Tuesday, February 13, 2007

Hacia adelante - Macario Schettino

Con el tiempo, va quedando más claro qué fue lo que ocurrió en la elección del año pasado. Es un tema que fue más allá de la polémica y que no era fácil discutir hace unos meses, pero que tenemos que procesar adecuadamente, para no guiarnos por creencias y por emociones.

Pocas semanas después de la elección hubo trabajos serios como los de Fernando Pliego, del IIS de la UNAM, y de Javier Aparicio, del CIDE, que desmontaban los argumentos del fraude cibernético, el algoritmo mágico y demás inventos. Pero eran textos más bien técnicos.

Hace algunos meses, los periodistas Óscar Camacho y Alejandro Almazán publicaron el libro La victoria que no fue (Grijalbo, 2006), el primer libro que evaluaba la derrota de López Obrador en la elección presidencial. Como ellos mismos reconocieron en entrevistas radiofónicas, se aproximaron al tema buscando documentar el fraude que habría impedido a López Obrador la victoria. Pero no lo encontraron. Lo que vieron fue un caudal de errores en la campaña, entre los cuales sobresalía la soberbia del candidato y la mala organización el día de la votación.

En el ámbito más académico, Andreas Schedler, investigador del CIDE, acaba de publicar en el Journal of Democracy (18-1, enero 2007) una revisión de la elección desde la perspectiva de las instituciones, concluyendo que "ninguna ingeniería institucional es suficiente para sustituir el requisito de ´espíritu público´ y ´sentimiento colectivo de responsabilidad´ de los involucrados. Al final son los actores, no las instituciones, los que producen y conservan el bien público de las elecciones institucionalizadas".

En estos días circulan dos libros más que arrojan luz sobre el asunto, ambos publicados por Planeta. Por un lado, 2 de julio, de Carlos Tello Díaz, recrea el día de la elección con idas y venidas por la campaña y la postelección, fundamentalmente desde el punto de vista de la coalición que impulsó a López Obrador. Por el otro, de Salvador Camarena y Jorge Zepeda Patterson, El presidente electo, que tiene dos partes. La primera, escrita por Camarena, es una estampa de Felipe Calderón que se concentra en las campañas de éste, desde la interna del PAN hasta la decisión del TEPJF. Es interesante que ambos dedican un espacio importante a narrar y analizar lo ocurrido con los encuestadores, sobre todo el mismo 2 de julio. No hay diferencia significativa en sus interpretaciones, por cierto.

Hoy es perfectamente claro que López Obrador sabía que había perdido la elección desde el mismo domingo 2 de julio por la noche. Esto significa que todo lo ocurrido después fue un montaje que buscaba descarrilar a las instituciones. Desde la popular consigna del voto por voto hasta la intentona del presidente interino. Desde el fraude cibernético hasta el plantón de Reforma.

Sin embargo, las cosas no tenían que ir por ese camino. La pequeña diferencia en la votación, sumada al delito del Consejo Coordinador Empresarial (el único delito reconocido por el Tribunal, puesto que la imprudencia de Fox, grande como fue, no era ilegal), si bien no permitían anular la elección, sí podían convertirse en un inmenso capital político para López Obrador. Capital destrozado con el alud de mentiras que documentan los trabajos antes referidos.

Es importante que este tema se resuelva porque no debe servir de excusa para poner en riesgo la siguiente elección, torpedeando el IFE, ni para posponer decisiones que el país requiere con urgencia como lo es la reforma fiscal. Ya no se vale argumentar agravios.

El proceso que sigue el PRD para recuperarse del ascenso y la caída es especialmente complejo y, como lo habíamos comentado hace un par de meses, se cruza con el que el PRI sufre, en su búsqueda de nueva dirección (en todo sentido). El espacio político de estos partidos tiene una intersección demasiado grande como para ignorarla. El partido más lento se verá en serias dificultades en 2009, y desaparecerá, porque el costo financiero de las derrotas no es despreciable. A pesar de las carretadas de dinero que reciben los partidos de nuestros impuestos, estos dos partidos cargan con deudas que, con menos de 20% de la votación en las próximas elecciones, serán impagables.

Hay que moverse hacia adelante, hay que construir el país, tomando decisiones, no lamentando errores.

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