Que se vuelva a contar voto por voto, casilla por casilla. Si del recuento resulta presidente electo Andrés Manuel López Obrador, el conflicto habrá terminado y el país quedará en paz. Si, en cambio, el nuevo conteo insiste en que el triunfador fue Felipe Calderón, eso significará que quienes lo tuvieron a cargo (el nuevo conteo) se sumaron al megafraude electoral, que se vendieron o, si les concedemos el beneficio de la duda, que no saben contar bien.
Entonces sería necesario un tercer conteo. Si en éste Andrés Manuel López Obrador es el vencedor, la crisis estará concluida y tendremos presidente electo. Pero, por supuesto, si de la tercera suma de sufragios otra vez resultare —¡vade retro, Satanás!— que se otorgara la victoria a Felipe Calderón, eso querrá decir que por tercera vez se habrá cometido un descomunal fraude que ameritaría un cuarto recuento... y así sucesivamente hasta que se reconociera al auténtico, al verdadero, al legítimo presidente de los mexicanos.
Que no se diga, pues, que no tiene arreglo el delicado problema político por el que atravesamos. Todo es cuestión de voluntad política. Que se reconozca al próximo presidente indiscutible de México. Que se reconozca que los únicos votos no contaminados por el fraude perpetrado antes, durante y después del día de la elección son los votos emitidos a favor del candidato cuya derrota —que lo entiendan los enemigos del pueblo— es moral, histórica y políticamente imposible.
Y que se reconozca, de una vez y para siempre, que en las sucesivas elecciones que se efectúen en México ese candidato no podrá perder sencillamente porque es indestructible, porque el pueblo no se equivoca y porque la historia tiene sus designios de los que sólo los traidores quieren desviar a la patria, a nuestra querida patria.
Un solo inconveniente podría tener la propuesta: que de los sucesivos recuentos saliera siempre —no dos ni tres veces tan sólo, sino siempre— triunfante el candidato panista, lo que ocasionaría que el perredista reclamara un fraude reiterado, contumaz, continuo.
El país no puede permanecer de aquí a la eternidad esperando la proclamación de presidente. Todo tiene un límite. ¿Cuántos conteos podría aguantar la República? ¿Siete? ¿Siete veces siete?
Hay que tener en cuenta que, después de cada recuento que no los dejara satisfechos, los seguidores del candidato impugnante seguramente endurecerían sus medidas de protesta como ya lo advirtió el vocero del PRD.
Si eso —es decir, que tras uno y otro y otros recuentos, saliera Calderón con más votos que López Obrador— es posible que ocurra, desde luego hay que pensar en soluciones alternativas.
Una de ellas consistiría en darle la victoria al candidato que más veces logre llenar el Zócalo con sus convocatorias. Trescientas mil personas —con las que se llena la plancha de cemento de la Plaza de la Constitución y las calles aledañas— provenientes de todo el país se pueden traer cuantas veces se requiera, y se sabe que los partidarios de López Obrador son más proclives a asistir a concentraciones que los de Calderón, además de que aquél lleva ya dos de ventaja.
Por otra parte, no perdamos de vista que los adeptos al tabasqueño tienen bloqueadas las vías de acceso al Zócalo, por lo que sus adversarios literalmente no pasarán al mitológico corazón geográfico e histórico del país, de modo que no podrán remontar su desventaja, y, por tanto, tampoco pasará su candidato a Palacio Nacional. Ésta parece, por ende, una espléndida alternativa de solución a la crisis.
Aunque... ¿qué tal si el dinero de la derecha comprara también —como ya lo hizo con los representantes de la alianza Por el bien de todos que estuvieron en las casillas— a todos los asistentes a las asambleas que se celebraran en la principal plaza pública del país y los mítines se convirtieran en reuniones de apoyo al abanderado panista cuya victoria es moral, política e históricamente imposible?
Entonces parece que el recuento voto por voto, casilla por casilla, es ineludible, pero hay que evitar las ya previstas posibilidades de que se vendan quienes realicen los nuevos conteos o que de éstos (los conteos) de manera inexplicable vuelva a surgir como ganador Felipe Calderón.
Sólo hay una manera de que no ocurra ninguna de las dos cosas: que la suma de la totalidad de los votos de la totalidad de las casillas sea efectuada por el candidato Andrés Manuel López Obrador, pues ya se sabe que él no miente, no engaña, no traiciona y seguramente no se equivocará al sumar sufragio por sufragio.
Habrá que poner a su disposición todos los paquetes electorales y darle el tiempo suficiente para que, sin presiones, proceda a contar voto por voto. Esa es la única forma en que el rayito de esperanza y sus miles y miles de seguidores aceptarán el resultado de la elección, el país recobrará la paz y la muy noble y leal Ciudad de México dejará de estar estrangulada por los campamentos de la resistencia civil.
Si esta fórmula para salir del embrollo se acepta, podremos desde ahora prescindir del IFE y del tribunal electoral, con lo que ahorraríamos muchos millones de pesos.
En las sucesivas elecciones los votos podrían emitirse, como en las consultas ciudadanas que se realizaron durante el anterior gobierno del Distrito Federal, por vía telefónica. Todo lo organizaría un equipo de colaboradores, seguramente gente finísima, del presidente que no mentirá, no robará, no engañará y no traicionará, por lo que sin duda él personalmente debe recibir los telefonemas y hacer la suma correspondiente.
Tendríamos un sistema electoral único en el mundo, sumamente práctico y económico. Y libraríamos a los ciudadanos de la molestia que con el sistema actual se les infiere, si les toca en el sorteo, de acudir a supervisar votaciones cada tres años. Los libraríamos asimismo —esto sería lo más importante— de estar expuestos a ser corrompidos por el sucio dinero de la derecha y pasar a ser unos traidores.
¿Alguien se opone a la propuesta? Que levante la mano quien no esté de acuerdo.
Friday, August 04, 2006
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