Monday, July 31, 2006

Un liberal en aprietos - Federico Reyes Heroles

Y yo que soy liberal, tambien me siento en aprietos!

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Está apunto de aterrizar en la ciudad de México cuando se acuerda de la tarifa que tuvo que pagar por llegar a Poza Rica: casi equivalente a la que hubiera pagado para Nueva York. Los cielos deberían abrirse, sólo así bajarían las tarifas. Algo de enojo lo visita. Desde la ventanilla observa el servicio de abastecimiento de combustible y cavila sobre un mercado energético en el cual el monopolio estatal domina varios puntos. Si hubiera varios oferentes, piensa. En los pasillos del aeropuerto se topa con las larguísimas hileras de turistas en espera de pasar migración. Por su cabeza atraviesa, es incontenible, la idea de que la demanda de ese servicio es perfectamente rutinaria “ya saben cuando llegan los Jumbos de Lufthansa, de Air France, de British Airways, casi todos a la vez, ¡por qué no destinar más personal -oferta- y evitar la pérdida de tiempo!

Mientras se lava las manos recuerda que el nuevo aeropuerto no se construyó y claro, las erosionadas tierras del lago de Texcoco no encontraron mejor fin, y claro la central aeroportuaria no podrá ofrecer más y mejores servicios, y claro dejará de entrar inversión, y claro las compañías no podrán operar con plena eficacia, y claro seremos menos competitivos, y claro habrá otro país que aproveche la coyuntura de inseguridad de los EU, y claro una vez más dejamos ir oportunidades de generar empleos productivos en perjuicio de todos y beneficio de quién sabe quién. Pone su equipaje sobre un carrito y se encamina rumbo a la salida cuando se topa con esos tubos cromados cuya única misión es impedir que el ciudadano ejercite su derecho de llevar el equipaje hasta donde lo desee, para así garantizar la “chamba” a los “maleteros”. Él piensa que hay lugar para todos, siempre habrá necesidad de ese trabajo para ancianos, niños, madres o personas con capacidades distintas o simplemente con problemas en la espalda. Lo que le irrita hasta la médula es que le impongan el servicio impidiéndole usar las ruedas por sí mismo. Eso atenta en contra de sus libertades.

Pero todavía le falta un trago muy amargo. Es viernes por la noche y está lloviendo. La hilera para abordar el taxi se mete a la Terminal, debe tener unos 300 metros de larga. Cientos, miles de personas durante las horas, tirando la energía de su vida, energía que podrían estar usando en generar ideas, ingresos o simplemente energía para estar con sus familiares y gozar. Tiempo perdido, desperdiciado vida que se va al caño. Eso piensa mientras los zapatos le aprietan y el portafolio en la mano le pesa. Ha sido un día largo y todavía falta lo peor, por lo menos para él: ese espectáculo de auténtico sadismo consistente en ver a los taxis de la ciudad llegar al aeropuerto a dejar pasaje, justo a unos metros de donde cientos de personas esperan transporte y verse impedidos de recoger a los que esperan. ¡Genial! No, en México los taxis que entran con pasaje se van vacíos y los que salen con pasaje regresan vacíos ¡Qué gran idea: más contaminación, más desgaste de las máquinas, de nuevo tiempo y recursos perdidos! Resultado, menos productividad, menos crecimiento del pastel, una sociedad más pobre.

Nuestro amigo que podría llamarse Manuel o Everardo o Federico padece una enfermedad: es un liberal. Su enfermedad tiene varios síntomas, le puede a uno subir la presión del coraje, los derrames de bilis son frecuentes, los enojos y la irritabilidad también se presentan. Pero lo más terrible es el impacto sicológico. Comienza por el desencanto y puede llegar a la depresión profunda. Doctor, dice desesperado el liberal desde el diván, simplemente no entiendo. No entiendo por qué no podemos dedicarnos a producir aquello en donde tenemos ventajas, por qué ofuscarnos en ramas donde la tenemos perdida. Por qué guardar los hidrocarburos como si fueran un tesoro cuando en realidad son un instrumento más para poder generar riqueza. Por qué no podemos premiar a los que hacen bien su trabajo y jalarles las orejas a los otros, estímulos vamos. Por ejemplo en educación, demos bonos educativos y que las familias con información adecuada decidan qué quieren. Lo mismo en los servicios médicos. Por qué doctor no confiamos en el criterio de la gente, por qué todo el tiempo inventamos figuras paternales que le colgamos al estado. Por qué nunca pensamos en el consumidor, que somos todos. Por qué nos gusta amafiarnos en sindicatos que destruyen a las empresas, siendo que viven de ellas, o en auténticas guildas de notarios que encarecen todas las transacciones. Por qué le tenemos miedo a cambiar de trabajo a buscar algo mejor, a progresar, por qué. El terapeuta escucha con paciencia a su paciente y llega a la conclusión de que el viaje a Poza Rica le afectó más de lo normal. Explique doctor, ¿qué acaso estoy loco? pregunta con verdadera angustia nuestro personaje.

La enfermedad es grave, aunque no es muy común porque los liberales económicos no pululan. El liberalismo auténtico es una forma de ver el mundo en el cuál el beneficio general va primero. Las libertades individuales se someten a esa consideración mayor. No es una defensa de la libertad por la libertad misma, tampoco del mercado como fin. La libertad individual y el mercado pueden ser el mejor camino para disminuir esa vergüenza que es la miseria. Contra la impresión común, un auténtico liberal económico es una persona muy preocupada por la prosperidad general y no sólo por la propia. Para detectar el mal sugiero: Economía Mexicana Para Desencantados, de Manuel Sánchez González, FCE, 2006. Claro y sin desperdicio. Atrévase a encontrar el mal en usted.

Nos pasan lista 3 veces al día y si nos vamos podemos perder la casa, dice María Torres, quien duerme sobre cartones en campamento pro López Obrador

La Cronica

Para los hijos de María Torres el primer día de plantón sobre Paseo de la Reforma fue como un día de campo. En la noche contaron cuentos de terror y a las ocho de la mañana pudieron salir a jugar futbol sobre la avenida, sin autos que interrumpieran su juego.
Sin embargo María, quien vive en Iztapalapa, está preocupada porque no sabe cuánto tiempo debe estar, junto con sus niños, durmiendo sobre cartones y con sólo una cobija. A diferencia de las tiendas de campaña en las cuales pernoctan los líderes perredistas, ella no tiene cafetera eléctrica ni una bolsa de dormir.
Además asegura que el olor en los baños no tardará en ser insoportable. "Pero tenemos que estar aquí porque pasan lista en la mañana, a media tarde y en la noche. Si nos vamos perdemos la casa que esperamos del Invi y mi marido pierde el trabajo que tiene en una construcción", explicó.
María llegó a la marcha del domingo con una bolsa de mandado que tenía seis tortas, dos botellas de agua y tres manzanas. Después del anuncio que hizo Andrés Manuel López Obrador para acampar hasta que el Tribunal Electoral decida si recuenta o no los votos de la elección presidencial, a la ama de casa se le hizo un nudo en el estómago.
"La verdad es que sí me preocupé, porque yo creo que sí tenemos que apoyar a López Obrador con sus marchas, pero dejar mi casa ya se me hace mucho. Tuve que ir por ropa para los niños, unas cobijas, más agua y mis medicinas. Para que vieran que iba yo a regresar le dejé encargados a mis hijos a mi comadre, que se quedó a ver dónde nos iba a tocar", explicó.
Y es que, a pesar de que dice que el apoyo es voluntario, cuando sus compañeros de campamento se alejan confiesa que ella lo hace por su casa.
María y su esposo, Evaristo, pertenecen a una de las asociaciones perredistas inscritas al Invi; ya han aportado cerca de 10 mil pesos para obtener su casa y asegura que tiene miedo de perder su crédito.
"Nos advierten que López Obrador tiene que ganar para que podamos seguir con los programas y con todas las cosas que nos han dado. A mí me cae bien, pero de todas formas no le quiero jugar al valiente y prefiero dormir en cartones unos días a perder mi casa", agregó mientras cuidaba que uno de sus tres hijos no golpeara con una pelota a la diputada Clara Brugada, quien hacía un recorrido por el campamento.
La casa de campaña donde duermen María y sus tres hijos se encuentra en la esquina de Juárez y Reforma. Ayer ella ya tenía una cazuela de barro con frijoles, tres botellas de agua y algunas cobijas, pero asegura que en la noche no fue igual. Tuvieron que conformarse con las chamarras que llevaban y cenar pan con leche fría.
Hasta el momento acampar parece divertido, fuera del frío de las noches y lo incómodo del suelo; lo único que se necesita es un buen pasatiempo.
Los vecinos de María llevaron juegos de mesa, algunas cosas para tejer y un juego de video con baterías.
No obstante, los inconvenientes se agravan conforme transcurren las horas. En tan sólo medio día ya hubo más de una discusión por el agua. Para cocinar y lavarse las manos deben tomar el líquido de uno de los tinacos blancos instalados a lo largo de Reforma. Pero hay esperar su turno y los horarios, porque aseguran que el agua va a escasear y deben racionarla.
"Lo malo es que hasta para eso hay grillas, algunos campamentos ya se pelearon y están decidiendo a quién le toca primero. A este paso no vamos a aguantar más de tres días", lamentó la mujer.

Saturday, July 29, 2006

Pipis y Gañas

Les recomiendo mucho este carton de Paco Calderon, hablando de la "doble moral" o "doble lenguaje" del PRD con respecto a las elecciones. Esta muy bueno.

Pipis y Gañas

Prohíben a PAN colocar moños en puentes; pone PRD megalona en edificio

Y luego dicen que no hubo eleccion de Estado en el DF, y que no hay apoyo con recursos del gobierno a AMLO, y que hubo "cargada" a favor de Calderon desde Los Pinos... Y todo lo que pasa en el DF, que?

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Frena el Gobierno capitalino la campaña que iniciaron los albiazules en defensa del voto de Felipe Calderón, sin embargo, da luz verde a perredistas para instalar una lona en el inmueble que ocupa la ALDF en favor de AMLO

Alberto Cuenca
El Universal
Ciudad de México
Sábado 29 de julio de 2006

14:30 El gobierno de la ciudad prohibió que militantes del PAN capitalino colocaran este sábado moños blancos, palomas de cartón y mantas en puentes peatonales como parte de una campaña que iniciaron los albiazules en defensa del voto de Felipe Calderón.

Sin embargo, la misma administración local autorizó a los diputados del PRD en la Asamblea Legislativa del DF (ALDF) a que instalaran durante la noche del viernes una megalona en el edificio que ocupa el órgano legislativo en la Plaza de la Constitución, en apoyo a Andrés Manuel López Obrador.

Ricardo Ruiz Suárez, secretario de Gobierno de la ciudad, dijo que la Secretaría de Desarrollo Urbano y la Dirección de Protección Civil autorizaron la colocación de la megalona, pues se consideró que no había ningún riesgo por la instalación de la misma, a pesar de que está sujeta a un conjunto de andamios y no a la fachada del edificio.

En la conferencia del gobierno local, Ruiz Suárez también se refirió a la campaña anunciada por los panistas y recordó que no está permitido colocar propaganda o anuncios en los puentes peatonales, por los riesgos que esto implica para quienes circulan por debajo de los mismos.

Cuando se le preguntó si el gobierno de la ciudad retiraría los moños y las mantas colocadas por el PAN en los puentes peatonales, respondió: “Tendremos que retirarlos en su caso, cuando se afecte la seguridad de las personas”, aunque dijo que también se retirará la propaganda de la Coalición por el Bien de Todos cuando esta se coloque en lugares prohibidos.

En tanto, Carlos Gelista, presidente del PAN en la ciudad, denunció que este sábado por la mañana personal de la Dirección de Servicios Urbanos del gobierno del DF, con el apoyo de patrullas, impidió la colocación de propaganda en Miguel Angel de Quevedo y Tlalpan, en Periférico, así como en el Eje 6 Sur y avenida Cuauhtémoc.

