Finalmente se está cumpliendo lo que se veía como el peor escenario: una elección muy cerrada en que Andrés Manuel López Obrador parece encontrarse abajo por muy escaso margen en las preferencias electorales.
El PRD ha exigido la apertura de todos los paquetes electorales en el país “para limpiar la elección”. El problema es que esto violaría el artículo 247 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, el Cofipe, que establece que los paquetes sólo pueden abrirse en casos específicos.
El PAN señala que uno de los causales de la anulación de la elección del 2000 en Tabasco fue la apertura indiscriminada de paquetes, lo cual violó el principio de que en México son los ciudadanos en las casillas, y no los funcionarios electorales, quienes cuentan los votos en las elecciones.
Por otra parte, el PRD ha convocado a movilizaciones y manifestaciones en los consejos distritales donde se está llevando a cabo el recuento de las actas y el objetivo no puede ser otro que amedrentar a los consejeros.
Los argumentos que el PRD ha ofrecido para que se abran todos los paquetes no tienen mucha lógica. Dicen los líderes de este partido que el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) tiene muchas deficiencias y por lo tanto deben contarse una vez más los votos que ya se contaron en las casillas. Pero suponiendo sin conceder que la afirmación sobre el PREP sea cierta, eso no justificaría abrir los paquetes electorales.
El PREP es sólo un sistema para adelantar los resultados electorales al transmitirlos de manera electrónica directamente al IFE. Las actas, sin embargo, son ya documentos definitivos que registran el conteo realizado por los ciudadanos bajo la vigilancia de representantes de los partidos políticos. Y las actas están avaladas por las firmas de estos representantes de partidos.
No hay duda que puede haber errores en el conteo en las casillas. Los más de 900 mil ciudadanos que participaron en el proceso el día de la elección no son especialistas. Muchos tienen un bajo nivel de educación, es cierto, pero esto se compensa por su entusiasmo y abrumadora honestidad.
El domingo pasado estos 900 mil ciudadanos contaron 42 millones de boletas en la elección presidencial y otras 84 millones para el Senado y la Cámara e Diputados. Sin duda en muchas casillas se encontrarán errores en favor de uno u otro candidato. Pero es improbable que modifiquen el resultado final. Realizar un fraude en el conteo de los votos y llenado de las actas, lo cual implicaría la complicidad de decenas o cientos de miles de ciudadanos, sería realmente imposible.
Sin embargo, si no se cuentan nuevamente todos los votos como exige el PRD, y el resultado final favorece a Felipe Calderón, los perredistas no dejarán de acusar al IFE de un fraude que no ha tenido lugar. Y así terminarán por crear una situación explosiva y peligrosa.
Yo no tengo favorito en esta elección. Toda mi vida he luchado por construir en México una verdadera democracia en la que realmente los ciudadanos podamos elegir con libertad a nuestros gobernantes. Mi voto personal este domingo 2 de julio lo dividí entre tres partidos distintos para apoyar, más que a organizaciones, a aquellos candidatos que consideré más capaces y honestos.
Que gane quien gane, siempre y cuando sea como consecuencia del voto de los ciudadanos y no por presiones o manifestaciones, o por esa idea inaceptable de que la elección sólo puede ser libre y honesta si un candidato en especial resulta triunfador. Y es muy evidente que la contienda es tan cerrada que cualquiera puede resultar vencedor tras el conteo en los consejos de distrito.
Queda claro, sin embargo, que si López Obrador triunfa en el conteo que empezó ayer, el país podrá estar tranquilo: ni Calderón ni el PAN organizarán manifestaciones ni presiones contra el IFE ni contra el nuevo gobierno del PRD.
La situación será, empero, completamente distinta si Calderón gana. Los miedos que había en torno a López Obrador están resultando ciertos. Es un candidato que no está dispuesto a aceptar una derrota.
