplo, en Macuspana, Tabasco, por la Presidencia Municipal deberá tramitar ante el IFE el número de spots, los horarios y las televisoras o radiodifusoras donde transmitirá sus mensajes. Pero además, la transmisión de estos spots no tendrá costo alguno. Serán tomados de los tiempos oficiales del Gobierno. No es verdad que estamos ante el fin de las campañas con spots; antes al contrario, los partidos y los candidatos podrán transmitirlos hasta en los horarios triple A… sin que les cueste un solo centavo. Sólo un ciego no vería los avances sustantivos que esto representa. En el Senado de la República trabajamos por ti.
4. Pregunta.- Señor Senador: México ocupó el penúltimo lugar en la evaluación internacional de la educación de la OCDE en el 2003. Sólo Turquía salió peor que nuestro País. Los niveles de comprensión y habilidades del 55% de los estudiantes mexicanos (de 15 años en ese momento) se situaron entre el 0 y el 1. Esto significa que son capaces de reconocer los caracteres y articular palabras, pero no tienen la más mínima comprensión del contenido de un texto. No pueden resumir la idea principal o detectar contradicciones en el mismo. En matemáticas, la situación es aún peor: el 65% se sitúa en esos mismos niveles (0-1). Ahora bien, ustedes saben perfectamente que el principal obstáculo para una reforma educativa se encuentra en el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE). Los incrementos salariales de los últimos años no se han traducido en una mejora de la calidad. El Sindicato no otorga las plazas por concurso ni establece, como ocurre en los países avanzados, una conexión entre el escalafón y la calidad de la enseñanza. Los profesores en México progresan en su carrera por antigüedad y por realizar labores… sindicales. ¿Qué piensa hacer el Senado de la República?
Respuesta.- En el Senado de la República trabajamos por ti. Por eso estamos impulsando una ley de medios. Nuestra intención es revisar los contenidos de la radio y la televisión. Estamos cansados de caricaturas (y otras series) que atentan contra la familia y los valores tradicionales. No podemos, tampoco, permitir que se transmitan programas que denigren a las instituciones o que cuestionen a personajes de la vida pública. El Comité de Salud Pública que estamos diseñando mejorará, sin duda, la calidad y el nivel moral de los contenidos. Los senadores de la República tenemos una alta responsabilidad y no nos vamos a quedar con los brazos cruzados. La prohibición de las campañas negativas fue el primer paso, pero pueden estar seguros que no será el último. El México de nuestros sueños no puede ni debe tolerar la violencia excesiva en los programas de televisión ni las escenas inmorales. No está en nuestra manera de ser. Somos gente de bien, no nacos. Es más, estamos considerando que el Comité también emita algunos criterios sobre el buen gusto… porque sobre la corrección y las buenas maneras ya lo hicimos con la prohibición de degradar al contrincante en las campañas electorales. En el Senado de la República trabajamos por ti. ¿Te queda claro?
Saturday, September 29, 2007
Tuesday, July 24, 2007
Lo deseable es posible - Luis de la Calle
¿Qué más? - El Universal - Columnas
La elección la decidió el creciente número de ciudadanos pertenecientes a la clase media y la perdió la visión de que todo está mal en el país. Los resultados de la ENIGH 2006 son contundentes al respecto
La semana pasada se publicó la encuesta definitiva sobre las elecciones de 2006. No es una sobre las razones detrás de cada uno de los votos ni el recuento de éstos, sino la Encuesta Nacional Ingreso-Gasto de los Hogares (ENIGH 2006) del INEGI.
La ENIGH cuantifica los ingresos y gastos totales, monetarios y no monetarios, de los hogares con base de una amplísima muestra a lo largo y ancho del país y para todas las clases sociales. Los resultados de la encuesta se presentan en deciles para capturar los patrones de ingresos y gasto para diez clases sociales simétricas en cuanto a su tamaño. La encuesta reúne las respuestas de decenas de miles de hogares a un detallado cuestionario que se levanta casa por casa. La especificidad de las preguntas permite la investigación sobre el comportamiento de diversas fuentes de ingreso, las alteraciones en los patrones de gasto, el impacto de programas sociales, la distribución del ingreso y en general sobre el bienestar material de las personas.
En particular, la ENIGH se utiliza como fuente para discernir el porcentaje de mexicanos de acuerdo a las distintas definiciones de pobreza. Además, la encuesta también se puede utilizar para evaluar el impacto en la población de diversas propuestas en materia fiscal, tanto de impuestos al ingreso como al consumo.
Los resultados recién anunciados por el INEGI están relacionados con la elección del año pasado ya que ahora se puede tener una idea más clara del bienestar que percibían los propios votantes entonces. A principios del 2006 Andrés Manuel López Obrador contaba con una importante ventaja en todas las encuestas de opinión, pero resultó derrotado al final del proceso. La ENIGH nos da una idea de por qué.
En la medida en que el candidato de la Alianza para el Bien de Todos se presentó como un rayo de esperanza y hablaba del futuro, encontró eco en la creciente clase media. No obstante, cuando decide radicalizar su discurso y sugerir que todo estaba mal y que por tanto se requería un cambio total de modelo, los votantes de clase media y los aspirantes a ella empezaron a temer las posibles consecuencias desastrosas de un giro de 180 grados y percibieron una incongruencia entre el discurso pesimista y la mejora material en su vida cotidiana. Más aún, el mayor error de López Obrador y sus asesores fue no darse cuenta que los indecisos y aquéllos dispuestos a cambiar su voto eran abrumadoramente de clase media, por lo que su discurso resultaba todavía menos atinado.
La elección la decidió el creciente número de ciudadanos pertenecientes a la clase media y la perdió la visión de que todo está mal en el país. Los resultados de la ENIGH 2006 son contundentes al respecto.
En primer lugar, reporta un incremento del ingreso real por hogar promedio entre 2004 y 2006 de 10.1%. En el espacio de dos años el hogar promedio mexicano contó con recursos superiores a diez por ciento una vez descontados los incrementos en precios. Más aún, si se mide en términos per cápita el aumento es todavía mayor al alcanzar 12.3%. Esto representa un incremento promedio en el bienestar y probablemente confirma la sospecha de que el crecimiento del producto interno bruto está subestimado ya que en el periodo éste creció sólo 7.8%.
El resultado es aún más impactante cuando se toma en cuenta el efecto sobre la distribución del ingreso. En la campaña de 2006 se insistió que no sólo el país iba mal, sino que los más desfavorecidos (todavía son muchos, aunque menos) estaban cada día peor como consecuencia de las políticas neoliberales. Sin embargo, los datos no concuerdan con esta visión de la realidad. Para los primeros cinco deciles (la mitad de la población donde se encuentran los pobres) el ingreso por hogar creció en promedio 18% y para los primeros dos (en que se encuentra la población en pobreza extrema) en 23.1% para el primero y 28.3% para el segundo.
En cambio, para los últimos cinco deciles (en que no hay pobres) el crecimiento del ingreso promedio por hogar fue de 9.58%.
De esta manera, los datos de la encuesta permiten predecir una caída en los porcentajes de pobreza cuando éstos se anuncien. De acuerdo a las últimas estimaciones de 2004, 47% de los mexicanos eran patrimonialmente pobres, es decir casi la totalidad de los ciudadanos en los primeros cinco deciles. Ahora bien, si se toma en cuenta que el incremento en el ingreso per cápita en el quinto decil entre 2004 y 2006 fue de 17.5%, es probable que un número no despreciable de ellos haya superado la barrera de la pobreza y que ahora el porcentaje nacional de pobres esté mucho más cerca de 40% que de 50%.
Amén de la importancia económica del progreso de las familias mexicanas, la mejoría tiene implicaciones políticas fundamentales:
1. Cuestiona a los profetas del desastre que han señalado repetidamente a la estabilidad macroeconómica y a la apertura comercial como nocivas para el bienestar. Justo cuando México llega al 2006 con la macroeconomía consolidada y la apertura del Tratado de Libre Comercio casi concluida (incluida para el maíz que ya se importaba libre de arancel con generosos cupos) las cifras muestran una mejoría notable en niveles y distribución del ingreso.
2. Recuerda la litis de la elección: modernización contra populismo.
3. Subraya la importancia de las reformas faltantes: una mejoría sustancial en el bienestar y la erradicación de la pobreza extrema están al alcance de la mano si se toman las decisiones correctas.
4. Señala que la expansión de la clase media es el principal motor de la economía.
5. Indica que el ciudadano promedio está dispuesto a apostar por la modernización del país si alguien se tomara la molestia de preguntarle.
Lo deseable, que México sea un país clasemediero, es posible si los ciudadanos exigen al gobierno y a los políticos a apostar a favor del desarrollo y no de sí mismos como hasta ahora.
La elección la decidió el creciente número de ciudadanos pertenecientes a la clase media y la perdió la visión de que todo está mal en el país. Los resultados de la ENIGH 2006 son contundentes al respecto
La semana pasada se publicó la encuesta definitiva sobre las elecciones de 2006. No es una sobre las razones detrás de cada uno de los votos ni el recuento de éstos, sino la Encuesta Nacional Ingreso-Gasto de los Hogares (ENIGH 2006) del INEGI.
La ENIGH cuantifica los ingresos y gastos totales, monetarios y no monetarios, de los hogares con base de una amplísima muestra a lo largo y ancho del país y para todas las clases sociales. Los resultados de la encuesta se presentan en deciles para capturar los patrones de ingresos y gasto para diez clases sociales simétricas en cuanto a su tamaño. La encuesta reúne las respuestas de decenas de miles de hogares a un detallado cuestionario que se levanta casa por casa. La especificidad de las preguntas permite la investigación sobre el comportamiento de diversas fuentes de ingreso, las alteraciones en los patrones de gasto, el impacto de programas sociales, la distribución del ingreso y en general sobre el bienestar material de las personas.
En particular, la ENIGH se utiliza como fuente para discernir el porcentaje de mexicanos de acuerdo a las distintas definiciones de pobreza. Además, la encuesta también se puede utilizar para evaluar el impacto en la población de diversas propuestas en materia fiscal, tanto de impuestos al ingreso como al consumo.
Los resultados recién anunciados por el INEGI están relacionados con la elección del año pasado ya que ahora se puede tener una idea más clara del bienestar que percibían los propios votantes entonces. A principios del 2006 Andrés Manuel López Obrador contaba con una importante ventaja en todas las encuestas de opinión, pero resultó derrotado al final del proceso. La ENIGH nos da una idea de por qué.
En la medida en que el candidato de la Alianza para el Bien de Todos se presentó como un rayo de esperanza y hablaba del futuro, encontró eco en la creciente clase media. No obstante, cuando decide radicalizar su discurso y sugerir que todo estaba mal y que por tanto se requería un cambio total de modelo, los votantes de clase media y los aspirantes a ella empezaron a temer las posibles consecuencias desastrosas de un giro de 180 grados y percibieron una incongruencia entre el discurso pesimista y la mejora material en su vida cotidiana. Más aún, el mayor error de López Obrador y sus asesores fue no darse cuenta que los indecisos y aquéllos dispuestos a cambiar su voto eran abrumadoramente de clase media, por lo que su discurso resultaba todavía menos atinado.
La elección la decidió el creciente número de ciudadanos pertenecientes a la clase media y la perdió la visión de que todo está mal en el país. Los resultados de la ENIGH 2006 son contundentes al respecto.
En primer lugar, reporta un incremento del ingreso real por hogar promedio entre 2004 y 2006 de 10.1%. En el espacio de dos años el hogar promedio mexicano contó con recursos superiores a diez por ciento una vez descontados los incrementos en precios. Más aún, si se mide en términos per cápita el aumento es todavía mayor al alcanzar 12.3%. Esto representa un incremento promedio en el bienestar y probablemente confirma la sospecha de que el crecimiento del producto interno bruto está subestimado ya que en el periodo éste creció sólo 7.8%.
El resultado es aún más impactante cuando se toma en cuenta el efecto sobre la distribución del ingreso. En la campaña de 2006 se insistió que no sólo el país iba mal, sino que los más desfavorecidos (todavía son muchos, aunque menos) estaban cada día peor como consecuencia de las políticas neoliberales. Sin embargo, los datos no concuerdan con esta visión de la realidad. Para los primeros cinco deciles (la mitad de la población donde se encuentran los pobres) el ingreso por hogar creció en promedio 18% y para los primeros dos (en que se encuentra la población en pobreza extrema) en 23.1% para el primero y 28.3% para el segundo.
En cambio, para los últimos cinco deciles (en que no hay pobres) el crecimiento del ingreso promedio por hogar fue de 9.58%.
De esta manera, los datos de la encuesta permiten predecir una caída en los porcentajes de pobreza cuando éstos se anuncien. De acuerdo a las últimas estimaciones de 2004, 47% de los mexicanos eran patrimonialmente pobres, es decir casi la totalidad de los ciudadanos en los primeros cinco deciles. Ahora bien, si se toma en cuenta que el incremento en el ingreso per cápita en el quinto decil entre 2004 y 2006 fue de 17.5%, es probable que un número no despreciable de ellos haya superado la barrera de la pobreza y que ahora el porcentaje nacional de pobres esté mucho más cerca de 40% que de 50%.
Amén de la importancia económica del progreso de las familias mexicanas, la mejoría tiene implicaciones políticas fundamentales:
1. Cuestiona a los profetas del desastre que han señalado repetidamente a la estabilidad macroeconómica y a la apertura comercial como nocivas para el bienestar. Justo cuando México llega al 2006 con la macroeconomía consolidada y la apertura del Tratado de Libre Comercio casi concluida (incluida para el maíz que ya se importaba libre de arancel con generosos cupos) las cifras muestran una mejoría notable en niveles y distribución del ingreso.
2. Recuerda la litis de la elección: modernización contra populismo.
3. Subraya la importancia de las reformas faltantes: una mejoría sustancial en el bienestar y la erradicación de la pobreza extrema están al alcance de la mano si se toman las decisiones correctas.
4. Señala que la expansión de la clase media es el principal motor de la economía.
5. Indica que el ciudadano promedio está dispuesto a apostar por la modernización del país si alguien se tomara la molestia de preguntarle.
Lo deseable, que México sea un país clasemediero, es posible si los ciudadanos exigen al gobierno y a los políticos a apostar a favor del desarrollo y no de sí mismos como hasta ahora.
