Tuesday, June 13, 2006

Hildebrando - Javier Corral

Lo que López Obrador hizo el pasado martes 6 de junio, ya casi para concluir el debate, se llama difamación. Está también muy cerca de la calumnia, y es clarísimo que para llevarlo a cabo lo único que ha requerido es no tener escrúpulos. Al igual que otros, podrá decir que en la política como en la guerra todo se vale, y que ya entrados en la propaganda negra, en la sucia táctica de los spots falaces, en la descalificación permanente, lo suyo es una reacción natural, su turno magistral en el charco de lodo y mugre en el que han convertido la campaña presidencial.

Sin embargo, nada justificará su exceso en contra de una familia respetable, su andanada contra una persona física a quien por ser hermano de la esposa del candidato del PAN, le sirve para el propósito poco encomiable de substituir con el escándalo su mal desempeño en el terreno de la confrontación de las ideas; ayuno de propuestas concretas, repitió frases de la nueva lucha de clases que encabeza y, enredoso en el planteamiento acusador, asestó un golpe estrictamente mediático, no político ni jurídico.

Porque el candidato del PRD tenía bien medida la estrategia: sabedor del nivel en que se desenvuelve la intermediación informativa de la mayoría de nuestros medios de comunicación, apostó a que sin más se recogieran los dichos, aunque después se investiguen los hechos y se aclare en justa dimensión la forma y los tiempos en que la empresa de Diego Zavala ha sido contratada por varios gobiernos -de distinto signo político- para prestar servicios en el desarrollo de sistemas de información; actividad lícita a la que se dedica desde hace 20 años.

Quizá eso es lo que más asombra, el método utilizado por López Obrador da para mantener una polémica, no una acusación, porque así como siembra la duda, también le permite un margen de maniobra para su defensa legal -que no ética-. Acusa y no al mismo tiempo, ofrece el dato impresionante de 2 mil 500 millones de pesos, pero no necesariamente dice que Calderón se los otorgó; en frases sueltas mezcla hechos ciertos y falsos, en lealtad a la técnica del difamador y con ese objetivo: dañar la imagen de una persona, por la vía de explotar un vínculo familiar apostillado "el cuñado incómodo".

Es preciso remitirnos a lo que textualmente dijo en el debate López Obrador: "Nada más para decir que voy a entregar un expediente donde el cuñado de Felipe, cuñado incómodo, tiene una empresa que le trabaja al gobierno, que ha recibido contratos precisamente de la secretaría o mejor dicho del sector energético cuando Felipe fue secretario, tuvo ingresos por 2 mil 500 millones y no pagó impuestos, y eso es lo que queremos que ya no siga pasando".

En efecto, Diego Zavala le ofrece servicios al gobierno federal, como al de otros estados de la República, y como lo hace en la mayoría de sus contratos a diversas empresas privadas, incluidos clientes de EU y de Europa, pues no se trata de una empresa ficticia o fantasma, sino de una empresa que tiene méritos propios para competir en cualquier concurso, licitación o asignación directa en el sector público o privado. Han sabido desarrollar una tecnología en el mundo de la sistematización de la información para el conocimiento. ¿A poco no se sabe que este desarrollo puede efectivamente nacer en el seno de un hogar y tener ese crecimiento exponencial?

Lo que no es cierto es que la empresa haya crecido hasta obtener 2 mil 500 millones de pesos gracias a los sólo nueve meses que Felipe Calderón estuvo al frente de la Secretaría de Energía, como lo pretende hacer suponer la construcción verbal del candidato perredista. Y menos cierto es que debido a algún apoyo o gestión directa de Calderón, la empresa Hildebrando S.A. de C.V. haya obtenido contrato alguno del sector energético, mucho menos directamente de la secretaría.

Los ingresos de 2 mil 500 millones de pesos provienen de 20 años de estar en el mercado, es el acumulado de su facturación. Que durante esos nueve meses de Calderón al frente de la Secretaría de Energía la empresa haya renovado contratos anteriores, tampoco es un acto ilegal o imputable a una deshonestidad del candidato panista. Varias cosas recordamos de Calderón en su breve tránsito por esa dependencia, de manera partícular la dignidad con la que le renunció al presidente Vicente Fox, cuando éste sólo le permitía hacer precampaña para sucederlo a su esposa y al secretario de Gobernación.

Se puede tener diferencias con el candidato del PAN, provenientes de la vida partidaria o externas, yo mismo he expresado algunas en temas que me parecen más para la discusión religiosa que para el debate de la nación y el papel del Estado, pero lo indiscutible es que si algunos han dado la batalla contra el tráfico de influencias, el conflicto de intereses, la no separación clara de los negocios privados con el ámbito público, son los Calderón Hinojosa. En el CEN del PAN y en la tribuna parlamentaria, en su manejo personal y público. De ahí que lo que ha hecho el licenciado López Obrador me parezca injusto y moralmente condenable.

Senador de la República (PAN)

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