Cuestionado sobre si el gobierno de la ciudad puede retirar la propaganda de los puentes, pues eso no está permitido por ley, el dirigente panista argumentó que los partidos políticos se rigen por normas distintas, en este caso el Código Electoral, y este sí permite la colocación de propaganda en la vía pública, aunque es de aclarar que está prohibida su instalación en vías rápidas o cuando obstruya los señalamientos viales.

Sobre la colocación de la lona en el edificio de la ALDF, de una extensión de 450 metros cuadrados y que cubre toda la fachada del inmueble, el legislador Obdulio Avila anunció que la próxima semana presentará una denuncia administrativa ante la contraloría interna de la Asamblea, pues acusó que se utilizan recursos públicos para apoyar la tercera asamblea informativa convocada por Andrés Manuel López Obrador.

La megalona tuvo un costo de 30 mil pesos, informaron en su momento los perredistas, quienes aseguraron que la misma se pagó con los recursos de la fracción del PRD, pero a decir de Obdulio Avila, por el hecho de estar sujeta a los andamios, se usan recursos públicos, ya que con dinero de la ALDF se realiza actualmente una rehabilitación de la fachada de ese edificio.

Obdulio Avila también lamentó las declaraciones que en la víspera hizo Alejandro Encinas, jefe de Gobierno local, quien calificó como “diputados de barandilla” a los legisladores que han presentado denuncias en su contra. “Quizás se refería a sus compañeritos del PRD, porque nosotros en el PAN hemos presentado el mayor número de iniciativas, por arriba de los perredistas, además que no es con estribillos fáciles ni descalificaciones como se preservan las instituciones”, respondió el asambleísta.

Por otra parte, el secretario de Gobierno local, Ricardo Ruiz, dijo que a petición de intelectuales responsables de la exhibición “De las obligaciones de la razón (Al mayoreo y al menudeo)”, se retiraron los pendones que se exhibían en la fachada del Antiguo Palacio del Ayuntamiento, sede del Gobierno del DF.

Friday, July 28, 2006

Entre carta y carta - Ana María Salazar

Se necesitan traductores, sicólogos, siquiatras y hasta uno que otro malpensado para comprender cabalmente la carta que Andrés Manuel López Obrador le envió esta semana a Felipe Calderón y la respuesta de éste. Veamos algunos ejemplos de lo que se dijo y de lo que se "quisieron decir".

Vamos respetando a los que se fregaron todo el día...

AMLO: "No descalifico a millones de mexicanos que participaron en la elección con su voto y con su esfuerzo. Por el contrario, reconozco el compromiso cívico de la mayoría de quienes cuidaron las casillas y contaron los votos. Si estos ciudadanos no hubiesen actuado con rectitud, defendiendo la democracia, el fraude hubiese sido mayor".

FC: "La jornada electoral del 2 de julio fue un esfuerzo cívico de casi 42 millones de ciudadanos que votaron en libertad. Cientos de miles de mexicanas y mexicanos colaboraron con el IFE para recibir y contar cada voto en presencia de representantes de todos los partidos políticos, entre ellos cientos de miles representándolo a usted, y todos los candidatos a la Presidencia de la República lo reconocimos públicamente el 2 de julio".

Lo que quisieron decir: AMLO quiere decir, aunque no le conviene, pero lo termina haciendo, que sus representantes se vendieron, y que si perdió fue por traición (a alguien hay que echarle la culpa). Que quede claro que él perdió no porque no votaran por él, sino porque los representantes lo traicionaron. Calderón sólo responde: "Que parte de ´todos estuvieron presentes, incluidos los tuyos´, ¿no entiendes?"

Porque a mi todos me quieren...

AMLO: "Como usted comprenderá, yo nunca podré decir que estas elecciones fueron equitativas, limpias y libres".

FC: "Los mexicanos ya votamos. La verdadera defensa de la democracia consiste en el respeto a la voluntad popular. Respetar el voto es respetar a México".

Lo que quisieron decir: AMLO: "A ver, cómo te explico que pase lo que pase, voy a hacer mis desmadres, y sé que gané". Y Calderón burlón le dice: "Ya estuvo mano, de los cinco que fuimos, cuatro aceptamos que yo gané. Supéralo, porque a mí todos me quieren, y a ti nadie te quiere.

"Pa´ qué te digo que no, si sí."

AMLO: "Si usted se pronuncia a favor del recuento de todos los votos, y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordena esta diligencia, yo ofrezco el compromiso de aceptar los resultados, si a usted le favorecen, y no convocar a más movilizaciones".

FC: "La decisión de recontar votos no corresponde a los candidatos ni a los partidos, sino al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que, en ejercicio de sus atribuciones, aplicará la ley".

Entre líneas: Andrés Manuel ya sabe que el tribunal no favorecerá su petición de voto por voto, y le está diciendo a Calderón, "tú tienes el poder, no te hagas, eres cuate de los consejeros, acepta el voto por voto y yo no la armo hasta que me digan que no soy presidente"... Calderón le dice: "A mí no me eches la culpa de tus locuras. La culpa la tiene el tribunal".

A ver de a cómo nos toca.

AMLO: "En caso de que usted no acepte esta propuesta, asumirá su responsabilidad de cara a los mexicanos. Además, le expreso que, en tanto no se resuelva el recuento de los votos y se pretenda imponerle, seguiremos recurriendo a la resistencia civil pacífica".

FC: "Lo invito a hacer política genuina que nos permita edificar el proyecto común que es México. Este es el momento de la unidad nacional, de la concordia y de la paz. Este es el mandato de los mexicanos".

Entre líneas: Aquí la amenaza es más que evidente, El Peje advierte que o se hacen las cosas a su modo o sufrirán las consecuencias, que aunque parezcan violentas, no lo son para él, pero sí para los calderonistas. Lo que quiso decir Calderón burlándose de AMLO: "Lero, lero, ya soy presidente. México me adora. Bueno, por lo menos me quieren un poquito más a mí que a ti. Si te portas bien te invito un día a comer y a platicar en mi casa nueva: Los Pinos".

"Fraude a la antigüita" - Demetrio Sodi de la Tijera

Después de haber analizado la información que presenta el PRD sobre el supuesto fraude electoral, sigo convencido de que la elección del pasado 2 de julio fue limpia y que las dudas y denuncias que presentan son simples conjeturas sin ninguna prueba concreta. Tengo plena confianza en la autonomía y profesionalismo del Instituto Federal Electoral y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y estoy seguro que si se hiciera un nuevo recuento de votos las cifras prácticamente no variarían, y no se modificarían ni el resultado ni el triunfador de la elección.

El reconocimiento por parte de AMLO de que "no fue un fraude cibernético, sino a la antigüita", echa por tierra sus argumentos de las últimas semanas. Ahora dice que se orquestó un fraude a través de la falsificación de actas, lo que hubiese significado que la gran mayoría del casi millón de funcionarios de casilla tendría que haber sido cómplice, sin embargo, él mismo se contradice cuando señala que gran parte de los funcionarios actuó honestamente. ¿En qué quedamos, fueron o no parte del fraude?

Andrés Manuel está rodeado de gente que orquestó y defendió el fraude del 88, Camacho, Bartlett, Monreal y Ebrard, y le han hecho creer que el 2 de julio pasado se dio un fraude similar al que ellos organizaron. Hay que recordar que en el 88 el que designaba a los funcionarios de casilla era el PRI, aun cuando formalmente los nombramientos los daba la Comisión Federal Electoral dependiente de la Secretaría de Gobernación. El control de los funcionarios lo tenían por lo tanto el PRI y el gobierno, lo que permitió, después de cerradas las casillas, falsificar las actas de la elección presidencial y aumentar el número de votos a favor de Carlos Salinas. El sistema se "cayó" para dar tiempo a los operadores de este fraude de falsificar actas y aumentar la votación presidencial. Por eso se opusieron a que se abrieran las urnas, porque sabían que en ellas no había el número de votos que decían las actas.

La situación actual es totalmente diferente, todos los funcionarios de casilla fueron escogidos al azar y el nombramiento lo otorgó un organismo completamente independiente del gobierno y los partidos, el IFE, por lo que era imposible un fraude a la "antigüita". Los funcionarios de casilla no aceptarían recibir consigna de nadie, ni del gobierno ni de partidos ni del IFE, eran ciudadanos comunes y corrientes y su único compromiso fue garantizar una jornada electoral limpia y contar bien los votos.

Estoy convencido de que López Obrador y su equipo saben que no hubo fraude, pero no les conviene aceptar su derrota porque se les acabaría el espacio político que tienen actualmente y perderían además el control del partido. Están dispuestos a llevar al país, al PRD y a la izquierda, a una aventura para proteger sus ambiciones personales. Como lo dije en la colaboración de la semana pasada, estoy convencido de que el supuesto fraude es un teatro montado para no reconocer su derrota, sembrando entre la gente la duda sobre la legitimidad del proceso y el ganador. Saben que si las cosas siguen por el camino que van, el tribunal va a ratificar el triunfo de Calderón y ellos van a ser desplazados, por lo que su única alternativa es un nuevo conteo de voto por voto para ver si realmente hay errores y las cifras cambian.

Desgraciadamente, hay mucha gente de buena fe que está convencida de que hubo fraude y no va a cambiar su opinión hasta que se cuente nuevamente voto por voto. Creo que en este momento no hay otra opción, AMLO y su equipo ya sembraron la duda entre la gente y están decididos, si no se cuentan nuevamente los votos, a desconocer la decisión del tribunal e impugnar y descalificar durante los próximos seis años la legitimidad de Felipe Calderón. Por el contrario, si se abren los paquetes y se ratifica el triunfo de Felipe Calderón, AMLO y su equipo van a quedar como lo que son, unos auténticos impostores que no les importa dividir al país y confrontar a la gente.

Thursday, July 27, 2006

Sustraen en Cancún información electoral del PAN

Contenían los documentos listado de miembros adherentes y activos, así como copias de las actas de escrutinio y cómputo

Notimex
El Universal
Cancún, Quintana Roo
Jueves 27 de julio de 2006

22:48 Ladrones sustrajeron de las oficinas del Comité Directivo Municipal (CDM) del PAN documentación referente a la estructura electoral, listado de miembros adherentes y activos, así como copias de las actas de escrutinio y cómputo.

El secretario de organización del CDM del PAN, René Cicero añadió que hoy acudió al Ministerio Público del Fuero Común a interponer su denuncia que quedó integrada bajo el expediente 1071/2006, en contra de quien o quienes resulten responsables.

Explicó que los ladrones se introdujeron al edificio retirando un aire acondicionado de un muro aledaño a la sala de juntas, por donde llegaron hasta las oficinas.

Precisó que no se llevaron computadoras u otros artículos de valor, pero sí violaron las chapas de los archiveros de donde sustrajeron papelería diversa, entre la que destacó la lista de miembros activos y estructura electoral y las copias de las actas de escrutinio y cómputo.

“Obviamente no se trata de un robo simple, pero dejaremos que las autoridades hagan su trabajo y diluciden quién fue el responsable”, enfatizó.

René Cicero manifestó que en este caso no se cumple el patrón de un hurto común, razón por la cual dejó abierta la posibilidad de haber sido víctimas de enemigos de otro partido político.

Malas sumas - Sergio Sarmiento

Tengo la impresión de que al candidato presidencial de la alianza Por el Bien de Todos y a sus colaboradores no se les dan las matemáticas. Sólo así se entiende que en una entrevista al periodista Jorge Ramos, de la cadena estadounidense de lengua española Univisión le haya dicho que es “presidente de México por voluntad de la mayoría”. Esta misma falta de habilidad con las matemáticas puede explicar porqué Andrés Manuel y su gente han afirmado que reunieron a 1.1 millones de personas en el Zócalo el 16 de julio y que congregarán a cuando menos al doble este próximo domingo.

Durante su campaña electoral, López Obrador afirmó constantemente que tenía una misteriosa encuesta de opinión que lo ponía 10 puntos porcentuales arriba de su más cercano contendiente. Esto le habría dado una ventaja de más de cuatro millones de votos sobre Felipe Calderón.

