Francisco Rojas
02 de agosto de 2005
NOS QUEDAMOS SOLOS
YA se fue el jefe de Gobierno del Distrito Federal. Los capitalinos nos quedamos en la orfandad, sin entrevista mañanera, sin declaraciones que animen el chismorreo cotidiano, desde la posible boda hasta el lugar en que debe dormir el próximo Presidente de la República. Los adultos mayores lloran compungidos la partida de quien los salvó de la miseria, aun cuando siguen recibiendo el valioso estipendio con el que resolvió sus problemas y los incorporó a una vida digna y decorosa; qué importa que para ello, a su edad, tuvieran que pasar lista en mítines y marchas de apoyo a su protector.
Se nos fue quien resolvió el problema de la inseguridad, coordinó con efectividad los cuerpos policiacos, nos sacó del temor con el que transitábamos por las calles de la ciudad; disminuyó las cifras de asaltos armados, robos, violencia y puso ejemplo de eficacia al reorganizar la procuración de justicia y con visión de estadista impulsó su impartición y administración. Nos devolvió la tranquilidad perdida y acabó con la impunidad en que se refugiaba 99% de los delincuentes.
Se nos fue a recorrer los polvosos caminos del país, seguramente acompañado por Nico, quien bajó considerablemente la tasa de desempleo en la ciudad de México y elevó la aportación de ésta al PIB. La claridad de su pensamiento económico y lo acertado de su acción en el rubro disminuyó casi al mínimo el número de ambulantes que invadían las principales calles de la ciudad, aunque haya algunos complotistas que afirmen que en las banquetas y quicios de viviendas se haya triplicado su presencia.
Salvador epónimo de la moderna Tenochtitlán, libró a la ciudad de inundaciones y desastres al continuar con decisión las obras del drenaje profundo y el mantenimiento de lo construido anteriormente, por más que algunos vecinos desconsiderados protesten porque sus casas y calles se inundan con cualquier llovizna. Resolvió el problema de abasto de agua al oriente de la ciudad al continuar las obras del acuaférico, sin hacer caso de voces destempladas que dicen que paró totalmente esa obra para desviar los recursos a frivolidades y caprichos.
Ya tenemos segundos pisos y distribuidores viales, bien proyectados, perfectamente planeados, que a la par que resuelven el problema vial embellecen el entorno de una ciudad que estaba en franco deterioro; realizó la obra del siglo, con mayor calidad de la esperada, en menor tiempo del previsto y con menores costos de los presupuestados. Sin duda los segundos pisos serán parteaguas en la historia de esta ciudad que desde 1325 no contemplaba obra de tal envergadura. No importa, valga la redundancia, no haberle agregado un metro al Metro.
Ya no está para nuestra desgracia, al frente del gobierno capitalino, quien acabó con la deuda pública de éste, por más que algunos que no cursaron aritmética aseveren que deja a la ciudad con un adeudo de 44 mil millones de pesos; se fue a caminar el país quien hizo de la transparencia en el gasto, la rendición de cuentas y las licitaciones públicas y abiertas credo escrupulosamente observado en el desempeño de la función que los capitalinos le encomendaron.
Se nos fue quien combatió con denuedo la piratería y las mafias que se habían apoderado del DF. Hoy la ciudad está todavía de luto por la partida de su gobernante veraz, incapaz de mentir, negado para la demagogia, que no pudo resistir el llamado de las multitudes que lo aclaman para asumir mayores retos en los que repita el éxito, la seriedad y la responsabilidad que demostró al frente del gobierno citadino.
Se fue, pero nos dejó 50 compromisos destinados a salvar la República. El legado, que nos atempera el desamparo en que nos dejó, tiene la importancia de las tablas de la ley mosaica y estimula la inteligencia de los mexicanos para imaginar cómo convertir en realidad los compromisos que serían sostén y pilar de su gobierno. Tenemos que reflexionar cómo y con qué recursos vamos a responder a la confianza del nuevo Mesías; seguramente habrá que sumar los dineros de Bejarano, Ímaz, Ponce, y los ex delegados de Gustavo A. Madero, Tláhuac y Álvaro Obregón. Persiguió a los corruptos, aun cuando no faltan envidiosos que juran que todo huele mal en el gobierno central y en las delegaciones.
Se nos fue nuestro rayito de la esperanza y dejó la capital con sus problemas resueltos o a punto de resolverse, con ciudadanos satisfechos de su actuación, con escuelas de alta calidad en su trabajo, con Metrobús que ya quisieran en ciudad Neza, abierto a la crítica y tolerante con sus detractores. Nos acongoja su ausencia y se nos debilita el ánimo, pero viviremos reconociendo la profundidad de los cambios que impulsó en la vida capitalina, la indeclinable orientación de izquierda con la que gobernó y el permanente insomnio al que su trabajo lo condujo. Qué coraje, en esas iba cuando me sonó el despertador.
Diputado federal (PRI)
Tuesday, August 02, 2005
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