Los resultados del conteo distrital del IFE, que constituye el resultado oficial de las elecciones, concluyó con prácticamente los mismos números que el conteo rápido que la noche del domingo pasado el Consejo General decidió no divulgar por lo cerrado de los números, y del PREP, dado a conocer entre lunes y martes. No hay secretos ni trampas: Felipe Calderón Hinojosa será el próximo presidente de los mexicanos por una diferencia de casi un punto porcental y cerca de 300 mil votos.
En el cómputo distrital, el perredismo utilizó una táctica dilatoria poco ética que sabía que no podía alterar el resultado final pero que tenía un solo objetivo: anular por la mala un proceso electoral que perdieron por la buena. La idea era generar la idea de que había diferencias entre el conteo distrital y el PREP, que se había metido la mano en el proceso y de esa manera pedir la apertura de todas y cada una de las casillas, para contar “voto por voto”. Saben que eso, primero, ya se hizo: un millón de mexicanos, no un grupo de políticos de cualquier color partidario, contaron voto por voto en cada una de las casillas. Ese conteo del domingo se confirmó entre el miércoles y el jueves: no hubo cambios entre lo que se reportó en el PREP y lo que finalmente se dio a conocer en el recuento distrital. Pero el lopezobradorismo se ha empeñado en contar “voto por voto” porque sabe que, independientemente del resultado, como esa pretensión vulnera la ley, es un mecanismo para impugnar y anular las elecciones. El PRD ya utilizó el mismo mecanismo para lograr anular en el Trife, unas elecciones en Tabasco, precisamente porque se abrieron, ilegalmente, el 68 por ciento de los paquetes electorales con la exigencia de contar “voto por voto”. El resultado no se alteró, pero logró anular la elección...que volvió a perder en las extraordinarias.
Resulta sintomática la mezquindad de la demanda de AMLO porque implica descalificar a los millones de mexicanos que votaron el domingo2 de julio; porque implica desautorizar a unas autoridades electorales que hicieron un trabajo ejemplar y que nos ha costado veinte años y miles de millones de pesos construir; porque implica desconocer procesos electorales, como el conteo rápido, el PREP, el propio conteo distrital, que han sido avalados a lo largo de los años y cuya precisión se confirmó en estos días, no sólo por los resultados sino también por los observadores nacionales y extranjeros que dieron fe de la limpieza de la jornada y de todo el proceso. Resulta paradójico que López Obrador impugne la elección presidencial pero no, por ejemplo, la del DF, donde ganó Marcelo Ebrard por amplio margen, o la de legisladores, donde el PRD queda con una fuerte presencia en el Congreso y con futuros dirigentes que pueden, como Ebrard, ser muy importantes en el futuro político. Pero lo que marca las actitudes de López Obrador no es la construcción democrática de un país, ni la consolidación de su propia fuerza política, sino una evidente ambición de poder personal. Si se había dicho que López Obrador es un hombre mesiánico, que consideraba que su misión en el poder estaba por encima de consideraciones política, eso lo está confirmando con todas y cada una de sus actitudes desde el pasado domingo. Algo lamentable para un PRD que realizó una magnífica elección y que merece mucho más que actos de mezquindad y demagogia.
El sábado López Obrador ha convocado a la gente al Zócalo para una “sesión informativa”. Es una mentira más de un candidato que no sabe perder: está echando la gente a la calle para tratar de ganar allí lo que perdió en las urnas. Una vez más quiere utilizar a la gente para chantajear a las instituciones. Esperemos que en esta ocasión éstas se mantengan firmes: como ocurrió con otros políticos de fuerte acento autoritario, se ha comprobado que la política de “apaciguamiento” con ellos no funciona, por la sencilla razón de que no juegan con las mismas reglas que sus adversarios. La historia está llena de ejemplos al respecto. No podemos volver a repetir el mismo error que, como en esos casos históricos, en buena medida fue alimentado por ciertos medios de comunicación.
En todo caso, lo que cabe es ahora mirar el futuro. Y el mismo está puesto en la próxima administración de Felipe Calderón. El candidato panista sabe que ganó pero que un 64 por ciento del electorado no votó por él. Sabe que se impone un gobierno de amplio espectro para lograr mayorías estables. Que la seguridad pública y nacional son capítulos insoslayables, en los cuales se debe avanzar mucho más, incluyendo la integración regional, hacia el norte y hacia el sur, con una visión política, diplomática, económica y social mucho más aguda que la actual. Sabe también que sin apostar a reformas profundas, México no tiene más destino que el estancamiento. Pero, por sobre todas las cosas, debe saber que sigue existiendo un porcentaje muy alto de mexicanos que están viviendo en la pobreza y la desigualdad y que no se puede seguir apostando a políticas sociales y de integración que, sin duda, han sido positivas pero insuficientes. La lucha contra la pobreza se debe convertir en la prioridad absoluta del próximo gobierno, destinando para ello las políticas y los recursos necesarios para obtener resultados concretos y rápidos. Allí están, también, los ejemplos internacionales y quizás el de Irlanda, que pasó en unos pocos años de ser uno de los países más pobres y desiguales de Europa a uno de los más prósperos y con mejor calidad de vida del Viejo Continente, es uno de los más cercano a nosotros.
Todo eso y más esperaremos de Felipe Calderón. Sabe Calderón que si la política democrática y amplitud de miras no logra en el futuro resultados palpables en lo social, los intentos demagógicos y autoritarios, el mesianismo de uno u otro signo, terminará imponiéndose por encima de las instituciones liberales. Su compromiso es con sus electores pero sobre todo es con el futuro de todos los mexicanos.
Friday, July 07, 2006
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