Sin embargo, el 2 de julio por la noche, el propio Andrés Manuel dijo que había ganado la elección no por 4 millones sino por sólo 500 mil votos, lo cual equivalía a poco más del 1 por ciento de los sufragios. La verdad es que perder 3.5 millones de votos en unos cuantos días habría sido un verdadero desastre político. Pero Andrés Manuel ni se inquietó ni ofreció explicación alguna. Quizá alguien había hecho mal las cuentas.

El problema es que ahora ni siquiera ese medio millón de votos de ventaja del 2 de julio aparece por ningún lado. La alianza Por el Bien de Todos seguramente tiene ya todas las actas de la elección en su poder. No se entiende porqué, para solucionar todas las dudas, sus colaboradores no presentan simplemente las actas que sumadas supuestamente le dan a López Obrador un triunfo por 500 mil votos en lugar de la derrota por 243,934 votos que arrojan las actas que todos podemos consultar en la página de Internet del IFE. ¿Será que a alguien no le salen las sumas? Y si las actas del PRD tienen cifras diferentes a las del IFE, ¿por qué no se dan a conocer las discrepancias acta por acta y la suma corregida?

Debe uno suponer que son las cifras de esas actas las que llevaron a López Obrador a autoproclamarse “Presidente de México por voluntad de la mayoría” en su entrevista con Jorge Ramos. Hay que recordar que los perredistas han cuestionado que el IFE señale a Felipe Calderón como el “candidato ganador” o que Elba Esther Gordillo se refiera a él como “Presidente electo”. Deben tener los miembros de este grupo, por lo tanto, una confianza absoluta en sus propias cifras y en el hecho de que éstas serán ratificadas por el Tribunal Electoral. Sólo así puede Andrés Manuel presentarse directamente como “Presidente de México”.

Ahora bien, ¿qué significa ser presidente “por voluntad de la mayoría”? ¿Quiere decir que la mayoría de los 71.5 millones de ciudadanos empadronados votó por López Obrador? ¿Realmente podemos pensar que 36 millones de mexicanos, y no los 14.8 millones que dice el IFE, votaron por el perredista? O quizá Andrés Manuel se refiera a la mayoría de los 42 millones que votaron el 2 de julio, en cuyo caso debería haber obtenido 21.5 millones de votos. De todas maneras, las sumas tanpoco cuadran: faltan 7 millones de votos para ello.

Tal vez lo que quiere decir López Obrador es algo distinto. Quizá ser presidente de México por “la voluntad de la mayoría” simplemente quiere decir que obtuvo “más votos” que Calderón. Lo que sea, incluso esto hay que demostrarlo de alguna manera. Y hasta ahora las sumas del PRD no cuadran.

Y por ello Andrés Manuel ha optado por “demostrar” su triunfo a base de grandes manifestaciones. En la del pasado 16 de julio nos dice que reunió a 1.1 millones de personas. Pero una vez más la suma parece equivocada.

La verdad es que según la información disponible el Zócalo cuenta con una superficie de 34,515 metros cuadrados. De ella, un 20 por ciento fue ocupado el 16 de julio por el templete y el camino que se dejó abierto en medio de la plaza para permitir el ingreso de los oradores. Esto significa que había unos 27,612 metros cuadrados para los asistentes, que a cuatro personas por metro cuadrado nos da un total de 110,448.

Vamos a suponer generosamente que, además de la gente en el Zócalo, se congregaron 80 mil personas en las calles de Madero, 16 de Septiembre, 5 de Mayo, 20 de Noviembre, Pino Suárez, 5 de Febrero (Norte y Sur) así como en el Hemiciclo a Juárez y en la torre del Caballito. Y seamos generosos una vez más y coloquemos a 40 mil más en el Paseo de la Reforma y en grupos que se retiraron antes de llegar al Zócalo. Aun así, si Pitágoras no me engaña, la suma es de 230,448 personas y no de 1.1 millones.

En fin, parece que las matemáticas no se le dan ni a López Obrador ni a sus colaboradores. Hay que encontrar todavía dónde están esos 500 mil votos que le dieron la victoria el 2 de julio o esos 800 mil participantes en la manifestación del 16 de julio. Aunque quizá fueron estos manifestantes fantasma los que le dieron a Andrés Manuel el triunfo claro que hoy le permite autoproclamarse “Presidente de México por voluntad de la mayoría”.

OTROS TIEMPOS

Manuel Camacho Solís es uno de los activistas que hoy cuestionan el supuesto fraude electoral. En 1988, como operador de Carlos Salinas de Gortari, su trabajo fue validarlo. A Gilberto Rincón Gallardo, quien colaboraba con Cuauhtémoc Cárdenas, lo amenazó entonces con meterlo a la cárcel por su defensa de la democracia.

Wednesday, July 26, 2006

La estrategia - Sergio Sarmiento

Andrés Manuel López Obrador estaba, sin duda, seguro de ganar las elecciones de este pasado 2 de julio. Estaba convencido de que las encuestas que lo colocaban en un empate con el candidato del PAN, Felipe Calderón, estaban “cuchareadas”. Tenía una enorme fe en lo que le habían dicho sus asesores: que un gran porcentaje de los electores no le decía a los encuestadores por quién votaría pero que al final sufragaría por él.

En el muy improbable caso de que perdiera, sin embargo, López Obrador sabía que no reconocería la validez de la elección. Desde hace mucho tiempo empezó a preparar el terreno para ello. La estrategia era clara.

Por esa razón, los legisladores de López Obrador se negaron a llegar a un acuerdo con los demás partidos y obligaron a que los consejeros del IFE fueran electos sin su voto: el primer paso para desconocer el resultado es, por supuesto, cuestionar la legitimidad del árbitro.

Por eso el desacato que llevó al desafuero fue presentado no como el caso judicial menor que siempre fue --el cual sólo se convirtió en una amenaza para las posibilidades de Andrés Manuel para postularse como candidato gracias a su propio descuido jurídico y al de sus abogados-- sino como un magno complot destinado a impedirle el paso a la Presidencia.

Por eso en todo el proceso, antes de que se sufragara el primer voto, López Obrador habló siempre de la “elección de Estado” y del fraude que se maquinaba en su contra. De esta manera, desde un principio el candidato se vacunó contra esa improbable derrota.

Ante el resultado de la votación del 2 de julio, López Obrador se encuentra ya inmerso en el inevitable siguiente paso de su estrategia. Lo que parecía imposible ha ocurrido: el candidato de la alianza Por el Bien de Todos no obtuvo la victoria en el conteo de los votos. Por eso ahora hay que descalificar el proceso: cuestionar el fraude, ese fraude tan gigantesco que se compara sólo con el de 1988. Empieza así la fase de resistencia civil delineada desde un principio en caso de derrota.

Las manifestaciones y concentraciones son una muestra del poder de López Obrador. Constituyen una forma de decir a los ciudadanos, a las autoridades y a los magistrados del Tribunal Electoral que el país no gozará de calma o estabilidad mientras no se ceda a su pretensión y se le haga Presidente de la República. La estrategia no es nueva. Con este tipo de movilizaciones, tras la elección de Tabasco de 1994, López Obrador consiguió convertirse en figura nacional y comenzó su camino a la Presidencia.

Desafortunadamente, vivimos en un país en el que las autoridades han acostumbrado a los grupos de presión a que todo se les dará si hacen suficiente ruido. Los incentivos para hacer grandes manifestaciones, plantones y bloqueos se vuelven así enormes. Las autoridades siempre tienen miedo de actuar a favor de la sociedad. Los grupos de protesta son muy hábiles para conseguir mártires que después se convierten en causas célebres. Los burócratas que detentan el poder en nuestro país prefieren permitir que la sociedad se convierta en rehén antes que enfrentar a los grupos de presión dispuestos a todo para conseguir lo que quieren.

Tenemos como ejemplo muy reciente el caso del desafuero. Había en este caso un desacato real a la orden de un juez. López Obrador consiguió convertir esta falta suya en una bandera política que le permitió consolidar su respaldo dentro de la izquierda y asegurar su postulación como candidato a la Presidencia ante el débil reto que presentaba Cuauhtémoc Cárdenas. Al final, el gobierno del presidente Fox, temeroso de la creciente popularidad que el proceso de desafuero le había dado a López Obrador, prefirió sacrificar a su procurador, Rafael Macedo de la Concha, y designar a uno nuevo, Daniel Cabeza de Vaca, quien entró al cargo con la orden de no proceder en contra del líder político ya desaforado como jefe de Gobierno del Distrito Federal.

La estrategia de confrontación es la misma en el caso de la elección. No importa en realidad si se puede o no probar ese presunto fraude que opacaría al del 88. Lo importante es presentar a López Obrador como una víctima y unir a la izquierda en torno suyo. No se requiere mucho esfuerzo. Casi 15 millones de mexicanos votaron por Andrés Manuel. Pero con 150 mil se puede llenar el Zócalo de la ciudad de México.

La gran víctima de toda esta estrategia, sin embargo, puede ser la democracia. ¿De qué nos sirve tener un sistema electoral tan caro y con tantas salvaguardas si la segunda vuelta de las elecciones se define al viejo estilo priísta, con una confrontación de fuerzas? Para eso, mejor restablezcamos la vieja Comisión Federal Electoral bajo la presidencia de Manuel Bartlett. Nombremos como comisionados a Manuel Camacho, Ricardo Monreal y Arturo Núñez, y que ellos decidan, sin necesidad de electores, quién debe ser el próximo Presidente de la República.

OAXACA

Dicen que defienden una causa social, pero los maestros de la sección 22 del SNTE han destruido empleos y desmoronado la economía de la ciudad de Oaxaca. El gobernador Ulises Ruiz sólo ha acertado a reaccionar con un reajuste de su gabinete. Pero el punto es que si él no puede hacer cumplir la ley, como lo prometió al asumir el Gobierno del Estado, mejor que acepte la denuncia de los líderes magisteriales y que renuncie.

Fox Maquiavelo - Sergio Sarmiento

¿Dónde nos cambiaron a Vicente Fox? Como lo señalaba el lector Francisco Quiroz en un correo, los partidos de oposición, y en especial el PRD, han presentado al Presidente a todo lo largo del sexenio como un hombre torpe e ineficaz que difícilmente puede andar y mascar chicle al mismo tiempo. Ahora resulta, sin embargo, que los propios colaboradores de Andrés Manuel López Obrador lo describen como un político de una que habría envidiado el propio Maquiavelo.

Los integrantes de la alianza Por el Bien de Todos, efectivamente, nos dicen que el presidente Fox ha realizado un fraude maquinado que habría dejado en ridículo a los grandes operadores políticos de todos los tiempos.

Según sus acusaciones, el presidente primero nos habría hecho creer a todos que su candidato a la Presidencia de la República era Santiago Creel, cuando el delfín real era Felipe Calderón. Después de todo, no puede pensarse que quien ha montado una elección de Estado tan compleja como la que supuestamente hizo Fox hubiera permitido que un ex subalterno, a quien despidió de su gabinete por desobediente, le arrebatara la candidatura de su propio partido.

No sorprendería que Fox hubiese supuestamente comprado a los nueve consejeros del Instituto Federal Electoral. Es relativamente fácil cooptar a nueve individuos sin dejar huellas. Pero más complicado habría sido corromper a miles de consejeros de distrito y a decenas de miles de funcionarios de carrera del IFE, cuya complicidad habría sido imprescindible para ejecutar y ocultar el fraude.

En la conjura debieron haber entrado también miles de observadores electorales nacionales y cientos de expertos internacionales que los asesoraron. Sólo así se explicaría porqué, como dijo López Obrador, observaron todo pero no vieron nada.

Todavía más difícil debe haber sido meter en el fraude a los más de 100 mil representantes de la alianza Por el Bien de Todos que estuvieron en las casillas el día de la elección. Coincido con López Obrador: muchos pudieron haber sido comprados. Pero corromperlos a todos, especialmente si consideramos que en su mayoría se trataba de militantes o simpatizantes del PRD, debe haber sido una tarea monumental. Sin su complicidad, sin embargo, el fraude habría sido imposible, porque ellos hubieran asentado las irregularidades en actas de protesta que simplemente no se elaboraron. Lo más sorprendente es que se les corrompió sin que uno solo hubiese rechazado el pago y denunciado el intento.