Friday, July 06, 2007
José Ramón, el orgullo de su nepotismo - Jorge Fernandez Menendez
Partamos de un principio: el hijo de López Obrador, como cualquier persona, tiene todo el derecho a trabajar, de tener un ingreso decoroso y de avanzar en su carrera profesional. Nadie puede estar en desacuerdo con ello y sería profundamente injusto, como sí ha ocurrido en muchas otras ocasiones, que se cancelen esas oportunidades por un simple parentesco con un político en funciones.
Lo que no es justo y no es legítimo, es que se nos quiera engañar, que se pregone y exija a los demás una cosa y se haga exactamente lo contrario en el ámbito familiar: eso se llama doble moral. López Obrador durante años fustigó a quienes tenían familiares en el Gobierno pero resulta que su hijo trabajaba en el Gobierno del DF, según la propia declaración de José Ramón López Beltrán, desde antes de que asumiera su actual responsabilidad, en enero de este año, como subdirector de área en la Procuraduría del DF. Pero López Obrador y las autoridades del DF, jamás informaron al respecto. Resulta que el ex candidato presidencial que acusó a sus adversarios de enviar a sus hijos a universidades privadas, de no apoyar la educación pública, que creó un elefante blanco llamado Universidad del DF (hasta ahora inédita en el terreno académico), enviaba a su hijo a una de las cuatro universidades privadas más caras del País (y de muy bien nivel académico pero indiscutiblemente conservadora). Otra vez: no es ningún pecado que los hijos de un político vayan a una universidad privada, pero no se vale ocultarlo al tiempo que se critica a los demás por ello. Ahora nos enteramos que López Obrador, que dice vivir con 50 mil pesos mensuales, y que le alcanzan para mantenerse él y su familia (ahora de cuatro hijos) resulta que pagaba esa misma cantidad semestralmente de colegiatura para la universidad de su hijo mayor, fuera de los libros y toda la larga lista de costos que genera la educación superior en esos niveles.
El joven José Ramón dice que nadie lo conocía en el lugar donde trabajaba porque quiere mantener un bajo perfil. Y dos reporteros los buscaron de sábado a lunes en las mismas oficinas, donde apareció el martes, sin encontrarlo y sin que ni siquiera sus hipotéticos compañeros de trabajo supieran de su existencia. Pero la verdad es que José Ramón no ha tenido un perfil bajo: es uno de los principales operadores políticos de su padre y como tal debe ser considerado. Los ejemplos son públicos: el domingo José Ramón estaba en la primera fila del presidium, durante el acto organizado por su padre en el Zócalo. Pero más allá de eso: el dos de julio del año pasado, López Obrador no envió a la principal empresa de televisión del País a ninguno de los dirigentes perredistas o de la coalición, sino a su hijo José Ramón: de ese nivel es la confianza personal pero también política. José Ramón estuvo en Televisa para “supervisar” desde allí el manejo informativo y los números que llegaban a la empresa. No lo dicen los adversarios de López Obrador, lo sostiene él mismo en su libro.
Por eso mismo, no es siquiera creíble que Marcelo Ebrard o Rodolfo Félix Cárdenas, el procurador capitalino, no estuvieran informados de que el hijo mayor de su jefe político, trabajara para ellos. Incorporar o no a la nómina a un personaje político, hijo de un señor que se dice “presidente legítimo” del País, no es una decisión menor. Tampoco lo es que todos los registros sobre José Ramón estuvieran borrados: se supo de que cobraba en la PGJDF, porque apareció su ficha curricular, pero no aparecía en los listados de empleados, ni en las listas de nómina. Curioso error de sistema. Peor aún, quedó el desprestigiado (por su dependencia del Gobierno capitalino) Instituto de Transparencia del DF, cuyo presidente, Óscar Guerra Ford, argumentó que esos datos “quizás” se habían borrado para garantizar “la seguridad” de López Beltrán. ¿Desde cuándo los datos de un funcionario público pueden ser borrados para esa razón si sus responsabilidades no lo ameritan? El joven José Ramón, es un funcionario administrativo como cualquier otro y resultaría inadmisible que se “borraran” sus datos por su parentesco. Que no haya figurado en los registros de la dependencia debería ser un motivo de indagatoria del Instituto de Acceso a la Información del DF: las “explicaciones” de la omisión las deben dar otros, no el indulgente presidente del instituto.
Insistimos, el tema no es que López Beltrán trabaje en el DF o dónde haya estudiado, sino que el dirigente político que es su padre y las autoridades que de él dependen, tergiversaron u ocultaron información. Dijeron una cosa e hicieron otra.
La actitud se extiende a casi todo: López Obrador, que no detenta cargo alguno en el PRD o el Frente Amplio (incluso la llamada “presidencia legítima” es una autodesignación) ordenó el domingo a los legisladores de esas fuerzas políticas, que hubiera “cero negociación” respecto a la reforma fiscal. Desde entonces, los legisladores perredistas han estado haciendo acrobacias con el lenguaje para tratar de explicar su actitud de querer ser parte de la negociación y al mismo tiempo rechazarla. El hecho es que otra vez se quedaron, por decisión de su “líder”, afuera.
El PRD está estudiando la expulsión de Ricardo Monreal del partido por haber apoyado a candidatos de otras fuerzas en Zacatecas, pero lo cierto es que el senador jamás ha sido descalificado por ello por su jefe político. Y, al mismo tiempo, el supuestamente expulsado René Bejarano, preside públicamente las reuniones de la corriente Izquierda Democrática Nacional de cara al congreso del PRD, apoyando a López Obrador y a Alejandro Encinas, y nadie, salvo la corriente Nueva Izquierda, lo cuestiona. Luego se asombran de que en Yucatán, Zacatecas, Durango y Chihuahua, los resultados electorales del PRD hayan oscilado entre malos y catastróficos.
Lo que no es justo y no es legítimo, es que se nos quiera engañar, que se pregone y exija a los demás una cosa y se haga exactamente lo contrario en el ámbito familiar: eso se llama doble moral. López Obrador durante años fustigó a quienes tenían familiares en el Gobierno pero resulta que su hijo trabajaba en el Gobierno del DF, según la propia declaración de José Ramón López Beltrán, desde antes de que asumiera su actual responsabilidad, en enero de este año, como subdirector de área en la Procuraduría del DF. Pero López Obrador y las autoridades del DF, jamás informaron al respecto. Resulta que el ex candidato presidencial que acusó a sus adversarios de enviar a sus hijos a universidades privadas, de no apoyar la educación pública, que creó un elefante blanco llamado Universidad del DF (hasta ahora inédita en el terreno académico), enviaba a su hijo a una de las cuatro universidades privadas más caras del País (y de muy bien nivel académico pero indiscutiblemente conservadora). Otra vez: no es ningún pecado que los hijos de un político vayan a una universidad privada, pero no se vale ocultarlo al tiempo que se critica a los demás por ello. Ahora nos enteramos que López Obrador, que dice vivir con 50 mil pesos mensuales, y que le alcanzan para mantenerse él y su familia (ahora de cuatro hijos) resulta que pagaba esa misma cantidad semestralmente de colegiatura para la universidad de su hijo mayor, fuera de los libros y toda la larga lista de costos que genera la educación superior en esos niveles.
El joven José Ramón dice que nadie lo conocía en el lugar donde trabajaba porque quiere mantener un bajo perfil. Y dos reporteros los buscaron de sábado a lunes en las mismas oficinas, donde apareció el martes, sin encontrarlo y sin que ni siquiera sus hipotéticos compañeros de trabajo supieran de su existencia. Pero la verdad es que José Ramón no ha tenido un perfil bajo: es uno de los principales operadores políticos de su padre y como tal debe ser considerado. Los ejemplos son públicos: el domingo José Ramón estaba en la primera fila del presidium, durante el acto organizado por su padre en el Zócalo. Pero más allá de eso: el dos de julio del año pasado, López Obrador no envió a la principal empresa de televisión del País a ninguno de los dirigentes perredistas o de la coalición, sino a su hijo José Ramón: de ese nivel es la confianza personal pero también política. José Ramón estuvo en Televisa para “supervisar” desde allí el manejo informativo y los números que llegaban a la empresa. No lo dicen los adversarios de López Obrador, lo sostiene él mismo en su libro.
Por eso mismo, no es siquiera creíble que Marcelo Ebrard o Rodolfo Félix Cárdenas, el procurador capitalino, no estuvieran informados de que el hijo mayor de su jefe político, trabajara para ellos. Incorporar o no a la nómina a un personaje político, hijo de un señor que se dice “presidente legítimo” del País, no es una decisión menor. Tampoco lo es que todos los registros sobre José Ramón estuvieran borrados: se supo de que cobraba en la PGJDF, porque apareció su ficha curricular, pero no aparecía en los listados de empleados, ni en las listas de nómina. Curioso error de sistema. Peor aún, quedó el desprestigiado (por su dependencia del Gobierno capitalino) Instituto de Transparencia del DF, cuyo presidente, Óscar Guerra Ford, argumentó que esos datos “quizás” se habían borrado para garantizar “la seguridad” de López Beltrán. ¿Desde cuándo los datos de un funcionario público pueden ser borrados para esa razón si sus responsabilidades no lo ameritan? El joven José Ramón, es un funcionario administrativo como cualquier otro y resultaría inadmisible que se “borraran” sus datos por su parentesco. Que no haya figurado en los registros de la dependencia debería ser un motivo de indagatoria del Instituto de Acceso a la Información del DF: las “explicaciones” de la omisión las deben dar otros, no el indulgente presidente del instituto.
Insistimos, el tema no es que López Beltrán trabaje en el DF o dónde haya estudiado, sino que el dirigente político que es su padre y las autoridades que de él dependen, tergiversaron u ocultaron información. Dijeron una cosa e hicieron otra.
La actitud se extiende a casi todo: López Obrador, que no detenta cargo alguno en el PRD o el Frente Amplio (incluso la llamada “presidencia legítima” es una autodesignación) ordenó el domingo a los legisladores de esas fuerzas políticas, que hubiera “cero negociación” respecto a la reforma fiscal. Desde entonces, los legisladores perredistas han estado haciendo acrobacias con el lenguaje para tratar de explicar su actitud de querer ser parte de la negociación y al mismo tiempo rechazarla. El hecho es que otra vez se quedaron, por decisión de su “líder”, afuera.
El PRD está estudiando la expulsión de Ricardo Monreal del partido por haber apoyado a candidatos de otras fuerzas en Zacatecas, pero lo cierto es que el senador jamás ha sido descalificado por ello por su jefe político. Y, al mismo tiempo, el supuestamente expulsado René Bejarano, preside públicamente las reuniones de la corriente Izquierda Democrática Nacional de cara al congreso del PRD, apoyando a López Obrador y a Alejandro Encinas, y nadie, salvo la corriente Nueva Izquierda, lo cuestiona. Luego se asombran de que en Yucatán, Zacatecas, Durango y Chihuahua, los resultados electorales del PRD hayan oscilado entre malos y catastróficos.
Thursday, June 28, 2007
El mito del fraude - Sergio Sarmiento
Una verdadera avalancha de libros nos lleva a revisar la jornada electoral del 2 de julio de 2006. Muchos han sido elaborados por famosos políticos o intelectuales de izquierda que reiteran la idea de que hubo un gran fraude en la elección presidencial. Ahí están Reporte 2006: El desquite de Socorro Díaz, Los medios y los jueces: la guerra sucia de 2006 de Julio Scherer y Jenaro Villamil, y La mafia nos robó la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, que se lanzará este próximo domingo.
Pero en medio de estos libros de autores de altos vuelos, hay uno mucho más modesto, escrito por el doctor Fernando Pliego Carrasco, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, cuya única virtud es el rigor académico. Se trata de El mito del fraude electoral en México (Editorial Pax México).
El doctor Pliego desmenuza varios de los mitos del fraude electoral del 2006 con un análisis sistemático y contundente de la información estadística. El primero de los mitos es el que sostiene que el comportamiento del PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, “no tiene una explicación lógica”, como dijo en su momento López Obrador. Pliego muestra, por el contrario, que todo el desarrollo del PREP respondió exactamente a lo que podría esperarse si se consideran los grados de marginación de las comunidades y la distancia a los centros distritales desde donde se transmitieron los datos. “No encontramos entonces un ‘fraude cibernético’ -escribe- sino una explicación social y geográfica para entender el comportamiento del PREP.”
Algo que nunca entendió López Obrador mientras sostuvo la tesis del fraude cibernético -que después rechazó por la del fraude “a la antigüita”- es que el PREP es un simple ejercicio de comunicación cuyas cifras no tienen validez legal. El recuento oficial de los votos se realiza en los centros distritales sobre la base de las actas preparadas en las secciones (actas que, a propósito, fueron objeto de muy pocos cuestionamientos por los representantes de casilla de la Coalición por el Bien de Todos, lo que llevó a López Obrador a acusar a sus propios representantes de casilla de deshonestidad).
Pliego reconoce que “los ciudadanos participantes en las mesas directivas de las casillas… cometieron una gran cantidad de errores aritméticos cuando realizaron su trabajo de cómputo y escrutinio de votos”. Pero rechaza el mito de un intento sistemático para favorecer al candidato Felipe Calderón. “Dichos errores se distribuyeron de manera semejante en el caso de las casillas ganadas por Calderón (en 58.2% de 59,042 casillas) o donde López Obrador triunfó (en 61.2% de 54,020)… Tal correspondencia… sólo es explicable por la índole aleatoria o involuntaria de los errores”.
El investigador de la UNAM rechaza también el mito de que el recuento “voto por voto y casilla por casilla” haya podido descubrir un supuesto fraude electoral. “El recuento de 11,718 casillas y la anulación de 748 casillas ordenados por el Tribunal Electoral” resultaron en modificaciones “insignificantes” a pesar de que se trataba en su mayoría de casillas protestadas por la Coalición por el Bien de Todos. La muestra de casillas objeto de recuento era suficientemente grande como para mostrar un cambio de tendencia en caso de que realmente hubiera existido alguna discrepancia sistemática entre las boletas y las actas.
