Monday, May 15, 2006

Pinocho en el Ajusco - Pablo Hiriart

La Cronica

Ahora que ha caído al segundo lugar de las preferencias electorales, ya se le puede ver con un poco de sentido del humor.
Resulta hasta cierto modo graciosa la manera en que miente todos los días para cubrir sus deficiencias y ocultar su caída en las encuestas.
A cada tropezón, responde con nuevas mentiras. Como Pinocho.
La semana pasada estuvo con Javier Alatorre, de TV Azteca. Y si uno fuera sueco, noruego o tailandés, pudo haber reído a placer con las respuestas del candidato López Obrador.
Pero como uno no es ni sueco ni noruego ni tailandés, sino mexicano, y él aspira a ser Presidente de México, es obligado guardar la compostura y tomarlo en serio.
Estuvo media hora y algo más ante las cámaras del noticiero Hechos. Reposado, con aire filosofal, le dijo a su entrevistador: “¿Sabes qué? Nosotros no le estamos apostando a lo mediático”.
Media hora, en horario triple A, el que dice que no le apuesta a lo mediático.
Media hora más en la mañana por ese mismo canal, el 13, y otra media en la noche por el 7. De lunes a viernes. Sin falta.
El jueves estuvo con Aguilar Camín, en canal 2, y el viernes con Brozo también en Televisa.
Suerte que no le apuesta a lo mediático.
Pero eso no es todo en este candidato que dice rehuir de la televisión para comunicarse con el pueblo, porque lo prefiere hacer de manera directa.
El reporte más reciente del Instituto Federal Electoral señala que López Obrador fue el candidato que más publicidad tuvo en televisión y radio en el mes de marzo, último mes monitoreado.
Dos mil spot en televisión pagó, en un solo mes, el candidato que “no le apuesta a lo mediático”.
Alatorre lo llevó al caso Atenco y surgió el tema de los enfrentamientos de la policía con los macheteros.
López Obrador infló el pecho y puso como ejemplo su gestión al frente del DF, para descalificar la actuación de la policía mexiquense.
Ante los problemas de este tipo, nosotros en el Distrito Federal —dijo— dialogamos, dialogamos y dialogamos. Nunca la fuerza. Siempre el diálogo.
Faltó que López Obrador contara cuál fue el resultado de esa estrategia, o de esa no estrategia.
Porque hay un par de viudas y varios huérfanos de dos agentes federales, que vieron morir a sus esposos y padres apaleados en una plaza de Tláhuac.
En Tláhuac una turba linchó durante horas a tres agentes de la Policía Federal Preventiva. Hasta el lugar llegaron los periodistas y entrevistaron a los agentes que estaban en piso, sangrantes, con la cara inflamada de tanto golpe.
Pidieron auxilio con la voz entrecortada por el agotamiento derivado de los golpes y por las hemorragias internas y externas.
La policía del Gobierno del Distrito Federal nunca llegó. Más bien dicho nunca actuó, porque ahí estaba. El agrupamiento Fuerza de Tarea, la policía de élite del Distrito Federal, tiene su cuartel muy cerca del sitio donde se desarrollaba el linchamiento.
Tenían orden de no actuar. Los pobladores pusieron punto final a la masacre con dos litros de gasolina sobre los cuerpos moribundos de los agentes y los incineraron, todavía vivos. Uno de los tres se salvó.
¿Así hay que actuar para evitar problemas?
Al parecer esa filosofía de nunca usar la fuerza también la han aplicado con la delincuencia organizada.
El diálogo entre la policía y los delincuentes en el Distrito Federal seguramente fluye de manera muy productiva para los policías, pero no para los ciudadanos.
Policías y mafiosos son, en muchos casos, la misma cosa.
No en balde el DF es la entidad con el más alto índice delictivo en toda la República.
¿Qué presume entonces López Obrador?