De poco habría servido comprar a los representantes de la alianza si no hubieran estado también en la nómina unos 400 mil representantes de otros partidos y 900 mil ciudadanos funcionarios de casilla que, de otra manera, habrían sido testigos del fraude “a la antigüita” y lo habrían denunciado. La operación debe haber sido particularmente perfecta porque ni uno solo del más de millón de mexicanos que participaron en la elección ha dicho públicamente: “A mí me trataron de comprar, pero rechacé la oferta.”

El fraude, sin embargo, necesitaba todavía más para tener éxito. Había que comprar a los principales encuestadores del país para que sus sondeos y conteos rápidos se cucharearan y salieran empatados o con ligeras ventajas para Felipe Calderón. También había que corromper a los miles de representantes del IFE en las casillas desde donde se transmitieron los resultados del conteo rápido oficial que desde un principio dio una pequeña delantera a Calderón. Y en la compra había que incluir también a los respetados científicos que participaron en el comité técnico de este conteo rápido.

Mucho se ha hablado ya de ese algoritmo misterioso –que seguramente le ganará un Premio Nobel o un Premio Fields a su inventor—que transformó los votos de López Obrador en sufragios por Calderón en el PREP. Pero además de corromper a los operadores del programa y a los prestigiados expertos que lo supervisaron, debió aplicarse una increíblemente compleja operación para que el resultado del PREP correspondiera con casi total exactitud con el conteo rápido, con el recuento físico de las boletas que se hizo en las casillas y con la suma de actas que se llevó a cabo en 300 consejos distintos en el país. La precisión es especialmente sorprendente si tomamos en cuenta que, en los consejos, se abrieron y recontaron 2,800 paquetes a instancias del PRD.

Yo tengo dudas muy serias de si realmente existió ese fraude de Estado, pero si tuvo lugar ya nadie podrá cuestionar al Presidente por su supuesta falta de inteligencia. Estaríamos, de hecho, frente a uno de los grandes genios de la historia. Después de todo, hacer un fraude no es difícil, pero hacerlo con tanta precisión, a pesar de las enormes salvaguardas del sistema electoral mexicano y sin dejar huellas es algo que sólo una mente privilegiada podría lograr.

Pero ¿es verdad que no quedaron huellas? Por supuesto. Si las hubiera, López Obrador no estaría todavía tratando de decidir si el fraude fue cibernético o a la antigüita.

¿Fascistas? - Sergio Sarmiento

Leonel Cota, presidente nacional del PRD, señaló ayer que la respuesta de Felipe Calderón a la carta que previamente le hizo llegar Andrés Manuel López Obrador “no corresponde a la de un político demócrata. Corresponde a la de un político autoritario que quiere quedarse en el poder bajo cualquier circunstancia y pasando por encima de la voluntad nacional.”

Es curioso: yo tuve exactamente la impresión contraria. López Obrador le pidió en su misiva a Calderón que éste demande la apertura de todos los paquetes electorales y el recuento de todos los votos. La respuesta de Calderón fue la siguiente: “La decisión de recontar votos no corresponde a los candidatos ni a los partidos sino al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación que, en ejercicio de sus atribuciones, aplicará la ley. Al final del proceso dictará sentencia definitiva a la que todos debemos someternos.”

Ésta es la respuesta que debe dar un demócrata. Efectivamente, no les toca a los candidatos –que son parte y no jueces-- modificar post facto la ley electoral. Las reglas del juego se establecen antes y no después de los procesos electorales.

Los magistrados del Tribunal Electoral están considerando todas las impugnaciones presentadas y, sin duda, tomarán en cuenta la petición de la alianza Por el Bien de Todos para que se abran todos los paquetes electorales, se lleve a cabo un recuento de los votos y se garantice de esta manera el principio de certeza que establece el artículo 41 de la Constitución.

Un acuerdo entre los candidatos, sin embargo, no puede legitimar una decisión de violar la ley. Sólo el Tribunal puede, en apego a derecho, ordenar ese famoso recuento. Y Calderón está cumpliendo con la situación como un verdadero demócrata cuando señala que deben ser los magistrados los que fallen sobre este tema.

No es ésta la primera vez que el presidente nacional del PRD parece equivocarse al respecto de lo que debe ser el comportamiento de un demócrata. Después de la manifestación del Zócalo del 16 de julio, Cota señaló en una entrevista que Calderón debía aceptar la demanda de los perredistas para hacer el recuento de los votos ya que sólo un “fascista” no atiende los reclamos de los manifestantes. Quizá Cota no sabe realmente cómo operaban los fascistas. Eran ellos, después de todo, los que empleaban las marchas de presión para lograr sus propósitos frente a los demócratas.

Benito Mussolini conquistó el poder en Italia el 29 de octubre de 1929 gracias a “la marcha sobre Roma” de sus camisas negras. Adolf Hitler promovió su ascenso al cargo de canciller de Alemania en 1933 también gracias a una serie de manifestaciones. Juan Domingo Perón, quien era uno de los golpistas de 1943 en Argentina, se consolidó en el poder por la gran manifestación de Buenos Aires del 17 de octubre de 1945. Hugo Chávez también se sirvió de marchas para conseguir el poder en Venezuela.

Un demócrata, al contrario de un fascista, busca alcanzar el Gobierno a través de elecciones democráticas y de respeto a la ley. En ese sentido Calderón ha sido más demócrata que López Obrador, quien ha cuestionado los procedimientos democráticos legales y ha montado manifestaciones para presionar a las autoridades del país, a los funcionarios del IFE y a los magistrados del Tribunal Electoral.

En distintas ocasiones he señalado en esta columna que estoy de acuerdo con un recuento de los votos, pero no porque piense que ha habido un fraude. Ese recuento, sin embargo, sólo puede ser ordenado legalmente por el Tribunal Electoral. Esa es la posición de cualquier demócrata.

El problema es que en México es tan corta la experiencia democrática que muchos políticos piensan que pueden hacer creer a los ciudadanos que las prácticas fascistas son democráticas. Pero debe quedar claro que en el mundo quienes aceptan los resultados de las elecciones y se ciñen a la ley son los demócratas mientras que quienes usan las grandes concentraciones populares para obtener el poder son los fascistas.

REVOLUCIÓN CUBANA

Hoy se cumplen 53 años del asalto al cuartel de Moncada que según la propia filosofía castrista dio origen a la revolución cubana. Lo que empezó como un movimiento liberador, sin embargo, se convirtió en el inicio de un régimen abiertamente autoritario. Fidel Castro lleva ya 47 años en el poder.

Dos epístolas - Juan Molinar Horcasitas

El lunes pasado, la política mexicana se hizo epistolar. Andrés Manuel López Obrador le envió una carta a Felipe Calderón, en la que le hace afirmaciones y peticiones diversas. El mismo día, Felipe Calderón respondió. Las cartas se distinguen tanto por su estilo como por su contenido.

El texto del tabasqueño afirma que el proceso electoral "estuvo plagado de irregularidades y actos fraudulentos". Entre los culpables, enumera explícitamente al IFE, al presidente Fox, a los medios de comunicación y a "grupos de intereses creados" que, por supuesto, no identifica, aunque en otras ocasiones ha señalado a empresas como Jumex, Sabritas y Bimbo (aunque usted no lo crea).

Pero también incluye implícitamente, aunque luego trate de negarlo, a cientos de miles de ciudadanos que cumplieron su deber cívico el domingo 2 de julio, pues afirma que "se falsificaron los resultados en miles de actas". ¿Cuántas? No lo dice en su carta, pero en boca de sus voceros ha estado diciendo distintos números. Empezaron con 20 mil, subieron a 50 mil y ya van en 70 mil. Esto implica que en el fraude que su desesperación ha inventado, participaron alrededor de un cuarto de millón de personas, la mayoría de ellos vecinos de los lugares en donde se instalaron las casillas, pero también muchos representantes de partidos y coaliciones, incluyendo a los de la coalición del propio López Obrador.

AMLO también afirma que los medios de comunicación fueron parciales. La verdad es que todos los estudios hechos demuestran que el candidato que más cobertura obtuvo fue precisamente él. Esos estudios también demuestran que su cobertura fue, en general, objetiva y que las notas editorializadas favorablemente superaron a las negativas.

Luego afirma que se gastó mucho dinero, de origen dudoso. El tabasqueño repite una y mil veces, machaconamente, que sus adversarios gastaron mucho dinero en spots de radio y televisión. ¿Qué dicen los datos duros? Dicen que el candidato que compró más spots de propaganda comercial en radio y televisión fue López Obrador, especialmente en las fases finales de la campaña. Las mediciones de "puntos de rating totales" y las de share of voice coinciden en ello. Un dato mide audiencias, otro mide tiempo de emisión. En este último caso, por ejemplo, López Obrador tuvo 37% del tiempo de emisión, contra 33% de Calderón y 30% de Madrazo. López Obrador nunca ha explicado quién le pagó ese gasto.

López Obrador también acusa al gobierno de manipular el gasto social a favor del candidato panista. Una vez más, los hechos muestran lo contrario. Los datos señalan que el gasto social está correlacionado con el grado de marginación, como debía ser, pero también muestran que su correlación con el voto del PAN fue negativa, pero positiva para el PRI y para el PRD. En términos de resultados, el PRD fue el ganador en 153 de los 200 municipios con más gasto social.

Aunque la realidad niega una y otra vez lo que López Obrador afirma reiteradamente, él insiste en construir una historia de fraude y en movilizar a sus simpatizantes con base en ello. Basado en esos argumentos frívolos, exige que se vuelvan a contar los votos, a sabiendas de que la ley no lo permite; señala con su dedo flamígero a Calderón, sentenciándolo a no gozar de la legitimidad de la que él cree ser dueño, y amenaza con aumentar sus movilizaciones si no se le place.

La respuesta de Calderón contrasta en forma y fondo. Para empezar, le recuerda que las elecciones fueron limpias y que así lo atestiguaron los medios de comunicación, los observadores electorales y, sobre todo, el millón de ciudadanos que estuvieron en las casillas como funcionarios y representantes de partidos. Más aún: le recuerda que así lo reconocieron públicamente todos los candidatos la tarde del 2 de julio. Eso incluye a López Obrador.

Sobre la petición de volver a contar los votos, Calderón le recuerda que esa decisión no corresponde a los candidatos ni a los partidos, sino al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en los términos de la ley. Calderón también lo invita a entablar un diálogo constructivo a favor de México. Ahí están dos actitudes distintas ante la realidad.

Inicia relevo de perredistas en huelga de hambre en TEPJF

A que huelga de hambre!

Llega el senador Ricardo Gerardo Higuera a sustituir a la actriz María Rojo; le entregan cerca de 10 mil firmas para solicitarle al Tribunal el recuento de votos

Jorge Herrera
El Universal
Ciudad de México
Miércoles 26 de julio de 2006
13:19 La huelga de hambre de personalidades del Partido de la Revolución Democrática (PRD) cumple su segundo día afuera de las instalaciones del Tribuna Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) como parte de la resistencia civil pacífica convocada por el político Andrés Manuel López Obrador.

Esta mañana tocó el turno al senador de la República Ricardo Gerardo Higuera, presidente de la comisión de Relaciones Exteriores, Organizaciones No Gubernamentales internacionales.

Debajo de un toldo de lona y sólo acompañado de una botella con agua potable, el legislador menciona a EL UNIVERSAL que esta huelga de hambre terminará cuando el Tribunal electoral emita un fallo, con el cual, “esperamos se dé certeza y se garantice la transparencia del proceso electoral del 2 de julio”.

Poco antes del mediodía, el senador, quien sustituyó en la huelga a la actriz política María Rojo, recibió a una representación de la Alianza Democrática Nacional de Cuautepec, la cual le entregó alrededor de 10 mil firmas de ciudadanos que demandan el Tribunal electoral recuente los votos de la elección presidencial.

En entrevista, el senador Gerardo Higuera se refirió a la denuncia penal interpuesta ayer por abogados de PRD en contra del presidente del Instituto Federal Electoral, consejero Luis Carlos Ugalde:

“La demanda tiene efecto a partir de las irregularidades registradas durante el proceso electoral, entre ellas el mal manejo del Programas de Resultados Electorales Preliminares (PREP), así como la parcialidad de su actuación, al convertirse en vocero del candidato panista Felipe Calderón Hinojosa”.