Pliego considera también el mito de que el gasto gubernamental en programas como Oportunidades o Microrregiones compró votos para Calderón. Encuentra por el contrario que en las comunidades beneficiadas el voto favoreció a López Obrador y al priísta Roberto Madrazo, dejando a Calderón en tercer lugar. En comparación con elecciones anteriores, los partidos de izquierda registraron su mayor crecimiento en estas zonas favorecidas por los programas sociales del Gobierno federal.
El autor estudia también el mito de que la intervención del presidente Vicente Fox en la elección a través de anuncios y declaraciones en contra del populismo, pero que no mencionaban a López Obrador, inclinó la elección a favor de Calderón. Las encuestas disponibles, sin embargo, muestran que mientras esta campaña estuvo al aire Calderón perdió terreno. Sólo después empezó a caer López Obrador, pero esto como consecuencia de sus propios errores.
Entiendo que el doctor Pliego no es una de esas grandes vacas sagradas que están publicando libros para defender la tesis del fraude. Sus conclusiones, además, no son “políticamente correctas”. Por otra parte, es claro que los mitos del fraude parten de un dogma de fe que ninguna argumentación racional puede debilitar. Pero si alguien quiere leer en esta temporada de reflexión sobre las elecciones del 2006 un trabajo realmente serio y sistemático, le recomiendo El mito del fraude electoral en México.
LA CUENTA DE HSBC
Me dicen en Hacienda que ellos no le pidieron al HSBC que cancelara la cuenta bancaria de López Obrador. También en Gobernación se lavan las manos. Si la decisión fue de los directivos del HSBC, claramente han cometido el peor error político posible. Si quisieron quedar bien con el Gobierno, lo que hicieron fue golpearlo. Le dieron nuevamente sustento a la tesis del complot que tan buen kilometraje le ha dado a Andrés Manuel durante años. ¿Y todo para qué? Para que simplemente Andrés Manuel abriera una nueva cuenta en Banorte.
Pero en medio de estos libros de autores de altos vuelos, hay uno mucho más modesto, escrito por el doctor Fernando Pliego Carrasco, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, cuya única virtud es el rigor académico. Se trata de El mito del fraude electoral en México (Editorial Pax México).
El doctor Pliego desmenuza varios de los mitos del fraude electoral del 2006 con un análisis sistemático y contundente de la información estadística. El primero de los mitos es el que sostiene que el comportamiento del PREP, el Programa de Resultados Electorales Preliminares, “no tiene una explicación lógica”, como dijo en su momento López Obrador. Pliego muestra, por el contrario, que todo el desarrollo del PREP respondió exactamente a lo que podría esperarse si se consideran los grados de marginación de las comunidades y la distancia a los centros distritales desde donde se transmitieron los datos. “No encontramos entonces un ‘fraude cibernético’ -escribe- sino una explicación social y geográfica para entender el comportamiento del PREP.”
Algo que nunca entendió López Obrador mientras sostuvo la tesis del fraude cibernético -que después rechazó por la del fraude “a la antigüita”- es que el PREP es un simple ejercicio de comunicación cuyas cifras no tienen validez legal. El recuento oficial de los votos se realiza en los centros distritales sobre la base de las actas preparadas en las secciones (actas que, a propósito, fueron objeto de muy pocos cuestionamientos por los representantes de casilla de la Coalición por el Bien de Todos, lo que llevó a López Obrador a acusar a sus propios representantes de casilla de deshonestidad).
Pliego reconoce que “los ciudadanos participantes en las mesas directivas de las casillas… cometieron una gran cantidad de errores aritméticos cuando realizaron su trabajo de cómputo y escrutinio de votos”. Pero rechaza el mito de un intento sistemático para favorecer al candidato Felipe Calderón. “Dichos errores se distribuyeron de manera semejante en el caso de las casillas ganadas por Calderón (en 58.2% de 59,042 casillas) o donde López Obrador triunfó (en 61.2% de 54,020)… Tal correspondencia… sólo es explicable por la índole aleatoria o involuntaria de los errores”.
El investigador de la UNAM rechaza también el mito de que el recuento “voto por voto y casilla por casilla” haya podido descubrir un supuesto fraude electoral. “El recuento de 11,718 casillas y la anulación de 748 casillas ordenados por el Tribunal Electoral” resultaron en modificaciones “insignificantes” a pesar de que se trataba en su mayoría de casillas protestadas por la Coalición por el Bien de Todos. La muestra de casillas objeto de recuento era suficientemente grande como para mostrar un cambio de tendencia en caso de que realmente hubiera existido alguna discrepancia sistemática entre las boletas y las actas.
Pliego considera también el mito de que el gasto gubernamental en programas como Oportunidades o Microrregiones compró votos para Calderón. Encuentra por el contrario que en las comunidades beneficiadas el voto favoreció a López Obrador y al priísta Roberto Madrazo, dejando a Calderón en tercer lugar. En comparación con elecciones anteriores, los partidos de izquierda registraron su mayor crecimiento en estas zonas favorecidas por los programas sociales del Gobierno federal.
El autor estudia también el mito de que la intervención del presidente Vicente Fox en la elección a través de anuncios y declaraciones en contra del populismo, pero que no mencionaban a López Obrador, inclinó la elección a favor de Calderón. Las encuestas disponibles, sin embargo, muestran que mientras esta campaña estuvo al aire Calderón perdió terreno. Sólo después empezó a caer López Obrador, pero esto como consecuencia de sus propios errores.
Entiendo que el doctor Pliego no es una de esas grandes vacas sagradas que están publicando libros para defender la tesis del fraude. Sus conclusiones, además, no son “políticamente correctas”. Por otra parte, es claro que los mitos del fraude parten de un dogma de fe que ninguna argumentación racional puede debilitar. Pero si alguien quiere leer en esta temporada de reflexión sobre las elecciones del 2006 un trabajo realmente serio y sistemático, le recomiendo El mito del fraude electoral en México.
LA CUENTA DE HSBC
Me dicen en Hacienda que ellos no le pidieron al HSBC que cancelara la cuenta bancaria de López Obrador. También en Gobernación se lavan las manos. Si la decisión fue de los directivos del HSBC, claramente han cometido el peor error político posible. Si quisieron quedar bien con el Gobierno, lo que hicieron fue golpearlo. Le dieron nuevamente sustento a la tesis del complot que tan buen kilometraje le ha dado a Andrés Manuel durante años. ¿Y todo para qué? Para que simplemente Andrés Manuel abriera una nueva cuenta en Banorte.
Monday, April 02, 2007
Contrahecuras republicanas - Federico Reyes Heroles
¿Cuál es el estado de salud de la República? ¿Cuál es la dimensión del daño, si lo hubo, provocado por el larguísimo proceso electoral y la tormenta posterior? ¿Cómo está la estructura institucional sobre la que navegamos? Comencemos por el puesto de mando, por el capitán. A cuatro meses de haber tomado el timón el 73% de los mexicanos (datos: Reforma, Excelsior, El Universal) aprueba el trabajo de Calderón, frente a un 20% de desaprobación. Sus signos vitales, en lo general, son correctos: se le considera honesto, 60%; con liderazgo, 57%; capaz 53%. Su palabra todavía no logra acreditarse del todo puesto que 50% cree en ella frente al 43% que no le tiene confianza. Se le ve en control del timón, 64%, y dos de sus acciones han tenido un profundo impacto favorable: seguridad con 93% de aprobación y el programa de atención a niños recién nacidos.
El reclamo mayor que enfrenta es el económico y 23% considera como su principal error el permitir el alza de precios. Pero hay un 34% que no identifica ningún error. A pesar de los terribles barruntos que amenazaban, la travesía ha iniciado con rumbo claro. Con rapidez su estilo personal desplaza al de Fox, hoy la gente lo prefiere en una proporción de casi dos a uno. Quizá el único dato preocupante en relación al Presidente de la República, es la fuerte imagen (69%) proempresarial que le ronda. Algo tendrá que hacer la Presidencia. Pero ¿y el resto del navío estatal, cuál es su condición?
El daño de la movilización postelectoral sigue allí y no tiende ha disminuir. Alrededor de un 30% de los electores quedaron convencidos de que la elección fue fraudulenta. Los motivos son varios: la intervención de Fox, las campañas sucias, la actuación del IFE. Sólo el 10% de quienes consideran la elección limpia evalúa mal al Presidente, mientras que casi uno de cada dos de aquellos que piensan que hubo fraude, critica a Calderón. La insatisfacción de algunos remite entonces a la elección y no necesariamente a los actos de Calderón. ¿Podrá el Presidente remontar esa situación, es ello posible? Depende en parte del peso de la contraofensiva permanente de AMLO y de su partido. Pero si el daño por la estrategia seguida por el PRD se mira grave para el país, se ve mucho peor, terrible, para el propio PRD. Se ahogan en su propia tormenta. Primero acabarían consigo mismos que con la República.
Uno de cada dos mexicanos (48%) tiene una mala o muy mala imagen del PRD contra un 47% que tienen una buena o muy buena imagen del PAN. El PRI sale también mal evaluado: mala y muy mala 36%. El ganador es claramente el PAN. Hoy 36% de los mexicanos se considera panista contra un 15% de priístas y un 14% de perredistas. El PRD ha perdido 21 puntos porcentuales. La estrategia es suicida. En los atributos partidarios el PAN también arrasa: cumple lo que promete, cumple con la ley, buen Gobierno, etc. En contraste 52% de los mexicanos vinculan al PRD con conflictos y 38% con un peligro para el país. Quizá uno de los datos más reveladores se expresa en que 75% de los votantes de Calderón hoy votaría por el PAN para diputados federales. Exactamente lo mismo ocurre con el PRI, a pesar de la brutal derrota de Madrazo. Pero uno de cada tres votantes de AMLO ya lo abandonó, no votaría por los diputados del PRD. Un consultor político no tendría muchas dificultades para diagnosticar el caso: si siguen por donde, regresarán a su nivel histórico, menos del 20%.
Pero quizá uno de los cambios más importantes se dio en la consideración que los ciudadanos tienen hacia las instituciones. Reforma le sigue ese pulso a México desde hace años, en su más reciente entrega vienen algunas sorpresas. En los últimos dos años el Ejército mexicano ha escalado en la confianza ciudadana siete puntos porcentuales. Hoy 70% de los mexicanos confían en esa institución que se encuentra en el mismo nivel que las escuelas que tradicionalmente reportan una muy buena calificación. El Ejército ocupa el tercer lugar en la confianza de los mexicanos habiendo desplazado a las iglesias que retroceden nueve puntos. En esta escala los medios de comunicación ocupan ahora un quinto lugar y se sitúan en niveles similares a los de las iglesias. La pluralidad política y la modernidad se imponen. Ese es el lado positivo. El negativo es que los medios tienen hoy una mejor calificación que el IFE, la Presidencia, la CNDH, la Suprema Corte. En donde no hay sorpresas es en los últimos peldaños en que permanentemente aparecen los partidos, los diputados y los senadores, incluso por debajo de la PGR.
Nada hay de malo en que los medios asciendan, por el contrario, ellos representan las distintas voces de la sociedad. Lo que parece preocupante es que los anclajes políticos centrales de cualquier República, como lo son su legislativo, el poder judicial, la instancia investigadora o los propios partidos políticos se encuentren hundidos frente a la sociedad a la que se deben. Que las iglesias pierdan credibilidad no es un asunto nuevo, sobre todo porque la gente busca satisfacer necesidades espirituales sin necesariamente pasar por la aduana burocrática de las iglesias. Pero que un 70% no confíe en los partidos –la gran vergüenza nacional- que están allí para articular la vida política o que el 60% de los mexicanos no confíe en los diputados y los senadores, esa si es una condición de debilidad institucional que a todos nos atañe. Sólo en una República fuerte, que dé garantías, podrán generarse los empleos que necesitamos, sólo en una República fuerte podrá propiciarse mayor justicia. Una República sana, sólo llegará cuando todos asumamos que somos responsables de ella.
El reclamo mayor que enfrenta es el económico y 23% considera como su principal error el permitir el alza de precios. Pero hay un 34% que no identifica ningún error. A pesar de los terribles barruntos que amenazaban, la travesía ha iniciado con rumbo claro. Con rapidez su estilo personal desplaza al de Fox, hoy la gente lo prefiere en una proporción de casi dos a uno. Quizá el único dato preocupante en relación al Presidente de la República, es la fuerte imagen (69%) proempresarial que le ronda. Algo tendrá que hacer la Presidencia. Pero ¿y el resto del navío estatal, cuál es su condición?
El daño de la movilización postelectoral sigue allí y no tiende ha disminuir. Alrededor de un 30% de los electores quedaron convencidos de que la elección fue fraudulenta. Los motivos son varios: la intervención de Fox, las campañas sucias, la actuación del IFE. Sólo el 10% de quienes consideran la elección limpia evalúa mal al Presidente, mientras que casi uno de cada dos de aquellos que piensan que hubo fraude, critica a Calderón. La insatisfacción de algunos remite entonces a la elección y no necesariamente a los actos de Calderón. ¿Podrá el Presidente remontar esa situación, es ello posible? Depende en parte del peso de la contraofensiva permanente de AMLO y de su partido. Pero si el daño por la estrategia seguida por el PRD se mira grave para el país, se ve mucho peor, terrible, para el propio PRD. Se ahogan en su propia tormenta. Primero acabarían consigo mismos que con la República.
Uno de cada dos mexicanos (48%) tiene una mala o muy mala imagen del PRD contra un 47% que tienen una buena o muy buena imagen del PAN. El PRI sale también mal evaluado: mala y muy mala 36%. El ganador es claramente el PAN. Hoy 36% de los mexicanos se considera panista contra un 15% de priístas y un 14% de perredistas. El PRD ha perdido 21 puntos porcentuales. La estrategia es suicida. En los atributos partidarios el PAN también arrasa: cumple lo que promete, cumple con la ley, buen Gobierno, etc. En contraste 52% de los mexicanos vinculan al PRD con conflictos y 38% con un peligro para el país. Quizá uno de los datos más reveladores se expresa en que 75% de los votantes de Calderón hoy votaría por el PAN para diputados federales. Exactamente lo mismo ocurre con el PRI, a pesar de la brutal derrota de Madrazo. Pero uno de cada tres votantes de AMLO ya lo abandonó, no votaría por los diputados del PRD. Un consultor político no tendría muchas dificultades para diagnosticar el caso: si siguen por donde, regresarán a su nivel histórico, menos del 20%.