A nadie puede preocupar que un candidato recurra a todos los recursos que la ley le da para pelear por el triunfo. Pero inquieta el llamado a los perredistas a realizar manifestaciones para presionar a los consejos distritales y, más aún, la amenaza de que la estabilidad del país depende de que los consejeros distritales acepten violar el artículo 247 del Cofipe.
¿ABRIR PAQUETES?
Yo no tengo ningún problema con que se abran los paquetes electorales, aun cuando creo que el conteo de los ciudadanos del 2 de julio da más certeza de honestidad que el que puedan llevar a cabo los funcionarios y consejeros del IFE. Pero no se vale cambiar las reglas una vez comenzado el juego. Si el PRD quería que los consejeros de distrito y no los ciudadanos contaran los votos, sus legisladores debieron haberlo impulsado en el Congreso a su debido tiempo. No pueden hoy exigir la apertura de todos los paquetes si con ello ponen en riesgo la legitimidad de toda la elección.
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Aprendizajes de la jornada electoral
JOSÉ LUIS PALACIOS
Muchos son los aprendizajes que sacamos los mexicanos de esta elección; trataré de resumir algunos de los que detecto entre líderes de opinión, editorialistas, consejeros electorales y jóvenes que votaron por primera vez.
El enemigo no está en casa. La pérdida de competitividad y la enorme pobreza que sigue teniendo el país nos urge a unirnos y reconstruir el país. En el pasado, -en la historia de la que no queremos aprender-, siempre coincidió nuestra división interna con capítulos tristes como la pérdida de la mitad del territorio en la invasión norteamericana de 1847.
-El sistema electoral es confiable, pero está agotado el mecanismo de mayorías relativas. Si no tenemos segunda vuelta, el Presidente de la República llegará débil a gobernar. De llegar Felipe Calderón Hinojosa o Andrés Manuel López Obrador, llegarán con una mínima aceptación, pues dos terceras partes de los mexicanos votaron en su contra, votaron por otros candidatos. Es decir, el nuevo Presidente llegará solamente con alrededor del 35% del total de votantes, y con menos del 18% de total de mexicanos.
-La sociedad quiere un país mejor. La participación de funcionarios de casillas, de representantes de partidos, de observadores electorales, mostró que el pueblo siempre da sus mejores momentos cuando el país lo requiere.
-El abstencionismo. Si como lo adelantan los sondeos, éste es del orden del 40%, el sistema democrático volverá a tener un fracaso. La poca aceptación de los candidatos reflejada en un porcentaje bajo de votación, vuelve a mostrarle a los partidos políticos que no representan a la sociedad. Esto se refleja además en un costo por voto que es de 3 a 5 veces más caro que el de otros países industrializados. Esto abre también paso a que la sociedad exija que pueda haber candidatos independientes que sean reconocidos por la sociedad, pues los partidos –aunque ellos no lo quieran aceptar-, tienen agotadas a sus figuras públicas, a los de siempre, a los amos del balón, a los magos del trapecio políticos.
-El subsidio público ha pervertido a los partidos políticos. Las campañas electorales son muy caras y son un gran negocio para los políticos y sus familias, para los cuates y compadres, para los medios de comunicación y para los amigochos proveedores (publicistas, asesores, encuestadores, etc.) que ofende a nuestro pueblo pobre. La sociedad está harta ya del excesivo gasto que hacen los partidos. La exigencia que hacen organismos como propuesta cívica (www.propuestacivica.org) de reducir el 50% de reducción de las prerrogativas, tiene cada día más eco y el recabar millones de firmas tendrá sin duda éxito pronto.
-Hay dos Méxicos en términos de preferencias políticas: el norte y el sur, el que vota por la derecha y el que vota por la izquierda, el conservador y el liberal, el desarrollado y el subdesarrollado, el emprendedor y el del quietismo, el de la economía abierta y el de la economía cerrada, el que busca mantener el modelo económico y el que lo quiere cambiar, el amigo de Estados Unidos y el amigo de Latinoamérica. Es lamentablemente, la realidad cruda.