Pero, también se refirió a los señalamientos que ayer hizo la líder del magisterio nacional Elba Esther Gordillo quien reconoció en la figura de Felipe Calderón al “presidente electo”.

Con ello, el senador del PPRD dijo: “Era de esperarse, era parte de ese acuerdo entre ellos, de los amarres… no nos extrañe, tratan de sorprendernos. Pero, quién sabe si eso le ayude porque todos conocen cómo actúa la señora Elba Esther Gordillo.”

Tuesday, July 25, 2006

AMLO se anunció más en tv y Calderón en radio: IFE

El Universal

Según el informe final del monitoreo, el candidato de Por el Bien de Todos sumó 16 mil 316 spots por 11 mil 904 del panista; en radio, este último tuvo 106 mil 960 por 60 mil 410 de López Obrador

Arturo Zárate Vite
El Universal
Ciudad de México
Martes 25 de julio de 2006

21:04 Andrés Manuel López Obrador fue el candidato que más se anunció en televisión en la pasada campaña presidencial, del 19 de enero al 28 de junio, reveló esta noche el Instituto Federal Electoral (IFE).

En la entrega del informe final del monitoreo de promocionales en ese medio, resulta que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos sumó 16 mil 316 spots (319 mil 155 segundos) por 11 mil 904 del panista Felipe Calderón (275 mil 309 segundos) y 10 mil 475 del priísta Roberto Madrazo (276 mil 311 segundos).

Roberto Campa, de Nueva Alianza, sumó mil 454 spots ( 29 mil 62 segundos) y Patricia Mercado, de Alternativa, contabilizó 206 spots (4 mil 830 segundos).

En radio, el que más spots tuvo fue Calderón con 106 mil 960 por 60 mil 410 de López Obrador y 59 mil 414 de Madrazo.

En espectaculares, el que más se anunció fue Roberto Madrazo con 2 mil 315 por mil 189 de Calderón y 127 de López Obrador.

Y en prensa escrita, Roberto Madrazo tuvo 982 inserciones, por 803 de López Obrador y 350 de Calderón.

Monday, July 24, 2006

DF ¿Desaparición de poderes?- Pablo Hiriart

Para que nadie piense que exageramos con tal de exhibir al PRD, transcribimos textual el primer párrafo de la nota de La Jornada:
“Unas 250 personas, encabezadas por la escritora Elena Poniatowska, cerraron ayer durante seis horas, el centro Banamex que ocupa toda una manzana a dos cuadras del Zócalo, y lo envolvieron con papel de estraza, sobre cuya superficie los activistas y los transeúntes escribieron numerosos mensajes contra el magnate Roberto Hernández, accionista de esa institución de crédito”.
Eso ocurrió el miércoles. Un día antes, un piquete de perredistas agredió, de manera violenta, la camioneta en que viajaba Felipe Calderón.
El cabecilla de los agresores, Diego Valle, fue reconocido como un golpeador vinculado a la Secretaría de Seguridad Pública del DF.
El jueves cerraron la torre de Mexicana de Aviación.
Mañana o pasado la agresión será contra quién sabe quién y pasará lo mismo que en los dos casos anteriores: nada.
La contralora del GDF, Bertha Luján, se reunió con los Panchos Villas y taxistas piratas a quienes llamó a defender “voto por voto” la elección que según ellos ganó López Obrador.
¿Con qué derecho un grupo de personas decide cerrar por seis horas un centro de trabajo, ajeno a ellos, y que además es propiedad privada?
¿Por qué una escritora encabeza el grupo, pueden hacerlo sin que pase absolutamente nada?
Al candidato que ganó las elecciones del dos de julio lo pueden emboscar en una acción concertada, ¿y no pasa nada?
La encargada de vigilar que el Gobierno del DF apegue su actuación a las normas legales, se reúne con grupos ilegales a los que azuza contra las instituciones.
Sí, todo eso ocurre en el Distrito Federal.
Y va a seguir ocurriendo por una razón muy sencilla: el jefe de Gobierno está en la “resistencia civil”.
De hecho Alejandro Encinas convocó a la resistencia civil desde su cargo de jefe de Gobierno. Encabezó la marcha por la resistencia civil el domingo 16.
Y mandó poner pendones de apoyo a López Obrador, que cuelgan desde lo alto del antiguo palacio del Ayuntamiento y la sede del GDF, en el zócalo capitalino.
Ahí está el significado de la “resistencia civil”.
Es una resistencia contra la legalidad. Encinas viola la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, que le impide disponer de recursos públicos para promover a un candidato.
Y el proceso electoral, como bien lo saben Encinas y el PRD, aún no ha concluido.
“Asumo las responsabilidades legales”, respondió el jefe de Gobierno del DF sobre los ilícitos en que ha incurrido.
Si el jefe de Gobierno convoca a la resistencia a la legalidad, ¿qué se espera de los simpatizantes de López Obrador?
Se espera que actúen con total impunidad, porque ellos sí pueden violar la ley: la autoridad está de su lado. Andan en lo mismo.
¿Qué pasaría si mañana Vicente Fox encabezara una marcha de repudio a la manipulación electoral que realiza el PRD?
¿O que mandara poner pendones en Los Pinos que dijeran: bienvenido Felipe?
El PRD —y con toda razón, casi todo el país— demandaría juicio político y el cese inmediato del Presidente. Sería un escándalo nacional.
Pero Encinas lo puede hacer. Está en la “resistencia civil”. Y es del PRD.
Otro que puede conducirse con total irresponsabilidad es Marcelo Ebrard.
Fraude electoral grita Ebrard. Y marcha por las calles para convocar a la resistencia y revertir la “elección de Estado”.
Es que si hubo fraude en las elecciones presidenciales y fueron, como dijo López Obrador, “un cochinero”, también están viciadas las elecciones para jefe de Gobierno.
Si Ebrard acusa que hubo fraude en las elecciones del dos de julio, también se incluye su elección.
Los funcionarios de casillas fueron los mismos. Los que contaron los votos fueron los mismos.
¿O los que se vendieron, como acusó AMLO, sólo se dejaron sobornar para adulterar la votación en una sola de las casillas, y no en las otras?
¿Contaron mal sólo en la casilla para Presidente y contaron bien en la de jefe de Gobierno?
Pamplinas. Si Marcelo Ebrard de veras cree que hubo fraude el dos de julio, no debió aceptar su constancia de mayoría.
Si lo que dice es cierto, debe renunciar al cargo que ha obtenido mediante una elección que, según él, es fraudulenta.
Pero no lo va a hacer. Porque su protesta es pantomima.
¿Elección de Estado?
Si en algún lugar hubo elección de Estado fue en el Distrito Federal.
Aquí en el DF se usaron recursos públicos para apuntalar la elección de Marcelo Ebrard y de López Obrador.
Camionetas que le disimulaban el escudo del GDF para realizar actividades proselitistas.
Las recetas médicas de los centros de salud del gobierno capitalino traían impresa propaganda de López Obrador.
Los oficios del jefe de Gobierno traían el lema de la coalición que postulaba López Obrador y a Ebrard.
Aquí en el DF se usó el aparato del gobierno para coaccionar el voto a favor de Ebrard y de López Obrador.
Con dinero público se pagaban las encuestas que daban a López Obrador “diez puntos arriba” y a Ebrard con más de 50.
Los mítines de Ebrard y de López Obrador eran llenados con beneficiarios de programas sociales.
Había pase de lista, como se documentó con múltiples fotografías y entrevistas.
El que no asistía a los mítines de Ebrard y de López Obrador era amenazado con perder los beneficios de los programas sociales del Gobierno del Distrito Federal.
A los mítines iban los policías de la Secretaría de Seguridad Pública vestidos de civil, con la consigna de llevar a sus familiares.
Los visitadores sociales fueron empleados para repartir propaganda a favor de Ebrard y de López Obrador.
Aquí hubo acarreo en vehículos oficiales.
Aquí se repartieron despensas con propaganda política de la coalición que postuló a Ebrard y a López Obrador.
De todo lo anterior hubo abundantes testimonios gráficos y escritos durante la campaña.
Por eso no deja de asombrar cuando se rebasa la barrera del decoro:
¿Ebrard habla de elección de Estado?
¿Ebrard dice que la elección presidencial fue inequitativa?
¿Ebrard pide que “se limpie” la elección presidencial, pero la suya no?
¿Ebrard está en la “resistencia civil”?
¿Contra qué?
Si la resistencia civil a la que convocan Encinas y Ebrard en la capital del país, sigue por la ruta que va y acaba por transformarse en violencia, el Senado puede declarar la desaparición de poderes y nombrar una autoridad interina en el Distrito Federal.
No hay garantías para los partidos porque el jefe de Gobierno está en campaña en favor de un (todavía) candidato.
No hay garantías para las personas porque pueden ser agredidos por manifestantes de la “resistencia civil”, y la autoridad no va a hacer nada porque también anda en eso.
No hay garantías para las empresas porque pueden ser bloqueadas por manifestantes de la “resistencia civil”, y la autoridad no lo va a impedir porque al igual que ellos también está en la “resistencia”.
Claro que se puede declarar la desaparición de poderes. Si se suma el elemento de la violencia (anunciada por Camacho hace una semana en El Universal), ese escenario no es una posibilidad, sino una obligación para los senadores.
Si eso llega a ocurrir, ¿aguantaría Encinas una revisión de las cuentas del GDF por parte de una autoridad independiente?
Lo más probable es que sepamos, de manera documentada, de dónde salieron los recursos para la campaña multimillonaria en televisión de López Obrador: diez mil 500 spots, reportó el IFE. Más que nadie.
Y sabríamos también de dónde sale tanto dinero para traer, pagar, alimentar y regresar gente a sus mítines en contra del “fraude”.

La inmolación - Jesús Silva Herzog Márquez

Nadie puede exigirle a Andrés Manuel López Obrador aceptar una derrota que no alcanza un punto de cien y que aún no se formaliza institucionalmente. Resulta perfectamente entendible que se resista a proclamar como vencedor a Felipe Calderón. La ley le ofrece recursos y los está empleando. No puede satanizarse el ejercicio de los derechos. Pero no ha sido esa la única ruta que ha escogido el ex candidato presidencial. No ha sido, siquiera, su ruta principal. Por el contrario, por encima de la impugnación ha optado por la descalificación general de la elección. Una jornada que fue calificada como ejemplar se convirtió de pronto en el episodio central de una estafa que nadie logra probar. López Obrador y sus seguidores sostienen que la elección fue un fraude. A su juicio, un poder dispuso la alteración de la voluntad ciudadana y logró imponerse sobre todos los mecanismos de control de nuestro régimen electoral. Sus pruebas han sido flojas, cuando no le han resultado francamente contraproducentes.

La admisión inmediata de la derrota no era una opción razonable para el PRD. Si ese camino estaba cerrado bajo cualquier criterio estratégico, ¿cuáles eran sus opciones frente a la frustrante información oficial? La alternativa era impugnar o reventar. Seguir el sendero de la impugnación implicaba ratificar un compromiso con el dispositivo institucional y emplearlo para cuestionar lo cuestionable. Hacer acopio de razones y pruebas para demostrar ante los jueces que el cómputo tiene errores que pueden revertir el sentido de la elección. No ha sido esa la opción elegida. La decisión de los perredistas ha sido reventar la elección. En su discurso público y en su petición judicial, pretenden tirar a la basura la elección de Presidente de la República. Valdría la pena detenerse a analizar la lógica y la visión política de los redactores de la demanda perredista. Con frecuencia invocan como fuente de cultura electoral a Wikipedia (la enciclopedia en internet famosa por la ausencia de rigor académico en la redacción de sus notas) y declaran como autoridad democrática a ¡José Stalin! Los abogados lopezobradoristas, en efecto, citan al genocida como un respetable teórico de la democracia. Inteligente estrategia legal: siguiendo este consejo, habría que entregar cualquier petición a la Comisión de Derechos Humanos con el respaldo de los escritos de Hitler.