Pero quizá uno de los cambios más importantes se dio en la consideración que los ciudadanos tienen hacia las instituciones. Reforma le sigue ese pulso a México desde hace años, en su más reciente entrega vienen algunas sorpresas. En los últimos dos años el Ejército mexicano ha escalado en la confianza ciudadana siete puntos porcentuales. Hoy 70% de los mexicanos confían en esa institución que se encuentra en el mismo nivel que las escuelas que tradicionalmente reportan una muy buena calificación. El Ejército ocupa el tercer lugar en la confianza de los mexicanos habiendo desplazado a las iglesias que retroceden nueve puntos. En esta escala los medios de comunicación ocupan ahora un quinto lugar y se sitúan en niveles similares a los de las iglesias. La pluralidad política y la modernidad se imponen. Ese es el lado positivo. El negativo es que los medios tienen hoy una mejor calificación que el IFE, la Presidencia, la CNDH, la Suprema Corte. En donde no hay sorpresas es en los últimos peldaños en que permanentemente aparecen los partidos, los diputados y los senadores, incluso por debajo de la PGR.
Nada hay de malo en que los medios asciendan, por el contrario, ellos representan las distintas voces de la sociedad. Lo que parece preocupante es que los anclajes políticos centrales de cualquier República, como lo son su legislativo, el poder judicial, la instancia investigadora o los propios partidos políticos se encuentren hundidos frente a la sociedad a la que se deben. Que las iglesias pierdan credibilidad no es un asunto nuevo, sobre todo porque la gente busca satisfacer necesidades espirituales sin necesariamente pasar por la aduana burocrática de las iglesias. Pero que un 70% no confíe en los partidos –la gran vergüenza nacional- que están allí para articular la vida política o que el 60% de los mexicanos no confíe en los diputados y los senadores, esa si es una condición de debilidad institucional que a todos nos atañe. Sólo en una República fuerte, que dé garantías, podrán generarse los empleos que necesitamos, sólo en una República fuerte podrá propiciarse mayor justicia. Una República sana, sólo llegará cuando todos asumamos que somos responsables de ella.
Tuesday, February 13, 2007
Hacia adelante - Macario Schettino
Con el tiempo, va quedando más claro qué fue lo que ocurrió en la elección del año pasado. Es un tema que fue más allá de la polémica y que no era fácil discutir hace unos meses, pero que tenemos que procesar adecuadamente, para no guiarnos por creencias y por emociones.
Pocas semanas después de la elección hubo trabajos serios como los de Fernando Pliego, del IIS de la UNAM, y de Javier Aparicio, del CIDE, que desmontaban los argumentos del fraude cibernético, el algoritmo mágico y demás inventos. Pero eran textos más bien técnicos.
Hace algunos meses, los periodistas Óscar Camacho y Alejandro Almazán publicaron el libro La victoria que no fue (Grijalbo, 2006), el primer libro que evaluaba la derrota de López Obrador en la elección presidencial. Como ellos mismos reconocieron en entrevistas radiofónicas, se aproximaron al tema buscando documentar el fraude que habría impedido a López Obrador la victoria. Pero no lo encontraron. Lo que vieron fue un caudal de errores en la campaña, entre los cuales sobresalía la soberbia del candidato y la mala organización el día de la votación.
En el ámbito más académico, Andreas Schedler, investigador del CIDE, acaba de publicar en el Journal of Democracy (18-1, enero 2007) una revisión de la elección desde la perspectiva de las instituciones, concluyendo que "ninguna ingeniería institucional es suficiente para sustituir el requisito de ´espíritu público´ y ´sentimiento colectivo de responsabilidad´ de los involucrados. Al final son los actores, no las instituciones, los que producen y conservan el bien público de las elecciones institucionalizadas".
En estos días circulan dos libros más que arrojan luz sobre el asunto, ambos publicados por Planeta. Por un lado, 2 de julio, de Carlos Tello Díaz, recrea el día de la elección con idas y venidas por la campaña y la postelección, fundamentalmente desde el punto de vista de la coalición que impulsó a López Obrador. Por el otro, de Salvador Camarena y Jorge Zepeda Patterson, El presidente electo, que tiene dos partes. La primera, escrita por Camarena, es una estampa de Felipe Calderón que se concentra en las campañas de éste, desde la interna del PAN hasta la decisión del TEPJF. Es interesante que ambos dedican un espacio importante a narrar y analizar lo ocurrido con los encuestadores, sobre todo el mismo 2 de julio. No hay diferencia significativa en sus interpretaciones, por cierto.
Hoy es perfectamente claro que López Obrador sabía que había perdido la elección desde el mismo domingo 2 de julio por la noche. Esto significa que todo lo ocurrido después fue un montaje que buscaba descarrilar a las instituciones. Desde la popular consigna del voto por voto hasta la intentona del presidente interino. Desde el fraude cibernético hasta el plantón de Reforma.
Sin embargo, las cosas no tenían que ir por ese camino. La pequeña diferencia en la votación, sumada al delito del Consejo Coordinador Empresarial (el único delito reconocido por el Tribunal, puesto que la imprudencia de Fox, grande como fue, no era ilegal), si bien no permitían anular la elección, sí podían convertirse en un inmenso capital político para López Obrador. Capital destrozado con el alud de mentiras que documentan los trabajos antes referidos.
Es importante que este tema se resuelva porque no debe servir de excusa para poner en riesgo la siguiente elección, torpedeando el IFE, ni para posponer decisiones que el país requiere con urgencia como lo es la reforma fiscal. Ya no se vale argumentar agravios.
El proceso que sigue el PRD para recuperarse del ascenso y la caída es especialmente complejo y, como lo habíamos comentado hace un par de meses, se cruza con el que el PRI sufre, en su búsqueda de nueva dirección (en todo sentido). El espacio político de estos partidos tiene una intersección demasiado grande como para ignorarla. El partido más lento se verá en serias dificultades en 2009, y desaparecerá, porque el costo financiero de las derrotas no es despreciable. A pesar de las carretadas de dinero que reciben los partidos de nuestros impuestos, estos dos partidos cargan con deudas que, con menos de 20% de la votación en las próximas elecciones, serán impagables.
Hay que moverse hacia adelante, hay que construir el país, tomando decisiones, no lamentando errores.
Pocas semanas después de la elección hubo trabajos serios como los de Fernando Pliego, del IIS de la UNAM, y de Javier Aparicio, del CIDE, que desmontaban los argumentos del fraude cibernético, el algoritmo mágico y demás inventos. Pero eran textos más bien técnicos.
Hace algunos meses, los periodistas Óscar Camacho y Alejandro Almazán publicaron el libro La victoria que no fue (Grijalbo, 2006), el primer libro que evaluaba la derrota de López Obrador en la elección presidencial. Como ellos mismos reconocieron en entrevistas radiofónicas, se aproximaron al tema buscando documentar el fraude que habría impedido a López Obrador la victoria. Pero no lo encontraron. Lo que vieron fue un caudal de errores en la campaña, entre los cuales sobresalía la soberbia del candidato y la mala organización el día de la votación.
En el ámbito más académico, Andreas Schedler, investigador del CIDE, acaba de publicar en el Journal of Democracy (18-1, enero 2007) una revisión de la elección desde la perspectiva de las instituciones, concluyendo que "ninguna ingeniería institucional es suficiente para sustituir el requisito de ´espíritu público´ y ´sentimiento colectivo de responsabilidad´ de los involucrados. Al final son los actores, no las instituciones, los que producen y conservan el bien público de las elecciones institucionalizadas".
En estos días circulan dos libros más que arrojan luz sobre el asunto, ambos publicados por Planeta. Por un lado, 2 de julio, de Carlos Tello Díaz, recrea el día de la elección con idas y venidas por la campaña y la postelección, fundamentalmente desde el punto de vista de la coalición que impulsó a López Obrador. Por el otro, de Salvador Camarena y Jorge Zepeda Patterson, El presidente electo, que tiene dos partes. La primera, escrita por Camarena, es una estampa de Felipe Calderón que se concentra en las campañas de éste, desde la interna del PAN hasta la decisión del TEPJF. Es interesante que ambos dedican un espacio importante a narrar y analizar lo ocurrido con los encuestadores, sobre todo el mismo 2 de julio. No hay diferencia significativa en sus interpretaciones, por cierto.
Hoy es perfectamente claro que López Obrador sabía que había perdido la elección desde el mismo domingo 2 de julio por la noche. Esto significa que todo lo ocurrido después fue un montaje que buscaba descarrilar a las instituciones. Desde la popular consigna del voto por voto hasta la intentona del presidente interino. Desde el fraude cibernético hasta el plantón de Reforma.
Sin embargo, las cosas no tenían que ir por ese camino. La pequeña diferencia en la votación, sumada al delito del Consejo Coordinador Empresarial (el único delito reconocido por el Tribunal, puesto que la imprudencia de Fox, grande como fue, no era ilegal), si bien no permitían anular la elección, sí podían convertirse en un inmenso capital político para López Obrador. Capital destrozado con el alud de mentiras que documentan los trabajos antes referidos.
Es importante que este tema se resuelva porque no debe servir de excusa para poner en riesgo la siguiente elección, torpedeando el IFE, ni para posponer decisiones que el país requiere con urgencia como lo es la reforma fiscal. Ya no se vale argumentar agravios.
El proceso que sigue el PRD para recuperarse del ascenso y la caída es especialmente complejo y, como lo habíamos comentado hace un par de meses, se cruza con el que el PRI sufre, en su búsqueda de nueva dirección (en todo sentido). El espacio político de estos partidos tiene una intersección demasiado grande como para ignorarla. El partido más lento se verá en serias dificultades en 2009, y desaparecerá, porque el costo financiero de las derrotas no es despreciable. A pesar de las carretadas de dinero que reciben los partidos de nuestros impuestos, estos dos partidos cargan con deudas que, con menos de 20% de la votación en las próximas elecciones, serán impagables.
Hay que moverse hacia adelante, hay que construir el país, tomando decisiones, no lamentando errores.
Monday, February 12, 2007
Pequeños dictadores - Federico Reyes Heroles
¿Drama o comedia? Farsa quizá, pero qué cara farsa. A los demócratas se les conoce en la derrota lanzó Rodríguez Zapatero condenando la insurrección postelectoral en México. Las derrotas provocan a esos pequeños dictadores que -por lo visto- muchos llevan dentro. La derrota desnuda a aquellos que en su fuero interno se niegan a asumir uno de los principios centrales de la democracia: la convivencia civilizada con el triunfador. No hablaré del pequeño gran dictador que en el 2006 desde la derrota mandó al diablo a las instituciones. Allí nada es sorpresa. Lo que sí asombra es el desfile posterior. ¿Será que su ejemplo provocó el descaro en serie? Primer caso.
Una militante de toda la vida del PAN, de convicciones particularmente afines con las posturas conservadoras, pierde la elección interna para la Gubernatura en Yucatán. Historias hay muchas, que si el Gobernador impuso a su candidato, que si manipularon el proceso, etc. Las mismas del priísmo y del perredismo pero ahora en azul. Las lecciones de democracia no salen de la vida interna de los partidos. Furiosa la panista de hueso sale a la búsqueda de otras alternativas. La derrota la sacude hasta en sus amarres más profundos. Despotrica contra el PAN. Sin embargo dice, moriré siendo panista. El PRD, en el mejor de los arribismos, finge demencia. Los votos y las prerrogativas van primero. La convierte en su candidata. Se olvidan las infinitas críticas de la neocandidata a las posturas del perredismo y a su líder de facto. Nada importa. Cuando se es un derrotado -para la Presidencia o una candidatura- se comparte un código de cinismo: todo se vale. ¿Dónde quedaron las convicciones democráticas, las profundas diferencias ideológicas?
Convertido en juez de jueces un senador perredista exige que les corten la cabeza a los consejeros del IFE. Desde la derrota blande sus lanzas en pos de venganza. Ya no son de confiar, hay que ir a la purga. Que las normas se vayan a la basura. Primero va el derecho de venganza de los derrotados. El PRI se suma.
Pero hagamos memoria. La ley electoral que hoy nos rige pasó por las manos del PRD. De hecho durante casi una década ese partido ha acudido a las elecciones aceptando de facto los principios que imperan en el código. Esa ley es la que les permitió obtener en sucesivas legislaturas decenas de diputados y senadores. Esa fórmula es la que les acredita los 14’683,927 de votos; por esa normatividad estuvieron a un tris de obtener la Presidencia. Pero claro, desde la derrota surgen los ánimos dictatoriales: a cortar cabezas. El PRD decidió no participar en la designación de los actuales consejeros. Fue una opción política que les abría la puerta para las impugnaciones posteriores. Nosotros no participamos en el padrón, tampoco en la nueva distritación, etc., vamos a la elección bajo protesta: si ganamos, la elección es buena, si perdemos, todo se vale.
Los pequeños dictadores asoman por todas partes. La ley que los llevó a sus actuales curules es buena para que cobren sus dietas pero no para garantizar elecciones limpias. Luego sus propias elecciones están bajo sospecha ¿o cómo debemos interpretar la desconfianza generalizada? Las deformaciones no podrían ser mayores: la ley se debe adaptar a los caprichos ¡Que corra sangre! Me ganaron, no puedo convivir sin venganza, necesito una reivindicación simbólica. A cortar cabezas. La fórmula de designación de los consejeros del IFE debe cambiar, es cierto. Los motivos son varios. Las cuotas partidarias siempre han terminado por imperar. Además se somete los deseosos a un proceso de lobbing frente a quienes serán sus futuros vigilados. Yo te escojo para que tú supervises mi actuación, es absurdo.
El actual Consejo cometió errores, sobre todo en la forma de comunicación de los resultados. Errores que provinieron de carácter inédito del proceso, de lo cerrado y de la inexperiencia inevitable cuando se es primerizo. Por eso es tan importante instaurar el relevo escalonado de los consejeros y de los miembros del Tribunal. Con todo y errores, de los cuales son parcialmente responsables los partidos al aprobar esa ley que desecha la experiencia, también es cierto que las cifras publicadas por el IFE sobre encuestas, PREP y resultados finales no dejan duda de la congruencia numérica del proceso que vivimos. Pero ese no es el punto de la discusión.
