El Universal
La semana pasada, el PRI anunció que propondrá una reforma legal que le permita a Pemex sobrevivir. Es bueno que así sea, sin duda. Se estarán corrigiendo errores muy antiguos, de los que nadie puede considerarse ajeno.
El país que hoy tenemos es resultado de decisiones que vienen de los tiempos en que el PRI gobernaba. Para los que lo hayan olvidado, gobernaba de manera absoluta y autoritaria. No está de más recordar que fue sólo a fines de los años 80 cuando llegaron los primeros senadores de oposición, recién salidos del PRI, por cierto. Y el primer gobernador de otro partido.
Desde 1938, cuando se construyó el verdadero Partido de la Revolución, se tomaron decisiones orientadas a mantener el poder. Esas decisiones, como todas, tenían costos, la mayoría a pagar en el largo plazo. Ese largo plazo ya pasó, y ha llegado la hora del pago.
Para obtener y mantener el apoyo de los sindicatos, se llegó al absurdo de las pensiones dinámicas, de la jubilación con menos de 30 años de trabajo, del mantenimiento de la planta laboral a cualquier costo. A partir de 1970, el gobierno además decidió convertirse en el empleador más importante del país. Ahora nos toca pagar esas pensiones, para esa inmensa cantidad de servidores públicos, para las que nunca se hizo una reserva financiera. El costo, este año, es de 2.3% del PIB. Crecerá en 10% cada año.
Para obtener y mantener el apoyo de la población en general, se decidió dar a todos educación y salud, mantener bajos los precios de algunos alimentos, subsidiar la producción de otros, o el consumo de electricidad, o lo que se les fuera ocurriendo. Así, el gasto público que entre 1945 y 1955 era de 10% del PIB fue creciendo, hasta llegar en los 70 a más de 30%. Después de varias crisis, hoy lo tenemos en 25% del PIB. Pero como esa cantidad no alcanza para tener educación, salud y seguridad de calidad, pues tenemos lo que se pueda. Dos terceras partes de los jóvenes que salen de secundaria sólo pueden "seguir instrucciones simples". Jamás tendrán un ingreso digno. Nadie paga por simples instrucciones.
Para obtener y mantener el apoyo de los empresarios se decidió no tener una estructura fiscal moderna. Así, en los años de 1960, 1971, 1980 y 1992, el gobierno prefirió no cobrar bien impuestos. El resultado es que México es el país que menos recauda. En los últimos 30 años, hemos pagado con nuestros impuestos sólo 40% del gasto público. Lo demás lo pagó el petróleo o lo mandamos a deuda. En cualquier caso, se envió al futuro para que lo pagaran otros. El futuro ya llegó, nosotros somos los otros.
Frente a estos problemas, que no son normales, que son producto de décadas de abuso, veo propuestas de cambios paulatinos, de ajustes moderados. Ignoro si es simple ignorancia o mala fe. Ya no podemos posponer ni el fin de Cantarell, ni las pensiones que tenemos que pagar, ni podemos pedirle a millones de jóvenes que dejen de crecer, en lo que estamos en capacidad de darles educación de calidad.
Veo también cómo los políticos buscan culpar a sus adversarios por estos problemas. Pero nadie está limpio de culpa. Fue el PRI de los años 70 el que no sólo no quiso resolver los problemas sino que los agravó, y fue el PRI de los 80 y 90 el que evitó tomar decisiones de fondo y pospuso las soluciones. Y quienes estuvieron en ese partido están hoy en dos: el PRD y el PRI. Y si al PAN no puede culpársele por lo ocurrido en esos tiempos, resulta ser el principal responsable de lo que ha pasado, al menos, en la última década. Como principal oposición y como gobierno.
Ni es posible posponer más las decisiones, ni tiene ninguna utilidad averiguar quién fue el culpable. Todas las energías posibles, todos los espacios de acuerdo tienen que dirigirse a impulsar las decisiones que nos permitan corregir la inmensa cantidad de errores cometidos en 50 años de farsa. Hacerlo nos permitirá ser uno de los países más importantes del mundo. Por fin un país del que se pueda uno sentir orgulloso. No hacerlo nos conducirá a una espiral de deterioro. Ahora sí, al basurero de la historia.
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