La ruta de la descalificación es un sendero extraordinariamente riesgoso para López Obrador. Es cierto: se trata de su terruño: el lugar de las movilizaciones, de la confrontación y de la radicalización. Nadie conoce ese paraje como él. Pero ahora ese lugar representa un riesgo que nada tiene que ver con los riesgos conocidos. Ante el desafuero, López Obrador tenía buenas, sólidas razones. Por eso convenció a muchos del atropello. Hoy defiende un caso extremadamente débil. Nadie, que no sea un devoto de su causa, le concede razón. Ayer tenía en su contra las torpezas e ineptitudes de Vicente Fox. Hoy enfrenta a millones de ciudadanos que observaron un proceso competido y una jornada ejemplar. A millones que votaron con tranquilidad. A millones que recibieron y contaron los votos. A miles de observadores nacionales, a cientos de vigías internacionales que no encontraron ninguna evidencia de la terrible estafa. La opción de descalificar todo el proceso electoral significa una determinación de enormes consecuencias para el futuro de su liderazgo.

López Obrador ha optado por reavivar la intensidad de sus respaldos a riesgos de perder la cantidad de sus apoyos. No ha querido conducir su popularidad y su poder para defender ahora su causa en la elección, reservándose capital para el futuro. El político tabasqueño no está dotado de paciencia y está dispuesto a quemar todos sus recursos, a quemarse él mismo, para impedir la asunción de Felipe Calderón. Presenciamos el espectáculo de la inmolación del político más carismático de la historia reciente de México. Un político que, al tiempo que enciende la pasión desbordada de sus seguidores, rompe contacto con ese universo moderado y vacilante de los votantes independientes. Esa parece ser la determinación de López Obrador. Si no soy Presidente hoy, no lo seré nunca. Si nunca seré Presidente de México, que no sea Calderón.

La boca de López Obrador es una hoguera en la que se quema un liderazgo que trascendió al PRD, a la izquierda, a la Ciudad de México. Sus flamas chamuscan a medio mundo: al IFE que es un nido de ratas, a los técnicos que son ladrones con computadora; a sus representantes que se vendieron; la elección toda que fue un cochinero. Pero el fuego retórico también carboniza a un dirigente que, al radicalizarse, se margina y se separa de una ciudadanía que no lo acompaña en su fantasía conspiratista. La inmolación de López Obrador está dañando también al PRD, el partido que tanto ganó en la reciente elección. El liderazgo del tabasqueño está poniendo en riesgo los enormes avances del PRD no solamente como una opción exitosa de gobierno sino como una organización confiable e institucional. Nadie dentro de ese partido ha logrado construir un argumento de sensatez para los días que corren. Todos han seguido la obsesión del caudillo. Es una mala señal el que un partido no encuentre en su propia diversidad los reflejos de moderación y racionalidad que necesita.

López Obrador se incinera y está dispuesto a quemarse en la casa de su partido. Pretende quemar también uno de los grandes avances de México en su historia reciente. El complejísimo, barroco, carísimo pero a fin de cuentas confiable dispositivo electoral. No es un pleito contra el presidente del IFE, es un manifiesto contra los ciudadanos que organizaron y contaron los votos de millones de mexicanos. El héroe pirómano está dispuesto a inmolarse y a destruir la armadura de nuestra democracia.

La inequidad que denuncia AMLO, es en la que incurrió - Ricardo Aleman

En el fondo se enfrentaron los poderes federal y del DF

Nadie duda que los más poderosos adversarios a los que se enfrentan los más votados candidatos presidenciales, Calderón y Obrador, son la confianza y la credibilidad de los ciudadanos en el proceso electoral del pasado 2 de julio. Y acaso por eso -porque en el fondo la disputa no es con las instituciones, ni con el IFE y menos con el Tribunal Electoral-, en medio de los escarceos y las feroces batallas valga la pena preguntarse si a 10 años de distancia, la nueva ley electoral mexicana es ya una anciana que no responde a los requerimientos de la naciente democracia electoral mexicana.

Vale la pena recordar, como mero punto de referencia, que justamente la legislación electoral vigente, basada en lo que en su tiempo se les vendió a los ciudadanos "pomposamente" como la "ciudadanización de los procesos electorales", surgió precisamente de una elección legal, pero marcadamente inequitativa. Nos referimos a la contienda presidencial de 1994, en la que el candidato Ernesto Zedillo se alzó con el triunfo con más de 17 millones de votos a su favor, y con la mayor votación de la historia electoral mexicana. Contra lo que marcaban los tiempos de la hegemonía del PRI, y ante el asombro de propios y extraños, fue el propio Zedillo quien reconoció -a dos meses de tomar posesión como presidente, en enero de 1995, en su primera gira al extranjero, ante intelectuales españoles-, que si bien la elección en la que resultó vencedor fue legal, "también es cierto que fue inequitativa". El de la equidad, no sólo en el empleo de dineros públicos, de tiempos en medios, de trato entre diversos sectores sociales y, sobre todo, del manejo abusivo del poder en turno a favor de su preferido, fue una de las ideas centrales sobre la que gravitó la reforma que, a mediados del gobierno de Zedillo, ya se había convertido en una realidad. En esa reforma -la de 1996, impulsada por Zedillo a contracorriente del PRI, y que ciudadanizó al IFE y convirtió al Tribunal Electoral en el órgano confiable que hoy es- participaron como actores centrales, primero como cuadros centrales que la acompañaron en su gestación y luego en su primera aplicación como presidentes del PAN y del PRD, respectivamente, nada menos que Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador. Sí, que no se nos olvide, que los hoy fuertes contendientes a ocupar la Presidencia de la República fueron los primeros beneficiados -hace apenas una década- de la nueva y más importante reforma electoral que haya conocido la historia comicial mexicana. Pues bien, en una simplificación del tamaño del despropósito al que ha sido llevado el proceso electoral del pasado 2 de julio, podríamos decir que si Calderón y Obrador -o cualquiera de ellos-, se quejan de la perversidad del árbitro electoral, del IFE, y del juez en la contienda, el Tribunal Electoral, entonces podremos concluir que los dos candidatos o uno de ellos, son muy malos políticos, fueron peores dirigentes partidistas y, más aún, un verdadero desastre como promotores partidistas no sólo de la reforma electoral, sino de la ciudadanización de los procesos electorales. Y en esa misma lógica simplista, se podría agregar que, además de que participaron activamente en la creación de una ley de la que serían jueces y parte, resulta que la hicieron mal, que el instrumento que crearon resultó un fracaso.

De 1997 a 2000

Pero no es el caso. La ley electoral de 1996 fue, nos guste o no, lo mejor que se pudo hacer en su momento, y muy pronto probó su eficacia -en las elecciones de 1997-, pero también sus limitaciones. En el año 2000, y gracias a esa misma ley, fue posible acabar con la hegemonía del PRI en la Presidencia de la República. Ya antes, en 1997, había sido posible acabar con la hegemonía del PRI en la Cámara de Diputados y se habría abierto, para la oposición de izquierda, para el PRD, el Gobierno del DF. Pero en el mítico julio del 2000, tampoco dicha ley estuvo exenta de problemas, sobre todo en el tema central de las contiendas presidenciales; en lo referente a la equidad del proceso. En efecto, el promotor de la reforma, Ernesto Zedillo, al parecer sacó las manos del proceso, pero no así el gabinete presidencial, los gobiernos del PRI y las estructuras partidistas. Tampoco los adversarios del PRI, en este caso el PAN, su candidato presidencial y sus gobiernos estatales jugaron limpio en cuanto a la equidad -a pesar de la nueva y estricta reglamentación-, porque son harto conocidos los casos al respecto. Y basta recordar los escándalos que durante casi tres años ocuparon al IFE. Y nos referimos, por supuesto al Pemexgate y Amigos de Fox. Todos recordamos que en el Pemexgate, el PRI, con el conocimiento del presidente Zedillo -quien llevó a Pemex a uno de sus leales, a Rogelio Montemayor-, desvió recursos públicos, a través del sindicato petrolero, para la campaña presidencial de Francisco Labastida. A su vez, y mediante su agrupación paralela, Amigos de Fox, el PAN y su candidato presidencial hicieron lo mismo, canalizaron recursos privados y públicos a la campaña del entonces aspirante Vicente Fox. Otra vez apareció la inequidad en los procesos electorales mexicanos, a pesar de la nueva legislación de que se había instaurado la democracia electoral.

Los perversos

Cuando la nueva ley electoral cumpliría una década de vida -para una ley de esa magnitud una década de vida la convierte en una ley niña-, resulta que con toda razón, son muchos los que cuestionan que sigue viva y más presente que nunca la inequidad electoral. Más aún, reputados académicos e intelectuales acusan de una perversidad casi enfermiza a una de las partes y presentan como víctima inocente y candorosa a la otra. Dicen que el nada demócrata gobierno de Fox y su no menos antidemocrático candidato presidencial, Felipe Calderón, habrían conspirado para llevar a cabo una descomunal elección de Estado contra el demócrata e inocente candidato López Obrador y su pulcro y demócrata partido de izquierda. Y tienen razón, pero sólo en una de las partes. En efecto, es sabido por todos que desde Los Pinos se intentó detener al que desde los primeros años de su gestión como jefe de Gobierno apuntaba como el más aventajado presidenciable de la llamada izquierda partidista. El mejor ejemplo fue, sin duda, el escándalo del desafuero. Luego vinieron la descalificación, también desde la oficina de Fox, del candidato Calderón, quien prácticamente fue echado del gabinete, para favorecer al preferido de las intrigas palaciegas, a Santiago Creel, a quien por cierto se dotó de todos los instrumentos que le brindaban las siempre bien recompensadas empresas de medios electrónicos, de radio y televisión. Pero también es cierto que una vez que se impuso como candidato presidencial del "PAN tradicional", el "hijo desobediente", cuando Calderón se ganó a pulso la candidatura, Fox se empeñó en fabricar un muro de protección para su otrora odiado Felipe, y se convirtió en el principal adversario de López Obrador. En efecto, grupos empresariales poderosos se sumaron a esa campaña, para impedir que llegara como nuevo presidente el dizque izquierdista de AMLO.

Pero se les olvida a quienes sólo ven esos capítulos de la telenovela, que en el otro bando -y también en abierto uso inequitativo de los dineros públicos y del apoyo empresarial y de barones de la televisión y la radio-, el de López Obrador, se echó mano del mismo manual, de los mismos métodos, se consiguieron los mismos apoyos y se llegó a idénticos excesos. ¿Qué fue, si no una campaña electoral pagada con dinero público la gestión de AMLO durante cinco años como jefe de Gobierno? Ahí están las pruebas, por supuesto para el que quiera verlas, que se construyó la opción política de López Obrador con el dinero del GDF. ¿Quién pagó encuestas, promoción, activismo partidista, consolidación de popularidad, salarios de operadores políticos del PRD, con fines estrictamente electorales a favor de AMLO? El pagano no fue otro que el contribuyente del Distrito Federal. ¿Qué ya se les olvidó a quienes pretenden victimizar a AMLO, que el jefe de Gobierno regaló a la Iglesia católica un costoso terreno junto a la basílica de Guadalupe, para congraciarse y tener de su lado oraciones y golpes de pecho? ¿Qué no regaló rentables terrenos a cambio de puentes de mala calidad? ¿Qué no se entregaron millonarias obras viales, los segundos pisos, a un grupo empresarial simpatizante de AMLO, y que resultó patrocinador de su campaña? ¿Qué no es cierto que Televisión Azteca le regaló 30 minutos -primero- de televisión a AMLO, y luego una hora diaria para su promoción? ¿Qué ya se nos olvidó que el PRD en la Cámara de Diputados solapó la "Ley Televisa"? Y si se quiere más, que respondan las siguientes preguntas: ¿quién patrocinó los tres meses finales de la campaña de AMLO, que fueron tres meses de gastos desorbitados en televisión, espectaculares, desplegados en prensa, spots en radio, y en un costoso equipamiento para millones que asistían a mítines? ¿Quién está pagando las movilizaciones postelectorales, los miles de camiones, la comida y el agua para los movilizados? ¿Qué el jefe de Gobierno sustituto, Alejandro Encinas, no ha convertido al Gobierno del DF, con todo su peso político, de imagen, y de recursos públicos, en una agencia de promoción y defensa de López Obrador? ¿Qué no se puede asegurar que frente a esa situación, la del DF fue una elección de Estado a favor de AMLO, de Ebrard y de muchos diputados locales y jefes delegacionales?