Toda institución y todo cuerpo colegiado pueden y debe ser perfeccionado. Pero en lo que no debe abrirse ningún margen de maniobra es en el fácil expediente de los pequeños dictadores de todos los frentes que son incapaces de aceptar que la dignidad democrática comienza por no cuestionar las normas pactadas para una contienda. Menos aún en buscar victorias simbólicas que intentan sembrar la duda sobre las personas y las instituciones para evadir la responsabilidad propia en la derrota. Lo deseable sería que en el proceso electoral del 2009 estén allí los mismos consejeros con la experiencia acumulada. Lo deseable sería que terminaran su encargo para no incurrir en el triste expediente de -por caprichos personales y contraviniendo el principio de permanencia de ese tipo de funciones- despedir funcionarios para dormir con un ego más inflado.
Ya ocurrió en la CNDH con la doctora Rocatti y su respectivo reflejo en las comisiones locales. Ya ha ocurrido en varios institutos electorales locales. Por ese camino, como hizo Chávez, vamos a terminar cortándole la cabeza a los ministros de la Corte cuando no nos gusten sus resoluciones. Que el mundo se adapte a mí, es el rezo nocturno del pequeño dictador.
Una militante de toda la vida del PAN, de convicciones particularmente afines con las posturas conservadoras, pierde la elección interna para la Gubernatura en Yucatán. Historias hay muchas, que si el Gobernador impuso a su candidato, que si manipularon el proceso, etc. Las mismas del priísmo y del perredismo pero ahora en azul. Las lecciones de democracia no salen de la vida interna de los partidos. Furiosa la panista de hueso sale a la búsqueda de otras alternativas. La derrota la sacude hasta en sus amarres más profundos. Despotrica contra el PAN. Sin embargo dice, moriré siendo panista. El PRD, en el mejor de los arribismos, finge demencia. Los votos y las prerrogativas van primero. La convierte en su candidata. Se olvidan las infinitas críticas de la neocandidata a las posturas del perredismo y a su líder de facto. Nada importa. Cuando se es un derrotado -para la Presidencia o una candidatura- se comparte un código de cinismo: todo se vale. ¿Dónde quedaron las convicciones democráticas, las profundas diferencias ideológicas?
Convertido en juez de jueces un senador perredista exige que les corten la cabeza a los consejeros del IFE. Desde la derrota blande sus lanzas en pos de venganza. Ya no son de confiar, hay que ir a la purga. Que las normas se vayan a la basura. Primero va el derecho de venganza de los derrotados. El PRI se suma.
Pero hagamos memoria. La ley electoral que hoy nos rige pasó por las manos del PRD. De hecho durante casi una década ese partido ha acudido a las elecciones aceptando de facto los principios que imperan en el código. Esa ley es la que les permitió obtener en sucesivas legislaturas decenas de diputados y senadores. Esa fórmula es la que les acredita los 14’683,927 de votos; por esa normatividad estuvieron a un tris de obtener la Presidencia. Pero claro, desde la derrota surgen los ánimos dictatoriales: a cortar cabezas. El PRD decidió no participar en la designación de los actuales consejeros. Fue una opción política que les abría la puerta para las impugnaciones posteriores. Nosotros no participamos en el padrón, tampoco en la nueva distritación, etc., vamos a la elección bajo protesta: si ganamos, la elección es buena, si perdemos, todo se vale.
Los pequeños dictadores asoman por todas partes. La ley que los llevó a sus actuales curules es buena para que cobren sus dietas pero no para garantizar elecciones limpias. Luego sus propias elecciones están bajo sospecha ¿o cómo debemos interpretar la desconfianza generalizada? Las deformaciones no podrían ser mayores: la ley se debe adaptar a los caprichos ¡Que corra sangre! Me ganaron, no puedo convivir sin venganza, necesito una reivindicación simbólica. A cortar cabezas. La fórmula de designación de los consejeros del IFE debe cambiar, es cierto. Los motivos son varios. Las cuotas partidarias siempre han terminado por imperar. Además se somete los deseosos a un proceso de lobbing frente a quienes serán sus futuros vigilados. Yo te escojo para que tú supervises mi actuación, es absurdo.
El actual Consejo cometió errores, sobre todo en la forma de comunicación de los resultados. Errores que provinieron de carácter inédito del proceso, de lo cerrado y de la inexperiencia inevitable cuando se es primerizo. Por eso es tan importante instaurar el relevo escalonado de los consejeros y de los miembros del Tribunal. Con todo y errores, de los cuales son parcialmente responsables los partidos al aprobar esa ley que desecha la experiencia, también es cierto que las cifras publicadas por el IFE sobre encuestas, PREP y resultados finales no dejan duda de la congruencia numérica del proceso que vivimos. Pero ese no es el punto de la discusión.
Toda institución y todo cuerpo colegiado pueden y debe ser perfeccionado. Pero en lo que no debe abrirse ningún margen de maniobra es en el fácil expediente de los pequeños dictadores de todos los frentes que son incapaces de aceptar que la dignidad democrática comienza por no cuestionar las normas pactadas para una contienda. Menos aún en buscar victorias simbólicas que intentan sembrar la duda sobre las personas y las instituciones para evadir la responsabilidad propia en la derrota. Lo deseable sería que en el proceso electoral del 2009 estén allí los mismos consejeros con la experiencia acumulada. Lo deseable sería que terminaran su encargo para no incurrir en el triste expediente de -por caprichos personales y contraviniendo el principio de permanencia de ese tipo de funciones- despedir funcionarios para dormir con un ego más inflado.
Ya ocurrió en la CNDH con la doctora Rocatti y su respectivo reflejo en las comisiones locales. Ya ha ocurrido en varios institutos electorales locales. Por ese camino, como hizo Chávez, vamos a terminar cortándole la cabeza a los ministros de la Corte cuando no nos gusten sus resoluciones. Que el mundo se adapte a mí, es el rezo nocturno del pequeño dictador.
Wednesday, February 07, 2007
Los pecados del ´Peje´ - Raymundo Riva Palacio
Un nuevo libro pone al frente del escenario a Andrés Manuel López Obrador y provoca más revelaciones sobre lo que sucedió en 2006
La soberbia no sólo es el principal pecado capital; es la metáfora que describe de cuerpo completo a Andrés Manuel López Obrador. La arrogancia no es un pecado, pero define totalmente la actitud del tabasqueño. La humildad no fue su fuerte durante la campaña presidencial, en la que se transformó en un hombre intransigente y excluyente. Bienaventurados fueron quienes se mostraban serviles; marginados resultaron aquellos que osaron señalarle sus faltas. Sólo en ese marco de referencia se puede empezar a comprender cómo un candidato presidencial que tenía una ventaja de 15 puntos sobre su más cercano adversario cuatro meses antes de las elecciones, pudiera perderlos. ¿Qué sucedió?
Nuevos detalles sobre los errores estratégicos de López Obrador han comenzado a salir como parte de los reacomodos políticos dentro del PRD y por la necesidad de supervivencia política de algunos que figuraron entre sus más aguerridos gladiadores. ¿Qué sucedió cuando en febrero de 2006 tenía esa ventaja sobre el segundo lugar en ese momento, Roberto Madrazo?
"Se equivocó de contrincante", dice un perredista. "Cuando vio la ventaja que tenía y que faltaban varios meses para la elección, decidió hacer la campaña en contra de Fox". Se le dijo que el presidente Vicente Fox no aparecería en las boletas de la elección y que tenía un nivel de popularidad de 65%. Es decir, Fox podía desgastarse lo que quisiera, pues no contendería por nada, mientras que todo lo negativo que pudiera acarrearle esa competencia a López Obrador repercutiría en puntos de popularidad y preferencia de votos. El candidato no les hizo caso.
Días después explotó su primer "¡Cállate, chachalaca!" Y ahí empezó el cambio de dirección de viento y la campaña presidencial comenzó a ser una batalla. Una semana antes, el equipo de Felipe Calderón había puesto en televisión un spot que hablaba de la deuda que había dejado López Obrador en el Gobierno del Distrito Federal, pero había pasado desapercibido. El grito contra Fox sacudió al electorado. En el cuarto de guerra de la campaña de Calderón vieron cómo sus números en los tracking polls se movían por primera vez en meses. Decidieron regresar el spot de la deuda a la televisión y, con los posibles votantes más alerta porque el grito chachalaco los perturbó, la campaña negativa comenzó a despegar.
Según un colaborador de Calderón, esos dos momentos le hicieron perder a López Obrador "entre seis y siete puntos". La encuestadora del perredista, Ana Cristina Covarrubias, también midió que las cosas dejaban de estar bien y suspendió la difusión de sus encuestas de tendencia de voto. Los asesores del perredista aconsejaron no atacar a Fox, pero le volvió a recetar otro "chachalaca", regalándole al equipo de Calderón un nuevo spot comparándolo con el venezolano Hugo Chávez. "Todas las mañanas nos sentábamos en el cuarto de guerra a esperar la respuesta, pero pasaron 20 días y nunca nos respondieron nada".
Varios asesores de López Obrador le recomendaban irse a la televisión y contrarrestar los golpes con una campaña negativa contra Calderón, que ya había rebasado a Madrazo y se acercaba al perredista. Pero la respuesta era no. "Él nos decía que el pueblo no iba a votar por los malos, sino por el bueno, con lo que él ganaría", confió un perredista. López Obrador tampoco fue al primer debate. "Le costó otros cinco o seis puntos", dijo el colaborador de Calderón. "Ahí lo empezamos a rebasar". La ventaja que tenía en febrero se había evaporado. Aceptó retirar al cineasta Luis Mandoki como su creador de imagen y contratar a Hugo Scherer para evitar la debacle. Scherer es un profesional en comunicación política e imagen, pero en el último mes de la campaña sólo pudo ver al candidato 15 minutos, de madrugada en San Luis Potosí. La contienda se encontraba el 2 de julio con un empate técnico.
López Obrador no había preparado un plan de contingencia en caso de perder. "Esa opción nunca estuvo en su cabeza", reveló el perredista. Por eso, todo se empezó a derrumbar la tarde de la elección, cuando los números no cuadraban. En un nuevo libro, 2 de julio, Carlos Tello Díaz narra cómo a las cuatro de la tarde de ese día la encuesta de Covarrubias le daba tres puntos de ventaja sobre Calderón -un empate técnico-, pero el resto de las encuestas daban un empate total. El autor detalla el desconcierto al iniciar la noche y cómo el ambiente de fiesta se había vuelto un mosaico de caras tristes y nerviosas.
De hecho, a las seis de la tarde el coordinador de la campaña, Jesús Ortega, llamó por teléfono al estratega de Madrazo, Manlio Fabio Beltrones, y le pidió que no le levantaran la mano a Calderón. "Ni a Calderón, ni a López Obrador", respondió, deslizando un consejo, tal y como lo habían hecho en 1988 ellos cuando la elección de Carlos Salinas: "Tomen la calle". Si no ocupan los espacios, les advirtió, "los van a desaparecer mañana". Una hora después, Martí Batres convocaba a sus seguidores al zócalo.
Cuando el conteo de votos le dio a Calderón una apretada victoria, le sugirieron a López Obrador realizar una huelga de hambre en el zócalo para presionar al tribunal electoral. "No nos escuchó", dijo uno de sus cercanos que no es miembro del partido. En lugar de ello, cometió otro error: realizar un "plantón" sobre Paseo de la Reforma. Duró casi dos meses y fue un desastre. Varios líderes del PRD le pidieron levantarlo, pero cada vez que parecía aceptarlo, los más radicales lo convencían de lo contrario, argumentando que era la única forma de presionar a los magistrados electorales.
Estaban equivocados por partida doble: les recetaron un fallo negativo unánime. A cambio, el plantón provocó la ruptura de alianzas con varios de los más importantes empresarios del país y con un amplio sector de intelectuales que se la jugaron con López Obrador, además de la pérdida de respaldo de la prensa internacional y de la gente, que lo castigó con 25 puntos de menos de popularidad. La caída de prestigio de López Obrador se acentuó cuando, ignorando el consejo de varios cercanos, incluido su protector Enrique González Pedrero, se ungió como "presidente legítimo".
El descrédito del ex candidato se probó durante la reciente marcha sindical contra el alza de la tortilla, donde la participación del tabasqueño tuvo un impacto negativo entre la población a la que querían llegar. López Obrador tiene hoy rendimientos decrecientes para el PRD y la izquierda en general. Pero quien piense que está acabado, se equivoca. El PRD piensa hacer una evaluación crítica de la derrota en la elección presidencial, donde quizá cuelguen a quienes responsabilizó de la operación electoral. Pero a él no lo van a tocar. Es un mal necesario, cuando menos para 2009 y, nadie sabe en este momento, si también un nuevo activo para dentro de seis años
La soberbia no sólo es el principal pecado capital; es la metáfora que describe de cuerpo completo a Andrés Manuel López Obrador. La arrogancia no es un pecado, pero define totalmente la actitud del tabasqueño. La humildad no fue su fuerte durante la campaña presidencial, en la que se transformó en un hombre intransigente y excluyente. Bienaventurados fueron quienes se mostraban serviles; marginados resultaron aquellos que osaron señalarle sus faltas. Sólo en ese marco de referencia se puede empezar a comprender cómo un candidato presidencial que tenía una ventaja de 15 puntos sobre su más cercano adversario cuatro meses antes de las elecciones, pudiera perderlos. ¿Qué sucedió?
Nuevos detalles sobre los errores estratégicos de López Obrador han comenzado a salir como parte de los reacomodos políticos dentro del PRD y por la necesidad de supervivencia política de algunos que figuraron entre sus más aguerridos gladiadores. ¿Qué sucedió cuando en febrero de 2006 tenía esa ventaja sobre el segundo lugar en ese momento, Roberto Madrazo?
"Se equivocó de contrincante", dice un perredista. "Cuando vio la ventaja que tenía y que faltaban varios meses para la elección, decidió hacer la campaña en contra de Fox". Se le dijo que el presidente Vicente Fox no aparecería en las boletas de la elección y que tenía un nivel de popularidad de 65%. Es decir, Fox podía desgastarse lo que quisiera, pues no contendería por nada, mientras que todo lo negativo que pudiera acarrearle esa competencia a López Obrador repercutiría en puntos de popularidad y preferencia de votos. El candidato no les hizo caso.
