Wednesday, May 24, 2006

Vieja política en tiempos nuevos - Juan Molinar Horcasitas

Los primos hermanos -como Emilio Chuayffet les llamó cariñosamente al Partido Revolucionario Institucional y al Partido de la Revolución Democrática- están organizando la semifinal de la elección presidencial. Y están en cancha lodosa. Por ello se están manchando tanto, que ya resulta imposible distinguirlos: a veces el PRI parece el PRI(d), a veces el PRD parece PR(i)D. ¿O es al revés? Vaya usted a saber.

El hecho es que Roberto Madrazo, candidato del PRI(d), advertía, al inicio de la campaña, sobre el peligro de que Andrés Manuel López Obrador boicotease la elección si perdía, pues decía Madrazo que ese era el patrón de conducta de su paisano. Incluso le exigía al perredista que se comprometiese públicamente a respetar los resultados. Pero como las encuestas ya colocan a Roberto en tercer lugar, fuera de toda posibilidad de victoria, es él quien ha asumido el discurso y la actitud que le atribuía a su viejo rival tabasqueño y antiguo compañero de partido. Madrazo inició hace unos días un concertado esfuerzo mediático para convencer, a quien tenga que oírlo, sobre una presunta "elección de Estado".

Por su parte, López Obrador, candidato del PR(i)D, justificaba su ausencia en el debate, hace un par de meses, diciendo que él era el puntero en las encuestas y que, por ello, el PRI y el PAN debían organizar una "seminfinal", para determinar quién se enfrentaría a él en la gran final. Lo decía festejando su propio chiste. Las cosas cambiaron. Hoy todas las encuestas coinciden en que el candidato puntero es Felipe Calderón Hinojosa. ¿Qué dice López Obrador, rodeado de salinistas que le hacen coro? ¡Que mejor se anule el partido!

Puede sonar exagerado, pero todo indica que hacia allá van los dos candidatos tabasqueños, los dos primos hermanos, el viejo PRI(d) y el joven PR(i)D. En esto, como sea, ninguno de los primos ha sido original. La verdad es que los priístas fueron los primeros en retomar el discurso desestabilizador que le imputan, no sin razón, a López Obrador, pero muy pronto los perredistas han seguido en esto la ruta de sus primos hermanos, y en especial de Roberto Madrazo. El tema debe ser revisado, porque amenazar con patear el tablero cuando se va perdiendo es cosa de malos modales, si se está jugando ajedrez, pero hacerlo cuando lo que está en juego es la estabilidad política y social de México, y la democracia que los mexicanos hemos construido, entonces es cosa seria.

No sé si estas acciones constituyan un ardid táctico, o si realmente sean un adelanto de una verdadera amenaza a la estabilidad democrática de México, pero de cualquier manera debe tomarse en serio el asunto.

En el caso del PRI(d), la hipótesis de ardid táctico quizá tenga más sentido, pues estando Madrazo ya perdido, puede estar abriendo este frente para mejorar su posición de negociación ante sus adversarios, ya sea ante el perdedor o ante el ganador. Así, derrotados, podrían tratar de convertirse en un fiel de balanza política. Vieja política autoritaria en tiempos nuevos.

En el caso del PR(i)D, el asunto puede ser peor, pues todo parece indicar que se trata de un acto de evasión de la realidad y de profunda frustración. Muchos de los perredistas tuvieron que aceptar, a regañadientes, su avasallamiento por los priístas salinistas y otros actores externos, que los han reemplazado en la corte de Andrés Manuel López Obrador y en las listas de candidatos, porque ven al candidato de la Alianza por el Bien de Todos como una suerte de Moisés que los conducirá a la tierra prometida de Los Pinos.

Esa expectativa les hace aguantar lo que les pongan, así sean los más connotados salinistas o políticos a los que en el pasado acusaron de ser asesinos de perredistas (literalmente). Eso puede entenderse. La ambición o la esperanza es un fuerte cemento político. Sin embargo, ¿cómo reaccionarán ante la evidencia de una eventual derrota? Algunos estarán dispuestos a seguir a su líder derrotado en una aventura desestabilizadora; otros preferirán mantenerse en la vía democrática y ajustar cuentas políticas con los neoperredistas que los desplazaron. De este equilibrio dependerá en mucho lo que pase del 3 de julio en adelante. Habrá que estar atentos.

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