Marcos dice que tú vas a ganar la Presidencia, le recordó Javier Alatorre. López Obrador argumentó que eso lo dice todo México. Y explicó que su triunfo se va a dar por una cuestión “moral”, porque él sí tiene “moral”.
“La moral para los políticos es un arbusto que da moras”, decía el alazán tostao, Gonzalo N. Santos.
Para López Obrador, sin embargo, la moral le ha sido aún más redituable que un puñado de moras.
Su concepción de la moral le ha permitido, por ejemplo, otorgar contratos sin licitar por 62 millones de pesos a la empresa Tere Struck y Asociados.
Eso lo hizo como Jefe de Gobierno. Y quien lo dio a conocer no fue ningún adversario suyo, sino la Contaduría Mayor de Hacienda de la Asamblea Legislativa del DF, controlada por el PRD.
No pudieron tapar el sol con un dedo.
Ahora, ya como candidato a la Presidencia, López Obrador cuenta con los valiosos servicios de Tere Struck y Asociados para elaborar la publicidad de su campaña.
Bonita moral, ¿no?
Alatorre quiso saber la manera en que López Obrador integraría su gabinete, si es que gana.
Ahí el candidato del PRD se explayó en serio. Y se fue lejos en la historia.
Eso es importante, dijo. Recordó el gabinete de Juárez. “Cada uno de los miembros de ese gabinete era un gigante”, refirió López Obrador, dando a entender que él haría un equipo semejante.
La intención no es mala. Pero uno tiene la duda de si va a hacer un gabinete como el de Juárez, o como el suyo en el Distrito Federal.
Porque en el gabinete del DF no vimos a ningún gigante.
Como que René Bejarano, el que López Obrador puso como operador político y secretario particular, no tiene mucha similitud con Melchor Ocampo.
O Gustavo Ponce, el que López Obrador puso a manejar las finanzas de la capital, no es precisamente un símil de José María Iglesias.
Entre los funcionarios que han ocultado la información acerca de costos al detalle del distribuidor vial de San Antonio, o que otorgaron contratos sin licitar para el segundo piso del Periférico, no vemos a quien se parezca a Ramón Isaac Alcaraz, por ejemplo.
¿Dónde estaban los gigantes en su gabinete en el Distrito Federal, la entidad con mayor corrupción en país?
Por cierto, ese dato, de que el DF ha vuelto a ser la entidad más corrupta del país, no es de una dependencia oficial, sino que vienen en el Informe Anual de Transparencia Mexicana.
¿Va a gobernar como Juárez? Si es broma en tiempos de extrema tensión política, se agradece.
Cuando López Obrador prometía crecimiento económico, que es lo que no han podido dar los neoliberales —dijo—, Alatorre le enseñó los datos que ubican al DF como la entidad con mayor desempleo de todo el país.
“No, no, no”, rechazó López Obrador. Esas cifras son de Hacienda, y ahí está Francisco Gil Díaz “que fue subsecretario de Salinas”.
¿Qué es eso? ¿Quiere decir que hay un complot en Hacienda para hacerlo quedar mal con las cifras?
Ahí sí rompió la barrera del exceso.
Es que el DF, desde el gobierno de López Obrador, no sólo es la entidad con más desempleo, con mayor corrupción y mayor inseguridad de todo el país.
También es la que registra menor crecimiento económico en la República.
Y la inversión extranjera directa cayó de 48 por ciento en el 2000 a 46.6 por ciento el año pasado, precisamente por la inseguridad, la corrupción y el burocratismo.
La risa, finalmente, fue inevitable. Es que su cinismo, a estas alturas, tiene algo de místico.
López Obrador acusó a sus contendientes de usar una “estrategia hitleriana, que consiste en repetir mil veces una mentira hasta que se convierte en verdad”.
Lo dijo con toda seriedad, sin inmutarse.
Ahí fue cuando nos acordamos del célebre muñeco de madera creado por Carlo Collodi. El gran Pinocho.

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