Días después explotó su primer "¡Cállate, chachalaca!" Y ahí empezó el cambio de dirección de viento y la campaña presidencial comenzó a ser una batalla. Una semana antes, el equipo de Felipe Calderón había puesto en televisión un spot que hablaba de la deuda que había dejado López Obrador en el Gobierno del Distrito Federal, pero había pasado desapercibido. El grito contra Fox sacudió al electorado. En el cuarto de guerra de la campaña de Calderón vieron cómo sus números en los tracking polls se movían por primera vez en meses. Decidieron regresar el spot de la deuda a la televisión y, con los posibles votantes más alerta porque el grito chachalaco los perturbó, la campaña negativa comenzó a despegar.
Según un colaborador de Calderón, esos dos momentos le hicieron perder a López Obrador "entre seis y siete puntos". La encuestadora del perredista, Ana Cristina Covarrubias, también midió que las cosas dejaban de estar bien y suspendió la difusión de sus encuestas de tendencia de voto. Los asesores del perredista aconsejaron no atacar a Fox, pero le volvió a recetar otro "chachalaca", regalándole al equipo de Calderón un nuevo spot comparándolo con el venezolano Hugo Chávez. "Todas las mañanas nos sentábamos en el cuarto de guerra a esperar la respuesta, pero pasaron 20 días y nunca nos respondieron nada".
Varios asesores de López Obrador le recomendaban irse a la televisión y contrarrestar los golpes con una campaña negativa contra Calderón, que ya había rebasado a Madrazo y se acercaba al perredista. Pero la respuesta era no. "Él nos decía que el pueblo no iba a votar por los malos, sino por el bueno, con lo que él ganaría", confió un perredista. López Obrador tampoco fue al primer debate. "Le costó otros cinco o seis puntos", dijo el colaborador de Calderón. "Ahí lo empezamos a rebasar". La ventaja que tenía en febrero se había evaporado. Aceptó retirar al cineasta Luis Mandoki como su creador de imagen y contratar a Hugo Scherer para evitar la debacle. Scherer es un profesional en comunicación política e imagen, pero en el último mes de la campaña sólo pudo ver al candidato 15 minutos, de madrugada en San Luis Potosí. La contienda se encontraba el 2 de julio con un empate técnico.
López Obrador no había preparado un plan de contingencia en caso de perder. "Esa opción nunca estuvo en su cabeza", reveló el perredista. Por eso, todo se empezó a derrumbar la tarde de la elección, cuando los números no cuadraban. En un nuevo libro, 2 de julio, Carlos Tello Díaz narra cómo a las cuatro de la tarde de ese día la encuesta de Covarrubias le daba tres puntos de ventaja sobre Calderón -un empate técnico-, pero el resto de las encuestas daban un empate total. El autor detalla el desconcierto al iniciar la noche y cómo el ambiente de fiesta se había vuelto un mosaico de caras tristes y nerviosas.
De hecho, a las seis de la tarde el coordinador de la campaña, Jesús Ortega, llamó por teléfono al estratega de Madrazo, Manlio Fabio Beltrones, y le pidió que no le levantaran la mano a Calderón. "Ni a Calderón, ni a López Obrador", respondió, deslizando un consejo, tal y como lo habían hecho en 1988 ellos cuando la elección de Carlos Salinas: "Tomen la calle". Si no ocupan los espacios, les advirtió, "los van a desaparecer mañana". Una hora después, Martí Batres convocaba a sus seguidores al zócalo.
Cuando el conteo de votos le dio a Calderón una apretada victoria, le sugirieron a López Obrador realizar una huelga de hambre en el zócalo para presionar al tribunal electoral. "No nos escuchó", dijo uno de sus cercanos que no es miembro del partido. En lugar de ello, cometió otro error: realizar un "plantón" sobre Paseo de la Reforma. Duró casi dos meses y fue un desastre. Varios líderes del PRD le pidieron levantarlo, pero cada vez que parecía aceptarlo, los más radicales lo convencían de lo contrario, argumentando que era la única forma de presionar a los magistrados electorales.
Estaban equivocados por partida doble: les recetaron un fallo negativo unánime. A cambio, el plantón provocó la ruptura de alianzas con varios de los más importantes empresarios del país y con un amplio sector de intelectuales que se la jugaron con López Obrador, además de la pérdida de respaldo de la prensa internacional y de la gente, que lo castigó con 25 puntos de menos de popularidad. La caída de prestigio de López Obrador se acentuó cuando, ignorando el consejo de varios cercanos, incluido su protector Enrique González Pedrero, se ungió como "presidente legítimo".
El descrédito del ex candidato se probó durante la reciente marcha sindical contra el alza de la tortilla, donde la participación del tabasqueño tuvo un impacto negativo entre la población a la que querían llegar. López Obrador tiene hoy rendimientos decrecientes para el PRD y la izquierda en general. Pero quien piense que está acabado, se equivoca. El PRD piensa hacer una evaluación crítica de la derrota en la elección presidencial, donde quizá cuelguen a quienes responsabilizó de la operación electoral. Pero a él no lo van a tocar. Es un mal necesario, cuando menos para 2009 y, nadie sabe en este momento, si también un nuevo activo para dentro de seis años
Wednesday, January 31, 2007
Cantarell - Sergio Sarmiento
El futuro ya nos alcanzó. Toda la información disponible sugiere que la producción de Cantarell no sólo está declinando sino que lo está haciendo a un ritmo muy superior al que se esperaba. Las consecuencias para la economía nacional pueden ser enormes.
Desde hace años se sabía que Cantarell, el yacimiento petrolero en la sonda de Campeche descubierto en 1976, y el cual ha llegado a representar más del 60 por ciento de la producción nacional de crudo, estaba llegando a su pico por lo que era cuestión de tiempo para que empezara su declinación. Durante varios años, de hecho, sólo se había mantenido la producción gracias a la inyección de nitrógeno en los pozos de perforación.
Lo que ha sorprendido no es el hecho de que haya comenzado finalmente la caída de Cantarell. En esta misma columna señalé el 9 de enero del 2006 que “a fines de este año o principios del que viene su rendimiento empezará a declinar”. Lo que ha sorprendido es la velocidad de este proceso. Según una nota publicada ayer por Reforma, la producción de este yacimiento cayó de 2 a 1.5 millones de barriles diarios entre diciembre de 2005 y el mismo mes de 2006.
Si bien es verdad que distintas circunstancias, desde laborales hasta climáticas, pueden haber acelerado este proceso, la información disponible sugiere que se está registrando una declinación gradual la cual parece reflejar una caída natural en el rendimiento de este yacimiento. El mismo sigilo que los directivos de Pemex han mantenido acerca de la producción de Cantarell parece indicativo de que lo que estamos viendo es ya la caída inevitable de la producción de un yacimiento.
Es verdad que la producción en otros campos petrolíferos ha venido subiendo en los últimos tiempos. Pero debemos entender que es imposible que esta nueva producción reemplace el crudo de Cantarell, por lo menos en el corto plazo. La verdad es que con este yacimiento nos sacamos la lotería. Pero hoy, cuando ya casi se nos acaba ese premio mayor, es evidente que no hicimos casi nada para prepararnos para los tiempos en que se nos acabaría este regalo que nos ha dado ya unos 12 mil millones de barriles de petróleo crudo.
Cuando hagamos la lista de los grandes errores que ha cometido el Estado mexicano a lo largo de las décadas sin duda que colocaremos en un lugar especial la decisión de usar el dinero proveniente de la explotación de Cantarell para subsidiar el gasto corriente del Gobierno. Al contrario de lo que han hecho los noruegos, que han creado un fondo con recursos del petróleo del mar del Norte para preparar al país para los tiempos en que esta riqueza ya no fluirá como ahora, o los chilenos, que también han empleado el ingreso proveniente de los altos precios del cobre para establecer un fondo para los inevitables tiempos de vacas flacas, nosotros hemos utilizado el dinero del petróleo para compensar la ineficiencia de nuestro sistema fiscal. Estamos subsidiando la evasión fiscal y los privilegios de algunos.
Una de las razones por las que no se ha hecho una reforma fiscal a fondo en nuestro país ha sido precisamente por la abundancia de dinero del petróleo. ¿Para qué molestar a los ciudadanos, a los sindicatos o a las grandes empresas cobrándoles impuestos si Dios nos ha dotado generosamente de hidrocarburos?
Este razonamiento ha llevado a que un 40 por ciento del gasto del Estado mexicano sea subsidiado por los ingresos petroleros. Poco ha importado que con esta política se ha dejado a Pemex sin recursos suficientes para invertir en la exploración y desarrollo de nuevos yacimientos. Una de las razones de la poca reposición de las reservas con las que cuenta el país es precisamente esa falta de inversión. Por un lado prohibimos la inversión privada en esta actividad y por la otra saqueamos al monopolio estatal. Es la fórmula perfecta para la quiebra.
Es verdad que Pemex ha venido desarrollando algunos nuevos campos petroleros, pero ninguno se compara con Cantarell, el yacimiento marino más importante en el mundo. Por eso la producción petrolera en nuestro país ha caído de 3.4 millones de barriles diarios en 2004 a 2.9 millones en 2006. Si continúa la caída a ese ritmo, a fines de este sexenio nos habremos convertido en importadores netos de petróleo.
La verdad es que es un desperdicio –un verdadero crimen- lo que hemos hecho con el petróleo y los recursos surgidos de Cantarell. Pero quizá el agotamiento de este gran yacimiento resulte en una bendición para todos nosotros. No supimos ser ricos: no supimos aprovechar la lotería geológica que nos ganamos con Cantarell. Pero quizá en un futuro, cuando no tengamos ya el dinero fácil del petróleo, nuestros políticos estarán más dispuestos a tomar las medidas duras pero necesarias para racionalizar nuestra economía. Sólo si ya no hay dinero del petróleo aceptarán hacer una reforma fiscal y, por qué no, una reforma energética.
Boda de Ugalde
Leonel Cota, presidente nacional del PRD, acusó ayer al presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, de haber usado 250 mil pesos del erario para su boda. Si la información es correcta, Ugalde debe ser severamente sancionado. Pero si no lo es, Cota debe ofrecer una disculpa pública. El tema es demasiado importante para quedarse simplemente en una acusación sin seguimiento.
Desde hace años se sabía que Cantarell, el yacimiento petrolero en la sonda de Campeche descubierto en 1976, y el cual ha llegado a representar más del 60 por ciento de la producción nacional de crudo, estaba llegando a su pico por lo que era cuestión de tiempo para que empezara su declinación. Durante varios años, de hecho, sólo se había mantenido la producción gracias a la inyección de nitrógeno en los pozos de perforación.
Lo que ha sorprendido no es el hecho de que haya comenzado finalmente la caída de Cantarell. En esta misma columna señalé el 9 de enero del 2006 que “a fines de este año o principios del que viene su rendimiento empezará a declinar”. Lo que ha sorprendido es la velocidad de este proceso. Según una nota publicada ayer por Reforma, la producción de este yacimiento cayó de 2 a 1.5 millones de barriles diarios entre diciembre de 2005 y el mismo mes de 2006.
Si bien es verdad que distintas circunstancias, desde laborales hasta climáticas, pueden haber acelerado este proceso, la información disponible sugiere que se está registrando una declinación gradual la cual parece reflejar una caída natural en el rendimiento de este yacimiento. El mismo sigilo que los directivos de Pemex han mantenido acerca de la producción de Cantarell parece indicativo de que lo que estamos viendo es ya la caída inevitable de la producción de un yacimiento.
Es verdad que la producción en otros campos petrolíferos ha venido subiendo en los últimos tiempos. Pero debemos entender que es imposible que esta nueva producción reemplace el crudo de Cantarell, por lo menos en el corto plazo. La verdad es que con este yacimiento nos sacamos la lotería. Pero hoy, cuando ya casi se nos acaba ese premio mayor, es evidente que no hicimos casi nada para prepararnos para los tiempos en que se nos acabaría este regalo que nos ha dado ya unos 12 mil millones de barriles de petróleo crudo.
Cuando hagamos la lista de los grandes errores que ha cometido el Estado mexicano a lo largo de las décadas sin duda que colocaremos en un lugar especial la decisión de usar el dinero proveniente de la explotación de Cantarell para subsidiar el gasto corriente del Gobierno. Al contrario de lo que han hecho los noruegos, que han creado un fondo con recursos del petróleo del mar del Norte para preparar al país para los tiempos en que esta riqueza ya no fluirá como ahora, o los chilenos, que también han empleado el ingreso proveniente de los altos precios del cobre para establecer un fondo para los inevitables tiempos de vacas flacas, nosotros hemos utilizado el dinero del petróleo para compensar la ineficiencia de nuestro sistema fiscal. Estamos subsidiando la evasión fiscal y los privilegios de algunos.
Una de las razones por las que no se ha hecho una reforma fiscal a fondo en nuestro país ha sido precisamente por la abundancia de dinero del petróleo. ¿Para qué molestar a los ciudadanos, a los sindicatos o a las grandes empresas cobrándoles impuestos si Dios nos ha dotado generosamente de hidrocarburos?
Este razonamiento ha llevado a que un 40 por ciento del gasto del Estado mexicano sea subsidiado por los ingresos petroleros. Poco ha importado que con esta política se ha dejado a Pemex sin recursos suficientes para invertir en la exploración y desarrollo de nuevos yacimientos. Una de las razones de la poca reposición de las reservas con las que cuenta el país es precisamente esa falta de inversión. Por un lado prohibimos la inversión privada en esta actividad y por la otra saqueamos al monopolio estatal. Es la fórmula perfecta para la quiebra.
Es verdad que Pemex ha venido desarrollando algunos nuevos campos petroleros, pero ninguno se compara con Cantarell, el yacimiento marino más importante en el mundo. Por eso la producción petrolera en nuestro país ha caído de 3.4 millones de barriles diarios en 2004 a 2.9 millones en 2006. Si continúa la caída a ese ritmo, a fines de este sexenio nos habremos convertido en importadores netos de petróleo.
