Wednesday, March 01, 2006

¿Dónde está AMLO? - Juan Molinar Horcasitas

Juan Molinar Horcasitas
01 de marzo de 2006

¿Dónde está AMLO?


A estas alturas de la campaña, ya no sabe uno cuál es el Andrés Manuel López Obrador verdadero y cuál es el fantoche. Sus constantes contradicciones me recuerdan un libro infantil que se llamaba ¿Dónde está Wally? En cada una de las páginas de ese extraño y abigarrado libro, de gran formato y mucho colorido, aparecían escenas muy divertidas formadas por decenas, quizá centenas de pequeñas figuras de un muñequito llamado Wally. Las escenas variaban, ilustrando muchos temas y el muñequito usaba variadísimos disfraces y asumía muchas posiciones, todas ellas más o menos relacionadas con el tema principal de la página. Pero en todas ellas, en algún lugar de la escena, estaba siempre el verdadero Wally, el original, vistiendo un trajecito de marinero, con camiseta a rayas y gorrita. El objetivo del libro-juego era que quien lo leía descubriera al verdadero Wally, sin dejarse engañar por todos los disfraces que usaba. Voy a ilustrar el cuento.

Desde hace años, López Obrador ha venido señalando al PRI como uno de los principales causantes de los problemas actuales. La mitad de las cosas que no funcionan en este país, según él, son culpa del PRI. De la otra mitad, luego hablamos. ¿Ese es el verdadero Wally? No, no se engañe. No podemos olvidar que él también es un ex priísta. Líder del partido en su estado. Feroz, que no fiel militante de ese partido que hoy denuesta tiro por viaje. ¿Cómo le hace López Obrador para conciliar esta evidente contradicción? De varias maneras, pero con la táctica Wally. Le explico.

Lo primero que hace López Obrador es rodearse de priístas para mimetizarse. Como hacen las cebras, como hace Wally. En el mismo equipo de Andrés Manuel López Obrador aparecen muchos priístas, como él mismo, por supuesto. La lista se la dejo a usted. Usted conoce a muchos de ellos. Esos priístas de ayer y de siempre, medio lo ocultan, como los muñequitos disfrazados de la página de Wally ocultan al verdadero Wally. Pero a fin de cuentas, el lector descubre al verdadero Wally, como el ciudadano termina descubriendo al priísta López Obrador. Por eso hay que usar otro truco. ¿Cuál es ese truco? El perdón mesiánico. ¿Qué es eso?

Quizá usted omitió una declaración chistosona de López Obrador, pero yo la recuerdo porque dice mucho de su carácter. En algún mitin en el que le metieron el punto de su priísmo, y de sus compañías, se escapó con una guasa: dijo que el "priísmo es un mal que se cura". ¿Y quién lo cura? Pues él, evidentemente. ¿Quién más? Así, pasa del mimetismo y del disfraz al mesianismo.

Su mesianismo, que ha aflorado muchas veces antes, como en la marcha que llamó "Éxodo", resurgió en la famosa entrevista que le hizo López-Dóriga. Y ahora ya sabemos que se la cree. Lo digo así porque la "cura del priísmo" es el perdón que sólo él otorga. Y no sólo cura el priísmo, sino que incluso perdona los más graves pecados. Y el más grave, según él, es el salinismo. Camacho, Ebrard, Monreal y muchos otros menos famosos lo rodean y lo ocultan. Como a Wally. ¿Cuál fue el método de cura? El deslinde. "Ya se deslindó", dice, para explicar por qué alguien que fue malo, malísimo, ahora es bueno. El deslinde, la confesión, la absolución, el perdón mesiánico, el mimetismo de Wally.

De hecho, la capacidad de cura mesiánica de López Obrador alcanza hasta para aquellos a quienes antes maldijo: este es el caso, por ejemplo, del actual rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, a quien mencionó como un posible miembro de su gabinete cuando años atrás le dijo lacayo de Zedillo.

El radical enemigo de la iniciativa privada, quien se niega a presentar sus ideas ante ellos porque son parte de un "complot", porque le "ponen emboscadas", también brinda el perdón si además de "deslindarse" le dan dinero. Entonces, dejan de ser traficantes de influencias, como los demás, según él, entonces pasan a ser empresarios honestos y democráticos. Los otros, los que no le rinden pleitesía, son "empresarios emPANizados y tramposos que defienden al PAN igual que antes defendieron al PRI"; y después (en Monterrey) hizo un llamado para que se unieran a su proyecto, manifestando que él no estaba contra los empresarios como los "adversarios" argumentaban.

Su magnanimidad no sólo alcanza, por cierto, para perdonar. También da para repartir, pero en secreto. Ejemplo: criticó a los empresarios "favorecidos" durante la gestión de Fox, cuando, durante su administración, los grandes beneficiados de los segundos pisos y demás obras fueron los propios constructores.

En otro caso de este constante mutar de posición, siempre disfrazado, llegó a decir que él no iba a recibir recursos del sector empresarial para no quedar "atado de manos" como le sucedió a Vicente Fox, y después "aclarar". Y después envió a su recaudador principal, Federico Arreola, a conversar en un par de ocasiones con el infame empresario poblano Kamel Nacif. Cuando surge el escándalo, ¿qué dijo? Absolvió, una vez más, con el manto de su generosidad. "Arreola es bueno", dice López Obrador. Tantán, ¿otra pregunta?

Otra reciente contradicción es el ataque que lanzó contra Josefina Vázquez Mota, presuntamente por utilizar la información de Sedesol para beneficio de la campaña de Felipe Calderón Hinojosa (cuando esa información es pública). Él, en cambio, no sólo utilizó su cargo como jefe de Gobierno para favorecer a ciertos grupos de interés, sino que también nombró a Martha Pérez Bejarano, secretaria de Desarrollo Social del GDF, como coordinadora de enlace con la sociedad civil, sin haber renunciado a su cargo. Luego lo niegan y de nuevo tantán.

En una dimensión particularmente grave, dice ser muy respetuoso de la libertad de expresión, al no ser "partidario del pensamiento único"; sin embargo, hemos advertido su autoritarismo, su soberbia (comparación con Jesucristo) y su escasa tolerancia a la confrontación de ideas. No ha habido un solo lugar en el que se le haya convocado al debate que no haya rehuido. Lo peor de todo es que sus seguidores justifican su autoritarismo y su negativa a participar en los debates que se requieren, es decir, que las "entrevistas mañaneras" son debates, que los mítines son debates. Para ocultar al verdadero Wally, se necesitan muchos Wallies. Aunque hayan sido enfermos curados (ex priístas, según él), lacayos, socios del mal (ex salinistas), etcétera.

Su mimetismo preocupa. Su mesianismo preocupa más. ¿Dónde está López Obrador? ¿Disfrazado entre sus muchos Wallies o elevado en su propio mesianismo? Averígüelo Pérez.

juanmolinarhorcasitas@hotmail.com

Diputado federal (PAN)

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