-El bipartidismo. El escenario que algunos perfilaban de un bipartidismo moderno con la izquierda y la derecha, parece no estar lejano con la agonía y diáspora del PRI.
-Los ganadores. La probable victoria del PAN en la Presidencia de la República no es en realidad una victoria total. Su candidato llega débil, con poca aceptación. Aún ganando gubernaturas y siendo la primer mayoría en el Congreso, se dará cuenta que no cuenta con el respaldo mayoritario. Su plataforma política deberá considerar seriamente la atención a quienes menos tienen; sus estrategias deberán buscar siempre los consensos, su enfoque deberá incluir siempre a todos.
-La actitud del nuevo Presidente. Su característica deberá ser de conciliador, de invitar a la concordia. Lejos deberá estar el saludo a los hijos antes que al Congreso, lejos las ofensas a los diputados, lejos la pareja Presidencial, lejos de tener un gabinete de miembros solamente de su partido, lejos de hacer proselitismo a favor de su partido. Deberá ser el Presidente de todos. Deberá acordar con los demás partidos, deberá humildemente aceptar que no puede comerse “la enchilada completa”. Tendrá que compartirla inteligentemente con los demás por el bien del país.
-Los otros ganadores. El crecimiento de la izquierda en las preferencias electorales refleja –y esto lo debe entender la derecha- la insatisfacción de las mayorías pobres del país: alrededor de 60 millones, que por sus condiciones económicas han sido excluidos y muchas veces explotados. El gran ganador, aún perdiendo la Presidencia de la República, es la izquierda. El voto se encuentra ahora perfectamente perfilado: los pobres han optado abrumadoramente por López Obrador, y las clases altas están incondicionales con Calderón Hinojosa. Esto abre la necesidad probablemente, de un gobierno parlamentario y no presidencial. Es el agotamiento del régimen de partidos.
-Los perdedores. El voto útil que se evidenció en el año 2000 a favor de Vicente Fox, se volvió a presentar al pasarse muchos votos de Roberto Madrazo a los dos candidatos punteros. “El Enterrador”, como algunos llaman ya a Madrazo, tuvo un rotundo fracaso, un verdadero descalabro al llevar al PRI al tercer lugar en el Congreso. El costo de su terquedad fue la salida de priístas a otros partidos, el fortalecimiento del Partido Nueva Alianza y la pérdida de gubernaturas. De no ser por su ceguera al no reconocer que era el candidato más rechazado por la sociedad, su partido con un buen candidato, habría recuperado probablemente la Presidencia de la República.
-Con la nueva realidad política, el rol del consejero electoral va mucho más allá que el de vigilar el proceso electoral. Nuestro principal rol será en el trabajo ANTES de la jornada, específicamente en investigar delitos electorales, mecanismos para sobrepasar los topes electorales, escrutar los algoritmos del sistema electoral, investigar las bajas dudosas en el Registro Federal de Electores, entre otros.
-La largísimo jornada electoral y el permitir guerras sucias y descalificaciones. La legislación electoral pronto deberá recortar estos tiempos e incluso reglamentar el reciclado de material utilizado para propaganda política.
-El Congreso estará dividido en terceras partes. Los partidos deberán acordar para llegar a consensos. De no ser así, los acuerdos para crear leyes, estarán congelados como en este sexenio. Cualquier decisión deberá acordarla el PAN con el PRI o con el PRD. No hay de otra.
-Nada aportó el Partido Nueva Alianza. Se desenmascaró su rol de asociación con el PAN. Un partido más y dinero tirado a la basura.
-Paradójicamente, la izquierda que representa Patricia Mercado terminó siendo en la práctica una opción que apoyó a la derecha debilitando a la corriente que dice representar.
En resumen, el sistema electoral mostró confiabilidad, pero aún así, el sistema político que lo diseña, mostró sus errores.
Thursday, July 06, 2006
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