La verdad es que es un desperdicio –un verdadero crimen- lo que hemos hecho con el petróleo y los recursos surgidos de Cantarell. Pero quizá el agotamiento de este gran yacimiento resulte en una bendición para todos nosotros. No supimos ser ricos: no supimos aprovechar la lotería geológica que nos ganamos con Cantarell. Pero quizá en un futuro, cuando no tengamos ya el dinero fácil del petróleo, nuestros políticos estarán más dispuestos a tomar las medidas duras pero necesarias para racionalizar nuestra economía. Sólo si ya no hay dinero del petróleo aceptarán hacer una reforma fiscal y, por qué no, una reforma energética.
Boda de Ugalde
Leonel Cota, presidente nacional del PRD, acusó ayer al presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, de haber usado 250 mil pesos del erario para su boda. Si la información es correcta, Ugalde debe ser severamente sancionado. Pero si no lo es, Cota debe ofrecer una disculpa pública. El tema es demasiado importante para quedarse simplemente en una acusación sin seguimiento.
Políticos enanos - Ricardo Pascoe Pierce
La propuesta del PRI de destituir a los consejeros ciudadanos del IFE fue inmediatamente secundada por el PRD. Con singular alegría, los dirigentes de esos partidos celebraron la idea de destituirlos. Es, habrán pensado, una acción patriótica y que beneficiará a las futuras generaciones de mexicanos.
Hablan, hay que decirlo, los dos partidos que no solamente salieron derrotados de los comicios federales del pasado 2 de julio, sino que también son los más endeudados financieramente. Son los que más se han negado a evaluar autocríticamente los resultados electorales del año pasado.
El PRI, por su lado, es el partido que más elecciones intermedias ganó entre 2000 y 2006, y es el que más dinero gastó en 2006. Quedó en un humillante tercer lugar. El PRD estaba con una ventaja de 10 puntos porcentuales en marzo de 2006 y por su imprudencia y arrogancia infantil quedó en un aún más humillante segundo lugar, además de haber sido el que más gastó.
Para evitar tener que dar explicaciones embarazosas e "inexplicables", las direcciones de ambos partidos han buscado las razones de sus respectivas, y distintas, derrotas fuera de la institución partidista. Ante la imposibilidad de avanzar más en la adjudicación de responsabilidades externas, resulta que ahora cada partido siente haber encontrado la articulación de todos sus males en los consejeros ciudadanos del IFE. Recurriendo al socorrido expediente del desafecto cultural de los mexicanos con todas las instituciones con olor a Estado, PRI y PRD ahora echan la culpa de todos sus males al IFE.
Pretendiendo una discusión sobre una hipotética "reforma del Estado", el PRI amenaza: no habrá avances en esa materia si no se da, primero, la destrucción de las instituciones. Para crear instituciones hay que destruir otras, han de pensar. Al PRD no le llegan tantas ideas a la cabeza. Simplemente quiere venganza. Sin reconocer, por supuesto, que su irritación con la integración del IFE es su propia culpa: Pablo Gómez imitó la arrogancia ignorante del PRD y exigió todo, perdiéndolo todo. Jugó al tonto útil.
Una parte de la explicación de la conducta irresponsable de estos partidos tiene que ver, indudablemente, con el hecho de que las direcciones partidistas no quieren asumir la responsabilidad de sus respectivas derrotas. Pero la otra parte tiene que ver con el hecho de que, además de perder las elecciones, endeudaron extraordinariamente a sus partidos y ahora son parias en los mundos financiero y televisivo del país.
Ahora que ha terminado el proceso electoral, los partidos tienen que justificar sus gastos ante el IFE, so pena, en el caso de no hacerlo, de sufrir el castigo de multas severas. El PRD, por ejemplo, está inventando facturas y rogándole a sus fracciones parlamentarias que le entreguen comprobantes de gastos para salvar su situación ante el IFE, pues su desorden administrativo interno es, por decirlo gentilmente, proverbial. Si bien el desorden interno en el PRI no es tanto como en el PRD, lo cierto es que no logra explicar de dónde provinieron recursos económicos tan abundantes (ojo Enrique Jackson).
Es evidente que ambos partidos tienen motivaciones propias y particulares para impulsar, en este momento, la destitución en pleno de los consejeros del IFE. Si logran pactar con nuevos consejeros la "flexible" revisión de sus finanzas, les estarán eternamente agradecidos.
Esos dos partidos están demostrando, con su postura ante este tema, su absoluta incapacidad de comprometerse con una verdadera reforma del Estado. Es que simplemente no les interesa. Su interés es mucho más mundano, a pesar de sus discursos estrepitosos y alucinantes. Las direcciones quieren evitar dar explicaciones y negociar sus deudas.
El deservicio que cometen es en contra de las futuras generaciones, pues, con su propuesta, buscan destruir instituciones, sin tener el menor interés en crear nuevas y más sólidas. Además, demuestran su pequeña estatura política. Prefieren destruir instituciones que asumir sus responsabilidades como lo que son: direcciones políticas fracasadas. La amenaza de que sólo habrá reforma política después de la destitución de los consejeros del IFE es una mentira. Con o sin destitución no habrá reforma política: están demostrando que no les interesa. Más bien, lo que hay en curso en un proceso consciente y deliberado de enanización de la clase política.
Con la propuesta de PRI y PRD, la democracia corre el riesgo de truncarse durante muchas generaciones.
Hablan, hay que decirlo, los dos partidos que no solamente salieron derrotados de los comicios federales del pasado 2 de julio, sino que también son los más endeudados financieramente. Son los que más se han negado a evaluar autocríticamente los resultados electorales del año pasado.
El PRI, por su lado, es el partido que más elecciones intermedias ganó entre 2000 y 2006, y es el que más dinero gastó en 2006. Quedó en un humillante tercer lugar. El PRD estaba con una ventaja de 10 puntos porcentuales en marzo de 2006 y por su imprudencia y arrogancia infantil quedó en un aún más humillante segundo lugar, además de haber sido el que más gastó.
Para evitar tener que dar explicaciones embarazosas e "inexplicables", las direcciones de ambos partidos han buscado las razones de sus respectivas, y distintas, derrotas fuera de la institución partidista. Ante la imposibilidad de avanzar más en la adjudicación de responsabilidades externas, resulta que ahora cada partido siente haber encontrado la articulación de todos sus males en los consejeros ciudadanos del IFE. Recurriendo al socorrido expediente del desafecto cultural de los mexicanos con todas las instituciones con olor a Estado, PRI y PRD ahora echan la culpa de todos sus males al IFE.
Pretendiendo una discusión sobre una hipotética "reforma del Estado", el PRI amenaza: no habrá avances en esa materia si no se da, primero, la destrucción de las instituciones. Para crear instituciones hay que destruir otras, han de pensar. Al PRD no le llegan tantas ideas a la cabeza. Simplemente quiere venganza. Sin reconocer, por supuesto, que su irritación con la integración del IFE es su propia culpa: Pablo Gómez imitó la arrogancia ignorante del PRD y exigió todo, perdiéndolo todo. Jugó al tonto útil.
Una parte de la explicación de la conducta irresponsable de estos partidos tiene que ver, indudablemente, con el hecho de que las direcciones partidistas no quieren asumir la responsabilidad de sus respectivas derrotas. Pero la otra parte tiene que ver con el hecho de que, además de perder las elecciones, endeudaron extraordinariamente a sus partidos y ahora son parias en los mundos financiero y televisivo del país.
Ahora que ha terminado el proceso electoral, los partidos tienen que justificar sus gastos ante el IFE, so pena, en el caso de no hacerlo, de sufrir el castigo de multas severas. El PRD, por ejemplo, está inventando facturas y rogándole a sus fracciones parlamentarias que le entreguen comprobantes de gastos para salvar su situación ante el IFE, pues su desorden administrativo interno es, por decirlo gentilmente, proverbial. Si bien el desorden interno en el PRI no es tanto como en el PRD, lo cierto es que no logra explicar de dónde provinieron recursos económicos tan abundantes (ojo Enrique Jackson).
Es evidente que ambos partidos tienen motivaciones propias y particulares para impulsar, en este momento, la destitución en pleno de los consejeros del IFE. Si logran pactar con nuevos consejeros la "flexible" revisión de sus finanzas, les estarán eternamente agradecidos.
Esos dos partidos están demostrando, con su postura ante este tema, su absoluta incapacidad de comprometerse con una verdadera reforma del Estado. Es que simplemente no les interesa. Su interés es mucho más mundano, a pesar de sus discursos estrepitosos y alucinantes. Las direcciones quieren evitar dar explicaciones y negociar sus deudas.
El deservicio que cometen es en contra de las futuras generaciones, pues, con su propuesta, buscan destruir instituciones, sin tener el menor interés en crear nuevas y más sólidas. Además, demuestran su pequeña estatura política. Prefieren destruir instituciones que asumir sus responsabilidades como lo que son: direcciones políticas fracasadas. La amenaza de que sólo habrá reforma política después de la destitución de los consejeros del IFE es una mentira. Con o sin destitución no habrá reforma política: están demostrando que no les interesa. Más bien, lo que hay en curso en un proceso consciente y deliberado de enanización de la clase política.
Con la propuesta de PRI y PRD, la democracia corre el riesgo de truncarse durante muchas generaciones.
Tuesday, January 30, 2007
Problemas antiguos - Macario Schettino
El Universal
La semana pasada, el PRI anunció que propondrá una reforma legal que le permita a Pemex sobrevivir. Es bueno que así sea, sin duda. Se estarán corrigiendo errores muy antiguos, de los que nadie puede considerarse ajeno.
El país que hoy tenemos es resultado de decisiones que vienen de los tiempos en que el PRI gobernaba. Para los que lo hayan olvidado, gobernaba de manera absoluta y autoritaria. No está de más recordar que fue sólo a fines de los años 80 cuando llegaron los primeros senadores de oposición, recién salidos del PRI, por cierto. Y el primer gobernador de otro partido.
Desde 1938, cuando se construyó el verdadero Partido de la Revolución, se tomaron decisiones orientadas a mantener el poder. Esas decisiones, como todas, tenían costos, la mayoría a pagar en el largo plazo. Ese largo plazo ya pasó, y ha llegado la hora del pago.
Para obtener y mantener el apoyo de los sindicatos, se llegó al absurdo de las pensiones dinámicas, de la jubilación con menos de 30 años de trabajo, del mantenimiento de la planta laboral a cualquier costo. A partir de 1970, el gobierno además decidió convertirse en el empleador más importante del país. Ahora nos toca pagar esas pensiones, para esa inmensa cantidad de servidores públicos, para las que nunca se hizo una reserva financiera. El costo, este año, es de 2.3% del PIB. Crecerá en 10% cada año.
Para obtener y mantener el apoyo de la población en general, se decidió dar a todos educación y salud, mantener bajos los precios de algunos alimentos, subsidiar la producción de otros, o el consumo de electricidad, o lo que se les fuera ocurriendo. Así, el gasto público que entre 1945 y 1955 era de 10% del PIB fue creciendo, hasta llegar en los 70 a más de 30%. Después de varias crisis, hoy lo tenemos en 25% del PIB. Pero como esa cantidad no alcanza para tener educación, salud y seguridad de calidad, pues tenemos lo que se pueda. Dos terceras partes de los jóvenes que salen de secundaria sólo pueden "seguir instrucciones simples". Jamás tendrán un ingreso digno. Nadie paga por simples instrucciones.
Para obtener y mantener el apoyo de los empresarios se decidió no tener una estructura fiscal moderna. Así, en los años de 1960, 1971, 1980 y 1992, el gobierno prefirió no cobrar bien impuestos. El resultado es que México es el país que menos recauda. En los últimos 30 años, hemos pagado con nuestros impuestos sólo 40% del gasto público. Lo demás lo pagó el petróleo o lo mandamos a deuda. En cualquier caso, se envió al futuro para que lo pagaran otros. El futuro ya llegó, nosotros somos los otros.
Frente a estos problemas, que no son normales, que son producto de décadas de abuso, veo propuestas de cambios paulatinos, de ajustes moderados. Ignoro si es simple ignorancia o mala fe. Ya no podemos posponer ni el fin de Cantarell, ni las pensiones que tenemos que pagar, ni podemos pedirle a millones de jóvenes que dejen de crecer, en lo que estamos en capacidad de darles educación de calidad.
Veo también cómo los políticos buscan culpar a sus adversarios por estos problemas. Pero nadie está limpio de culpa. Fue el PRI de los años 70 el que no sólo no quiso resolver los problemas sino que los agravó, y fue el PRI de los 80 y 90 el que evitó tomar decisiones de fondo y pospuso las soluciones. Y quienes estuvieron en ese partido están hoy en dos: el PRD y el PRI. Y si al PAN no puede culpársele por lo ocurrido en esos tiempos, resulta ser el principal responsable de lo que ha pasado, al menos, en la última década. Como principal oposición y como gobierno.
Ni es posible posponer más las decisiones, ni tiene ninguna utilidad averiguar quién fue el culpable. Todas las energías posibles, todos los espacios de acuerdo tienen que dirigirse a impulsar las decisiones que nos permitan corregir la inmensa cantidad de errores cometidos en 50 años de farsa. Hacerlo nos permitirá ser uno de los países más importantes del mundo. Por fin un país del que se pueda uno sentir orgulloso. No hacerlo nos conducirá a una espiral de deterioro. Ahora sí, al basurero de la historia.
La semana pasada, el PRI anunció que propondrá una reforma legal que le permita a Pemex sobrevivir. Es bueno que así sea, sin duda. Se estarán corrigiendo errores muy antiguos, de los que nadie puede considerarse ajeno.
El país que hoy tenemos es resultado de decisiones que vienen de los tiempos en que el PRI gobernaba. Para los que lo hayan olvidado, gobernaba de manera absoluta y autoritaria. No está de más recordar que fue sólo a fines de los años 80 cuando llegaron los primeros senadores de oposición, recién salidos del PRI, por cierto. Y el primer gobernador de otro partido.
Desde 1938, cuando se construyó el verdadero Partido de la Revolución, se tomaron decisiones orientadas a mantener el poder. Esas decisiones, como todas, tenían costos, la mayoría a pagar en el largo plazo. Ese largo plazo ya pasó, y ha llegado la hora del pago.