Es cierto, el espíritu fundacional de las reformas electorales de 1997 ha sido burlado; la anhelada equidad de los procesos electorales mexicanos nuevamente ha sido violada. Pero no por una de las partes, no contra la otra, sino por los dos principales contendientes, sus respectivos grupos y partidos políticos, y por sus respectivos gobiernos. O a poco podemos creer que si Fox tiene el gobierno federal, que si el PAN es el partido en el poder federal, sólo ese grupo político hizo trampas y usó ese poder a su favor y contra sus adversarios. A poco el señor López Obrador, que tuvo y tiene el control de la segunda más importante fuente de poder, el Gobierno del DF, no lo utilizó, con todas las malas artes emanadas del PRI, para su campaña y para combatir a sus adversarios. Lo que resulta más que una ingenuidad, y que se convierte en un insulto al sentido común, a la inteligencia de los ciudadanos, es creer, soñar o hasta pretender engañar a todos al decir que López Obrador no utilizó los dineros públicos -a pesar de las pruebas- para su campaña, que no tuvo de su lado a empresarios interesados que financiaron su proselitismo, que no se valió de la corrupción política con fines electorales, que no acordó con por lo menos una de las televisoras, y que no intentó coquetear con la Iglesia católica y que a cambio de su favor le regaló los bienes de la ciudad.

Poderes en pugna

En realidad de todas las complicidades de las que acusa AMLO al gobierno federal para hacer inequitativa la elección -señalamiento al que se suman sin la más mínima capacidad de autocrítica su partido, sus intelectuales y académicos afines-; de todo lo que acusa al PAN, a los poderes fácticos, a los horribles grupos de presión, es lo mismo de lo que se le puede acusar al propio López Obrador, a su partido, y a sus candidatos ganadores a otros puestos de elección popular. Lo que pasa es que a muchos se les olvida que en la contienda presidencial del 2 de julio, no se enfrentaron el candidato del poder en turno, con el de la oposición a secas, sino que los dos más aventajados aspirantes presidenciales; Calderón y Obrador, tenían detrás de sí a los dos más importantes, influyentes y poderosos centros reales de poder. Y esa sola diferencia es, en el fondo, la gran diferencia respecto a julio de 1988. Está claro que en el primer caso, el de Felipe Calderón -quien por cierto, llegó con una gran desventaja, ya que ni era el jefe del poder formal, ni tenía para sí al partido, ni el control político ni nada-, contó con el apoyo de todo el poder presidencial, de un poder que según muchos era un poder en manos casi de un autista -¿les ganó el autista?-, mientras que en el otro bando, el habilidoso, inteligente, brillante AMLO era y sigue siendo el jefe real del Gobierno del DF, del partido, de su candidatura, de los acuerdos con empresarios, con televisoras. Sí, se puede hablar de que la inequidad es el signo distintivo de la elección del 2 de julio, pero esa equidad no fue violada sólo por una de las partes, sino por las dos que disputan el poder, lo que hace más preocupante la situación. ¿Por qué? Pues casi nada, porque si en el año 2000 quedó claro que los candidatos Fox y Labastida, sus respectivos partidos, el PAN y el PRI, ni son demócratas y más bien parecen mentirosos profesionales que atentan contra los principios básicos de la democracia, en el 2006 se confirmó que los candidatos Calderón y Obrador adolecen del mismo mal. La diferencia es que uno de ellos, Andrés Manuel López Obrador, gusta de la máscara de víctima, se viste de cordero y acusa repetidamente "¡al ladrón!, ¡al ladrón!", mientras que actúa exactamente igual.

¿Diez años no son nada?

En el fondo, a la luz de los excesos electorales cometidos por los dos bandos, lo urgente sería que la hasta hace una década moderna ley electoral, sea revisada para terminar, de una vez por todas, con los escándalos de inequidad. Al tiempo.

Thursday, July 20, 2006

Perfil de los analistas

Jesús Reyes- Heroles G.G.

Cofundador y presidente ejecutivo del Grupo de Economistas y Asociados (GEA), firma consultora dedicada al análisis político y económico. Entre su extensa carrera política se cuentan los siguientes cargos: embajador de México en Estados Unidos (1997-2000) y secretario de Energía durante el sexenio de Ernesto Zedillo, director general de Banobras (1994), jefe de asesores en la Secretaría de Relaciones Exteriores (1989-90) y director general de Planeación Hacendaria (1983-88). Es doctor en Economía por el Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Raymundo Riva Palacio

Reconocido periodista y analista, Raymundo Riva Palacio ha obtenido dos Premios Nacionales de Periodismo. Durante su fructífera carrera, ha escrito para numerosos periódicos de México, España, Canadá y Estados Unidos. Es autor de "Centroamérica: la guerra ya empezó", "Más allá de los límites: ensayo para un nuevo periodismo", y coautor de "Aún tiembla" y "La cultura de la colisión". Su último libro se titula "La prensa de los jardines". Actualmente es director editorial de El Gráfico, El M, y coordinador de asuntos internacionales de EL UNIVERSAL.

Ricardo Pascoe Pierce


Miembro fundador del PRD y, durante mucho tiempo, uno de los hombres más cercanos a Cuauhtémoc Cárdenas: colaboró en la campaña presidencial de 1994, como coordinador de Relaciones Internacionales, y en la local de 1997, cuando el ex gobernador de Michoacán compitió por la Jefatura de Gobierno del DF. Además, fue miembro del CEN perredista de 1989 a 1999 en las administraciones de Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador. Fue delegado en Benito Juárez durante el periodo de Rosario Robles y, en diciembre del 2000, a pocos días de que Vicente Fox asumió el poder, fue nombrado embajador de México en Cuba. Al dejar su cargo, contendió por el partido México Posible para la jefatura delegacional en Benito Juárez.

Juan Molinar Horcasitas

Diputado federal por el Partido Acción Nacional (PAN), vicecoordinador de la bancada blanquiazul en San Lázaro. Fue consejero electoral en el Instituto Federal Electoral (IFE), así como vocero del Comité Ejecutivo Nacional de su instituto político.

Alberto Aziz Nassif

Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.

Macario Schettino

Director de Investigación y Programas Doctorales en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), campus Ciudad de México. También es director de Negocios de EL UNIVERSAL y director general de Análisis y Prospectiva Económica, S. C. Se ha desempeñado como coordinador de Planeación del Gobierno del Distrito Federal, así como asesor en organismos públicos y privados.

Demetrio Sodi de la Tijera

Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Iberoamericana con un curso de desarrollo administrativo en la Universidad de Harvard, EUA.

Trabajó en el sector privado de 1962-1975 en el Grupo Cifra. En la administración pública, de 1977 a 1982 fue gerente general de las tiendas Diconsa. De 1983 a 1988 fungió como Coordinador General de Abasto y Distribución del DDF.

En el trabajo legislativo ha tenido en cuatro ocasiones un cargo de elección popular: Diputado Federal en la LIV y LVII Legislaturas. Representante a la II Asamblea del DF. Actualmente es senador de la República por el DF en la LIX Legislatura y precandidato a la jefatura de Gobierno del DF.

Desde hace más de 20 años ha participado activamente en organizaciones ciudadanas.

Ana Maria Salazar

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliación. Fue subsecretaria adjunta de Defensa para Política y Apoyo Antidrogas del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Fungió como asesora política en la Casa Blanca (1998) y fue asesora especial en la Oficina de Asuntos Internacionales Antinarcóticos del Departamento de Estado (1995-1997). Debido a su desempeño en el Pentágono, la revista Hispanic Business Magazine la reconoció como una de los 100 hispanoamericanos más influyentes en EU.

El Caracter de Adolfo Hitler

Lista de las principales características que conformaron el carácter de Adolfo Hitler:

-Escribió un libro para exponer sus ideas, que muchos ensalzaron pero pocos leyeron.
-Era chauvinista.
-Tenía una educación deficiente.
-Tenía delirio de grandeza.
-Quería el poder por el poder mismo.
-Buscó hacerse del poder a toda costa, aun atropellando a amigos y benefactores.
-Se apoderó del Partido Nacionalsocialista Alemán y lo sometió a una purga.
-Encabezó asonadas. Era agitador y rijoso.
-Consideraba que la gente adinerada era enemiga del pueblo.
-No le interesó acumular riqueza personal, pero se rodeó de colaboradores corruptos.
-Era paranoico y mesiánico, pero inteligente.
-Luchó “contra el mal” como él lo entendía.
-Su “verdad” era la única.
-Tenía poder de convocatoria; fue un gran comunicador de masas.
-Pronunciaba discursos explosivos.
-Desarrolló un culto a su personalidad.
-Dejaba a las masas que le seguían cometer cualquier barbaridad impunemente.
-Desconfiaba de sus seguidores.
-Concentraba en sí mismo las decisiones importantes.
-Acusaba a otros de sus propios errores.
-Cualquiera que discrepara de él era considerado un conspirador.
-Logró que grupos de intelectuales se prostituyeran dándole la razón a toda costa.
-Convenció a miembros de las clases “decentes” de que él era la única opción para Alemania.
-Renegó de tratados internacionales que Alemania había firmado, o buscaba la manera de burlarlos.
-Durante su gobierno construyó obras aparatosas.
-Fomentó la formación de grupos de apoyo y de choque (SA) que suplantaron a los cuadros originales de su partido y luego se convirtieron en grupos paramilitares de control (SS).
-Estuvo dispuesto a dejar a su país en ruinas.

Cualquier parecido con un pejersonaje de la realidad actual NO es simple coincidencia, por espeluznante y escalofriante que parezca…

La carta de la violencia - Jorge Fernández Menéndez

Carlos Monsiváis inició su panegírico dedicado a López Obrador el domingo pasado recordando a José Stalin. No estuvo mal pero en realidad, para acercarse más al personaje en cuestión tendría que haber invocado a Benito Mussolini (cuántas similitudes en los desplantes del ex candidato con Il Duce, en el desprecio a las leyes y las instituciones, en la visión del mundo, en el trato con sus colaboradores, en la visión del mundo en blanco y negro, en la manipulación de la gente, incluso en la copia de la Marcha sobre Roma tropicalizada como la Marcha sobre el DF) o a nuestros mucho más cercanos, en tiempo y espacio Hugo Chávez o Fidel Castro. Porque el propio López Obrador reforzó esa imagen en su propio discurso cuando lanzó una grosera amenaza contra Felipe Calderón, su familia y sus allegados. Fue un exabrupto, equivalente a aquel “cállate chachalaca”, que le costó tanto electoralmente. Peor aún, lo hizo inmediatamente antes de convocar a la resistencia civil contra las elecciones y en medio de carteles que, “con todo respeto” como diría AMLO, pregonaban “haz patria, mata a Felipe”.

Fue tan burda, tan peligrosa la expresión de López Obrador que al día siguiente trató de justificarla en una entrevista con Miguel Angel Granados Chapa donde sólo logró enredarse aún más. Sus operadores entonces recurrieron a un expediente extremo: en su página oficial de Internet retiraron la frase en cuestión del discurso, como si ésta nunca hubiera existido (¿recuerdas Monsiváis cuando Stalin ordenó borrar de todas las fotos a Trosky y Bujarin?) y comenzaron negar que la hubiera pronunciado...pese a que estaba grabada y se había mostrado en prensa, radio y televisión.

