Friday, July 28, 2006

"Fraude a la antigüita" - Demetrio Sodi de la Tijera

Después de haber analizado la información que presenta el PRD sobre el supuesto fraude electoral, sigo convencido de que la elección del pasado 2 de julio fue limpia y que las dudas y denuncias que presentan son simples conjeturas sin ninguna prueba concreta. Tengo plena confianza en la autonomía y profesionalismo del Instituto Federal Electoral y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y estoy seguro que si se hiciera un nuevo recuento de votos las cifras prácticamente no variarían, y no se modificarían ni el resultado ni el triunfador de la elección.

El reconocimiento por parte de AMLO de que "no fue un fraude cibernético, sino a la antigüita", echa por tierra sus argumentos de las últimas semanas. Ahora dice que se orquestó un fraude a través de la falsificación de actas, lo que hubiese significado que la gran mayoría del casi millón de funcionarios de casilla tendría que haber sido cómplice, sin embargo, él mismo se contradice cuando señala que gran parte de los funcionarios actuó honestamente. ¿En qué quedamos, fueron o no parte del fraude?

Andrés Manuel está rodeado de gente que orquestó y defendió el fraude del 88, Camacho, Bartlett, Monreal y Ebrard, y le han hecho creer que el 2 de julio pasado se dio un fraude similar al que ellos organizaron. Hay que recordar que en el 88 el que designaba a los funcionarios de casilla era el PRI, aun cuando formalmente los nombramientos los daba la Comisión Federal Electoral dependiente de la Secretaría de Gobernación. El control de los funcionarios lo tenían por lo tanto el PRI y el gobierno, lo que permitió, después de cerradas las casillas, falsificar las actas de la elección presidencial y aumentar el número de votos a favor de Carlos Salinas. El sistema se "cayó" para dar tiempo a los operadores de este fraude de falsificar actas y aumentar la votación presidencial. Por eso se opusieron a que se abrieran las urnas, porque sabían que en ellas no había el número de votos que decían las actas.

La situación actual es totalmente diferente, todos los funcionarios de casilla fueron escogidos al azar y el nombramiento lo otorgó un organismo completamente independiente del gobierno y los partidos, el IFE, por lo que era imposible un fraude a la "antigüita". Los funcionarios de casilla no aceptarían recibir consigna de nadie, ni del gobierno ni de partidos ni del IFE, eran ciudadanos comunes y corrientes y su único compromiso fue garantizar una jornada electoral limpia y contar bien los votos.

Estoy convencido de que López Obrador y su equipo saben que no hubo fraude, pero no les conviene aceptar su derrota porque se les acabaría el espacio político que tienen actualmente y perderían además el control del partido. Están dispuestos a llevar al país, al PRD y a la izquierda, a una aventura para proteger sus ambiciones personales. Como lo dije en la colaboración de la semana pasada, estoy convencido de que el supuesto fraude es un teatro montado para no reconocer su derrota, sembrando entre la gente la duda sobre la legitimidad del proceso y el ganador. Saben que si las cosas siguen por el camino que van, el tribunal va a ratificar el triunfo de Calderón y ellos van a ser desplazados, por lo que su única alternativa es un nuevo conteo de voto por voto para ver si realmente hay errores y las cifras cambian.

Desgraciadamente, hay mucha gente de buena fe que está convencida de que hubo fraude y no va a cambiar su opinión hasta que se cuente nuevamente voto por voto. Creo que en este momento no hay otra opción, AMLO y su equipo ya sembraron la duda entre la gente y están decididos, si no se cuentan nuevamente los votos, a desconocer la decisión del tribunal e impugnar y descalificar durante los próximos seis años la legitimidad de Felipe Calderón. Por el contrario, si se abren los paquetes y se ratifica el triunfo de Felipe Calderón, AMLO y su equipo van a quedar como lo que son, unos auténticos impostores que no les importa dividir al país y confrontar a la gente.

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