Para obtener y mantener el apoyo de los sindicatos, se llegó al absurdo de las pensiones dinámicas, de la jubilación con menos de 30 años de trabajo, del mantenimiento de la planta laboral a cualquier costo. A partir de 1970, el gobierno además decidió convertirse en el empleador más importante del país. Ahora nos toca pagar esas pensiones, para esa inmensa cantidad de servidores públicos, para las que nunca se hizo una reserva financiera. El costo, este año, es de 2.3% del PIB. Crecerá en 10% cada año.
Para obtener y mantener el apoyo de la población en general, se decidió dar a todos educación y salud, mantener bajos los precios de algunos alimentos, subsidiar la producción de otros, o el consumo de electricidad, o lo que se les fuera ocurriendo. Así, el gasto público que entre 1945 y 1955 era de 10% del PIB fue creciendo, hasta llegar en los 70 a más de 30%. Después de varias crisis, hoy lo tenemos en 25% del PIB. Pero como esa cantidad no alcanza para tener educación, salud y seguridad de calidad, pues tenemos lo que se pueda. Dos terceras partes de los jóvenes que salen de secundaria sólo pueden "seguir instrucciones simples". Jamás tendrán un ingreso digno. Nadie paga por simples instrucciones.
Para obtener y mantener el apoyo de los empresarios se decidió no tener una estructura fiscal moderna. Así, en los años de 1960, 1971, 1980 y 1992, el gobierno prefirió no cobrar bien impuestos. El resultado es que México es el país que menos recauda. En los últimos 30 años, hemos pagado con nuestros impuestos sólo 40% del gasto público. Lo demás lo pagó el petróleo o lo mandamos a deuda. En cualquier caso, se envió al futuro para que lo pagaran otros. El futuro ya llegó, nosotros somos los otros.
Frente a estos problemas, que no son normales, que son producto de décadas de abuso, veo propuestas de cambios paulatinos, de ajustes moderados. Ignoro si es simple ignorancia o mala fe. Ya no podemos posponer ni el fin de Cantarell, ni las pensiones que tenemos que pagar, ni podemos pedirle a millones de jóvenes que dejen de crecer, en lo que estamos en capacidad de darles educación de calidad.
Veo también cómo los políticos buscan culpar a sus adversarios por estos problemas. Pero nadie está limpio de culpa. Fue el PRI de los años 70 el que no sólo no quiso resolver los problemas sino que los agravó, y fue el PRI de los 80 y 90 el que evitó tomar decisiones de fondo y pospuso las soluciones. Y quienes estuvieron en ese partido están hoy en dos: el PRD y el PRI. Y si al PAN no puede culpársele por lo ocurrido en esos tiempos, resulta ser el principal responsable de lo que ha pasado, al menos, en la última década. Como principal oposición y como gobierno.
Ni es posible posponer más las decisiones, ni tiene ninguna utilidad averiguar quién fue el culpable. Todas las energías posibles, todos los espacios de acuerdo tienen que dirigirse a impulsar las decisiones que nos permitan corregir la inmensa cantidad de errores cometidos en 50 años de farsa. Hacerlo nos permitirá ser uno de los países más importantes del mundo. Por fin un país del que se pueda uno sentir orgulloso. No hacerlo nos conducirá a una espiral de deterioro. Ahora sí, al basurero de la historia.
Wednesday, January 17, 2007
La mentira como ideologia - Jorge Fernandez Menendez
El célebre asesor político, Dick Morris, escribió en su libro Juegos de Poder que “utilizar un periodo fuera del poder –tras una derrota- para recuperar la propia esencia y modelar su mensaje, es una experiencia clave en la carrera de muchos que se han mantenido firmes en su principios y han triunfado”. Eso es lo que se esperaba de Andrés Manuel López Obrador: nadie le pedía que renegara de sus principios, sino que la derrota le permitiera redescubrir su esencia política y modelar su lenguaje aprendiendo de la derrota.
Lamentablemente ha ocurrido todo lo contrario. López Obrador no ha aprendido nada del proceso pasado o, quizás su esencia siempre fue la que estamos viendo ahora. El ex candidato ha demostrado ser un mentiroso: durante meses dijo que tenía una encuesta que lo tenía diez puntos arriba y ahora sabemos, por quien fue su propia encuestadora oficial, Ana Cristina Covarrubias, que esa encuesta nunca existió y que ella misma decidió no seguir divulgando los estudios de opinión que cotidianamente realizaba, porque los resultados de éstos demostraban que López Obrador iba cayendo en las preferencias electorales y ya estaba empatado con Felipe Calderón. Poco después, el mismo día de la elección, el tabasqueño aseguró que había ganado, según sus datos, por 500 mil votos. Pero ahora también sabemos que esa misma noche, sus propios conteos rápidos le decían que había perdido por un uno por ciento de los votos, lo que más adelante se confirmó. Después habló, primero, de un fraude cibernético; cuando se demostró era mentia, dijo que había sufrido un fraude “a la antigüita”; cuando se volvió a comprobar que también era falso, se escapó por la tangente y lisa y llanamente reemplazó cualquier intento de explicación por los insultos para sus adversarios y su decisión de autoproclamarse presidente legítimo. Hoy, sus actividades, con mucha mayor transparencia que ayer, lindan con el golpismo, con la única diferencia respecto a un Chávez o un Humala, que no hay fuerza armada que lo avale o respalde. Sus apoyos sociales, por otra parte, son cada vez menores, aunque haya redoblado su apuesta por la polarización del país.
Ahora, con el informe final de las elecciones 2006 del IFE, comprobamos que nos dijo otra gran mentira. No sólo el PAN y su candidato Felipe Calderón no fueron los que más gastaron y más acceso tuvieron en medios, sino que quien más gastó en medios fue quien terminó en tercer lugar, la alianza PRI-PVEM, con poco más de 444 millones de pesos. En segundo lugar estuvo López Obrador y la alianza PRD-Convergencia- PT que se gastó 384 millones de pesos, nada mal para un candidato, López Obrador, que había prometido que no haría publicidad en los medios electrónicos y que hablaba de un cerco informativo y de falta de acceso a la radio y la televisión. Si quitamos distintos gastos de publicidad y nos concentramos exclusivamente en prensa escrita y medios electrónicos, Madrazo y López Obrador gastaron casi lo mismo: 367 millones el primero y 359 el segundo. La diferencia de ambos con Felipe Calderón y el PAN es notable: el ahora Presidente gastó en esos aspectos 221 millones de pesos, casi la mitad que sus competidores. Mientras sólo en televisión López Obrador gastó 295 millones de pesos, Calderón pagó en la pantalla chica 127 millones. Mientras López Obrador invirtió en prensa escrita más de 20 millones de pesos, Calderón gastó dos millones y medio. Sí hubo diferencia en radio: mientras que Calderón invirtió en ese ámbito 91 millones, López Obrador compró espacios por 52 millones. Entonces, al revés de lo que ha dicho, el candidato de la coalición gastó cifras altísimas en televisión y prensa escrita y las canalizó hacia pocos espacios, mientras que Calderón gastó mucho menos pero con un equilibrio mucho mayor entre los distintos medios de comunicación, lo que hizo mucho más efectivo su mensaje.
Pero lo importante en esto es que, una vez más, resultó una falacia que hubiera un cerco informativo en torno a López Obrador: fue el que mayor cobertura, mayor tiempo y espacio en radio, televisión y prensa tuvo de los tres principales candidatos; gastó mucho más que Calderón en los espacios que compró en televisión, radio y prensa escrita. En todos esos ámbitos, en la cobertura independiente de los medios y en los espacios comprados, Calderón estuvo muy abajo de López Obrador. Nadie le cerró puertas, él escogió con quién ir, qué espacios ocupar y dónde invertir sus millonarios recursos. Sus acusaciones posteriores, por ende, no tienen fundamento. Se trata de una mentira más de un candidato que no ha sabido perder y que ahora está provocando una serie de derrotas en cadena de su propio partido, el cual no parece ser ya, tampoco, su prioridad.
La especialidad de López Obrador es y ha sido la provocación. Llega a acuerdos, pero no los respeta, busca ser víctima y no duda en mentir descaradamente. En el futuro inmediato habrá nuevos intentos de victimización: son necesarios porque el movimiento se ha desinflado, su discurso no genera atención pública ni de los medios, mientras los sectores más lúcidos de su partido han comenzado a tratar de apostar en un juego diferente que no sea el de perder-perder. Por eso, más temprano que tarde tratará de explotar un nuevo escándalo, de descubrir un nuevo enemigo común. Esa es su verdadera esencia.
El triunfo de Babel
La cinta de Alejandro González Iñárritu, Babel, logró el muy prestigiado Globo de Oro como mejor película dramática. Lo merece y debe alegrarnos que un creador mexicano haya alcanzado ese logro. Pero que nadie se cuelgue medallas que nos son suyas: nadie, desde ningún ámbito oficial, local o federal, se apoyó a González Iñárritu más que su gente, su equipo, su ahora rota colaboración con el guionista Guillermo Arriaga, para esa realización profesional. Y es que González Iñárritu se dedicó a trabajar, no a hacer de publicista político en turno.
Lamentablemente ha ocurrido todo lo contrario. López Obrador no ha aprendido nada del proceso pasado o, quizás su esencia siempre fue la que estamos viendo ahora. El ex candidato ha demostrado ser un mentiroso: durante meses dijo que tenía una encuesta que lo tenía diez puntos arriba y ahora sabemos, por quien fue su propia encuestadora oficial, Ana Cristina Covarrubias, que esa encuesta nunca existió y que ella misma decidió no seguir divulgando los estudios de opinión que cotidianamente realizaba, porque los resultados de éstos demostraban que López Obrador iba cayendo en las preferencias electorales y ya estaba empatado con Felipe Calderón. Poco después, el mismo día de la elección, el tabasqueño aseguró que había ganado, según sus datos, por 500 mil votos. Pero ahora también sabemos que esa misma noche, sus propios conteos rápidos le decían que había perdido por un uno por ciento de los votos, lo que más adelante se confirmó. Después habló, primero, de un fraude cibernético; cuando se demostró era mentia, dijo que había sufrido un fraude “a la antigüita”; cuando se volvió a comprobar que también era falso, se escapó por la tangente y lisa y llanamente reemplazó cualquier intento de explicación por los insultos para sus adversarios y su decisión de autoproclamarse presidente legítimo. Hoy, sus actividades, con mucha mayor transparencia que ayer, lindan con el golpismo, con la única diferencia respecto a un Chávez o un Humala, que no hay fuerza armada que lo avale o respalde. Sus apoyos sociales, por otra parte, son cada vez menores, aunque haya redoblado su apuesta por la polarización del país.
Ahora, con el informe final de las elecciones 2006 del IFE, comprobamos que nos dijo otra gran mentira. No sólo el PAN y su candidato Felipe Calderón no fueron los que más gastaron y más acceso tuvieron en medios, sino que quien más gastó en medios fue quien terminó en tercer lugar, la alianza PRI-PVEM, con poco más de 444 millones de pesos. En segundo lugar estuvo López Obrador y la alianza PRD-Convergencia- PT que se gastó 384 millones de pesos, nada mal para un candidato, López Obrador, que había prometido que no haría publicidad en los medios electrónicos y que hablaba de un cerco informativo y de falta de acceso a la radio y la televisión. Si quitamos distintos gastos de publicidad y nos concentramos exclusivamente en prensa escrita y medios electrónicos, Madrazo y López Obrador gastaron casi lo mismo: 367 millones el primero y 359 el segundo. La diferencia de ambos con Felipe Calderón y el PAN es notable: el ahora Presidente gastó en esos aspectos 221 millones de pesos, casi la mitad que sus competidores. Mientras sólo en televisión López Obrador gastó 295 millones de pesos, Calderón pagó en la pantalla chica 127 millones. Mientras López Obrador invirtió en prensa escrita más de 20 millones de pesos, Calderón gastó dos millones y medio. Sí hubo diferencia en radio: mientras que Calderón invirtió en ese ámbito 91 millones, López Obrador compró espacios por 52 millones. Entonces, al revés de lo que ha dicho, el candidato de la coalición gastó cifras altísimas en televisión y prensa escrita y las canalizó hacia pocos espacios, mientras que Calderón gastó mucho menos pero con un equilibrio mucho mayor entre los distintos medios de comunicación, lo que hizo mucho más efectivo su mensaje.
Pero lo importante en esto es que, una vez más, resultó una falacia que hubiera un cerco informativo en torno a López Obrador: fue el que mayor cobertura, mayor tiempo y espacio en radio, televisión y prensa tuvo de los tres principales candidatos; gastó mucho más que Calderón en los espacios que compró en televisión, radio y prensa escrita. En todos esos ámbitos, en la cobertura independiente de los medios y en los espacios comprados, Calderón estuvo muy abajo de López Obrador. Nadie le cerró puertas, él escogió con quién ir, qué espacios ocupar y dónde invertir sus millonarios recursos. Sus acusaciones posteriores, por ende, no tienen fundamento. Se trata de una mentira más de un candidato que no ha sabido perder y que ahora está provocando una serie de derrotas en cadena de su propio partido, el cual no parece ser ya, tampoco, su prioridad.
La especialidad de López Obrador es y ha sido la provocación. Llega a acuerdos, pero no los respeta, busca ser víctima y no duda en mentir descaradamente. En el futuro inmediato habrá nuevos intentos de victimización: son necesarios porque el movimiento se ha desinflado, su discurso no genera atención pública ni de los medios, mientras los sectores más lúcidos de su partido han comenzado a tratar de apostar en un juego diferente que no sea el de perder-perder. Por eso, más temprano que tarde tratará de explotar un nuevo escándalo, de descubrir un nuevo enemigo común. Esa es su verdadera esencia.
El triunfo de Babel
La cinta de Alejandro González Iñárritu, Babel, logró el muy prestigiado Globo de Oro como mejor película dramática. Lo merece y debe alegrarnos que un creador mexicano haya alcanzado ese logro. Pero que nadie se cuelgue medallas que nos son suyas: nadie, desde ningún ámbito oficial, local o federal, se apoyó a González Iñárritu más que su gente, su equipo, su ahora rota colaboración con el guionista Guillermo Arriaga, para esa realización profesional. Y es que González Iñárritu se dedicó a trabajar, no a hacer de publicista político en turno.
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