Ese domingo, López Obrador llamó a la “resistencia civil” y dijo que el mismo lunes informaría sobre cómo se desarrollaría la misma y quienes la coordinarían. Hemos llegado al jueves y nadie sabe qué sucederá con ello, pero lo cierto es que un grupo de provocadores, el martes, siguiendo las instrucciones de su líder, agredieron a Calderón y sus colaboradores al salir éstos de un acto cerrado con un grupo de sindicalistas. Más grave aún, López Obrador que sigue quejándose de que no tiene espacio en los medios, tuvo una corta entrevista de 50 minutos con Carlos Loret de Mola y cuando fue interrogado sobre el incidente no sólo no lo lamentó ni rechazó esos hechos de violencia realizados en su nombre, sino que los justificó y agregó que se generalizarían si no se cumplían sus demandas. Como había dicho también el domingo otro futuro desempleado, Manuel Camacho, “las sonrisas se convertirán en puños” si no se acepta la demanda perredista que consiste, lisa y llanamente, en que se le otorgue el triunfo a López Obrador o se anulen las elecciones. Un día después, ayer miércoles, Alejandro Encinas tuvo que salir a decir que lamentaba el incidente e incluso que le ofrecía seguridad nada más y nada menos que de la SSP-DF a Calderón. ¿Quién dice la verdad: López Obrador amenazando a Calderón, su familia y sus colaboradores, Camacho amenazando con “los puños” de sus simpatizantes, el propio López justificando y advirtiendo sobre más agresiones o Encinas lamentándolas?. Y que nadie nos diga que los provocadores son grupos de espontáneos, porque todos sabemos cómo mueve la estructura del PRD esos contingentes y cómo con la sola palabra de López Obrador se podrían frenar las agresiones. Ayer mismo, a unas cuadras de donde fue agredido Calderón, otro contingente, pero éste encabezado por la ahora combativa Elena Poniatowska bloqueó las oficinas de Banamex.

En la misma lógica de lanzar un disparate tras otro, el mismo lunes, López Obrador descubrió que lo que había dicho durante dos semanas consecutivas no era verdad. Dijo después del dos de julio que se había dado un fraude cibernético y que por eso no había sido detectado por los representantes de casilla y de partidos. Pero ya este lunes “descubrió” que siempre no, que hubo un fraude a la “antigüita” con relleno de paquetes electorales y urnas: ¿cuándo, cómo, en qué circunstancias, basado en qué pruebas?, no lo dijo. Lo que sucede es que si no hubo fraude cibernético (en parte porque no lo pudo justificar, ya no hablemos de probar) y se pasó al fraude a la “antigüita”, el ex candidato queda peor: a la “antigüita” se podía hacer fraude porque ocurría lo que López Obrador quiere que se haga ahora: concentrar todos los votos en un solo lugar donde se pudieran manipular. Desde las reformas electorales del 94, el IFE no sólo es autónomo, sino que además se pulverizó el conteo en las 135 mil casillas electorales para que nadie pudiera manipular los votos y el conteo y si eso ocurría sería en porcentajes que no alterarían la elección, porque los partidos tienen representantes en todas las casillas y los funcionarios de las mismas son un millón de ciudadanos imposibles de manipular o corromper. El martes, el IFE informó que en el 95 por ciento de las casillas hubo por lo menos representantes de dos partidos y la propia alianza Por el Bien de Todos tuvo sus propios representantes en el 85 por ciento de las casillas. Todos esos representantes firmaron y avalaron el conteo voto por voto. Y el domingo de la jornada electoral no hubo impugnaciones por irregularidades en la votación por el conteo en esas 135 mil casillas. El fraude a la antigüita como ahora dice López Obrador, simplemente es imposible, salvo que se afirme que alguien logró corromper a un millón de ciudadanos elegidos aleatoriamente y a otro millón que representaba a los cinco candidatos participantes, incluyendo los de López Obrador. Entre provocaciones, agresiones, amenazas, mentiras, es imposible no ir quedándose cada vez más solo.

A la antigüita - Juan Molinar Horcasitas

Andrés Manuel López Obrador ha venido variando los argumentos que utiliza para explicar su conducta. No es fácil entender la lógica de los mismos, pues no la tienen. Y lo peor es que, con argumentos infundados, ha decidido escalar el conflicto y rebajar el lenguaje. Veamos.

Los días previos a la jornada, AMLO se comprometió a respetar los resultados de la elección que informase el IFE, así perdiese por un voto. Ni falta hace decir que eso ya se derrumbó. López Obrador ya ha dejado en claro que simplemente no cumplirá su palabra. No lo hace porque los resultados no cumplieron sus expectativas. Punto.

El mismísimo domingo 2 de julio, por la tarde, su coordinador de campaña, y los presidentes de los partidos que formaron la coalición que lo apoyó, declararon que la jornada había sido limpia. Más que eso: ejemplar. Poco después, ese mismo coordinador de campaña se ha referido en términos muy distintos a la elección. ¿Por qué cambió de opinión? Porque los resultados no se ajustaron a sus expectativas. Punto.

Pasada la elección, y ante la evidencia que proporcionaban tanto el PREP como el conteo rápido (que ellos conocieron, aunque no se divulgó) tomaron la ruta que han aplicado: escalar el conflicto y rebajar el lenguaje. Inicialmente, evitaban usar la palabra fraude, porque quedaba claro que todo mundo sabía que la elección había sido limpia. Encontraron, entonces, una salida: pedir que en las sesiones de los 300 consejos distritales que sesionaron el miércoles y el jueves se realizara un recuento voto por voto, acta por acta, aunque sabían muy bien que la ley no lo permitía y que el Tribunal ha emitido muchas sentencias que forman ya una robusta jurisprudencia en ese sentido. El IFE aplicó la ley y abrió los paquetes en los que las condiciones de ley que no sólo lo permiten, sino que incluso lo prescriben. ¿Qué pasó? Que en los 2 mil 824 paquetes que se abrieron y en los que se realizó un recuento boleta por boleta, el margen de victoria de Calderón sobre López Obrador no se redujo, sino que aumentó en poco más de mil votos. ¡Menudo chasco! ¿Porque no han hablado de esto? Porque los resultados de ese ejercicio no se ajustaron a sus expectativas. Punto.

Días después, los observadores nacionales y los visitantes extranjeros ratificaron lo que millones de mexicanos vimos: que la elección fue limpia. Las declaraciones de las misiones de la Unión Europea y de la ONU fueron particularmente firmes. ¿Qué dijo AMLO? Que los observadores no vieron. ¿Por qué? Porque sus conclusiones no se ajustaron a sus expectativas. Punto.

Pero de que la perra es brava, hasta a los de casa muerde. López Obrador presentó un par de videos en los que supuestamente se probaba el fraude. Otro fiasco. Los participantes de los videos, las autoridades, y sus propios representantes de casilla lo desmintieron. ¿Qué dijo AMLO? Que habían sobornado a sus representantes. ¿Por qué dijo algo tan grave como eso? Porque los resultados no se ajustaron a sus expectativas. Punto.

Hace unos cuantos días, AMLO y su gente sacaron una historia inverosímil: el PREP presentó resultados que habían sido alterados mediante un algoritmo que favorecía a López Obrador. La "evidencia" que presentan no soporta el menor análisis. Por eso, ahora ha cambiado. ¿Qué dice ahora? Una joya: ". se habló mucho del fraude cibernético, todo mundo (sic) pensaba que el fraude lo habían hecho en lo cibernético, en las máquinas.

"Encontramos que no está ahí el fraude, encontramos que está en los papeles, que es un fraude a la antigüita. La verdad es que nosotros estábamos pensando que es un fraude cibernético, pero no".

¿Qué significa eso? Significa que un millón de mexicanos que trabajaron en las casillas, como funcionarios de casilla, como representantes de partido, como observadores, se confabularon en un boicot en su contra. Sólo así se podría realizar un fraude "a la antigüita", como los que hacía él para el PRI cuando lo dirigía en Tabasco. Nadie lo cree. ¿Por qué dice algo tan absurdo como eso? Porque la realidad no se ajusta a sus expectativas.

¿Cuál fraude? - Ricardo Pascoe Pierce

Felipe Calderón ganó las elecciones presidenciales del 2 de julio, por un estrecho margen, a su más cercano contendiente, López Obrador. ¿La estrechez de su margen de victoria cancela el resultado? No, porque así lo decidió el electorado. Lo que está aconteciendo después de la elección es pura fantasía. O fantasía pura.

En Italia el candidato de centroizquierda, Prodi, le ganó al candidato de centroderecha, Berlusconi, por 25 mil votos. Berlusconi cuestionó el resultado, pues los votos del exterior favorecieron a Prodi, cuando ese derecho al voto para los italianos en el exterior lo gestionó el propio Berlusconi. En México el PAN le ganó al PRD por más de 24o mil votos. Y éste alega un fraude descomunal. ¿Descomunal? Hubo 1 millón 241 mil 094 representantes de partidos, candidatos y de coaliciones en las poco más de 131 mil casillas instaladas en el país. Es decir, hubo un promedio de nueve representantes por casilla. Por otro lado, hubo 25 mil 311 observadores nacionales registrados que se movieron de casilla en casilla (dos o más casillas por observador) y 693 visitantes internacionales de 60 países. La presencia "observadora" era amplia y contundente, tanto de partidos y candidatos como de observadores imparciales.

Fueron capacitados 2.2 millones de ciudadanos como funcionarios de casilla y, de entre ellos, más de medio millón de ciudadanos libres recibieron y contaron los votos, ante los ojos de los representantes de partidos y coaliciones y los observadores nacionales y extranjeros. En el 87% de las casillas hubo al menos una fuerza política representada y en el 78% fueron por lo menos dos. Así que hubo una fuerza (el PRD, en este caso) que no tuvo representantes en cerca de 40 mil casillas en todo el país. De las tres principales fuerzas contendientes, resultó ser el más débil y desorganizado. Pero es el que asegura tener pruebas de un fraude electoral.

No ha demostrado el fraude. AMLO dijo que era cibernético, y tenía a sus seguidores fantaseando sobre logaritmos matemáticos metidos en las computadoras del IFE para "borrar" votos del PRD. Ahora dice que no: el fraude se cometió en casillas y cómputos distritales, ante los ojos de todo el mundo presente. Camacho dice que los gobernadores "lo ordenaron". ¿Ordenaron a miles y miles de ciudadanos libres que cometieran fraude? Por supuesto que no. Mienten por desesperación y confusión. Ya no hallan qué decir, para justificar su derrota.

Derrota. La palabra que destruye carreras políticas promisorias. La palabra que jamás pasó por la cabeza de AMLO, Camacho y demás. La palabra que los hace temblar de miedo. Para no admitirlo, y asumirse como demócratas en su justo papel dentro de la democracia mexicana, inventan un alegato y denuncia sin sustento y sin verdad. Son hombres que carecen de valentía para afrontar sus graves errores cometidos a lo largo de la campaña y se niegan a admitir su falibilidad.

Un ejemplo: el error de las alianzas internas y externas. A partir del reparto "alegre" de curules para supuestamente garantizar sus votos, el PRD probablemente quedará con menos curules que en la legislatura saliente. Eso resulta inadmisible para ese partido. Rosario Robles le habrá dado más curules al PRD que AMLO. ¿Por qué? Porque después de restar las curules de Convergencia y PT, de los que quedan, la mitad son "independientes" o priístas renegados que ya no pertenecen a ningún partido, y no sienten lealtad al PRD, especialmente ahora que se confirme que AMLO perdió la elección. De las 123 curules que quedan, la mitad se irán por la libre.

El PRD no es una fuerza legislativa considerable, si se toman en cuenta estos factores. El PRI llenará el espacio de la oposición responsable que busca acuerdos para que el país funcione y avance. El PRI pactará con Calderón, como lo harán Convergencia, Alternativa y otras fuerzas, para dar solidez a acuerdos institucionales. ¿Y el PRD? Después de que el TEPJF ratifique la victoria, por escaso margen, de Calderón, AMLO se va a declarar el verdadero Presidente popular y, siguiendo la usanza de Juárez, recorrerá el país en su carruaje, buscando desestabilizar a México, como él mismo lo dijera, "en lo político, social, económico y financiero...".

No hubo fraude en la elección pasada, principalmente porque la gente no lo hubiera permitido. Ese discurso es un ardid de hombres incapaces de afrontar sus errores. Hombres llenos de miedo de pagar las consecuencias de sus cálculos fallidos y que buscan, hasta por debajo de las piedras, a los responsables de su debacle.